Autor: jon

 

Monumentos, estelas, placas, estatuas, hitos, santuarios… las carreteras de media Europa están llenas de recuerdos ciclistas, lugares al exterior, en plena naturaleza, rodeados de madera y de viento, pequeños museos al aire libre que nos muestran la historia de nuestra “pequeña reina” y de todos los que tuvieron relación con ella.

Existe toda una geografía por recorrer a través del ciclismo. Rincones donde el tiempo se para y en  los que podemos leer la leyenda de este sufrido deporte, que nos recuerdan numerosas batallas vividas en forma de fama y de gloria, pero también de fracaso y expiación, de lágrimas y de sangre.

La tradición manda y siempre se opta por rememorar lo que sucedió en el mismo lugar y, si prestamos atención, seguro que escucharemos los susurros que se desprenden de estos sitios envueltos en la épica, el mito y la epopeya del ciclismo, y que nos hablarán de victorias y derrotas, de gigantes de la ruta y esforzados de la carretera que dejaron sus huellas, imborrables, para lo bueno y lo malo, para ser recordados con el paso del tiempo.

Hay cientos de ellos repartidos en las alturas de muchos puertos, cimas y cumbres de Francia, Italia o España, pero hemos querido escoger, unos cuantos que os iremos presentando. Son lugares de cultura ciclista, que no te debes perder, sobre todo si visitas estos pueblos y montañas que te proponemos, en los que hacer un alto en el camino es casi una obligación, para bajarte de tu bici y, con mucho respeto, rendirles pleitesía con devoción y admiración.

 

 

Bicicletas gigantes del Aubisque

Tres enormes bicicletas cada una con los colores de los maillots del Tour: una amarilla, otra verde y, cómo no, la blanca con lunares rojos de rey de la montaña, colocadas por deseo expreso de la Oficina de Turismo de Gourette “pour saluer le courage des milliers de cyclos qui franchissent tous les ans ce col mythique. Aujourd’hui il y a des photos du sommet avec les vélos et le somptueux panorama du Cirque de Gourette dans le monde entier…”

Fueron fabricadas con ocasión de la celebración de la 16ª etapa del Tour entre Orthez y Aubisque-Gourette, el 25 de julio del 2007, ganada por el danés Rasmussen. Los encargados de los trabajos y de dar forma a las bicis fueron los propios operarios de la empresa E.P.S.A. (Etablissement Public des Stations d’Altitude) que gestiona el dominio esquiable de la estación de Gourette.

Enmarcadas por un paisaje espectacular con bellas vistas, el deseo de los cicloturistas que llegan hasta aquí es fotografiarse junto a ellas, con poses para todos los gustos, pasándoselo fenomenal, riendo y bromeando. No es para menos: junto a ellas parecemos todos muy pequeños.

 

 

 

El Anillo de Arcalís (Andorra)

Es obra del escultor Mauro Staccioli, un italiano nacido en el pueblo toscano de Volterra, por encargo de la Caixa Andorrana de Seguretat Social para celebrar su 25 aniversario en el año 1991.

En Andorra, ascendiendo el precioso puerto de Ordino-Arcalís, con más de 20 km de subida ininterrumpida para salvar 1200 m de desnivel y alcanzar el Anillo, a apenas un kilómetro de finalizar la subida, se nos muestra majestuoso, magnífico. De cerca impresiona aún más: un gigantesco aro de color rojizo, de unos 12 m de diámetro, que se eleva a 2170 m de altitud. Ahí está, como si de una puerta estelar se tratara, esperando que alguien la cruce al otro lado.

A medida que nos vamos acercando, da la sensación de que una gigantesca rueda viene rodando montaña abajo. Un efecto sorprendente.

Según su autor, el Anillo representa la alianza entre el arte, el sentido de la vida y el paisaje, y ayuda a descubrir la imagen real, la verdadera perspectiva del entorno en el cual está enclavado. Para Staccioli la finalidad principal del Anillo no es la estética, sino que lo que intenta es que el espectador, en este caso el ciclista que llega hasta aquí influenciado y atraído por su indudable magnetismo, se interrogue y se haga preguntas, se cuestione el porqué de las cosas.

 

 

In Memorian a Antonio Martín en Barranco de Guayedeque (Gran Canaria)

La subida al Barranco de Guayadeque, reserva natural de uno de los valles más verdes y bellos de la isla de Gran Canaria, con todo tipo de especies tropicales, es también una de las más duras con sus 9 km de ascensión y numerosas rampas por encima de los dos dígitos sobre todo en su tramo final.

Cuando por fin lleguemos al merendero y área recreativa, es cuando encontraremos un tesoro medio escondido: el Monolito In Memorian a Antonio Martín Velasco, algo oculto por unas plantas llamadas tabaibas, justo en el centro del Barranco.

Podemos recordar  aquel maldito día de febrero de 1994 en el que Antonio Martín, de 23 años, la joven y firme promesa del ciclismo español, nos dejaba en la carretera después de sufrir un terrible accidente mortal, cuando volvía de su rutinario entrenamiento a su casa de Torrelaguna.

El año anterior, en diciembre, había participado en la edición de la Vuelta a Maspalomas, dejándoles una profunda huella por su trato exquisito, cercano, cariñoso y amable con todos.

Cuando falleció les dejó un gran vacío y una profunda tristeza, y Ángel Bara, el organizador, enseguida pensó en poderle rendir un sentido homenaje. Y qué mejor sitio que este Barranco de Guayadaque. Se puso en contacto con el Ayuntamiento de Agüimes, con su concejal de deportes y su alcalde, y desde el primer momento apoyaron la idea. Así fue como se instaló esa enorme roca, en la que el periodista José Antonio Díaz le dedicó la siguiente inscripción:

Una lágrima por un hombre, un recuerdo por el ciclista

ANTONIO MARTÍN In memorian

Agüimes, año 1994

 

Por Jordi Escrihuela

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El festival ciclista Sea Otter Europe Costa Brava-Girona Bike Show 2020 se aplaza y se celebrará del 25 al 27 de septiembre

 

La crisis sanitaria provocada por el COVID-19 obliga a la organización a mover las fechas previstas para el mes de mayo, y lo traslada hasta otoño de este mismo año

 

La cuarta edición del festival ciclista Sea Otter Europe Costa Brava-Girona Bike Show, que debía celebrarse del 29 al 31 de mayo, ha quedado aplazada como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19. La organización ha anunciado que se pospone hasta el otoño y se celebrará el fin de semana del 25 al 27 de septiembre de 2020, en Girona y la Costa Brava.

Esta decisión se ha tomado dos meses antes de la fecha prevista de celebración, por causas ajenas a la organización, ante las circunstancias de propagación del COVID-19 y por la incertidumbre que provoca en estos momentos un escenario tan multitudinario como es Sea Otter Europe. La edición del 2019 cerró con un balance de más de 60.000 visitantes, 400 marcas expositoras y 6.100 ciclistas en las diferentes pruebas, un volumen de personas que a día de hoy es difícil poder gestionar con las máximas garantías de salud y seguridad.

 

Al mismo tiempo, muchas de las marcas de la industria ciclista presentes en este festival internacional, así como gran parte de sus visitantes son extranjeros. La afectación del virus en todo el mundo es tan global que generar su desplazamiento, a la vez que complicado, sería una irresponsabilidad ante el objetivo prioritario de detener la propagación de la pandemia. A esto se le suma el estado de alarma decretado y las medidas restrictivas vigentes, que no permiten afirmar que el evento pueda celebrarse a finales de mayo con todas las garantías.

En segundo término, el apartado deportivo de Sea Otter Europe, que reúne a los mejores ciclistas del mundo de diversas disciplinas, también se vería muy perjudicado por la inestabilidad actual del calendario de carreras UCI y del circuito mundial Gran Fondo World Tour.

 

La organización de Sea Otter Europe agradece a la Diputación de Girona, Patronato de Turismo Costa Brava-Girona, el Ayuntamiento de Girona y la Agencia Catalana de Turismo de la Generalitat de Catalunya su predisposición para facilitar la celebración del evento el próximo septiembre. Asimismo, quieren subrayar el apoyo y comprensión recibidos por parte de los patrocinadores del festival y de las cerca de 250 marcas de todo el mundo que ya habían confirmado su presencia en la cuarta edición de Sea Otter Europe.

 

Girona, 30 de marzo de 2020

 

 

 

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París, 17 de octubre de 1995.  La expectación es muy alta. Acaba de presentarse la próxima edición del Tour. El del 96 será un Tour de Francia más, pero no es un Tour cualquiera. Un record histórico y casi imposible de superar puede ser batido. Si todo discurre con normalidad, el próximo mes de julio en la línea de salida habrá un corredor que puede conseguir romper una barrera hasta ahora infranqueable y convertirse en el corredor más laureado en la historia de la carrera más importante del mundo, el Tour.

 

Tras la presentación, los periodistas esperan ansiosos las primeras impresiones del principal protagonista. Preguntas habituales: ¿cómo valoras el recorrido?; ¿qué es lo que más te ha llamado la atención?; vuelve la cronoescalada, ¿qué te parece? El respeto que la carrera francesa tiene por Miguel Indurain es muy grande. Una de sus etapas, quizás la etapa estrella, va a terminar en Pamplona, y surgen también muchas cuestiones al respecto. Pero hay un periodista que hila muy fino y pregunta a Miguel por un puerto en concreto que se sube en esa etapa. El por entonces desconocido puerto de Larrau, que hace frontera entre Francia y España y que introducirá al pelotón del Tour en España, y más concretamente en la provincia de Navarra.

 

“Miguel, ¿conoces Larrau?, ¿qué opinión te merece?

 

Su respuesta en aquel momento fue un tanto enigmática. “¿Larrau?, preguntadle a Pruden”

 

Y eso hemos hecho nosotros, quizás con demasiado retraso, pero pudimos charlar con Prudencio Indurain (Villava, 1968) para que nos desvelara de primera mano qué es lo que Miguel quiso decir con esa respuesta.

 

Historias sobre los hermanos Indurain hemos leído y escuchado muchas, pero como suele ocurrir con estos temas, unas cosas se magnifican, otras se cambian un poco, o mucho, dependiendo del mensajero. Anécdotas, sucesos…, algunas, y en función de los personajes en cuestión, pasan a ser pequeñas leyendas; otras no dejan de ser batallitas o pequeños chascarrillos.

Eso es precisamente lo que tratamos de narrar y contar, buscamos el nexo de unión entre un puerto y un ciclista con una historia de por medio. Puede que a veces esa historia se desarrolle en plena competición, pero no va a ser este el caso, pues la historia que vamos a narrar a continuación ocurrió en un entrenamiento, uno de tantos que habrán hecho juntos los dos hermanos a través de las solitarias y tranquilas carreteras navarras y que confluían con la frontera francesa a través del puerto de Ibañeta. Normalmente no llegaban tan lejos, pero aquel día Miguel le tenía reservada sin saberlo una sorpresa inesperada a Pruden. Y luego el puerto de Larrau se la tuvo reservada a Miguel y a todos los aficionados que descubrimos esta colosal ascensión en el verano de 1996.

 

Prudencio Indurain y el puerto de Larrau

 

 

 

Hoy en día pinchas en el buscador “col de Larrau” y acto seguido aparecen distintas altimetrías, fotografías y muchísima información al respecto. Pese a que el Tour de Francia sólo lo ha ascendido en dos ocasiones (la comentada de 1996 y en 2007). En el equipo de ZIKLO siempre lo hemos tenido en mente y ha sido destino de más de una aventura, pero ¿y su historia?  Queríamos saber qué había detrás de aquella enigmática respuesta de Miguel aquel lejano día de 1995, y de paso conocer a Pruden Indurain, que como corredor siempre ha sabido estar en su sitio y esto a veces, siendo hermano de quien eres, no es tan sencillo.

 

Tuvimos una larga y agradable conversación con Pruden, pero centraremos este artículo en la pregunta: ¿Cuál es tu historia con Larrau, y por qué Miguel nos dijo a todos que te preguntáramos a ti?

De siempre habíamos escuchado que Miguel se preparaba el último mes para el Tour en la Selva de Irati, y que subía por esta carretera…, y luego estos puertos. Siempre nos han extrañado esas historias. Irati en aquel tiempo vete tú a saber cómo estaría. Ese laberinto de carreteras siguen siendo a día de hoy un misterio, pese a que muchas de ellas se han arreglado y presentan mejor estado. Pensar en que Miguel se metía allí hace 25 años y no salía de allá para preparar el Tour, fue algo con lo que siempre nos mostramos escépticos.

 

Pruden nos lo confirma. “¿Irati? Rara vez. ¿Esta u otra carretera? Jamás, quizás de pasada”.

 

Nos detalla un poco los recorridos habituales que solían hacer juntos.

 

¿Con eso era suficiente? – preguntamos

 

“Con eso, al ritmo al que íbamos, era más que suficiente”.

 

Un recorrido habitual y que repetían mucho era el de salir de casa y tomar dirección Roncesvalles por Erro, Mezquiriz, para subir Ibañeta y entrar en Francia. Bajar, y acto seguido por Saint Etienne de Baigorri subir Izpegi, descender a Elizondo y de ahí había dos alternativas. La primera era subir Belate y por tanto luego regresar por la general a casa (no solían subir Artesiaga porque estaba en mal estado). Lo malo de esta vuelta es que luego les obligaba a muchos kilómetros de nacional. La otra alternativa: llegados a Elizondo era tirar por Doneztebe y Saldías, endureciendo la parte final en kilómetros y desnivel.

 

Dejemos a Pruden que retome el relato sobre el día en cuestión: “No me acuerdo del año, tengo que mirarlo, lo tengo apuntado. Lo apuntaba todo: kilómetros, sensaciones, cómo había acabado. Lo miraré y te lo diré, pero era seguro sobre el año 94 o 95. Antes de que se presentara en el Tour. Recuerdo que luego fuimos en el 96, ya con todo el equipo, e hicimos la etapa entera, pero esto que te cuento fue anterior”.

“Aquel día recuerdo que nos salieron casi 300 km. No llevábamos comida y de agua íbamos justos. Conocíamos las fuentes de los lugares próximos y allí solíamos parar, pero de comida nada de nada. Al llegar al punto habitual bajando Ibañeta y donde solíamos coger dirección Izpegi, Miguel me dijo de tomar otra dirección: recordaba haber subido un puerto por esa zona en un Tour y que enlazaba luego con otro puerto que había descubierto observando unos mapas militares, a través del cual se volvía a entrar en Navarra y que luego podían por ahí regresar a casa. Sin aún empezar, Miguel rompe la rueda. Le doy la mía, y me dice que me vaya para casa, por el camino habitual. Hacemos un apaño y conseguimos solucionar en parte el problema. No totalmente, pero al menos en parte. Eso sí, voy con la rueda que me roza y me frena al subir”

 

El puerto del que habla Pruden y del que le estaba hablando Miguel no era otro que Burdinkurutzeta, el cual efectivamente se subió en el Tour de 1986 en la etapa que llegó a Pau y que acabó ganando Perico Delgado, escapado con Bernard Hinault. Una encerrona de etapa de las que aún se recuerdan. Catalogaron los puertos de la jornada de 1ª y 2ª categoría, ninguno como Especial, y claro, la gente se plantó allí con un 21 de piñón. Los puertos en cuestión eran Burdinkurutzeta, Bagargi, Ichere y el Marie Blanque. Igual no serían muy largos, pero ya sabemos hoy en día los porcentajes que estos puertos manejan. Luego sin saber muy bien dónde se metían, los dos hermanos empezaron a subir el terrible puerto de Burdinkurutzeta.

 

“Yo estaba alucinando. Pero ¿dónde estamos? ¿Qué es esto? Subimos y llaneamos un rato y volvemos a subir”.

 

Correcto: lo que hoy conocemos todos como la subida al Col de Bagargi o los Chalets de Irati.

“Llegamos arriba, y empieza una bajada terrible. Tuvimos que dar la vuelta a los tubulares y todo”. La primera vez que bajé Bagargi también me quedé estupefacto de lo que me encontré allá.

 

Retoma Pruden: “En esas condiciones volvemos a empezar a subir y llegamos a un pueblo”.

Eso es, estaban llegando al pueblo de Larrau, no por el lugar habitual, el albergue de Laugibar, sino por la carretera que sube al pueblo desde lrati. Puede que no sea tan duro el comienzo por aquí, pero la propina que llevan es que se han metido toda la subida a Bagargi desde St- Jean-de-Pied-de-Port, algo muy muy duro.

“Del pueblo empieza otra cuesta y mi recuerdo es que no podía subir. El piñón máximo que tenía era un 23, que es lo que se llevaba antes. Recuerdo que el 25 lo pusimos para el Mortirolo. Perdido, hambriento, con la rueda rota, pues pasé un auténtico calvario. Cuando por fin coronamos el puerto y vi el cartel de Ochagavía es cuando tomé conciencia de dónde estaba, y supe que aún restaban ¡100 km! para casa. Por si todo esto fuese poco, Miguel había quedado con un periodista y me trajo por aquellas carreteras que no son llanas (resalta lo de que no son llanas) a 60 por hora. Recuerdo que al llegar a casa todavía me salta y me dice: “doscientos noventa y pico kilómetros, no llega a trescientos”. Yo voy a apuntar 300 y me voy a quedar tan ancho, ¡sólo faltaba! – recuerdo que le dije”.

 

Menuda encerrona de etapa y no quiero pensar el ritmo final para cumplir con el periodista. No es difícil imaginar lo que fue aquella etapa para Pruden. A la terrible dureza de una jornada inesperada, se le une la incómoda sensación de no saber dónde te encuentras.

 

Le pregunto: “¿Cómo viviste la etapa de Pamplona, Pruden?”

“Al principio con tristeza. Todos soñamos con que Miguel llegaría a Pamplona vestido de amarillo y en olor de multitudes. Pero todo se fue torciendo en ese Tour y no hubo manera. Quizás lo primero no se dio, pero lo segundo sí que sucedió. Jamás he visto tanta gente agolpada en las carreteras: Kilómetros y kilómetros con banderas, pancartas de ánimo. Recuerdo la meta volante situada a 4 km de meta en la casa de mis padres y yo saludándolos. Piel de gallina”.

 

No fue como estaba soñado, pero fue muy bonito. Un día que también fue de triunfo (esto lo añado yo). Quizás no deportivo, pero sí recibieron otro tipo de reconocimiento, que no por habitual, deja de ser sorprendente, sobre todo ante la magnitud de lo que se vivió aquel día, y de la que muchos fuimos parte activa.

La cuestión ha quedado resuelta. Ya sabemos cómo fue la historia del encuentro y el descubrimiento de los hermanos del puerto de Larrau. Del dicho al hecho, una historia distinta a lo que nos habían contado, pero en esencia una bonita jornada de ciclismo y con gran parte de épica.

 

Una vez en casa, comprobamos la etapa que realizaron los hermanos Indurain. Finalmente, no fueron 300 sino 238 km. Está claro que a Pruden en esas condiciones se le hicieron muy largos. Al consultar Pruden la agenda, nos confirma que el año en que realizaron la etapa fue 1991, bastante antes incluso de lo que él mismo pensaba. Lo que sí recordaba con claridad 25 años después fue la sensación de estar perdido y de enfrentarse a algo que cada vez se hacía más duro. Toda una aventura la que los dos hermanos vivieron aquel día.

Por Rubén Berasategui

Fotos: Andoni Epelde

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Todo depende del cristal con que se mira

 

Pienso en Francia y en su zona alpina. He tenido  oportunidad de pedalear unas cuantas veces sus puertos. Empecé, como lo hacemos casi todos, conociendo los grandes, los mitos. Alpe d’Huez, Galibier, Izoard, Iseran, Croix de Fer, Madeleine…son nombres, que casi con el mero hecho de pronunciarlos, emocionan y desprenden un aroma a desafío, batalla, leyenda y en definitiva ciclismo. En mis diferentes viajes repetí puertos, pero también busqué descubrir nuevos.  Tengo claro, que cuando hacemos algo que nos gusta y estamos en sitios que nos llenan, siempre somos capaces de ver, sentir y escuchar cosas nuevas. Cada visita es única y siempre hay algo que la marca.  La rampa que nos emocionó una vez, puede pasar casi desapercibida para quedar sustituida por ese impresionante desfiladero que no habíamos podido disfrutar; las idas y venidas de la carretera que casi nos marearon un día pasan a un segundo plano viendo el desafiante entorno montañoso que las rodea… y así, muchas historias más. Además, contamos con el añadido que supone ver un mismo lugar en un día azul y soleado o con una niebla que no se ve un metro, frío y lloviendo. Esto, que siempre genera impotencia y rabia, es sin embargo algo cuyo control nunca estará en nuestra mano: es ley en nuestro deporte y seguro que todos tenemos algún lugar “gafe” que no hay manera de pillarlo y disfrutarlo en un día espléndido.

Ahora no pienso en porcentajes, kilómetros  o retos deportivos. Me quedo con la cara B del disco, esa, que casi siempre suena extraña la primera vez, pero que muchas veces acaba siendo con la que más nos identificamos.

 

 

ALPE D’HUEZ Y SUS “AMIGOS”

Yendo a Alpes y a esa zona, sería imperdonable no subirlo, pero en la misma medida, sería una pena perder la oportunidad de conocer sus alrededores. Alpe d’Huez no es un puerto que me emocione especialmente, pero reconozco que tiene algo que engancha. De entrada ver cómo “trepa” la carretera por las laderas de la montaña es algo impresionante. Seguimos con su trazado, y esas 21 curvas de herradura, que han sabido convertirlas en las más famosas del ciclismo mundial, con el permiso de los 48 tornanti del Stelvio, crean una atracción casi fatal.

Pero vayamos a nuestra particular cara B, una recomendación que podría alargar algún día nuestra estancia en Alpe d’Huez o Bourg d’Oisans, pero que nos permitirá conocer lugares únicos, carreteras impensables en lugares casi imposibles. Oro puro para la vista y una oportunidad de vivir un buen número de sueños ciclistas. Hablo de lugares como el Col de Sarenne, que en pocos años ha pasado del anonimato a ser una visita obligada. De carreteras como la de Vilard Reculas o Auris con unos cortados al vacío de verdadero vértigo. De alternativas más conocidas, como sería la de Les Deux Alpes, a puertos de futuro que esperan su oportunidad para dejar su huella. Aquí podríamos hablar de lugares ya visitados por grandes pruebas como Ornon;  a desafíos como el col de Saulude (justo enfrente de Alpe d’Huez, un lugar que parece imposible); a otras vertientes casi desconocidas de Alpe d’Huez como la subida desde Vilard Reculas por el col de Poutran o la de Le Freney d’Oisans por Auris y La Garde. Sin olvidar joyas y apuestas de futuro que no dudamos tendrán su oportunidad para alcanzar la fama como el col de Sabot desde Allemont, pasando por Vaujany.

Hay veces que uno tiene miedo de recomendar lugares ya que siempre quedan dudas, pero hay otras, en las que uno lo tiene muy claro y esta es una de esas.

 

 

LA BONETTE-RESTEFOND

No soy un gran cinéfilo. Me gusta el cine como entretenimiento, para desconectar y me enganchan casi siempre  las pelis que tiene un final que me transmite algo positivo. Así es la Bonette, una peli con final feliz, una gran producción “creada” para llegar y gustar a todos. Lo tiene todo. Altitud (con sus 2.802 m), longitud (más de 25 km por cualquiera de sus vertientes), dureza, y nada menos que tres vertientes ya que a la de Jausiers y St Etienne de Tinée, habría que añadir la de Saint Dalmas le Sevage que se une a la de Jausiers a 3 km de la cima, después de atravesar varios kilómetros de un espectacular sterrato.

En La Bonette lo primero que recordamos todos es su bucle final, ese capricho de Napoleón por convertir el puerto en la carretera de tránsito más alta de Europa. Completamente normal, pero La Bonette es mucho más. Mi vertiente preferida es la de Jausiers: lo tiene todo. Una joya de principio al final que hay que saborear metro a metro. Antes de su bucle final hay “muchas aventuras” que recorrer,  disfrutaremos de kilómetros de ascensión con carril bici, de zonas boscosas, de curvas caprichosas, de pequeños barrancos, de praderas espectaculares, de la compañía de ganado, de las marmotas, del lago Essauprés a casi 2.500 m, del refugio y casas militares de Napoleón en la zona de Restefond  y todo ello rodeados permanentemente de desafiantes y agrestes montañas.

No esperéis sólo al final, disfrutad del camino. Un lugar para hacer buena una de mis frases favoritas: saberse pequeño para sentirse grande.

 

 

CHAUSSY

Siempre he pensado que entre una pista y un camino asfaltado hay muy poca diferencia. La clave está simplemente en el control de tráfico, y esto es algo que nuestros vecinos franceses manejan a la perfección. Con control y protección (que la gente se desmadra muy rápido), los lugares más bellos son para disfrutarlos y no para esconderlos. Hace unos años, asistimos al “renacer” de una tramo de carretera increíble: los “lacets de Montvernier” y digo renacer ya que la carretera existe hace muchos años (creo que hace ya 10 que lo subí por primera vez). Pero Montvernier, nos ha dado algo más: ha permitido conocer el espectacular col de Chaussy, gracias a una etapa del Tour que permitió arreglar tanto los lacets como asfaltar la pista que desde su cima nos llevaba al descenso de La Madeleine camino de Chambre. Chaussy ha estado siempre ahí con su subida desde Pontamaffrey, pero era un puerto de una sola vertiente y eso siempre ha sido un freno para muchos. Ahora es puerto de paso, abre infinidad de posibilidades de rutas y gracias a ello su popularidad no va a parar de crecer. Aumenta la oferta del Valle de Maurienne, el ciclismo gana, los cicloturistas, excursionistas, montañeros, también. Un punto más a favor del turismo de la zona, y estoy seguro de que mantendrá un total respeto al entorno y la naturaleza. Una buena oportunidad para tomar nota…

 

 

ALPES MARÍTIMOS

Los llamados Alpes marítimos siempre se han mantenido en un segundo plano. Nadie duda de sus posibilidades pero la gente siempre ha mirado más al norte. Quizás no contar con núcleos urbanos importantes o sus enrevesadas carreteras de acceso hayan jugado en su contra, pero no tengo dudas de que estamos ante una de las zonas con más capacidad de sorprender y que más juego da para preparar dos o tres etapas. Barcelonette o Jausiers podrían ser los lugares de referencia (con el permiso de algunas estaciones de invierno como Pra-Loup o Le Sauze) para montar el campamento base desde donde atacar puertos como La Bonette, Larche, La Cayolle, Champs, Allos, Lac d’Allos, SuperSauze, Pra-Loup o Vars. Incluso podríamos tratar de dar un paso más y atacar el majestuoso pero muy deteriorado (la pista que empieza en Sainte Anne-La Condamine, actualmente es solo recomendable para btt) Parpaillon, o para preparar propuestas fondistas llegando a Isola 2000, Lombarde o La Couillole.

Toda la zona es especial y en ella empieza a notarse la influencia mediterránea que generalmente suele hacer el clima algo más benigno.  Los puertos que os cito son verdaderas joyas, y en particular me voy a quedar con dos, La Cayolle y Champs: un encadenamiento por encima de los 2000 metros con argumentos para “emocionar”.

Podríamos seguir nombrando puertos, pero en el ciclismo es clave ir poco a poco, paso a paso. Los atracones no son buenos y somos más de degustar poco a poco.

 

Por Jon Beunza

Fotos: Andoni Epelde

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Despierta la primavera.

 

Oigo el canto de un verdecillo y un colirrojo que revolotean por encima de un fantástico campo de canolas teñido de amarillo.

 

Son cultivos de colza en flor, un regalo para los ojos.

 

Sabía que por estas fechas ya tenían que estar preparados ya que hacía algunos meses que no volvía por aquí con mi bici.

 

La última vez que vine a rodar por estos lares, los campos aún dormían su letargo invernal y yo ya estaba deseando volver para contemplar semejante fiesta de esta colorida estación.

 

Hace algunas semanas un amigo, ciclista, me comentó que las tierras empezaban a reverdecer y que el ciclo de la vida de nuevo, y como cada año, volvía a comenzar.

 

Vivimos en un país en el que podemos disfrutar con plenitud los cambios que suponen tanto en el hábitat como en los seres vivos el paso de las cuatro estaciones por estas latitudes.

 

Para los que saboreamos de nuestro deporte favorito al aire libre el poder sentir, ver, oler, respirar estos marcados contrastes en el paisaje con todos sus matices es un don que hemos de saber aprovechar y valorar.

 

La bicicleta nos permite viajar por las cuatro estaciones si se trata de hacerlo en actitud contemplativa.

 

Somos ante todo cicloturistas y si lo que pretendemos es emular a los ciclistas profesionales poco nos recrearemos con los descubrimientos que nos ofrece el paso del tiempo en nuestro entorno.

 

Ellos mismos lo reconocen. Cuando compiten, no ven nada. Intuyen que por donde pasaron debería ser muy bonito pero esto es su profesión y no están, ni tienen tiempo, para contemplaciones.

 

No es nuestro caso.

 

Podemos hacer de Vivaldis de la bici y vivir la primavera, escuchando el susurro de las plantas o el murmullo de las fuentes;  el verano, esos meses en los que el calor nos produce cansancio, mientras respiramos lenta y profundamente,  oyendo los cantos del cuco; el otoño, cuando es hora de cosechas y la calma empieza a invadir los bosques y montañas, con sus hojas doradas,  preparándolos para la llegada del invierno, con sus fríos que nos harán moquear en nuestras salidas en bici, o bien nos dejemos amodorrar por el calor de hogar, aparcando la flaca hasta que los hielos rompan en nuestros puertos.

 

Porque nosotros también somos cuatro estaciones.

 

Igual que la vida misma, recobramos nuevos bríos cuando los días empiezan a alargar; es principio de temporada y salimos con ganas de comernos la carretera; maduramos, consiguiendo nuestra mejor forma para dar lo máximo de nosotros ascendiendo duros puertos, con los rayos de sol estivales; y decaemos como las hojas a finales de octubre, con suavidad, movidas por un ligero viento fresco que nos recuerda que el impávido diciembre está próximo y con él, los menos exigentes, colgaremos por un breve espacio de tiempo la bicicleta tomándonos un merecido descanso, cuanto menos, activo.

 

Será tiempo de reflexión, recuperación y planificación de nuevos proyectos.

 

De vuelta a mis campos amarillos, un espectáculo único para la vista.

 

No los tengo demasiado lejos de casa. Apenas una treintena de kilómetros. Los suficientes para, entre ir y volver, completar una bonita excursión pedaleando por estas fechas, a la búsqueda de poder fotografiar estos colores, impregnar mis retinas y dejar una impronta en mis recuerdos cicloturistas de paisajes inolvidables.

 

Me senté en una de las laderas de este idílico lugar frente al mar dorado por el sol.

 

Un buen rato.

 

No pude evitar el tumbarme, sintiendo el frescor de la hierba, dando gracias a esta pequeña reina que me había llevado hasta aquí.

 

Quedándome en casa no puedo esperar a que lleguen estos buenos momentos. Hay que salir ahí afuera a buscarlos.

 

A punto estaba de quedarme dormido cuando alguien me dijo:

 

-Este año se ven muchos así.

 

Aquel hombre mayor, de mirada serena y piel curtida por las labores del campo, me contó que no sólo en estas tierras sino también en otras muchas zonas de España.

 

Me dijo que estos campos de colza son utilizados como biocombustibles para luchar contra el calentamiento global y que la Unión Europea lleva unos años subvencionando estos cultivos.

 

Probablemente, este año muchos nos perdamos este momento y tendrá que pasar de nuevo un año entero para poder deleitarnos con esta fiesta de la naturaleza. No importa, sabremos esperar y juntos estaremos en la cresta de la ola.

 

Seguro.

 

Por Jordi Escrihuela

Fotos: Andoni Epelde

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Para leer este artículo os recomiendo, si me lo permitís, que os relajéis y os pongáis como música de fondo la dulce y suave sintonía de esta hermosa canción del recordado Antonio Vega: “El sitio de mi recreo”.

 

Yo lo estoy haciendo en este momento, mientras escribo estas líneas, escuchando los primeros acordes de su guitarra y su desnuda voz, siempre buscando la inspiración para intentar trasladarnos, todos juntos, a esos lugares secretos que todos escondemos y que solemos visitar muy a menudo, como el propio Antonio nos evoca al cantar al sitio de su recreo.

 

La idea de sumergirme en esta melodía, escrutando entre nuestros sueños para dejar volar la imaginación a la hora de planificar este artículo, fue de Jon, quien me comentó que le encanta esta poética composición porque es un reflejo fiel de lo que muchos deseamos cuando enfilamos los manillares de nuestras bicis a la búsqueda de esos lugares donde nos encontramos a gusto en cuerpo y mente.

 

Esos sitios a los que siempre nos gusta volver, que nos tienen atrapados, que suelen ser especiales, casi mágicos, porque en ellos podemos disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor, o bien porque es capaz de provocar en nosotros sensaciones y sentimientos, que solo podemos encontrar en estos lugares como la tranquilidad, la alegría, la esperanza, o bien porque nos dejamos simplemente invadir por la melancolía que nos trae recuerdos imborrables a nuestra memoria.

 

Son, en definitiva, esos rincones que nos dan la paz interior, lugares con alma que guardamos y retenemos en nuestra mente, y que casi con los ojos cerrados somos capaces de verlos, mientras podemos notar la ligera brisa que sentimos cuando pedaleamos hacia ellos atraídos como un imán, como los infinitos campos que divisa Antonio cuando visita el sitio de su recreo.

 

“Donde nos llevó la imaginación

Donde con los ojos cerrados

Se divisan infinitos campos”

 

Para los que no son tan bucólicos y prefieren ser más prácticos, porque su deseo es entrenar, ponerse en forma, competir… también ellos tienen sus lugares para recrearse y experimentar sensaciones.

 

Yo los tuve en su momento, porque ahora soy más de ese nutrido grupo que cuando sale en bicicleta solo intenta buscarse a sí mismo, porque a mi edad, aunque aún puedo sentirme como un crío pedaleando, las piernas y el corazón ya no son los mismos, y esto hace que me lo tome con más calma en estos sitios de mi recreo, que me invitan a parar y contemplar “solo para mis ojos” montañas y sierras, llanos y campos, ríos y rieras, atravesando carreteras con encanto.

 

“Silencio, brisa y cordura

Dan aliento a mi locura

Hay nieve, hay fuego, hay deseos

Allí donde me recreo”

 

Para el segundo grupo, el más combativo, son esos lugares a los que también vuelven una y otra vez, porque son terrenos que han diseñado a su medida, más o menos duros e intensos, para mejorar la escalada, por ejemplo, y exprimirse a tope. Sitios para el recreo en los que lo dan todo, marcados por sensaciones, por pasos de tiempo, por estados de forma, que no se cansan de repetir y en los que pueden hayan estado centenares de veces.

Estos lugares nunca son escogidos al azar, ya que cuando viajamos con nuestras bicis la visión de algunos parajes deja grabada en nuestras retinas imágenes que nos han dejado huella por un motivo u otro.

El sitio de nuestro recreo no hace falta que sea lejos; al contrario, los solemos tener muy cerca de casa, son acogedores y no permiten que pasemos de largo por ellos, ya que precisamente lo que buscamos es tomarnos el tiempo que nos haga falta, detenerlo y disfrutar para que nuestra alma forme parte indisoluble de ese lugar tan íntimo para nosotros.

 

“De sol, espiga y deseo

Son sus manos en mi pelo

De nieve, huracán y abismos

El sitio de mi recreo”

 

Recuerdo que, siempre después de ascender un gran puerto con mi bici, les decía a mis amigos que me dejaran cinco minutos allí arriba, solo, sentado al borde del abismo, en actitud contemplativa, elevando mi mirada en la inmensidad de aquellas cumbres, sin nadie que me molestase, solo las montañas y yo, viéndolo todo, pero sin reparar en nada en concreto: era mi pequeño recreo, donde podía coger fuerzas para seguir adelante. Era mi minuto de gloria, por haber llegado hasta allí, tan arriba, mi tiempo de meditación y recogimiento ante tanta belleza.

 

“Donde se creó la primera luz

Germinó la semilla del cielo azul

Volveré a ese lugar donde nací”

 

No pudo ser más acertada la decisión de Jon de elegir esta canción paisajística para homenajear esos sitios que tanto nos gustan y que en boca de su propio autor, Antonio Vega: “estos rincones responden a un momento de inspiración en el que encuentras una secuencia que te lleva por un camino y más que un lugar es un estado de consenso contigo mismo, un lugar no conflictivo”.

Y vosotros, ¿cuál es el sitio de vuestro recreo?

Por Jordi Escrihuela

Fotos: Andoni Epelde

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Se que esto de ciclismo no tiene mucho, pero oír noticias tan tristes como la muerte de Nicolas Portal (DEP), los casos de Corona Virus en Emiratos Árabes y el alarmismo que invade el calendario ciclista de esta temporada, pienso en como nos gusta complicarnos y exagerar, aún a sabiendas que la vida nos va a mostrar inevitablemente muchas veces su lado más amargo.

Si el balance de nuestras vidas se basara en lo que vemos y oímos en la mayoría de los medios, no sería de extrañar que entraremos en un estado depresivo. Es claro que todo lo alarmista, sensacionalista y fuera de lo natural vende.

Bastantes problemas nos supone el día a día, como para que encima metamos más piedras en nuestra mochila.
No me gusta el trato que se da hoy en día a muchas cosas con el único objetivo de dar más bombo a una noticia y ganar seguidores, adeptos o espectadores. Nunca deberíamos olvidar que lo que vale es el mensaje, informar bien y no las especulaciones y adornos.

Me gusta la sensatez, la responsabilidad y tratar de dar a cada cosa la importancia que se merece, pero parecemos empeñados en alimentar nuestras vidas de sobresaltos, de vivir en continua alerta.

Ese no es mi camino, como comentaba, la vida por sí sola, siempre nos va a dar golpes y seguro que muchos muy duros, entonces, para que buscarlos? Mientras sea posible seguiré apostando por una vida sencilla, tranquila y aunque suene utópico y trillado, buscando esa luz en la que siempre acaban los túneles.

Foto: A. Epelde/Ziklo

 

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 “Los grandes perjudicados”

 

Hace unos días, salí a rodar con un buen amigo. Empezó a andar en bicicleta recientemente, casi de casualidad, fijándose como gran objetivo acabar la Treparriscos. Pero como les sucede a tantos, una cosa llevó a la otra, y ya tiene hecha toda una Quebrantahuesos en un tiempo más que destacable, y anda pensando en bajarlo en la edición del año que viene. La cercanía geográfica le ha permitido conocer los clásicos puertos pirenaicos, pero no me preguntéis por qué, Fernando, que así se llama, tiene una extraña fijación con un puerto que le queda un poco más lejos: el alpino colle del Agnello.

Me resulta muy familiar, porque yo también lo tuve entre ceja y ceja hasta que finalmente lo subí en el año 2000. El caso es que el otro día mientras disfrutábamos de una agradable y tranquila ruta, no paraba de preguntarme cosas sobre este puerto que tanto le motiva y hasta le intriga. Una de sus preguntas me dio que pensar:

¿Por qué un coloso de semejante magnitud se ha subido tan pocas veces en carreras profesionales?

Recuerdo que me quedé mirándolo y empecé a responderle. A cada respuesta yo mismo me daba la réplica, porque no acababa de convencerme lo que segundos antes le había respondido.

  • Hay muchos puertos…, no se puede ir cada año…, hay que variar…, – respondía, para inmediatamente replicarme: pero otros bien que repiten periódicamente.
  • No es una zona boyante desde un punto de vista turístico ni económico – para luego recordarme: no es necesario que sean finales de etapa, además, localidades como Cuneo no son mucho menores de lo que es Pau.
  • La altitud del Agnello puede ser un problema, sobre todo en el Giro -es cierto – pero, ¿qué me dices de julio y el Tour?

Sin darme cuenta, yo mismo había nombrado las palabras clave: Giro y Tour. Es decir, puede subirse tanto en una carrera como en otra. Y entonces sí que le respondí con una frase para la cual no tenía una réplica sólida.

Se ha subido en tan pocas ocasiones porque es un paso fronterizo.

La contundencia y realidad de esta frase frenaba cualquier amago de respuesta. No se me ocurría cómo rebatirla y cuanto más lo intentaba, más claro veía que ahí radicaba el verdadero problema. Me puse inmediatamente a pensar en otros puertos fronterizos, y observé que en todos ocurría lo mismo. No eran nuevos, muchos se habían subido, pero pese a que algunos de ellos eran auténticos colosos, en la historia de las grandes vueltas por etapas apenas se habían ascendido y poco protagonismo habían tenido.

Si se piensa fríamente tiene su lógica, pues implica entrar en otro país. Antiguamente, y con las fronteras tal y como las hemos conocido no hace tanto tiempo, era aún más complicado. Hoy en día se han facilitado mucho las puertas de entrada y salida entre los países comunitarios de la Unión Europea, pero a los organizadores no les hace mucha gracia en plena prueba, llevar toda la logística de un país a otro. Una cosa es comenzar la prueba en un destino extranjero o hasta exótico, como el Giro de este año que comenzó en Israel, pero una vez que regresan al país de origen, son reacios a salir de él.

Mi mente comenzó a pensar más detenidamente en todo esto, por supuesto tomando como referencia el Agnello que tanto intriga a Fernando.

Es un coloso a todos los niveles, uno de los grandes puertos de paso europeos. Supera los 2.700 m de altitud -no hay muchos que lo hagan en el viejo continente- y es un puerto de una dificultad muy alta, sobre todo por su vertiente italiana. La vertiente francesa no es tan dura, pero no cabe duda de que por este lado también es un puerto de armas tomar.

La primera vez que se subió fue en el Giro de 1994, en una etapa que entró en Francia y concluyó en la estación de Deux Alpes. Se programó para la siguiente edición del Giro, finalizando en Briançon, pero una avalancha de nieve lo impidió. Tuvo que esperar hasta el 2000 para volver a subirse y acabar en Briançon previo paso por el puerto francés del Izoard, con el que enlaza a la perfección. Repitió formato en el Giro de 2007 y se subió por última vez en 2016 para acabar en otra estación francesa, Risoul.

El Tour todavía lo ha utilizado menos, concretamente en dos ocasiones, pero al contrario que el Giro, lo ha hecho con sus dos vertientes: en el Tour de 2008 la vertiente francesa, finalizando en la estación italiana de Pratonevoso; y en el Tour de 2011, su vertiente italiana en una etapa que comenzó en Pinerolo (Italia) y sirvió para entrar en Francia en una etapa que acabó en la cima del Galibier.

Seis incursiones en dos carreras de la relevancia e historia del Giro y el Tour, ambas centenarias, se me antojan muy escasas. Sobre todo, teniendo en cuenta el puerto al que nos estamos refiriendo. Puertos que puedan reunir determinadas características:

  • ser de paso
  • un desnivel superior a 1.700 m
  • una altitud por encima de los 2.500 m
  • un porcentaje medio en sus 10 km finales del 10%

creo que podemos contarlos con los dedos de una mano y probablemente nos sobren dedos.

Comencé a pensar en más ascensiones, buscando datos objetivos que reafirmaran esta teoría. Así es como reparé en otros grandes puertos fronterizos de paso. A bote pronto los primeros que se me ocurrieron fueron el passo Rombo (Timmelsjoch en alemán), que hace frontera entre Italia y Austria, y el passo del Gran San Bernardo que hace frontera entre Italia y Suiza.

El primero y si los datos no me fallan, sólo se ha subido en una ocasión, en el Giro de 1988 en una etapa que salió de Merano y que a través del Rombo entró en Austria para finalizar en Innsbruck. El Gran San Bernardo se ha subido en seis ocasiones a lo largo de la historia en el Giro de Italia y cinco en el Tour de Francia, pese a que no sea un puerto fronterizo francés, si bien luego sí permite la entrada en Francia a través del Pequeño San Bernardo. Otro gran puerto fronterizo y que ha sido ascendido muy pocas veces en su historia, cuatro en el Tour y una sola en el Giro.

En cualquier otro puerto fronterizo de relevancia que se nos vaya ocurriendo ocurre lo mismo. El imponente, sobre todo por Italia, Mont Cenis siete veces en toda su historia sumando tanto Giro como Tour. El no menos espectacular colle de la Lombarda únicamente en dos ocasiones.

Y así podríamos continuar con una larga lista. No es que sean ignorados, ni marginados. Simplemente llevan adosados los problemas que supone cambiar de país. Que una localidad extranjera esté dispuesta a ser final o inicio de etapa en una gran vuelta que no es la suya. Más que problemas quizás sean incomodidades, o inconvenientes logísticos, pero esto se traduce en datos, y éstos nos dicen que no suele ser algo que a los organizadores les seduzca. Por tanto, estos puertos se suben cada cierto tiempo.

Otra posibilidad, pero que también es una “rara avis”, es hacer una circular, iniciando y acabando la etapa en el propio país. Es decir, saliendo del país por un puerto y entrando por otro. Un claro ejemplo es la etapa pirenaica del Tour del 2007 con inicio en Orthez y finalización en el col del Aubisque. Entró en España por el terrible Larrau y regresó a Francia por la Pierre-St-Martin. Ahí se aprecia con meridiana claridad las complicaciones de todo lo que venimos comentando. El fronterizo Larrau, por su vertiente francesa es uno de los puertos más duros de todo el Pirineo, pero sólo ha sido ascendido en dos ocasiones por parte del Tour, la comentada del 2007 y una anterior en 1996 que finalizó en Pamplona.

La Pierre St Martin tiene varias vertientes francesas y que sí han sido ascendidas por el Tour en varias ocasiones, pero la mayoría de ellas hasta el col del Soudet (1.540 m), a una cota inferior al paso fronterizo (1.760 m) y que por tanto no supone dejar Francia y entrar en España. De hecho, el paso fronterizo propiamente dicho sólo se ha ascendido en dos ocasiones: la citada del Tour 2007 para regresar a Francia, y en la Vuelta a España de 2016 en una etapa que también finalizó en el col del Aubisque.

Dos puertos fronterizos que sin duda hubieran dado mucho más juego en la historia de la Vuelta o el Tour, de no llevar consigo la tara que supone cambiar de país, son los puertos o cols de Somport y Portalet. Tan conocidos para muchos cicloturistas por ser dos de los grandes puertos que se suben en la Quebrantahuesos. El primero para salir del país y segundo para volver a entrar. De este modo, el puerto de Somport se ha subido una vez en la historia de la Vuelta (1957) y otra en la historia del Tour (1991). Al Portalet no le ha ido mucho mejor la cosa, con cuatro ascensiones a lo largo de su historia: una en el Tour (1991) y tres en la Vuelta (1992-1995-2003).

La conclusión resulta evidente. Por el motivo expuesto los grandes puertos de paso fronterizos han sido los grandes penalizados a lo largo de la historia de las tres grandes vueltas por etapas. Una pena, porque algunos de ellos son puertos que bien merecían y merecen tener más presencia en estas pruebas al ser auténticos colosos; en cambio nos tenemos que conformar con verlos muy de vez en cuando. Seguiremos esperando y siempre recibiendo con alegría la inclusión de cualquiera de ellos en las grandes vueltas por etapas del calendario ciclista.   

 

Por Ruben Berasategui

Fotos: Andoni Epelde

Fotos:

1 y 2: Larrau (Francia/España)

3, 4 y 5: Portalet (Francia/España)

6: Envalira (Francia/Andorra)

7: Petit Saint Bernard (Francia/Italia)

8, 9 y 10: Grand Saint Bernard (Italia/Suiza)

11 y 12: Agnello (Francia/Italia)

13, 14 y 15: Timmelsjoch-Passo Rombo (Italia/Austria)

16, 17 y 18: Lombarda(Italia/Francia)

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El Club Ciclista Irunés ha abierto inscripciones este 1 de marzo para una nueva edición, ya la 11ª, de la Marcha Cicloturista Juanma Garate (Domingo 14 de junio), que se celebra en reconocimiento al corredor más destacado formado en nuestra Escuela de Ciclismo del Bidasoa. Conviene recordar el brillante palmarés que logró atesorar el bravo corredor irundarra en su etapa profesional, con triunfos en Tour de Francia, Giro de Italia y Vuelta a España, Campeón de España, Ganador de la Montaña del Giro, y brillantes clasificaciones en la general de las más importantes pruebas por etapas.

 

 

Juanma sigue ligado al mundo del ciclismo, ahora desde el coche, actualmente como Asstente-Manager en el Education First Pro Cycling Team, pero no olvida el Club en el que empezó a pedalear de chaval, al que ofrece permanentemente su apoyo e imagen, forma parte de su actual Junta Directiva, y colabora activamente en la organización de la Marcha que lleva su nombre y en la búsqueda de nuevos alicientes para hacerla más atractiva y espectacular.

Así, manteniendo la fecha de su celebración en junio (este año tendrá lugar el domingo 14/6), se presenta una edición que mantiene los dos recorridos de las dos ediciones pasadas, que transcurren alrededor del anillo montañoso que enmarca la Bahía del Txingudi: uno corto, de 72Kms., al alcance de cualquier cicloturista, y otro de 122Kms, mucho más exigente, acumulando casi 2.500 metros de desnivel. En el Bidasoa no tenemos Tourmalets, pero tenemos media montaña más que suficiente como para ofrecer paisajes espectaculares y para sudar bien el maillot. Son carreteras con las que Juanma se identifica plenamente, en las que se forjó como ciclista, y en las que ha pasado horas y horas de intensos entrenamientos.

La salida se mantiene, a las 8:00h. en la Plaza de San Juan, dirigiéndose a Hondarribia para encontrar el duro repecho del Faro de Higuer en el Km. 8, para volver a Irun (en este primer bucle acompañarán la marcha los chavales y chavalas de las categorías inferiores del Club, como aliciente para nuestras jóvenes promesas), y seguidamente por la N-121-A llegar hasta Lesaka. A partir de aquí será un continuo subir y bajar, comenzando con los altos de Agiña y Aritxulegi, descendiendo por Gurutze a Ventas de Irun, para llegar, tras pasar por el pequeño Alto de Olaberria, al punto de salida en la Plaza de San Juan de Irun, donde terminarán los participantes en el recorrido corto. Los del recorrido largo continuarán por el valle de Olaberria para afrontar el corto pero muy duro Alto de Erlaitz, descender de nuevo hasta Gurutze y, por Arkale, dirigirse a Lezo para ascender la última dificultad de la jornada, el Alto de Jaizkibel, desde donde la prueba llegará a Hondarribia y desde la vecina villa marinera continuar hasta la meta de Irun.

 

 

La Marcha Cicloturista Juanma Garate será, este año también, el acto central de la “Bizikleta Festa” que tendrá lugar en Irun a lo largo de todo el fin de semana del 13 y el 14 de Junio, con diversas actividades alrededor de la bicicleta destinadas a toda la ciudadanía y a los visitantes, y en la que no faltarán iniciativas de carácter solidario.

 

 

El objetivo del equipo de trabajo del C.C. Irunés que, con Juanma a la cabeza, trabaja en la organización de esta nueva edición, es seguir haciendo crecer la Marcha, y alcanzar los 500 participantes que se rondaron en la pasada edición. Con el apoyo de un buen número de firmas colaboradoras, con Urbycolan como patrocinador principal, esperamos conseguirlo.

Todos los detalles de la prueba, y la inscripción, que se realiza exclusivamente a través de Internet, se encuentran disponibles en www.lajuanmagarate.com

 

 

 

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La Nueva York del Mediterráneo

Seguro que alguna vez habíais oído este apodo de la ciudad alicantina, pero es que Benidorm es la ciudad con más rascacielos de España, la ciudad con más rascacielos por habitante del mundo y la ciudad con más rascacielos por metro cuadrado tras Nueva York. ¡Casi nada!
Pero ¿qué había en estas playas antes de la irrupción masiva de un turismo? En el término municipal se han encontrado restos íberos y romanos, que nos hablan a las claras de que ya había población desde lejanas épocas. Sin entrar de nuevo en el origen del topónimo, sí podemos afirmar que, tras su conquista por Jaime I, las tierras de Benidorm, al igual que la mayor parte del resto de la comarca, fueron otorgadas al almirante Bernardo de Sarriá. Este importante señor feudal es considerado como el verdadero fundador de la ciudad, al otorgarle Carta Puebla el 8 de mayo de 1325, creándose el castillo y la villa, y separándola administrativamente de la de Polop.

Estratégicamente, el origen de la villa (al igual que el de otras poblaciones costeras como Villajoyosa) se debió al temor imperante en aquel tiempo al superior número de mudéjares existentes en la zona, y las posibles alianzas de estos con sus hermanos de religión del Reino nazarí de Granada y del norte de África.

Y no iban muy desencaminados por cuanto en la siguiente centuria Benidorm sufrió dos terribles ataques de piratas berberiscos, el primero hacia 1410 y el segundo en 144 8, que asolaron la villa y el castillo. En un documento de 1492 se citan a las autoridades municipales, luego aún existían pobladores. Sin embargo en 1520, durante la guerra de las Germanías, la villa ya estaba despoblada, hecho que se podría relacionar con el nuevo ataque de corsarios musulmanes que sufrió en 1502.

Se restauró el castillo y la villa, despoblada, volvió a integrarse en Polop, hasta que la mejora de las condiciones defensivas y la construcción de una acequia para llevar agua para el riego y el abastecimiento doméstico, permitieron el renacimiento de la población y la concesión en 1666 de una nueva carta puebla por Beatriz Fajardo de Mendoza, quien le devolvió su independencia administrativa. Así de dos centenares de vecinos en el siglo XVIII sepasó a casi tres miles en la siguiente centuria, expansión demográfica que se pudo realizar gracias sobre todo a una importante actividad pesquera basada en la pesca con almadraba.

Así fue hasta que en los años 50 se cerró por bajo rendimiento la última almadraba, lo que supuso un cambio de opción económica en el ayuntamiento, que aprobó el ordenamiento urbanístico de la villa con la finalidad de crear una ciudad concebida para el ocio turístico, a base de calles bien trazadas y amplias avenidas. A partir de entonces se produjo un fuerte desplazamiento de las actividades tradicionales (pesca y agricultura) hacia el sector servicios originado por el turismo, que se convirtió desde entonces en la base de la prosperidad de la ciudad. Y así el turismo español comenzó a compartir el espacio con los visitantes de otras partes de Europa.

Actualmente, Benidorm es una de las primeras ciudades turísticas de toda la costa mediterránea. Y es que esta “pequeña Nueva York” cuenta con una situación privilegiada que le otorga un especial microclima, de dulces y templados inviernos y de veranos atemperados por la brisa marina, sin duda debido a su particular configuración geográfica protegida por las montañas que la rodean: Serra Gelada , por el este, Aitana por el norte y el cerro conocido como Tossal de la Cala que resguarda su playa de Poniente por occidente.

Por todo ello las playas de Benidorm son elementos de vital importancia como imagen e identidad del municipio y su principal atractivo turístico. Sus dos playas principales (hay más) son las de Levante y Poniente, separadas como hemos dicho por la Punta del Canfali, la gran roca que las separa, donde se asentaba la fortaleza que servía de defensa ante las incursiones piratas. En la actualidad sólo quedan algunos restos de las murallas sobre este “balcón del Mediterráneo”.

Esta imagen playera viene siempre acompañada por otros dos encantos naturales. L’Illa, equidistante entre las dos playas que configuran la costa de la ciudad, de la que la leyenda cuenta que el gigante Roldán se enamoró de una bella dama.  Al caer ésta enferma pudo comprobar que  solo parecía sobrevivir con los rayos del sol. Desesperado asestó un tremendo golpe a la montaña del Puig Campana y el trozo que saltó de su su bien visible hendidura cayó al mar y formó cayó al mar y formó L’Illa, demorando con sus 73 m de altitud la puesta del sol durante unos minutos.  La muerte acabó ganando, como siempre, la batalla y Roldán llevó el cuerpo de su mujer hasta la isla para que allí descansara dejándose ahogar por la marea sin dejar de cogerle la mano.

Y queremos destacar también la famosa Creu erigida en 1962 en lo alto de la Serra Gelada en protesta por la retirada de la prohibición del bikini en las playas de la ciudad. ¡Tiempos! La panorámica de las playas desde la Creu es una imagen imprescindible en todos los folletos de la ciudad. ¡Tiempos!

Pero tanta tentación no oculta algo que para los amantes del cicloturismo no nos atrae especiamente: las aglomeraciones
Lo que os proponemos puede hacer que cambiéis de opinión sobre Benidorm : ¿y si elegimos el otoño o el invierno para acercarnos a la Costa Blanca en busca de emociones con forma de puertos?

En cualquier época del año, aún en verano, ya por el simple hecho de alejarnos de la costa veremos cómo no nos va resultar difícil encontrar la soledad. Y es que para muchos de nosotros  la atracción fatal nos viene de la montaña.

Tres van a ser las sierras alicantinas que pueden brindarnos esa impagable sensación de sentirnos lejos del mundanal ruido. Sierra Aitana, la que preside todo el entorno, nos ofrece el puerto de Tudons en su ladera oeste, desde donde podremos alcanzar la cumbre provincial a 1558 m si obtenemos el permiso correspondiente al emplazamiento en ella de una base militar.  En la ladera opuesta partiremos del embalse al pie de uno no de los pueblos más de los pueblos más bonitos de España, Guadalest.
En la vecina Sierra del Carrascal de Parcent el col de Rates es una de las subidas más frecuentadas por los ciclistas que utilizan Alicante para sus entrenamientos.Tanto su vertiente norte como la más próxima al mar nos permiten, sin especiales dificultades, emular a todos ellos. Y si queremos superarlos, siempre tendremos la posibilidad, desde el mismo alto, tomar la pista de asfalto y hormigón que nos conduce a un un balcón excepcional, el Tossal dels Diners

Y dejamos para el final la menos conocida de las tres, la Sierra de Bernia. Aquí se ubica la más terrorífica de las ascensiones es alicantinas, la que accede por la ladera que mira al mar, muy cerca de Altea la Vella. La vertiente norte nos brinda una doble e interesantísima subida  al caserío que da nombre que da nombre a la sierra,  la que parte de Xaló y la que lo hace desde las cercanías de Calpe.

De todo ello nos empapamos un año más en nuestro stage de BENIDORM, ese con el que nos gusta empezar la temporada de viajes y que resulta muy eficaz para acumular kilómetros las primeras salidas largas y las primeras subidas exigentes.

Con el plan perfecto  y con un tiempo de lujo (este año sin ver una nube y sin apenas viento), nada impidió que pudiésemos cumplir nuestro objetivo. 4 etapas acumulando casi 500 km y más de 9000 metros de desnivel.

Tudons, Confrides, El Collao, Sa Creueta, Benifallim, Rates, La Creu, Bernia norte,Tossal del Dinners, fueron algunas de las ascensiones que hicimos, dejando una mención especial para Bernia sur, que supuso el primer gran reto y calentón del año.

Fotos: Paco Portero

Por Jon Beunza/Juanto Uribarri

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