Categoría: Blog – Jon Beunza

Sábado tarde, trabajando para cerrar un viaje y se me ha cruzado un poco un cable.
Con lo que me gusta escribir hace mucho tiempo que no estoy por aquí. Tranquilos, se que casi nadie habrá notado la falta de mis reflexiones. Reconozco que no he tenido mucho tiempo pero también me ha fallado ese motor de vida que es la motivación.
Sigo y seguiré activo con Ziklo pero hoy hablo como Jon Beunza. No soy nuevo en esto de las redes, puedo estar callado, pero sigo al día de todo y se de que va el juego. Aprendo, me informo y tengo la oportunidad de mantener el contacto con buenos amigos, pero estoy un poco decepcionado porque veo que cada vez vale más el hablar por hablar.
Ojo, no hago referencia a los que contamos nuestras aventuras, ilusiones, conquistas, eso me encanta, y siempre lo leo con agrado. De las experiencias y sueños de otros siempre se aprende.
De lo que reniego es de la gente que utiliza las redes como un arma de destrucción. Suena fuerte pero es así y que conste que lo digo desde una perspectiva general y personal y por nada que haya afectado ni a Ziklo ni a mi en ningún momento.
Hablo desde el Jon persona que entiende la vida desde su propia perspectiva. Me pone malo la crítica fácil y despiadada y que muchas veces se escuda en el desconocimiento. La crítica es buena pero debe ser siempre constructiva, No me gusta cuando leo cosas, sobre todo en twitter y algunos foros que su rigurosidad no pasa del opinar por opinar. Entiendo que la libertad es la gran virtud de las redes, pero creo que nadie hace las cosas mal adrede y muchas cosas tienen un por qué que desconocemos.
Seguiré leyendo todo, aprendiendo y ojalá que disfrutando, pero me temo que mis aportaciones van a ser esporádicas.
Casi nadie notará mi ausencia, y lo entiendo, hoy lo que vale es crear polémica y a mi eso no me va. Cada uno debe vivir la vida como las siente y la mía es la de estar cerca de aquellas personas con las que puedo compartir cosas.
La vida siempre es una oportunidad de sumar.
La foto es de Andoni Epelde/Ziklo Team. Col de Sabot
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Hoy es el día del Mont Ventoux en el Tour, una de esas cimas que despiertan un interés especial, que imponen respeto, y que también será una de las protagonistas de nuestro viaje a Alpes de este mes.

 

Es uno de esos puertos que no llega a los 2000 m, pero se presenta con diferencia como la montaña más alta de la región y de ahí el nombre de “gigante de la Provenza”. Su nombre es muy clarificador. Ventoux, significa “ventoso”, y es que el viento puede pegar de lo lindo en la cima donde el mistral ha llegado a registrar velocidades de hasta 320 km/h.

 

La historia dice que el primero en escalarlo, fue Petrarca en 1336. Petrarca está considerado el padre del alpinismo. En el siglo XV se construyó una capilla en la cumbre, dedicada a la Santa Cruz. En 1882 se construyó una estación meteorológica que ya no está en funcionamiento y en los años sesenta se instaló una torre de comunicaciones de 50 m de altura que hoy en día es su seña de identidad.

 

El Mont Ventoux, aunque geológicamente forme parte de los Alpes, se considera una montaña separada de ellos debido a la ausencia de montañas de altura parecida en los alrededores. La cima de la montaña es de piedra calcárea, sin ningún tipo de vegetación ni árboles. La caliza blanca de la cima hace que, desde lejos, de la impresión de estar nevado todo el año.

 

La ascensión del Mont Ventoux se puede hacer por tres vertientes, este año el Tour lo ascenderá por 2 de ellas (Sault y Bedoin) para acabar en Malaucène, en la que será la etapa reina de la edición. Allí acabaremos también nosotros nuestra etapa.

 

 

La vertiente sur, desde Bédoin, 1580 m de ascensión en 21,3 km es la más difícil y famosa, y su pendiente media es del 7,46%. La subida es fácil hasta St-Estève, pero los 16 km restantes tienen una pendiente media que se acerca al 9%.  A partir del Chalet Reynard, el viento puede ser determinante, el que sea a favor o en contra puede suponer un mundo en el tiempo de ascensión.

 

Por la vertiente norte, desde Malaucène son 1515 m de desnivel en 21,2 km. Un poco más fácil que la subida desde Bédoin, y más protegida del viento. Por la vertiente este, desde Sault nos salen 1220 m de ascensión en 26 km. Después del Chalet Reynard la subida es la misma que la de la vertiente sur.

 

Pero no os fieis demasiado de lo que dicen sus números, porque el Ventoux es imprevisible y esto obliga a ser cauto. El viento puedo ser el gran aliado o un enemigo temible. Si da de cara, paciencia y a no malgastar ni un gramo de fuerza.

 

El Mont Ventoux es leyenda y épica por ser una de las ascensiones de referencia del Tour de Francia, pero lo que lo catapultó a la fama fue la trágica muerte de Tom Simpson. Aquella mañana del 13 de julio de 1967 el Tour partía desde Marsella.

 

En las primeras rampas, Simpson atacó, pero sería poco después superado por Julio Jiménez, que pasaría primero por su cima, aunque la etapa sería para Jan Janssen.

Aproximadamente 2 km antes de la cima, Simpson comenzó a cabecear de lado a lado de la carretera cayendo finalmente sobre ella. Rápidamente los auxiliares de su equipo le atendieron, pero él insistió en volver a subir a la bicicleta.

 

Sus últimas palabras fueron “¡Put me back on the bike!” (¡Subidme a la bicicleta!). Así fue: continuó a duras penas unos 500 m más, haciendo eses, cabeceando, hasta caer inconsciente.

 

 

El Mont Ventoux se acababa de cobrar una víctima, el corredor cuyo nombre y leyenda quedarán asociados para siempre con el “gigante de la Provenza”.

 

Pero a sólo a unos metros de este lugar hay otra estela, que pasa desapercibida y nadie visita Nos cuenta una historia diferente a la de Simpson, tanto sobre el Ventoux como sobre el propio ciclismo. “En mémoire du Gaulois P.Kraemer décédé en Ventoux 2.4.1983 Union Audax Français”, dice. “En memoria del galo P. Kraemer, fallecido en Ventoux el 2 de abril de 1983″.

 

Pierre Kraemer no era un hombre famoso, pero era un célebre miembro de la Unión Audax Francesa, club organizador, entre otros eventos, de la París-Brest-París. Pierre era conocido por su generosidad, su alegría y su trabajo. A los 56 años, a Kraemer le dijeron que tenía un cáncer incurable. Así que en abril de 1983 decidió escalar el Ventoux por última vez. Y coronó su último Mont Ventoux y poco después, cerca de la cima, donde la carretera se adentraba en un ventisquero, se bajó de la bicicleta, se sentó y se dejó llevar por el frío y la nieve. Lo encontraron al día siguiente, enterrado bajo casi un metro de nieve. Eligió que su destino le uniera para siempre al Ventoux.

 

 

Épica, tragedia, lo que queda claro es que estamos ante una de las cimas más especiales y deseadas del ciclismo, una tentación que si se os pone a tiro es totalmente recomendable.

Por Jon Beunza

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Sigo en fase “brazos caídos” en mi página. Muchos días escribo cosas pero al releerlas las he borrado ya que me veo siempre dando vueltas a lo mismo. Hoy no se por qué razón, estas líneas han pasado el filtro.
Para cuando queramos darnos cuenta llevaremos un año viviendo a merced del COVID. Quién nos lo iba a decir. Increíble, pero desgraciadamente cierto.
Unos lo han sufrido en toda su intensidad y otro han tenido más suerte, la salud ha inclinado la balanza. Ha pasado el tiempo y han sucedido cosas suficientes para poder decir, sin reparo, que la vida ha cambiado.
Lamentablemente, muchos hemos dado un vistazo atrás para darnos cuenta de que podíamos haber aprovechado mejor un montón de oportunidades. Qué este tiempo no se recupera y que el calendario pasa inexorablemente. Es la gran diferencia entre hacer lo que quieres o lo que puedes.
Hay días que resulta difícil mantener la moral alta, la ilusión, las ganas por hacer planes pero la resignación no es la mejor solución y lo mejor es adaptarse.
Quien me iba a decir que un trabajo ligado al ocio podría llegar a resultar por momentos frustrante. Todos los planes, proyectos, ilusiones, parecen dibujarse un poco más lejos. El horizonte se mueve, se quiere alejar más. Soñamos con sentirnos como antes, en tener oportunidad de invertir en experiencias y no en cosas. Esa frase tan recurrente, y que queda tan bonita, se hace más real y necesaria que nunca.
Los humanos somos buscadores de felicidad y el mejor vehículo es tener hobbies, sueños, inquietudes y amigos con las que compartirla.
Siempre es momento de recordar pero no podemos dejar de crear recuerdos.
Toca ordenar la pirámide de la vida.
Ánimo a todos
Foto: A. Epelde/ZIKLO-TEAM
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Vamos viendo como lo atípico poco a poco se va convirtiendo en típico, y no por gusto sino, porque seguimos estancados y a cada paso hacia adelante le sigue otro para atrás. Es frustrante saber que sabes volar pero que no puedes hacerlo, amenaza la desmoralización, pero es así y la mejor solución es siempre pelear por lo que puedes ser y no por lo que eras. A adaptarse toca.
Hemos acabado nuestra “minitemporada” de viajes. Más cercanos, con menos gente pero afortunadamente sin percances y disfrutando de la bici, del entorno y los compañeros.
Seguimos con muchos planes, con ganas de contar cosas, pero toca ser sensatos y esperar un poco.
Lo único que seguimos teniendo claro es que no estaremos parados. No somos de bajar los brazos y como ciclistas, sabemos que siempre después de un ascenso duro puede esperar una bajada donde recuperarnos.
Trabajar el ocio no es fácil con la situación actual, pero ese mismo ocio cargado de desconexión, cada vez se va a hacer más necesario. La cabeza sigue trabajando buscando el mejor camino, que nunca será mágico, pero que existe.
Como decía, el año ha sido atípico pero nos ha permitido vivir bueno momentos. Unos compartidos, otros más personales, pero lo importante es que sigamos sintiendo.
Año con la península como protagonista. Picos de Europa, Pirineos, Galicia, Mediterráneo, Andalucía… Nuestro último viaje fue a Granada, allí pude cumplir un pequeño sueño que se me había resistido en mis dos intentos anteriores. Al final, hice cumbre en el Veleta. Lo habíamos dejado final y si todo iba bien con el grupo, tendría opción de intentarlo. Las cosas fueron cuadrando, salí de la Hoya de la Mora más tarde que el resto del grupo y subí solo. Pensando, imaginando, empapándome de todo lo que me rodeaba y sintiéndome feliz. Momentos especiales, experiencia únicas.
Último tramo de sterrato en el Veleta. Desde donde acaba tan solo 50 metros andando y cumbre conquistada. Foto: A. Epelde/Ziklo

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Desafortunadamente no es el año. Allá por el mes de marzo cuando comenzaba a golpear la Covid y empezaban a suspenderse marchas, viajes y eventos, todos éramos medianamente optimistas y confiábamos en que iba a ser algo circunstancial y pasajero. Unos optaron por anularlas y dejar pasar el año y otros por la “solución” de retrasarlas al fin de verano o comienzos de otoño. Se apretaba el calendario y todo auguraba un otoño animado.
 
El tiempo ha ido pasando y la soñada “normalidad” no termina de llegar. Sea por nuestra culpa, por la situación general en la que no se termina de acertar, porque todo pasa más despacio de lo que pensábamos, o simplemente porque el virus es más guerrero, el caso es que no se han dado las condiciones para regresar a donde nos gustaría.
 
Estamos a punto de sacar un nuevo número de ZIKLO en el que teníamos pensado hablaros de ese “animado” otoño, pro según pasan las fechas estamos viendo como nos movemos al filo de las anulaciones y más contra mayores sean las dimensiones del evento.
 
Frustrante, si, necesario, probablemente también. Vivir en una continua incertidumbre afecta a todas las facetas de nuestras vidas. Organizar y programarse es casi utópico y cierto caos marca las pautas y además, de momento parece que las cosas a corto plazo no van a cambiar.
 
Vemos como algunos eventos salen adelante. Con cuentagotas, con un sinfín de medidas de seguridad, pero al menos son un paso adelante y puede que acaben indicando un camino. Porque queramos o no, nos va a tocar vivir con esto durante bastante tiempo y adaptarnos y convivir con la situación es la mejor manera de seguir hacia adelante.
 
Sirvan estas breves líneas para dar ánimos a todos los organizadores de eventos, viajes y marchas. No podemos desanimarnos, y ya sea como antes, o de otra manera, tenemos que seguir ahí. Al fin y al cabo, todos transmitimos ilusión y si también perdemos eso, todo pierde sentido.
 
Viajando con ZIKLO. Foto: Andoni Epelde

 

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¿Utopías?
Qué bonito es dejar correr la imaginación… Qué vuele libre, invente, cree aún a sabiendas que eso, que tanta satisfacción nos produce, es pura utopía.
Estoy seguro que en lo que os voy a comentar,todos vamos a coincidir. ¿Quién no tiene en mente una ruta, puerto o camino que más de una vez se la ha imaginado asfaltada? Seguro que hasta hemos planificado alguna ruta pasando por ese lugar y no sería raro que en algún sueño nos hayamos visto rodando en nuestra bicicleta.
Pero una cosa es lo que nos gustaría y otra la realidad, porque ya se que tiendo a ver las cosas con prisma ciclista, pero esto no quita un montón de “absurdos” con los que todos saldríamos ganando. El problema no es asfaltar un camino que ya existe y que cada año supone un mantenimiento, el problema es no controlarlo y no saber sacarle partido. En esto, hay muchas zonas de montaña que nos llevan años luz.
Porque cuidar la naturaleza puede tener muchas lecturas. Entre otras cosas, la naturaleza supone ocio y le gusta que convivamos con ella, que la cuidemos, mimemos y respetemos, pero a sabiendas que como una buena madre compartiendo cosas es como más feliz se siente.
Je, je, vaya filosofada para barrer para casa, pero os aseguro que es tal como lo siento. Las utopías alimentan nuestro espíritu y deben seguir ahí. Pero, una cosas es una utopía (que se basa en razones económicas, caprichosas, de realizaciones) y otra el hecho de que lo más fácil es prohibir, para evitar trabajo y quebraderos de cabeza
 
Una foto para la duda. Larun por Bera de Bidasoa. Utopía o realidad? Foto: A. Epelde/Ziklo

 

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Si la primavera fue rara, el verano lo sigue siendo. Ahora estaría en Italia en plena época de viajes, después de haber pasado por Austria, Alpes y Pirineos. Estaría cansado pero contento, trabajando en algo que me gusta y disfrutando de las montañas. No ha podido ser y no hay otra que asumirlo, sin traumas, con naturalidad, observando y tratando de sacar lo positivo de los nuevos escenarios.
Si, porque viajar es una de esas palabras que encierra positividad. Sea a 3000 km o sea a la vuelta de la esquina, “cambiar de escenario” relaja, rompe la rutina, abre la mente y alimenta el espíritu.
Cerca, lejos, exótico, tradicional, solo, en grupo…siempre hay algo a nuestra medida. Y es que si eres de los que disfrutas de la bici, es casi obligatorio tener mente viajera. Siempre hay sueños, en forma de países, cordilleras, puertos o pruebas cicloturistas.
Este año no toca ir lejos, pero es una gran ocasión para conocer lo que está cerca. Lo que importa es seguir acumulando experiencias, sentirnos vivos y mantener la ilusión.
Seguro que las agradables sorpresas se multiplican y encontramos oro a la vuelta de la esquina.
La vida se moldea cada día, y existen muchos granos que pueden valer para llenar la despensa de experiencias y buenos momentos.

Foto: A. Epelde/Ziklo

 

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Historias de mi querido Pirineo Navarro

Reconozco que el “Pirineo Navarro” es muy especial para mí: raíces, amigos, un entorno especial y desafíos permanentes. Muchas razones que hace un buen número de años me animaron a compartirlo y a organizar eventos en el entorno: hacer de anfitrión y dar a conocer todos los secretos de una zona que siempre he llevado muy dentro.

Creo que he recorrido casi todos sus recovecos, muchos de ellos en solitario, con el único objetivo de conocer, pero cuando verdaderamente lo he disfrutado, ha sido en compañía, compartiendo y enseñando rutas, puertos y rincones a la gente.

Por ahí van a ir mis tiros en esta ocasión, pero mi historia va a ser un poco diferente. Voy a hablar de uno de los puertos que más me ha cautivado, Arnostegi desde su vertiente de Ondarolle que es la que escogimos cuando creamos la Ruta de los Akelarres, RAK, que este año con cambio de fecha incluido, llegará el 26 de septiembre sábado, si todo va bien, a su 6ª edición.

Esta subida siempre me ha gustado y todos los años la hago en alguna ocasión, pero en el RAK, me toca hacerla desde el otro lado, a los mandos de alguna de las furgos, animando y cubriendo al grupo.
Avanzo, paro, hablo, animo, doy bebida, barritas, empujo si hace falta y hasta digo alguna que otra mentira piadosa si es necesario. No visto de ciclista, pero lo disfruto como ciclista. Ver sufrir a la gente no motiva: hay veces que no veo el momento de que acaben algún rampón para que puedan recuperar. Pero ver que después del esfuerzo, en muy pocos segundos, la cara de sufrimiento pasa a ser de satisfacción, no tiene precio. Compartir esos momentos da sentido a todo ese día.
Llegamos a Arnegi, que es donde comienza el puerto, y lo hacemos después de haber ascendido Lindux y descendido el larguísimo Ibañeta. Casi siempre llego cerrando el grupo y lo que hago es adelantar a todos para poner un primer punto de control. La primera parte es llevadera, pero a partir de Ondarolle el tema se complica. Empiezan las escaleras, pero de mucho peldaño, con algunos rampones que empiezan a asustar.
Ahí mi táctica es clara y después de adelantar al primero busco alguna zona tranquila entre repechos. A cada ciclista que pasa le digo si quiere algo, le doy ánimos para lo que viene. Elegir el lugar de parada es estrategia de alto nivel. Si estoy en el repecho para animar me podrían llover los “insultos”; una vez pasado el repecho y encontrar un tramo de calma, todas las “fieras” se vuelven más dóciles.

Así suelo pasar los primeros 8 km del puerto, pero sé que pronto vamos a llegar a los 2 km terribles a más del 12% con repechos que llegan al 18%. En las primeras ediciones me solía poner en la curva más dura del repecho, pero al ver las caras, me venía un poco abajo… aunque ahí no tienen fuerzas para insultar, je, je. Ahora me suelo colocar en una zona dura, pero a 100 m del punto que suaviza. Decir: “Venga, ánimo, que en 100 m el puerto cambia totalmente” te hace ser embajador de buenas noticias (otra cosa es que te crean). Reconozco que siempre preparo pequeñas trampas y al contarlas puedo ser un poco mentirosillo, pero cuando digo algo “in situ” y en pleno esfuerzo no miento.
Cuando pasan esa zona y sobre todo si hay buena visibilidad, el espectáculo sigue creciendo. La ladera de la montaña se dibuja de curvas de herradura, la pendiente se pone entre el 7 y 8% mantenida, las vistas suben la moral y hasta parecen querer darnos unos cuantos vatios de potencia. Sé que ha pasado lo peor y a partir de ahí me voy moviendo de un lado para otro. Ya voy confiado, que me vean: ya solo puedo darles buenas noticias. Además, toda la parte final de puerto, desde que llegas al cruce de Elhursaro, es mucho más llevadera y la gente corona ya recuperada. Pasada la cima, a los pies de Urkulu, solemos hacer uno de los avituallamientos.

Ver las caras de la gente, ya recuperadas y orgullosas de haber superado la subida es una satisfacción.
Eso sí, todavía queda mucha tela con Artaburu, el sterrato de Irati, Lapizea… pero uno de los cocos ya está en el zurrón.
Quizás os parezca algo absurdo, pero ese día para mí suele ser muy especial y eso que no voy en bici. Si, reconozco que me encantaría compartir esa jornada en ruta con la gente, pero tengo asimilado que ese día es para vivirlo desde el otro lado.
La compañía es la misma, las sensaciones diferentes.  Si alguna vez tenéis oportunidad de vivir un puerto en compañía, pero de esta manera, os aseguro que, aunque lo viváis de fuera, podréis sentiros como uno más. Cada una de las sensaciones que transmiten cuando pasan delante de ti, sabes que las has vivido en más de una ocasión.
Diferente, pero ciclismo con todas sus letras, y es que ese día también me siento ciclista.

Foto: A. Epelde/Ziklo

 

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El otro día un lector me recordaba algo que escribí, durante el mes de enero, para la editorial del número 29.
Hablaba de la “España Vaciada” esa que ahora, casi a gritos, nos piden que la incluyamos en nuestros planes vacacionales.

Para mí no supone nada nuevo ya que los pequeños pueblos, valles, la vida rural y sus gentes, siempre han sido “ángel de mi devoción”.
Me alegra este “nuevo impulso” pero a la vez me entristece ya que nos acordamos de todos estos sitios como plan B, ahora que estamos viviendo una situación complicada y hacer lo que teníamos pensado se ha puesto más difícil.
Si todo esto sirve para que ese plan B deje de serlo y estos destinos se conviertan en una opción preferente, habremos salido ganando.

Estas eran algunas de las frases de aquella editorial…

La “España vaciada” ha estado muy ligada a mi vida ciclista y reconozco que me ha dado muchas cosas buenas.
En nuestros viajes para reportajes, siempre hemos sido de los de alojarnos en lugar recónditos, tranquilos, evitando en la medida posible las ciudades. En esos sitios, nos sentíamos mejor y creo que además nos ayudaba a dar más personalidad al reportaje.
Gracias a la bici he conocido buena parte de España y me alegro de ello. He podido conocer lugares increíbles y a sus gentes.
Personas, lugares y experiencias que hay que cuidar y no podemos dejar que se pierdan y que además pueden darnos muchas lecciones En la vida, ser un poco más humildes y dar valor a lo que somos y tenemos, puede ayudarnos mucho más de lo que creemos. Ver, oír, escuchar y aprender… así de sencillo.

 

Foto: A. Epelde/Ziklo

 

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Tan contento como todos. Hemos recuperado una parte de nuestras vidas. Lo necesitábamos.
Pero lo que más vale no es lo que podamos mostrar en redes, fotos, etc. el verdadero valor está dentro de cada uno. En lo que hemos vivido y aprendido.
Seguimos en el camino pero el objetivo es llegar al final.

Mucho más que las acertadas o desacertadas normas que nos impongan, vale la responsabilidad de cada uno. Esa es la salida, la única fórmula. Todos sabemos que debemos hacer y cómo deberíamos comportarnos.


Vivimos un momento en los que la “facilidad” de tener altavoces, para criticar o apoyar, con argumentos de ciencia ficción es fácil, pero no ayuda, solo alimenta egos. Vivo hace muchos en el mundo de la comunicación y se de que va esto. Será difícil que veáis entrar fuera de mi terreno, aunque está claro, que, como todos tendré mis ideas.


Creo saber cual es mi sitio y si no estoy seguro que que mi aportación puede aportar algo a alguien, prefiero no hablar. De lo que seguiré hablando es de cosas cosas como que este fin de semana me ha valido para seguir creyendo que el valor de las cosas sencillas es la esencia de la vida y la naturaleza es el cómplice perfecto para que no lo olvidemos nunca.

 

Ánimos a todos y responsabilidad

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