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Historias y rutas

 

Tras los pasos de Tim Wellens y Thomas De Gendt

Noviembre es el mes menos mediático para el ciclismo profesional, ya que es el típico mes de descanso y de inicio de la preparación. Sin embargo, en aquel mes de 2019, dos ciclistas belgas del equipo Lotto pusieron el foco mediático en su aventura por Teruel. La llamaron “The Final Breakaway 2” (la fuga final) y estaba basada en la ruta de gravel Montañas Vacías. Con los hashtags #MontanasVacias y #TheFinalBreakaway2 nos fueron compartiendo día a día sus aventuras en un entorno que nos evocaba a partes iguales aventura y naturaleza. Imágenes que nos hacían soñar con los planes del año siguiente, que a la postre resultaron truncados en gran medida con la irrupción de la pandemia de Covid19.

Lo más sorprendente de aquellas publicaciones era comprobar cómo se divertían aquellas figuras del ciclismo internacional alternando tramos de asfalto y pistas. Además, lo hacían en un entorno natural cercano para nosotros, y que nos hacía reflexionar en cierto modo, que seguramente no lo estábamos apreciando como deberíamos. Si ellos vinieron desde Bélgica a disfrutar de Teruel, ¿puede ser que nos estemos perdiendo una buena experiencia?

Paisatges Barcelona es un lugar para descubrir, sentir y pedalear. Un territorio que invita al esfuerzo y a la contemplación, al ritmo y a la pausa. Hay lugares que se descubren con los pies, otros con la mirada… y después están aquellos en los que para acercarnos a su verdadera esencia la mejor manera de hacerlo es sobre una bicicleta.

 

Nuestra ruta

Al igual que hicieron Wellens y De Gendt, nosotros también hemos querido hacer un guiño a Teruel buscando algo diferente en el que integrar la experiencia ciclista con la historia, cultura y personalidad de esta tierra. Hemos tenido muchas opciones, pero fieles a nuestros gustos y a la marcada personalidad de la provincia, nos hemos inclinado por preparar una ruta circular con salida y llegada a Teruel pero que nos acerque a la esencia de este territorio.

 

El plan es ambicioso y no nos quedaremos lejos de los 500 kilómetros que hicieron ellos, ya que hemos planteado una ruta de 427 kilómetros, que podremos realizar en los días que deseemos. A lo largo del recorrido, salvo tramitos muy puntuales, no nos saldremos del asfalto. De hecho, no lo necesitaremos para poder disfrutar de rutas tranquilas y de entornos aislados cargados de encanto. Tampoco buscaremos los picos más elevados de la provincia como hicieron ellos, sino que dejaremos los ascensos de los puertos más duros como opcionales para los que deseen ponerse a prueba con algún desafío adicional. Eso sí, aviso a navegantes, no conviene confiarse ya que el sube y baja es permanente y una pequeña máquina para ir acumulando metros de desnivel. Como veréis el recorrido completo supera los 7000 metros.

 

Sin embargo, sí que coincidimos en que nuestra ruta, al igual que la de los ciclistas belgas, ofrece unas enormes dosis de tranquilidad en entornos solitarios que nos permitirán disfrutar de entornos naturales muy poco habitados, como pocos lugares pueden ofrecer en la península. Podríamos haber aspirado a hacer una ruta totalmente solitaria, pero nos hemos conformado con que la tranquilidad sea la protagonista. Los moteros llaman a este territorio la “ruta del silencio”, la nuestra también lo será, pero eso no nos va a impedir acercarnos a pequeños pueblos que además de seguridad para cualquier eventualidad le van a dar un encanto especial al recorrido gracias a su historia y encanto.

Veréis que hemos dividido el trazado en 4 etapas, pero insistimos que debe ser un recorrido totalmente a la carta adaptado a lo que busquemos. Además, si os fijáis en los mapas y tracks podréis observar que hay muchas opciones para acortarlo o incluso alargarlo.

 

Tracks de las rutas

 

TERUEL_427_km_._E1_Teruel_.Estercuel_114_km_y_1750_metros

 

TERUEL_427_km_E2_Estercuel-Castellote_135_km_y_1910_metros

 

TERUEL_427_km_E3_Castellote-Fortanete_83_km_y_2250_metros

 

TERUEL_427_km_E4_Fortanete-Teruel_95_km_y_1290_metros

Pedaleando por la historia de la Tierra

Pocas rutas pueden unir de forma tan coherente dinosaurios, geoparques, arte rupestre, minería, olivares centenarios, tambores y puertos de montaña. Esto da personalidad la hace muy singular y podríamos llegar a decir que de alguna manera vamos a sentir que pedaleamos “por millones de años de historia».

Teruel nos regala una combinación extraordinaria de carreteras tranquilas, paisajes espectaculares y patrimonio geológico. Somos conscientes de que Teruel es muy, muy grande, y la base de cualquier propuesta o plan es que sea “realizable”, por lo que tocaba acotar nuestro plan y la ruta nos va a llevar a algunos de los territorios más sorprendentes de Aragón, donde cada puerto y cada valle cuentan una historia escrita durante millones de años.

Como comentábamos, en cada kilómetro de nuestro trayecto, comprobaremos que Teruel es una tierra que nos permite acercarnos a la historia de nuestro planeta. La provincia alberga algunos de los yacimientos paleontológicos más importantes de Europa y es sede de Dinópolis y de una fundación científica que ha convertido el nombre de Teruel en una referencia internacional para la investigación de los dinosaurios y la vida del pasado.

Pero vayamos a nuestra aventura ciclista en la que partiremos de la capital, desde Dinópolis para enseguida atacar la ascensión al alto de Cabigordo que nos permitirá abandonar poco a poco la ciudad para adentrarnos en un territorio de sierras solitarias y carreteras muy tranquilas y en su gran mayoría en un estado perfecto. El silencio, la sensación de calma, desconexión y en definitiva de paz, se van a convertir en nuestros inseparables compañeros de viaje mientras el paisaje nos acerca a la enorme riqueza natural de la provincia. Empezaremos a atravesar pequeñas y muy cuidadas localidades porque si algo nos ha llamado siempre la atención es lo bien mantenido y limpio que está todo. Sin grandes alardes, pero con muchos detalles que si eres mínimamente curioso vas a agradecer.

Pasaremos por Corbalán, Ababuj, Camarillas y llegaremos a Aliaga donde tendremos la oportunidad de adentrarnos en uno de los escenarios geológicos más espectaculares de España. Los impresionantes pliegues y estructuras rocosas del Parque Geológico de Aliaga nos permiten leer millones de años de evolución de la Tierra. Este espacio forma parte del Geoparque Mundial UNESCO del Maestrazgo, un territorio donde la geología se convierte en protagonista absoluta.

Pasado Aliaga nos encontramos bajo nuestra carretera con la imponente estampa de la antigua Central Térmica de Aliaga, testigo de las cuencas mineras del norte de la provincia. Antes de llegar allí nos tocará cambiar el chip, ya que nos espera la ascensión al Puerto de Majalinos, que, sin ser duro, sí que cuenta con algunos tramos exigentes. Nos iremos abriendo paso hacia Ejulve entre vistas panorámicas inmensas y montañas de formas caprichosas. Muy cerca se encuentran algunos de los monumentos naturales más emblemáticos de Aragón, como los Órganos de Montoro, pero todavía no es su momento ya que de regreso hacia Teruel será cuando haremos que la ruta pase por ellos.

De momento seguiremos avanzando hacia Gargallo, Estercuel, Obón (antes de llegar tendremos un tramo de carretera un poco peleón con mucha piedra suelta) y Oliete, donde comprobaremos que la tranquilidad sigue, pero el paisaje cambia. Los grandes relieves montañosos dejan paso a los cañones y barrancos modelados por el río Martín. El Parque Cultural del Río Martín combina un extraordinario patrimonio natural con importantes conjuntos de arte rupestre.

Seguiremos hasta Oliete que nos va a ofrecer uno de los paisajes más característicos del Bajo Aragón Histórico con grandes extensiones de olivos centenarios. De estos árboles se obtiene uno de los grandes tesoros gastronómicos de la provincia, el aceite de oliva virgen extra, protagonista de una cocina sencilla y auténtica que encuentra en el producto local su mayor virtud. Y es que en nuestra ruta nada va a ser lo mismo si no somos capaces de darnos pequeños homenajes para probar sus exquisitos productos locales.

La ruta continúa hasta Ariño, donde la historia geológica vuelve a emerger con fuerza. Sus yacimientos paleontológicos han proporcionado importantes hallazgos de dinosaurios y fósiles.

Llegamos al corazón de la cuenca minera turolense. Durante décadas, la extracción del carbón marcó la vida y la economía de estas comarcas. Hoy, antiguos castilletes, explotaciones mineras, lavaderos y trazados ferroviarios forman parte de un patrimonio industrial singular que ha sido profundamente transformado y allí donde antes trabajaban miles de mineros nos encontramos ahora con miradores, lagunas y espacios recuperados que ofrecen una visión sorprendente de un territorio totalmente “reinventado”.

Llegamos a Andorra, la capital de la comarca Andorra – Sierra de Arcos. En él podemos visitar su Museo Minero, que nos dará contexto a todos los paisajes mineros que hemos visto en los kilómetros anteriores.

Calanda será nuestro siguiente lugar de paso y allí se vive una de las identidades culturales más reconocibles de Aragón. Tierra de tambores y bombos, cuya Semana Santa resuena en toda España, es también la cuna del melocotón con Denominación de Origen, una de las joyas gastronómicas del Bajo Aragón. “Una ciudad de cine y un melocotón de película”, un buen juego de palabras y todo un guiño a sus espectaculares y sabrosos melocotones y al director de cine Luis Buñuel que era natural de Calanda.

Seguimos nuestra ruta y bordearemos el espectacular embalse de Calanda, que riega las tierras de los numerosos campos de frutales de la comarca. Una vez superado el embalse, ascendemos la cuenca del río Guadalope hasta la pequeña localidad de Abenfigo. Desde aquí abandonamos las pendientes suaves del Bajo Aragón y afrontaremos un perfil mucho más quebrado.

El primer puerto será el ascenso a la pintoresca localidad de Castellote. No veremos Castellote durante el ascenso en ningún momento. Sorprendentemente, a la salida del túnel, nos encontramos dentro de sopetón en las calles de Castellote. Un pueblo verdaderamente singular en el que recorrer sus callejuelas es un placer. Nosotros, como nos gusta “enredar”, antes de cruzar el túnel nos acercamos hasta la Ermita del Llovedor, solo un par de kilómetros, pero un buen calentón y un lugar sorprendente.

Nos incorporamos de nuevo al valle del río Guadalope, para bordear el enorme embalse de Santolea por una carretera preciosa.

A los pies de uno de sus diques, toca empezar a subir. Pasamos por Dos Torres de Mercader y Las Cuevas de Cañart. Aquí la carretera se estrecha enormemente en nuestra ruta de ascenso del Puerto Los Degollaos, que se ubica en un mirador poco después de incorporarnos a una nueva carretera más amplia.

Estamos siguiendo el recorrido de la espléndida marcha cicloturista de Los Degollaos que recorría estos magníficos valles y que fue la que hace un buen número de años nos permitió conocer este sorprendente territorio. Tras un largo descenso, llegamos (otra vez) al fondo del río Guadalope. Poco después llegamos al mirador de los Órganos de Montoro, unas espectaculares agujas de roca verticales de 200 metros de altura. Su nombre le fue dado por la similitud de los tubos de los órganos de las catedrales.

A su bajada llegará una nueva tentación con el desvío que por Pitarque nos lleva al alto de San Cristóbal, una de las subidas más exigentes y espectaculares que se puede hacer en esta zona y que nos podría llevar hasta Aliaga. Nosotros nos acercamos, pero para regresar por el mismo sitio ya que a nuestra ruta todavía le quedaban muchas atractivas sorpresas.

De vuelta en el cruce de inicio, afrontamos el larguísimo ascenso del Puerto de Cuarto Pelado que nos lleva hasta casi los 1700 metros de altitud. Se trata de un puerto muy largo y extraordinariamente irregular, en el que se combinan bajadas, tramos duros y otros llanos. La carretera está en excelente estado durante todo el ascenso. En los kilómetros finales, el valle se abre y nos muestra una preciosa vega, desde la que se ve la cima del puerto.

Pasado el puerto, llegamos a Fortanete un pueblo ubicado a 1353 metros de altitud y otra parada obligada. Desde aquí, afrontamos el ascenso al “último” puerto de nuestra ruta, el Puerto de Fortanete, que con sus 1809 metros de altitud es el punto más alto de todo el recorrido. Decimos lo del último porque, aunque el trazado va a ser en su mayoría descendente, no van a faltar pequeñas tachuelas. Sí, sabemos que os hemos dicho que el recorrido evita un exceso de puertos, pero eso no quita que el sube y baja sea una constante. Terreno para ser precavido y guardar siempre algo de fuerzas.

Casi sin darnos cuenta, nos hemos adentrado en la Sierra de Gúdar, donde se encuentra la cima más alta de la provincia y una de las estaciones de esquí más renombradas de la provincia, la de Valdelinares.

No es una sierra claramente visible desde la distancia, sino que hemos ido ascendiendo paulatinamente hasta alcanzar una altitud más que notable.

No perdemos altura y pasamos cerca del pueblo de Valdelinares, el “pueblo más alto de España” con sus casi 1700 metros de altitud. Desde aquí rodeamos la sierra y veremos a nuestra izquierda las pistas de esquí, una estación con la peculiaridad de tener el parking en la parte más alta y desde ahí las pistas son hacia abajo. Toca perder altitud camino de Cedrillas y lo haremos pasando por Allepuz con un terreno de continuos repechos y toboganes hasta llegar de nuevo a Teruel, donde ponemos punto final a nuestro recorrido por la provincia.

 

Hay muchas veces que uno queda satisfecho de lo visto y recorrido y esta fue sin duda una de esas. Una ruta con infinitas posibilidades de adaptarla a nuestras preferencias y todas ellas sin perder un ápice de interés. Teruel siempre nos ha gustado y siempre nos gustará y es que es uno de esos lugares que “se siente” y te ayuda, casi sin quererlo, a reencontrarte simplemente dejándote llevar y siendo cómplice silencioso de todo lo que te rodea. Qué razón tenían De Gendt y Wellens, y es que la mayor libertad es la de poder ser uno mismo y eso aquí forma parte del guion.