Autor: jon

Corima presenta la última evolución de sus MCC DX, se trata de unas ruedas de carbono para frenos de disco en las que se consigue aunar ligereza, rigidez, aerodinámica y una buena manejabilidad.

 

 

 

Las MCC DX salían al mercado en 2010, y desde entonces no ha parado su evolución. Fabricadas a mano en Francia, están disponibles en versiones Tubeless Ready y Tubular, y con dos alturas de llanta: 32 y 47 milímetros.

Todas llevan llanta, radios y bujes de carbono. La llanta tiene una anchura de 26 mm. Cada rueda lleva 12 radios (6 a cada lado) y para su montaje se utiliza el sistema D2T, Double Torque Technology.  Este diseño ayuda a las propiedades aerodinámicas que mejoran en un 9% en la rueda delantera y en un 18% la trasera, respecto a la versión anterior.

El diseño y la disposición de los radios en forma de Y han sido claves para reducir la resistencia al aire.

La ligereza teniendo en cuenta que hablamos de ruedas para disco, es otra de sus grandes virtudes.

 

 

 

La tecnología Torsion Box caracterizada por su relleno de espuma y un refuerzo horizontal de fibra de carbono el interior de su llanta es otra de las características novedosas y una garantía para dotar de gran rigidez a las ruedas.

 

MODELOS

Llanta 32mm

Tubeless

Pesos: Delantera: 615 gr Trasera: 810 gr

Precio (juego): 3.549 € (4.047 € con rodamientos cerámicos)

 

Tubular

Pesos: Delantera: 550 gr Trasera: 745 gr

Precio (juego): 3.199 € (3.697 € con rodamientos cerámicos)

 

 

 

Llanta 47 mm

Tubeless

Pesos: Delantera: 680 gr Trasera: 870 gr

Precio (juego): 3.569 € (4.147 € con rodamientos cerámicos)

 

Tubular

Pesos: Delantera: 580 gr Trasera: 760 gr

Precio (juego): 3.299 € (3.797 € con rodamientos cerámicos)

 

 

 

https://www.corima.com/

 

 

 

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Santuario della Madonna del Ghisallo (Italia)

Magreglio es un menudo pueblo de la provincia de Como, en la región de Lombardía, con apenas 640 habitantes, pero es bien reconocido entre los cicloturistas de todo el mundo porque en este lugar está ubicado el bello y pequeño Santuario della Madonna del Ghisallo, que fuera proclamada patrona universal de los ciclistas en 1948 por el papa Pío XII.

La iglesia es un lugar de culto para el ciclista, repleto de recuerdos, historia y hazañas de los esforzados de la ruta, y ha sido escenario en numerosas ocasiones de diversas etapas del Giro de Italia y, cómo no, sobre todo del Giro de Lombardía (muy cerca de aquí está la temible ascensión al Muro di Sormano).

En el interior del santuario podemos encontrar bicicletas históricas de Coppi, Moser o de Merckx, y de sus paredes cuelgan toda clase de objetos relacionados con el ciclismo desde maillots, banderines, gorras, bicis de todo tipo: un auténtico museo que además dispone de la mayor colección de maglias rosas del mundo y un enorme archivo audiovisual.

En el exterior, podemos contemplar los bustos de los históricos Coppi y Bartali, así como una estatua de unos ciclistas que nos saludan y nos invitan a entrar a un lugar que cualquier amante del ciclismo que se precie de serlo debería visitar al menos una vez en su vida. Impactante.

 

Via Fignon en Barèges (Tourmalet)

Todos los primeros sábados del mes de junio se efectúa la ceremonia de ascensión del Gigante del Tourmalet que sirve de pretexto para celebrar una gran fiesta del cicloturismo: la “Montée du Géant” en la que se trata de acompañar la estatua del Gigante los 30 km de distancia que lo separan de su domicilio invernal hasta sus cuarteles de verano en el Col du Tourmalet. La marcha sirve además para inaugurar la nueva temporada cicloturista con la apertura del puerto.

Fue con motivo de esta deportiva manifestación en junio 2011, que contó con la presencia de grandes campeones ciclistas como Bernard Hinault o nuestro Miguel Indurain, para además rendir homenaje a Laurent Fignon, “el profesor”, doble vencedor del Tour (1983-84) fallecido el año anterior, el 31 de agosto de 2010. En su memoria, esta celebración fue rebautizada como “Souvenir Laurent Fignon”, ya que además siempre fue un gran embajador de Hautes-Pyrénées y porque en Pirineos fue donde llevó a cabo sus mejores actuaciones. También en su nombre y con la presencia de su hijo Jérémy y su esposa Valérie,  fue inaugurada una nueva ruta para ascender el Tourmalet (por la vertiente de Barèges) exclusiva para cicloturistas: 4,190 km de longitud y 200 m de desnivel que llevaría el nombre de “Via Laurent Fignon”.

Se trata de un tramo de carretera solitaria, sólo compartida con algunas ovejas, y que si no lo remediamos, puede caer fácilmente en el olvido por falta de mantenimiento.

 

Memorial a Pantani en el Mortirolo

En la vertiente de Mazzo in Valtellina se inauguró una escultura singular en recuerdo a Marco Pantani, objeto de peregrinaje por parte de los “cicloamatori”, un memorial de hierro en el que nunca faltan ramos de flores.

La idea nace de una iniciativa creada por Felice Gimondi y otros ex ciclistas italianos como Bugno o Chiappucci, que piensan en construir un monumento dedicado al Pirata.

La escultura tendría que caracterizarse por elementos claramente reconocibles y relacionados con la figura de Marco, destacando el espíritu aventurero y heroico del Pirata en su terreno favorito: el ascenso extremo. Recordarlo en el Mortirolo era lo más justo: se trataba de “su” montaña.

Gracias a la aportación de Bianchi, el artista elegido dispondría de 10.000 euros para su construcción. Se habría de ubicar en uno de los tramos más significativos de la ascensión al Mortirolo y tenía que ser bien visible e identificable.

El proyecto enviado por los artistas Michele Biz, Alessandro Broggio y Alberto Pasqual sería el escogido: una hoja de acero inclinada, fijada “cantilever” a una de las paredes en una de las curvas más exigentes del Mortirolo. Y en un pedestal la figura de Pantani, de forma tridimensional y con su postura más clásica y competitiva: de pie sobre los pedales, las manos en la parte baja del manillar y con su mirada buscando a los rivales que había dejado atrás. Según los autores “quisimos recordarlo de una manera sencilla y franca, buscando la pureza del gesto que lo hacía diferente del resto”.

 

Por Jordi Escrihuela

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VENTAJAS Y BENEFICIOS DE LOS PLATOS OVALADOS LÍDERES

 

Al utilizar platos ovalados Absolute Black vas a consumir menos energía a igual potencia, podrás pedalear durante más tiempo o más rápido. Cuanto más alto escalas más esfuerzo tienes que poner en el pedal, es por eso que es muy importante maximizar la eficiencia y la efectividad y podéis maximizar ambas cosas utilizando los platos ovalados Absolute Black.

 

 

 

¿FUNCIONAN LOS PLATOS OVALADOS?  

Los platos ovalados funcionan porque los ciclistas no producen una fuerza igualitaria a través del movimiento del pedaleo. Aunque cueste creerlo un plato circular no transfiere el torque a tu rueda trasera de manera tan pareja como un ovalado. Los platos ovalados funcionan en conjunto con la fisiología natural del cuerpo humano. Los platos ovalados maximizan la sección del pedaleo donde la fuerza es producida y minimiza la resistencia cuando no hay fuerza. Como consecuencia con los platos ovalados incrementa la habilidad del ciclista para rodar con una entrega de la fuerza más fluida, lo que se sentirá más suave en las piernas durante una escalada.  Vas a sentir que tu pedaleo se vuelve más redondo con un plato ovalado que con un plato circular.

¿DÓNDE SON MÁS EFECTIVOS: EN CARRETERA O EN MTB?

Con la bicicleta de montaña notarás más efecto de los platos ovalados, sobre todo en los terrenos más técnicos e irregulares, donde podrás rodar con menos dificultad y mayor tracción. En MTB donde los cambios de ritmo son contantes por las irregularidades del terreno, tendrás un pedaleo más constante si lo comparas con los platos redondos. Un pedaleo más fluido que os ayudará en zonas de piedras, incluso en recorrido con barro o arena, que os ayudará a encontrar la tracción y cadencia correcta.

VENTAJAS PLATOS OVALADOS vs PLATOS REDONDOS
  • Desaparición del punto muerto. El principal inconveniente de los platos redondos es que hay un momento durante el pedaleo que no se ejerce ninguna fuerza. Problema que queda solucionado con los platos ovalados.
  • Pedaleo más suave y constante. Los platos ovalados reducen los picos de cargas en las articulaciones de la rodilla, los ciclistas que los utilizan sienten una gran reducción del estrés en dichas articulaciones y esto nos permite mantener cierto nivel de esfuerzo durante más tiempo. Aumentando la velocidad promedia.
  • Los platos ovalados mejoran la capacidad de aceleración y la cadencia del pedaleo.

 

Para disfrutar de estas ventajas, es importante que tengas en cuenta que necesitarás un periodo de adaptación, ya que cambiarás tu forma de pedalear y podrás tener algunas molestias musculares en los primeros kilómetros.

 

 

POR QUÉ USAR LOS PLATOS OVALADOS ABSOLUTE BLACK

El movimiento de los platos ovalados está creciendo rápidamente en todas las disciplinas del ciclismo. Esta tendencia está liderara por Absolute Black, líder mundial en platos ovalados.

Sin embargo, no todos los platos ovalados comparten las mismas características de performance que tienen los platos ovalados Absolute Black. La sincronización y la morfología del ovalo son las partes más cruciales de cualquier diseño de plato ovalado. Absolute Black desarrolló durante tres años el diseño para obtener la morfología y el timing perfectos – asegurándose que la calidad de pedaleo de sus platos ovalado sea superior la de los platos ovalados de otras marcas.

Mientras la mayoría de las marcas mantienen el mismo timing (posición de la biela respecto al ovalo) y morfología a lo largo de todos sus tamaños (es más barato y consume menos tiempo de desarrollo e investigación) Desde Absolute Black están convencidos de que cada tamaño de plato requiere ser sincronizado a medida, optimizado y perfeccionado para el pedaleo. Por ejemplo, cuando más pequeño es el tamaño del plato ovalado más grande es el ovalo que lo conforma ya que tiene que ayudar a escalar subidas más empinada de manera más efectiva.

La creencia en el desarrollo ha convertido a Absolute Black en el mayor productor de platos ovalados del mundo. Hay que tener una cosa clara, no todos los platos ovalados son iguales a un plato Absolute Black.

 

www.alpcross.com

 

www.cjmsport.com

 

 

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La Virgen de Dorleta (Guipúzcoa)

A pie de carretera, un kilómetro antes de coronar el Alto de Arlaban, una suave y preciosa ascensión muy frecuentada por los cicloturistas vascos, a 587 m de altitud y en el municipio de Salinas de Léniz (Guipúzcoa), encontramos este auténtico tesoro del cicloturismo, donde se alza un “santuario”, un monumento con la imagen de la Virgen de Dorleta, proclamada como “Patrona de los ciclistas españoles” el 28 de agosto de 1960, cuando los cicloturistas bilbaínos Luis y Ángel Serrano y el vitoriano José Luis Sáenz de Olazagoitia, volvían de Roma con sus bicis portando la declaración canónica del Papa Juan XXIII como patrona de los ciclistas.

A sus pies, sea invierno o verano, nunca faltan flores frescas y otras ofrendas de los ciclistas, y una frase grabada en la piedra: “María, Reina del mundo, protege a la tierra recorrida en todas las direcciones por los ciclistas amantes de la naturaleza”.

Hoy en día la devoción sigue en pie, y se pueden ver cientos de recuerdos de todo tipo de muchos clubes venidos de todos los rincones del país, depositados en señal de agradecimiento y como ofrenda a nuestra patrona.

 

El lugar, como no podía ser de otra manera, es punto de encuentro de muchos ciclistas que inician desde aquí sus salidas y es habitual que muchos clubes comiencen la nueva temporada viniendo hasta Arlaban, para pedirle protección a la Virgen.

 

 

Estela a Coppi y Bartali en el Izoard

A más de 2000 m de altitud, cuando desaparece la vegetación, quedando algún pequeño y solitario abeto, es cuando aparecen los colmillos de la fiera: las cargneules, las rocas de piedra caliza formadas hace 40 millones de años que la erosión ha ido moldeando a su antojo en forma de monolitos, crestas y dientes cariados, incluso con un cierto color amarillento producido por el óxido.

 

Justo en este punto, un 18 de julio de 1949, dos campeonísimos como Bartali y Coppi, realizan juntos una gran exhibición, entendiéndose y dándose relevos a la perfección para meterle 5 minutos a Robic, que les perseguía sin poder hacer nada. Podéis rememorar esta gesta, y de paso echaros unas fotos, en la estela dedicada a Louison y Fausto: unas placas con sus efigies -costeadas por los lectores de L’Equipe-, están  fijadas en una cargneula, en el lado sur del inquietante Izoard.

 

La Casse Déserte es un lugar inmutable, que queda a la espera de poder devorar al atrevido cicloturista que se acerque hasta aquí.  Hasta Merckx padeció aquí el poder telúrico de este austero terreno. En el Tour del 72 sufrió un desmayo, perseguido por Ocaña. Solo le pudo aventajar en 1’ 31” en Briançon. Aquel día el belga confesaba que “me habían hablado de la Casse Déserte y de la estela de Fausto Coppi en uno de sus peñascos, pero yo no he visto nada, lo siento, andaba demasiado ocupado”.

 

El Velódromo de Roubaix (por Claudio Montefusco)

El viejo Velódromo de Roubaix ha sido desde 1943 (solo con 3 años de excepción: 1987-1988-1989) el lugar donde termina la París Roubaix después de tantos años, aunque justo al lado se haya construido el nuevo velódromo cubierto Jean Stablinski. El encanto del Velódromo de Roubaix es el encanto de lo decadente, de lo clásico. Ver el velódromo en directo es una mezcla de excitación y decepción. Lugar mitificado por todos los amantes del ciclismo y sin embargo es una instalación fuera de su época.

 

Rodar por su cemento y probar la inclinación de sus curvas es sentirse finisher y sentirse profesional por un día. La alegría de los diversos grupos que terminan la prueba es inmensa. Unos levantan los brazos, otros imitan el famoso gesto de Museeuw en el año 2000.

 

Justo a la entrada del velódromo hay un sencillo monumento, que representa un adoquín, cómo no, que conmemora los 100 años de celebración de la París Roubaix. Un adoquín gigante que es el símbolo de la prueba y que se instaló aquí en el año 2002 coincidiendo con su centenario, que ha pasado a ser otro de los puntos de peregrinaje de cicloturistas de todo el mundo.

Otro anacronismo. Desde 2003, el nombre de todos los vencedores en Roubaix se halla grabado en unas placas que identifican no las duchas, sino unas minicabinas individuales donde el sábado se cambian los cicloturistas y el domingo los profesionales. Unas austeras duchas donde limpiar el polvo, el sudor, el barro y recordar la gloria y la miseria de una de las carreras más bonitas que existe en el calendario internacional.

 

Por Jordi Escrihuela

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Monumentos, estelas, placas, estatuas, hitos, santuarios… las carreteras de media Europa están llenas de recuerdos ciclistas, lugares al exterior, en plena naturaleza, rodeados de madera y de viento, pequeños museos al aire libre que nos muestran la historia de nuestra “pequeña reina” y de todos los que tuvieron relación con ella.

Existe toda una geografía por recorrer a través del ciclismo. Rincones donde el tiempo se para y en  los que podemos leer la leyenda de este sufrido deporte, que nos recuerdan numerosas batallas vividas en forma de fama y de gloria, pero también de fracaso y expiación, de lágrimas y de sangre.

La tradición manda y siempre se opta por rememorar lo que sucedió en el mismo lugar y, si prestamos atención, seguro que escucharemos los susurros que se desprenden de estos sitios envueltos en la épica, el mito y la epopeya del ciclismo, y que nos hablarán de victorias y derrotas, de gigantes de la ruta y esforzados de la carretera que dejaron sus huellas, imborrables, para lo bueno y lo malo, para ser recordados con el paso del tiempo.

Hay cientos de ellos repartidos en las alturas de muchos puertos, cimas y cumbres de Francia, Italia o España, pero hemos querido escoger, unos cuantos que os iremos presentando. Son lugares de cultura ciclista, que no te debes perder, sobre todo si visitas estos pueblos y montañas que te proponemos, en los que hacer un alto en el camino es casi una obligación, para bajarte de tu bici y, con mucho respeto, rendirles pleitesía con devoción y admiración.

 

 

Bicicletas gigantes del Aubisque

Tres enormes bicicletas cada una con los colores de los maillots del Tour: una amarilla, otra verde y, cómo no, la blanca con lunares rojos de rey de la montaña, colocadas por deseo expreso de la Oficina de Turismo de Gourette “pour saluer le courage des milliers de cyclos qui franchissent tous les ans ce col mythique. Aujourd’hui il y a des photos du sommet avec les vélos et le somptueux panorama du Cirque de Gourette dans le monde entier…”

Fueron fabricadas con ocasión de la celebración de la 16ª etapa del Tour entre Orthez y Aubisque-Gourette, el 25 de julio del 2007, ganada por el danés Rasmussen. Los encargados de los trabajos y de dar forma a las bicis fueron los propios operarios de la empresa E.P.S.A. (Etablissement Public des Stations d’Altitude) que gestiona el dominio esquiable de la estación de Gourette.

Enmarcadas por un paisaje espectacular con bellas vistas, el deseo de los cicloturistas que llegan hasta aquí es fotografiarse junto a ellas, con poses para todos los gustos, pasándoselo fenomenal, riendo y bromeando. No es para menos: junto a ellas parecemos todos muy pequeños.

 

 

 

El Anillo de Arcalís (Andorra)

Es obra del escultor Mauro Staccioli, un italiano nacido en el pueblo toscano de Volterra, por encargo de la Caixa Andorrana de Seguretat Social para celebrar su 25 aniversario en el año 1991.

En Andorra, ascendiendo el precioso puerto de Ordino-Arcalís, con más de 20 km de subida ininterrumpida para salvar 1200 m de desnivel y alcanzar el Anillo, a apenas un kilómetro de finalizar la subida, se nos muestra majestuoso, magnífico. De cerca impresiona aún más: un gigantesco aro de color rojizo, de unos 12 m de diámetro, que se eleva a 2170 m de altitud. Ahí está, como si de una puerta estelar se tratara, esperando que alguien la cruce al otro lado.

A medida que nos vamos acercando, da la sensación de que una gigantesca rueda viene rodando montaña abajo. Un efecto sorprendente.

Según su autor, el Anillo representa la alianza entre el arte, el sentido de la vida y el paisaje, y ayuda a descubrir la imagen real, la verdadera perspectiva del entorno en el cual está enclavado. Para Staccioli la finalidad principal del Anillo no es la estética, sino que lo que intenta es que el espectador, en este caso el ciclista que llega hasta aquí influenciado y atraído por su indudable magnetismo, se interrogue y se haga preguntas, se cuestione el porqué de las cosas.

 

 

In Memorian a Antonio Martín en Barranco de Guayedeque (Gran Canaria)

La subida al Barranco de Guayadeque, reserva natural de uno de los valles más verdes y bellos de la isla de Gran Canaria, con todo tipo de especies tropicales, es también una de las más duras con sus 9 km de ascensión y numerosas rampas por encima de los dos dígitos sobre todo en su tramo final.

Cuando por fin lleguemos al merendero y área recreativa, es cuando encontraremos un tesoro medio escondido: el Monolito In Memorian a Antonio Martín Velasco, algo oculto por unas plantas llamadas tabaibas, justo en el centro del Barranco.

Podemos recordar  aquel maldito día de febrero de 1994 en el que Antonio Martín, de 23 años, la joven y firme promesa del ciclismo español, nos dejaba en la carretera después de sufrir un terrible accidente mortal, cuando volvía de su rutinario entrenamiento a su casa de Torrelaguna.

El año anterior, en diciembre, había participado en la edición de la Vuelta a Maspalomas, dejándoles una profunda huella por su trato exquisito, cercano, cariñoso y amable con todos.

Cuando falleció les dejó un gran vacío y una profunda tristeza, y Ángel Bara, el organizador, enseguida pensó en poderle rendir un sentido homenaje. Y qué mejor sitio que este Barranco de Guayadaque. Se puso en contacto con el Ayuntamiento de Agüimes, con su concejal de deportes y su alcalde, y desde el primer momento apoyaron la idea. Así fue como se instaló esa enorme roca, en la que el periodista José Antonio Díaz le dedicó la siguiente inscripción:

Una lágrima por un hombre, un recuerdo por el ciclista

ANTONIO MARTÍN In memorian

Agüimes, año 1994

 

Por Jordi Escrihuela

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El festival ciclista Sea Otter Europe Costa Brava-Girona Bike Show 2020 se aplaza y se celebrará del 25 al 27 de septiembre

 

La crisis sanitaria provocada por el COVID-19 obliga a la organización a mover las fechas previstas para el mes de mayo, y lo traslada hasta otoño de este mismo año

 

La cuarta edición del festival ciclista Sea Otter Europe Costa Brava-Girona Bike Show, que debía celebrarse del 29 al 31 de mayo, ha quedado aplazada como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el COVID-19. La organización ha anunciado que se pospone hasta el otoño y se celebrará el fin de semana del 25 al 27 de septiembre de 2020, en Girona y la Costa Brava.

Esta decisión se ha tomado dos meses antes de la fecha prevista de celebración, por causas ajenas a la organización, ante las circunstancias de propagación del COVID-19 y por la incertidumbre que provoca en estos momentos un escenario tan multitudinario como es Sea Otter Europe. La edición del 2019 cerró con un balance de más de 60.000 visitantes, 400 marcas expositoras y 6.100 ciclistas en las diferentes pruebas, un volumen de personas que a día de hoy es difícil poder gestionar con las máximas garantías de salud y seguridad.

 

Al mismo tiempo, muchas de las marcas de la industria ciclista presentes en este festival internacional, así como gran parte de sus visitantes son extranjeros. La afectación del virus en todo el mundo es tan global que generar su desplazamiento, a la vez que complicado, sería una irresponsabilidad ante el objetivo prioritario de detener la propagación de la pandemia. A esto se le suma el estado de alarma decretado y las medidas restrictivas vigentes, que no permiten afirmar que el evento pueda celebrarse a finales de mayo con todas las garantías.

En segundo término, el apartado deportivo de Sea Otter Europe, que reúne a los mejores ciclistas del mundo de diversas disciplinas, también se vería muy perjudicado por la inestabilidad actual del calendario de carreras UCI y del circuito mundial Gran Fondo World Tour.

 

La organización de Sea Otter Europe agradece a la Diputación de Girona, Patronato de Turismo Costa Brava-Girona, el Ayuntamiento de Girona y la Agencia Catalana de Turismo de la Generalitat de Catalunya su predisposición para facilitar la celebración del evento el próximo septiembre. Asimismo, quieren subrayar el apoyo y comprensión recibidos por parte de los patrocinadores del festival y de las cerca de 250 marcas de todo el mundo que ya habían confirmado su presencia en la cuarta edición de Sea Otter Europe.

 

Girona, 30 de marzo de 2020

 

 

 

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París, 17 de octubre de 1995.  La expectación es muy alta. Acaba de presentarse la próxima edición del Tour. El del 96 será un Tour de Francia más, pero no es un Tour cualquiera. Un record histórico y casi imposible de superar puede ser batido. Si todo discurre con normalidad, el próximo mes de julio en la línea de salida habrá un corredor que puede conseguir romper una barrera hasta ahora infranqueable y convertirse en el corredor más laureado en la historia de la carrera más importante del mundo, el Tour.

 

Tras la presentación, los periodistas esperan ansiosos las primeras impresiones del principal protagonista. Preguntas habituales: ¿cómo valoras el recorrido?; ¿qué es lo que más te ha llamado la atención?; vuelve la cronoescalada, ¿qué te parece? El respeto que la carrera francesa tiene por Miguel Indurain es muy grande. Una de sus etapas, quizás la etapa estrella, va a terminar en Pamplona, y surgen también muchas cuestiones al respecto. Pero hay un periodista que hila muy fino y pregunta a Miguel por un puerto en concreto que se sube en esa etapa. El por entonces desconocido puerto de Larrau, que hace frontera entre Francia y España y que introducirá al pelotón del Tour en España, y más concretamente en la provincia de Navarra.

 

“Miguel, ¿conoces Larrau?, ¿qué opinión te merece?

 

Su respuesta en aquel momento fue un tanto enigmática. “¿Larrau?, preguntadle a Pruden”

 

Y eso hemos hecho nosotros, quizás con demasiado retraso, pero pudimos charlar con Prudencio Indurain (Villava, 1968) para que nos desvelara de primera mano qué es lo que Miguel quiso decir con esa respuesta.

 

Historias sobre los hermanos Indurain hemos leído y escuchado muchas, pero como suele ocurrir con estos temas, unas cosas se magnifican, otras se cambian un poco, o mucho, dependiendo del mensajero. Anécdotas, sucesos…, algunas, y en función de los personajes en cuestión, pasan a ser pequeñas leyendas; otras no dejan de ser batallitas o pequeños chascarrillos.

Eso es precisamente lo que tratamos de narrar y contar, buscamos el nexo de unión entre un puerto y un ciclista con una historia de por medio. Puede que a veces esa historia se desarrolle en plena competición, pero no va a ser este el caso, pues la historia que vamos a narrar a continuación ocurrió en un entrenamiento, uno de tantos que habrán hecho juntos los dos hermanos a través de las solitarias y tranquilas carreteras navarras y que confluían con la frontera francesa a través del puerto de Ibañeta. Normalmente no llegaban tan lejos, pero aquel día Miguel le tenía reservada sin saberlo una sorpresa inesperada a Pruden. Y luego el puerto de Larrau se la tuvo reservada a Miguel y a todos los aficionados que descubrimos esta colosal ascensión en el verano de 1996.

 

Prudencio Indurain y el puerto de Larrau

 

 

 

Hoy en día pinchas en el buscador “col de Larrau” y acto seguido aparecen distintas altimetrías, fotografías y muchísima información al respecto. Pese a que el Tour de Francia sólo lo ha ascendido en dos ocasiones (la comentada de 1996 y en 2007). En el equipo de ZIKLO siempre lo hemos tenido en mente y ha sido destino de más de una aventura, pero ¿y su historia?  Queríamos saber qué había detrás de aquella enigmática respuesta de Miguel aquel lejano día de 1995, y de paso conocer a Pruden Indurain, que como corredor siempre ha sabido estar en su sitio y esto a veces, siendo hermano de quien eres, no es tan sencillo.

 

Tuvimos una larga y agradable conversación con Pruden, pero centraremos este artículo en la pregunta: ¿Cuál es tu historia con Larrau, y por qué Miguel nos dijo a todos que te preguntáramos a ti?

De siempre habíamos escuchado que Miguel se preparaba el último mes para el Tour en la Selva de Irati, y que subía por esta carretera…, y luego estos puertos. Siempre nos han extrañado esas historias. Irati en aquel tiempo vete tú a saber cómo estaría. Ese laberinto de carreteras siguen siendo a día de hoy un misterio, pese a que muchas de ellas se han arreglado y presentan mejor estado. Pensar en que Miguel se metía allí hace 25 años y no salía de allá para preparar el Tour, fue algo con lo que siempre nos mostramos escépticos.

 

Pruden nos lo confirma. “¿Irati? Rara vez. ¿Esta u otra carretera? Jamás, quizás de pasada”.

 

Nos detalla un poco los recorridos habituales que solían hacer juntos.

 

¿Con eso era suficiente? – preguntamos

 

“Con eso, al ritmo al que íbamos, era más que suficiente”.

 

Un recorrido habitual y que repetían mucho era el de salir de casa y tomar dirección Roncesvalles por Erro, Mezquiriz, para subir Ibañeta y entrar en Francia. Bajar, y acto seguido por Saint Etienne de Baigorri subir Izpegi, descender a Elizondo y de ahí había dos alternativas. La primera era subir Belate y por tanto luego regresar por la general a casa (no solían subir Artesiaga porque estaba en mal estado). Lo malo de esta vuelta es que luego les obligaba a muchos kilómetros de nacional. La otra alternativa: llegados a Elizondo era tirar por Doneztebe y Saldías, endureciendo la parte final en kilómetros y desnivel.

 

Dejemos a Pruden que retome el relato sobre el día en cuestión: “No me acuerdo del año, tengo que mirarlo, lo tengo apuntado. Lo apuntaba todo: kilómetros, sensaciones, cómo había acabado. Lo miraré y te lo diré, pero era seguro sobre el año 94 o 95. Antes de que se presentara en el Tour. Recuerdo que luego fuimos en el 96, ya con todo el equipo, e hicimos la etapa entera, pero esto que te cuento fue anterior”.

“Aquel día recuerdo que nos salieron casi 300 km. No llevábamos comida y de agua íbamos justos. Conocíamos las fuentes de los lugares próximos y allí solíamos parar, pero de comida nada de nada. Al llegar al punto habitual bajando Ibañeta y donde solíamos coger dirección Izpegi, Miguel me dijo de tomar otra dirección: recordaba haber subido un puerto por esa zona en un Tour y que enlazaba luego con otro puerto que había descubierto observando unos mapas militares, a través del cual se volvía a entrar en Navarra y que luego podían por ahí regresar a casa. Sin aún empezar, Miguel rompe la rueda. Le doy la mía, y me dice que me vaya para casa, por el camino habitual. Hacemos un apaño y conseguimos solucionar en parte el problema. No totalmente, pero al menos en parte. Eso sí, voy con la rueda que me roza y me frena al subir”

 

El puerto del que habla Pruden y del que le estaba hablando Miguel no era otro que Burdinkurutzeta, el cual efectivamente se subió en el Tour de 1986 en la etapa que llegó a Pau y que acabó ganando Perico Delgado, escapado con Bernard Hinault. Una encerrona de etapa de las que aún se recuerdan. Catalogaron los puertos de la jornada de 1ª y 2ª categoría, ninguno como Especial, y claro, la gente se plantó allí con un 21 de piñón. Los puertos en cuestión eran Burdinkurutzeta, Bagargi, Ichere y el Marie Blanque. Igual no serían muy largos, pero ya sabemos hoy en día los porcentajes que estos puertos manejan. Luego sin saber muy bien dónde se metían, los dos hermanos empezaron a subir el terrible puerto de Burdinkurutzeta.

 

“Yo estaba alucinando. Pero ¿dónde estamos? ¿Qué es esto? Subimos y llaneamos un rato y volvemos a subir”.

 

Correcto: lo que hoy conocemos todos como la subida al Col de Bagargi o los Chalets de Irati.

“Llegamos arriba, y empieza una bajada terrible. Tuvimos que dar la vuelta a los tubulares y todo”. La primera vez que bajé Bagargi también me quedé estupefacto de lo que me encontré allá.

 

Retoma Pruden: “En esas condiciones volvemos a empezar a subir y llegamos a un pueblo”.

Eso es, estaban llegando al pueblo de Larrau, no por el lugar habitual, el albergue de Laugibar, sino por la carretera que sube al pueblo desde lrati. Puede que no sea tan duro el comienzo por aquí, pero la propina que llevan es que se han metido toda la subida a Bagargi desde St- Jean-de-Pied-de-Port, algo muy muy duro.

“Del pueblo empieza otra cuesta y mi recuerdo es que no podía subir. El piñón máximo que tenía era un 23, que es lo que se llevaba antes. Recuerdo que el 25 lo pusimos para el Mortirolo. Perdido, hambriento, con la rueda rota, pues pasé un auténtico calvario. Cuando por fin coronamos el puerto y vi el cartel de Ochagavía es cuando tomé conciencia de dónde estaba, y supe que aún restaban ¡100 km! para casa. Por si todo esto fuese poco, Miguel había quedado con un periodista y me trajo por aquellas carreteras que no son llanas (resalta lo de que no son llanas) a 60 por hora. Recuerdo que al llegar a casa todavía me salta y me dice: “doscientos noventa y pico kilómetros, no llega a trescientos”. Yo voy a apuntar 300 y me voy a quedar tan ancho, ¡sólo faltaba! – recuerdo que le dije”.

 

Menuda encerrona de etapa y no quiero pensar el ritmo final para cumplir con el periodista. No es difícil imaginar lo que fue aquella etapa para Pruden. A la terrible dureza de una jornada inesperada, se le une la incómoda sensación de no saber dónde te encuentras.

 

Le pregunto: “¿Cómo viviste la etapa de Pamplona, Pruden?”

“Al principio con tristeza. Todos soñamos con que Miguel llegaría a Pamplona vestido de amarillo y en olor de multitudes. Pero todo se fue torciendo en ese Tour y no hubo manera. Quizás lo primero no se dio, pero lo segundo sí que sucedió. Jamás he visto tanta gente agolpada en las carreteras: Kilómetros y kilómetros con banderas, pancartas de ánimo. Recuerdo la meta volante situada a 4 km de meta en la casa de mis padres y yo saludándolos. Piel de gallina”.

 

No fue como estaba soñado, pero fue muy bonito. Un día que también fue de triunfo (esto lo añado yo). Quizás no deportivo, pero sí recibieron otro tipo de reconocimiento, que no por habitual, deja de ser sorprendente, sobre todo ante la magnitud de lo que se vivió aquel día, y de la que muchos fuimos parte activa.

La cuestión ha quedado resuelta. Ya sabemos cómo fue la historia del encuentro y el descubrimiento de los hermanos del puerto de Larrau. Del dicho al hecho, una historia distinta a lo que nos habían contado, pero en esencia una bonita jornada de ciclismo y con gran parte de épica.

 

Una vez en casa, comprobamos la etapa que realizaron los hermanos Indurain. Finalmente, no fueron 300 sino 238 km. Está claro que a Pruden en esas condiciones se le hicieron muy largos. Al consultar Pruden la agenda, nos confirma que el año en que realizaron la etapa fue 1991, bastante antes incluso de lo que él mismo pensaba. Lo que sí recordaba con claridad 25 años después fue la sensación de estar perdido y de enfrentarse a algo que cada vez se hacía más duro. Toda una aventura la que los dos hermanos vivieron aquel día.

Por Rubén Berasategui

Fotos: Andoni Epelde

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Todo depende del cristal con que se mira

 

Pienso en Francia y en su zona alpina. He tenido  oportunidad de pedalear unas cuantas veces sus puertos. Empecé, como lo hacemos casi todos, conociendo los grandes, los mitos. Alpe d’Huez, Galibier, Izoard, Iseran, Croix de Fer, Madeleine…son nombres, que casi con el mero hecho de pronunciarlos, emocionan y desprenden un aroma a desafío, batalla, leyenda y en definitiva ciclismo. En mis diferentes viajes repetí puertos, pero también busqué descubrir nuevos.  Tengo claro, que cuando hacemos algo que nos gusta y estamos en sitios que nos llenan, siempre somos capaces de ver, sentir y escuchar cosas nuevas. Cada visita es única y siempre hay algo que la marca.  La rampa que nos emocionó una vez, puede pasar casi desapercibida para quedar sustituida por ese impresionante desfiladero que no habíamos podido disfrutar; las idas y venidas de la carretera que casi nos marearon un día pasan a un segundo plano viendo el desafiante entorno montañoso que las rodea… y así, muchas historias más. Además, contamos con el añadido que supone ver un mismo lugar en un día azul y soleado o con una niebla que no se ve un metro, frío y lloviendo. Esto, que siempre genera impotencia y rabia, es sin embargo algo cuyo control nunca estará en nuestra mano: es ley en nuestro deporte y seguro que todos tenemos algún lugar “gafe” que no hay manera de pillarlo y disfrutarlo en un día espléndido.

Ahora no pienso en porcentajes, kilómetros  o retos deportivos. Me quedo con la cara B del disco, esa, que casi siempre suena extraña la primera vez, pero que muchas veces acaba siendo con la que más nos identificamos.

 

 

ALPE D’HUEZ Y SUS “AMIGOS”

Yendo a Alpes y a esa zona, sería imperdonable no subirlo, pero en la misma medida, sería una pena perder la oportunidad de conocer sus alrededores. Alpe d’Huez no es un puerto que me emocione especialmente, pero reconozco que tiene algo que engancha. De entrada ver cómo “trepa” la carretera por las laderas de la montaña es algo impresionante. Seguimos con su trazado, y esas 21 curvas de herradura, que han sabido convertirlas en las más famosas del ciclismo mundial, con el permiso de los 48 tornanti del Stelvio, crean una atracción casi fatal.

Pero vayamos a nuestra particular cara B, una recomendación que podría alargar algún día nuestra estancia en Alpe d’Huez o Bourg d’Oisans, pero que nos permitirá conocer lugares únicos, carreteras impensables en lugares casi imposibles. Oro puro para la vista y una oportunidad de vivir un buen número de sueños ciclistas. Hablo de lugares como el Col de Sarenne, que en pocos años ha pasado del anonimato a ser una visita obligada. De carreteras como la de Vilard Reculas o Auris con unos cortados al vacío de verdadero vértigo. De alternativas más conocidas, como sería la de Les Deux Alpes, a puertos de futuro que esperan su oportunidad para dejar su huella. Aquí podríamos hablar de lugares ya visitados por grandes pruebas como Ornon;  a desafíos como el col de Saulude (justo enfrente de Alpe d’Huez, un lugar que parece imposible); a otras vertientes casi desconocidas de Alpe d’Huez como la subida desde Vilard Reculas por el col de Poutran o la de Le Freney d’Oisans por Auris y La Garde. Sin olvidar joyas y apuestas de futuro que no dudamos tendrán su oportunidad para alcanzar la fama como el col de Sabot desde Allemont, pasando por Vaujany.

Hay veces que uno tiene miedo de recomendar lugares ya que siempre quedan dudas, pero hay otras, en las que uno lo tiene muy claro y esta es una de esas.

 

 

LA BONETTE-RESTEFOND

No soy un gran cinéfilo. Me gusta el cine como entretenimiento, para desconectar y me enganchan casi siempre  las pelis que tiene un final que me transmite algo positivo. Así es la Bonette, una peli con final feliz, una gran producción “creada” para llegar y gustar a todos. Lo tiene todo. Altitud (con sus 2.802 m), longitud (más de 25 km por cualquiera de sus vertientes), dureza, y nada menos que tres vertientes ya que a la de Jausiers y St Etienne de Tinée, habría que añadir la de Saint Dalmas le Sevage que se une a la de Jausiers a 3 km de la cima, después de atravesar varios kilómetros de un espectacular sterrato.

En La Bonette lo primero que recordamos todos es su bucle final, ese capricho de Napoleón por convertir el puerto en la carretera de tránsito más alta de Europa. Completamente normal, pero La Bonette es mucho más. Mi vertiente preferida es la de Jausiers: lo tiene todo. Una joya de principio al final que hay que saborear metro a metro. Antes de su bucle final hay “muchas aventuras” que recorrer,  disfrutaremos de kilómetros de ascensión con carril bici, de zonas boscosas, de curvas caprichosas, de pequeños barrancos, de praderas espectaculares, de la compañía de ganado, de las marmotas, del lago Essauprés a casi 2.500 m, del refugio y casas militares de Napoleón en la zona de Restefond  y todo ello rodeados permanentemente de desafiantes y agrestes montañas.

No esperéis sólo al final, disfrutad del camino. Un lugar para hacer buena una de mis frases favoritas: saberse pequeño para sentirse grande.

 

 

CHAUSSY

Siempre he pensado que entre una pista y un camino asfaltado hay muy poca diferencia. La clave está simplemente en el control de tráfico, y esto es algo que nuestros vecinos franceses manejan a la perfección. Con control y protección (que la gente se desmadra muy rápido), los lugares más bellos son para disfrutarlos y no para esconderlos. Hace unos años, asistimos al “renacer” de una tramo de carretera increíble: los “lacets de Montvernier” y digo renacer ya que la carretera existe hace muchos años (creo que hace ya 10 que lo subí por primera vez). Pero Montvernier, nos ha dado algo más: ha permitido conocer el espectacular col de Chaussy, gracias a una etapa del Tour que permitió arreglar tanto los lacets como asfaltar la pista que desde su cima nos llevaba al descenso de La Madeleine camino de Chambre. Chaussy ha estado siempre ahí con su subida desde Pontamaffrey, pero era un puerto de una sola vertiente y eso siempre ha sido un freno para muchos. Ahora es puerto de paso, abre infinidad de posibilidades de rutas y gracias a ello su popularidad no va a parar de crecer. Aumenta la oferta del Valle de Maurienne, el ciclismo gana, los cicloturistas, excursionistas, montañeros, también. Un punto más a favor del turismo de la zona, y estoy seguro de que mantendrá un total respeto al entorno y la naturaleza. Una buena oportunidad para tomar nota…

 

 

ALPES MARÍTIMOS

Los llamados Alpes marítimos siempre se han mantenido en un segundo plano. Nadie duda de sus posibilidades pero la gente siempre ha mirado más al norte. Quizás no contar con núcleos urbanos importantes o sus enrevesadas carreteras de acceso hayan jugado en su contra, pero no tengo dudas de que estamos ante una de las zonas con más capacidad de sorprender y que más juego da para preparar dos o tres etapas. Barcelonette o Jausiers podrían ser los lugares de referencia (con el permiso de algunas estaciones de invierno como Pra-Loup o Le Sauze) para montar el campamento base desde donde atacar puertos como La Bonette, Larche, La Cayolle, Champs, Allos, Lac d’Allos, SuperSauze, Pra-Loup o Vars. Incluso podríamos tratar de dar un paso más y atacar el majestuoso pero muy deteriorado (la pista que empieza en Sainte Anne-La Condamine, actualmente es solo recomendable para btt) Parpaillon, o para preparar propuestas fondistas llegando a Isola 2000, Lombarde o La Couillole.

Toda la zona es especial y en ella empieza a notarse la influencia mediterránea que generalmente suele hacer el clima algo más benigno.  Los puertos que os cito son verdaderas joyas, y en particular me voy a quedar con dos, La Cayolle y Champs: un encadenamiento por encima de los 2000 metros con argumentos para “emocionar”.

Podríamos seguir nombrando puertos, pero en el ciclismo es clave ir poco a poco, paso a paso. Los atracones no son buenos y somos más de degustar poco a poco.

 

Por Jon Beunza

Fotos: Andoni Epelde

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Despierta la primavera.

 

Oigo el canto de un verdecillo y un colirrojo que revolotean por encima de un fantástico campo de canolas teñido de amarillo.

 

Son cultivos de colza en flor, un regalo para los ojos.

 

Sabía que por estas fechas ya tenían que estar preparados ya que hacía algunos meses que no volvía por aquí con mi bici.

 

La última vez que vine a rodar por estos lares, los campos aún dormían su letargo invernal y yo ya estaba deseando volver para contemplar semejante fiesta de esta colorida estación.

 

Hace algunas semanas un amigo, ciclista, me comentó que las tierras empezaban a reverdecer y que el ciclo de la vida de nuevo, y como cada año, volvía a comenzar.

 

Vivimos en un país en el que podemos disfrutar con plenitud los cambios que suponen tanto en el hábitat como en los seres vivos el paso de las cuatro estaciones por estas latitudes.

 

Para los que saboreamos de nuestro deporte favorito al aire libre el poder sentir, ver, oler, respirar estos marcados contrastes en el paisaje con todos sus matices es un don que hemos de saber aprovechar y valorar.

 

La bicicleta nos permite viajar por las cuatro estaciones si se trata de hacerlo en actitud contemplativa.

 

Somos ante todo cicloturistas y si lo que pretendemos es emular a los ciclistas profesionales poco nos recrearemos con los descubrimientos que nos ofrece el paso del tiempo en nuestro entorno.

 

Ellos mismos lo reconocen. Cuando compiten, no ven nada. Intuyen que por donde pasaron debería ser muy bonito pero esto es su profesión y no están, ni tienen tiempo, para contemplaciones.

 

No es nuestro caso.

 

Podemos hacer de Vivaldis de la bici y vivir la primavera, escuchando el susurro de las plantas o el murmullo de las fuentes;  el verano, esos meses en los que el calor nos produce cansancio, mientras respiramos lenta y profundamente,  oyendo los cantos del cuco; el otoño, cuando es hora de cosechas y la calma empieza a invadir los bosques y montañas, con sus hojas doradas,  preparándolos para la llegada del invierno, con sus fríos que nos harán moquear en nuestras salidas en bici, o bien nos dejemos amodorrar por el calor de hogar, aparcando la flaca hasta que los hielos rompan en nuestros puertos.

 

Porque nosotros también somos cuatro estaciones.

 

Igual que la vida misma, recobramos nuevos bríos cuando los días empiezan a alargar; es principio de temporada y salimos con ganas de comernos la carretera; maduramos, consiguiendo nuestra mejor forma para dar lo máximo de nosotros ascendiendo duros puertos, con los rayos de sol estivales; y decaemos como las hojas a finales de octubre, con suavidad, movidas por un ligero viento fresco que nos recuerda que el impávido diciembre está próximo y con él, los menos exigentes, colgaremos por un breve espacio de tiempo la bicicleta tomándonos un merecido descanso, cuanto menos, activo.

 

Será tiempo de reflexión, recuperación y planificación de nuevos proyectos.

 

De vuelta a mis campos amarillos, un espectáculo único para la vista.

 

No los tengo demasiado lejos de casa. Apenas una treintena de kilómetros. Los suficientes para, entre ir y volver, completar una bonita excursión pedaleando por estas fechas, a la búsqueda de poder fotografiar estos colores, impregnar mis retinas y dejar una impronta en mis recuerdos cicloturistas de paisajes inolvidables.

 

Me senté en una de las laderas de este idílico lugar frente al mar dorado por el sol.

 

Un buen rato.

 

No pude evitar el tumbarme, sintiendo el frescor de la hierba, dando gracias a esta pequeña reina que me había llevado hasta aquí.

 

Quedándome en casa no puedo esperar a que lleguen estos buenos momentos. Hay que salir ahí afuera a buscarlos.

 

A punto estaba de quedarme dormido cuando alguien me dijo:

 

-Este año se ven muchos así.

 

Aquel hombre mayor, de mirada serena y piel curtida por las labores del campo, me contó que no sólo en estas tierras sino también en otras muchas zonas de España.

 

Me dijo que estos campos de colza son utilizados como biocombustibles para luchar contra el calentamiento global y que la Unión Europea lleva unos años subvencionando estos cultivos.

 

Probablemente, este año muchos nos perdamos este momento y tendrá que pasar de nuevo un año entero para poder deleitarnos con esta fiesta de la naturaleza. No importa, sabremos esperar y juntos estaremos en la cresta de la ola.

 

Seguro.

 

Por Jordi Escrihuela

Fotos: Andoni Epelde

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Para leer este artículo os recomiendo, si me lo permitís, que os relajéis y os pongáis como música de fondo la dulce y suave sintonía de esta hermosa canción del recordado Antonio Vega: “El sitio de mi recreo”.

 

Yo lo estoy haciendo en este momento, mientras escribo estas líneas, escuchando los primeros acordes de su guitarra y su desnuda voz, siempre buscando la inspiración para intentar trasladarnos, todos juntos, a esos lugares secretos que todos escondemos y que solemos visitar muy a menudo, como el propio Antonio nos evoca al cantar al sitio de su recreo.

 

La idea de sumergirme en esta melodía, escrutando entre nuestros sueños para dejar volar la imaginación a la hora de planificar este artículo, fue de Jon, quien me comentó que le encanta esta poética composición porque es un reflejo fiel de lo que muchos deseamos cuando enfilamos los manillares de nuestras bicis a la búsqueda de esos lugares donde nos encontramos a gusto en cuerpo y mente.

 

Esos sitios a los que siempre nos gusta volver, que nos tienen atrapados, que suelen ser especiales, casi mágicos, porque en ellos podemos disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor, o bien porque es capaz de provocar en nosotros sensaciones y sentimientos, que solo podemos encontrar en estos lugares como la tranquilidad, la alegría, la esperanza, o bien porque nos dejamos simplemente invadir por la melancolía que nos trae recuerdos imborrables a nuestra memoria.

 

Son, en definitiva, esos rincones que nos dan la paz interior, lugares con alma que guardamos y retenemos en nuestra mente, y que casi con los ojos cerrados somos capaces de verlos, mientras podemos notar la ligera brisa que sentimos cuando pedaleamos hacia ellos atraídos como un imán, como los infinitos campos que divisa Antonio cuando visita el sitio de su recreo.

 

“Donde nos llevó la imaginación

Donde con los ojos cerrados

Se divisan infinitos campos”

 

Para los que no son tan bucólicos y prefieren ser más prácticos, porque su deseo es entrenar, ponerse en forma, competir… también ellos tienen sus lugares para recrearse y experimentar sensaciones.

 

Yo los tuve en su momento, porque ahora soy más de ese nutrido grupo que cuando sale en bicicleta solo intenta buscarse a sí mismo, porque a mi edad, aunque aún puedo sentirme como un crío pedaleando, las piernas y el corazón ya no son los mismos, y esto hace que me lo tome con más calma en estos sitios de mi recreo, que me invitan a parar y contemplar “solo para mis ojos” montañas y sierras, llanos y campos, ríos y rieras, atravesando carreteras con encanto.

 

“Silencio, brisa y cordura

Dan aliento a mi locura

Hay nieve, hay fuego, hay deseos

Allí donde me recreo”

 

Para el segundo grupo, el más combativo, son esos lugares a los que también vuelven una y otra vez, porque son terrenos que han diseñado a su medida, más o menos duros e intensos, para mejorar la escalada, por ejemplo, y exprimirse a tope. Sitios para el recreo en los que lo dan todo, marcados por sensaciones, por pasos de tiempo, por estados de forma, que no se cansan de repetir y en los que pueden hayan estado centenares de veces.

Estos lugares nunca son escogidos al azar, ya que cuando viajamos con nuestras bicis la visión de algunos parajes deja grabada en nuestras retinas imágenes que nos han dejado huella por un motivo u otro.

El sitio de nuestro recreo no hace falta que sea lejos; al contrario, los solemos tener muy cerca de casa, son acogedores y no permiten que pasemos de largo por ellos, ya que precisamente lo que buscamos es tomarnos el tiempo que nos haga falta, detenerlo y disfrutar para que nuestra alma forme parte indisoluble de ese lugar tan íntimo para nosotros.

 

“De sol, espiga y deseo

Son sus manos en mi pelo

De nieve, huracán y abismos

El sitio de mi recreo”

 

Recuerdo que, siempre después de ascender un gran puerto con mi bici, les decía a mis amigos que me dejaran cinco minutos allí arriba, solo, sentado al borde del abismo, en actitud contemplativa, elevando mi mirada en la inmensidad de aquellas cumbres, sin nadie que me molestase, solo las montañas y yo, viéndolo todo, pero sin reparar en nada en concreto: era mi pequeño recreo, donde podía coger fuerzas para seguir adelante. Era mi minuto de gloria, por haber llegado hasta allí, tan arriba, mi tiempo de meditación y recogimiento ante tanta belleza.

 

“Donde se creó la primera luz

Germinó la semilla del cielo azul

Volveré a ese lugar donde nací”

 

No pudo ser más acertada la decisión de Jon de elegir esta canción paisajística para homenajear esos sitios que tanto nos gustan y que en boca de su propio autor, Antonio Vega: “estos rincones responden a un momento de inspiración en el que encuentras una secuencia que te lleva por un camino y más que un lugar es un estado de consenso contigo mismo, un lugar no conflictivo”.

Y vosotros, ¿cuál es el sitio de vuestro recreo?

Por Jordi Escrihuela

Fotos: Andoni Epelde

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