Categoría: Blog – Jon Beunza

 

La vida es una gran marcha cicloturista. Dura y exigente, pero también tremendamente bonita. Cada uno se enfrenta a ella “como quiere”, aunque a menudo mande el “cómo puede”. A menudo, imprevistos o situaciones no deseadas se llevan al traste nuestros objetivos y planes, y entonces llega el modo supervivencia, para llegar al final de la mejor manera posible.

Algunos eligen disputarla a tope, pelear por estar en cabeza, superarse y no perder rueda de nadie: es una competición para ellos. Es una opción, pero puestos a elegir, soy más de aquellos a los que les gusta exigirse, pero sin olvidarse de disfrutar de cada kilómetro, del entorno y de la gente.

Una marcha puede ser una metáfora de nuestras vidas en las que, aunque el cuerpo, y probablemente la cabeza, siempre piden más, a veces es mejor frenar, parar, pensar y rodar en nuestro sitio.

Vivimos todo demasiado deprisa,de manera estresante en muchas ocasiones. Queremos estar en todo y a todo, y aunque parezca un paso atrás para mi nunca perderán importancia esas “viejas costumbres” que al fin y al cabo son la esencia de nuestros valores. El hecho de que los tiempos cambien no significa que tengamos que romper con todo. Hay cosas que fueron buenas hace 100 años, lo son ahora y lo serán dentro de otros 100. Ser “modernos” no es romper con todo, es tener la mente abierta y saber evolucionar. En la vida saber marcar pausas y saborear cada momento es clave y esto vale para “modernos y antiguos”.
Mientras que de alguna manera, sepamos parar el tiempo, marcar el ritmo de nuestras vidas, tener ilusión y pasión por lo que hacemos, seguiremos en la ruta adecuada.

En la vida como en la bici, hay que vivir intenso, pero no rápido. El final siempre va a ser el mismo y la única opción válida es disfrutar en el camino. Parar no es retroceder. Las cosas que más valen,casi siempre las tenemos muy cerca. Solo es cuestión de poder verlas.

Foto: Grimselpass. Andoni Epelde/Ziklo
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El tiempo no perdona a nadie, y de eso, algunas de nuestras cimas saben mucho. Entrar en el olvido, es el peor de los destinos, y llega un momento en el que la gente te recuerda sólo por lo que fuiste, y no, por lo que podrías ser.
Intereses económicos mandan y recuperar “el esplendor” de otras épocas, es tarea muy complicada para carreteras que no son de tránsito.
Seguro, que todos tenemos algún puerto en mente que se ha convertido en un imposible por el estado de su carretera.Lugares que vivieron momentos de gloria pero…

Hay veces que nos obsesionamos en “crear”nuevas cimas y nos olvidamos de “cuidar” y mantener el valor de las que tenemos. La novedad, además vende, pero es triste ver el estado de muchos sitios sabiendo lo que fueron en su día. La esperanza es lo último que se pierde, y hay ocasiones que la oportunidad puede volver. Seguro que muchos sabremos disfrutarlo.

Como decía al principio, el olvido es el peor de los destinos. Triste, pero hay lugares para los que el recuerdo es lo único en lo que pueden confiar para sentirse vivos.

Ortzanzurieta (Navarra), uno de esos puertos increíbles que sigue (y probablemente seguirá) a la espera de una mejora… Foto: A. Epelde/Ziklo
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Ziklo 24. Tocaba escribir la editorial y me vino a la cabeza como hay veces que lo difícil se hace fácil:  Estaba leyendo acerca del “10 years challenge”, ese simple reto de colgar en las redes fotografías nuestras actuales y de hace 10 años, que está arrasando.  Un hecho que no tiene un objetivo claro, pero que sí encuentra argumentos en algunas de las razones por las que precisamente funcionan las redes sociales: interactúas, te entretienes y de paso te das un pequeño golpe de autoestima, ya que nuestra elección siempre nos lleva a fotos en las que, aunque se aprecia el paso del tiempo, se nos ve estupendamente. Todos los medios buscamos despertar el interés de la gente, es la eterna pelea por encontrar la receta mágica, y es curioso ver cómo una pequeña “tontería” puede acabar siendo una gran moda.  Llega el “ya se me podía haber ocurrido a mí”.

No he caído en la tentación de buscar fotos, pero es cierto que esta moda me ha llevado a recordar cómo era el ciclismo hace unos 10 años. Veo lo que han cambiado las cosas, y pienso, ¿cuál sería mi foto?  Pues va a ser única, sin dos versiones ni un antes y un después, con esas cosas que me gustaban hace 10 años y lo siguen haciendo ahora: la libertad de disfrutar de la bici, de las montañas, de las carreteras y de la gente.

Disfrutando de uno de esos días y lugaresen los que te alegras de haber elegido andar en bici. Foto: A. Epelde

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Hoy igual me meto en “arenas movedizas” pero creo que lo que voy a contar lo vemos muchos de nosotros.
Llevo un montón de años trabajando en el mundo del ciclismo y nunca he sido de meter ruido. Esto no significa que no haya hecho cosas, ni participado en muchas iniciativas, pero lo que más me ha gustado es ser uno más, enfatizando el valor de los logros en equipo y si hay que dar un protagonismo dárselo a quien realmente lo merece.
Por eso, a veces me da rabia, por llamarlo de alguna manera, ver la facilidad con la que la gente se cuelga medallas. Ojo que con este texto no me refiero a ningún hecho en concreto, es simplemente una reflexión con la que pensaba haber hecho una Editorial en Ziklo pero que finalmente decidí dejarla de lado.
Uno de los campos más abonados para todo lo que estoy comentando, son nuestras queridísimas cumbres. Es triste ver como se presentan rutas y puertos y vemos como el que lo hace va poco menos que de descubridor. Llevo más de 20 años en esto, he recorrido infinidad de carreteras, me he perdido en un montón de ocasiones buscando rutas, he rodado por sitios increíbles, pero no me considero el descubridor de NADA..
Si, en algunas ocasiones hemos sido los que han dado a conocer algo, pero hablar de descubrir, si no es gracias a alguna carretera nueva que se hace, es otra cosa y creo que no queda casi nada. Siempre vamos a encontrar a alguien que ha estado en ese sitio antes que nosotros y que probablemente lo habrá ascendido en más de una ocasión. Para mi y para Ziklo, pelear por estas medallas es una batalla sin sentido, cuando lo que verdaderamente vale es tener la oportunidad de conocer estos sitios y agradecer al que te ayuda a conocerlos.
El 99% de los sitios que conocemos es gracias a as recomendaciones o sugerencias de gente que habían estado allí antes que nosotros. Eso es lo que vale, tener amigos, saber preguntar, escuchar y luego agradecer. Los conocimientos no vienen de serie, hay que ir creándolos
“Dime de que presumes y te diré de que careces”, ufff hablando de rutas y puertos me viene el nombre de más de un organizador de vueltas a la cabeza. Pero hasta aquí hablo porque prefiero seguir pisando tierra firme y siendo amigo de todos.
Foto A. Epelde. En Suiza, siguiendo la recomendación de un pastor y en vez de acabar la subida en el Col de Pillon llegando hasta el embalse de Retaud
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Con el comienzo del año, todos los planes se ven un poco más cerca. Cerca lejos, cortos, largos…da igual, lo que vale es que haya planes. ¿Por qué?
Para argumentar razones, recurriré al tópico de ¿Por qué invertir en experiencias y no en cosas? y a mi querido Thomas Gilovich, psicólogo e investigador de la Universidad de Cornwell (Estados Unidos).
Gilovich y su equipo vieron que el mero hecho de pensar en pagar por experiencias, ya ofrecía mayores niveles de disfrute que hacerlo en adquirir cosas.
Además, les quedaba claro que comentar lo que hemos hecho nos aporta mucho mayor bienestar que hablar acerca de bienes materiales.

Recordar una experiencia es gratificante, produce felicidad y además nos ayuda a relacionarnos. Para un cicloturista, no hay muchas sensaciones comparables a la de coronar un puerto y cumplir un pequeño sueño.
Hace poco leí un informe que hablaba de razones por la que deberíamos de tratar de vivir experiencias.Hablaba de que nos ayudan a vivir intensamente el momento y eso ayuda a producir felicidad. Nos hacen aprender, a valernos por nosotros mismos, a generar autoestima. Nos abren la mente, haciéndonos más tolerantes y participativos.
Lo vivido tiene gran carga positiva y se puede exprimir felicidad en el pre, el momento y en el post.

Lo más importante es tener hobbies, sueños, inquietudes, porque las anécdotas vividas con amigos no se olvidan nunca

Foto: A. Epelde/Ziklo

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Ya nada será lo mismo en SERRAI DI SOTTOGUDA, sí, ese lugar que se escondía entre lo real y lo fantástico, ya ¡no existe!
Las últimas inundaciones en Italia los han destrozado y hay serias dudas de que sea recuperable.
Ese lugar tenía una magia especial. Como me contaba Juanto, ” “hay quien asegura que la experiencia de la tierra es la experiencia de lo profundo, de lo que se oculta. La tierra tiene un poder ocultante y la función de nuestro mundo es intentar descubrir todo eso que oculta”
Este desfiladero de poco más de 2 km era un imponente escenario natural que marcaba la frontera entre lo real y lo fantástico, entre lo humano y lo animal, como si se hubiera extraído de una novela fantástica de Tolkien.
Era una experiencia fantástica recorrer en bicicleta, su angosto paso entre paredes rocosas de varios centenares de metros de altura, que en algunos lugares parecen besarse sobre nuestras cabezas.
Este cañón creado por un poderoso temblor de tierra y luego erosionado gradualmente por las aguas del arroyo Pettorina está destrozado, el arroyo enfurecido ha desatado toda su ira.
La tierra siempre recibe y da forma, construye y protege, guarda tesoros y revela los ritmos de la naturaleza y de nuestros propios cuerpos.Pero la tierra enfurecida es temible, capaz de todo.
Un momento más para la reflexión, todos somos en cierta medida culpables indirectos Otra muesca, llegarán más…
El próximo verano volveremos allí, quizás lo visto y vivido sea solo parte de una historia que contaremos. Ojalá que no!!!
Foto: Paco Portero/Ziklo
Video del estado actual de Sottoguda
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Este verano hemos tenido oportunidad de vivir una experiencia diferente. Habíamos trabajado con gente de Colombia, pero hasta ahora nunca con un grupo entero. Era como si los “extraños” fuésemos nosotros: estábamos en casa, de anfitriones, pero éramos minoría, y esto hizo que desde el primer momento sintiéramos la necesidad de integrarnos al máximo y romper cualquier tipo de barrera.

Fueron casi 10 días recorriendo Pirineos, trabajando, pero cargados de esa inquietud que te motiva y que te lleva a escuchar, observar y preguntar para servir aprendiendo.
Llevamos ya cerca de 15 años organizando viajes ciclistas y en este tiempo hemos podido compartir carretera con gente de muchísimos países y con “perfiles ciclistas” de lo más dispar.
Dicen que la variedad enriquece y en este sentido, el cicloturismo es una mina de oro. Vengamos de donde vengamos, una vez nos sentamos en nuestra bicicleta, empezamos a pedalear y sentimos el roce del aire, solo existe un protagonista: la bici.
Compartiendo lo que nos une, las distancias se acortan, la cercanía crece, estamos cómodos, nos abrimos y acabamos sabiendo más cosas no sólo de los demás, sino también de nosotros mismos.

Colombia es el país de moda en el ciclismo y no hay competición de alto nivel en la que no estén varios de sus ciclistas entre los favoritos.
Viven y respiran ciclismo, y esa es una de las cosas que pudimos comprobar en nuestro día a día. Escuchándolos, quedaba patente la ilusión que transmite el entorno del ciclismo en su país. Tienen a los “actores” de moda y viven una bonanza que quiere durar mucho tiempo. Como casi siempre pasa cuando hay grandes figuras (y esto ocurre en todos los países), los efectos colaterales se disparan y uno de ellos es que el cicloturismo colombiano viva el mejor momento de su historia.

Foto: A. Epelde/Ziklo

 

 

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Es suficiente mirar hacia el interior para comprobar que la bici es capaz de moldear nuestra personalidad. Como en todo, con sus cosas buenas y con otras no tanto, pero estoy convencido de que nuestra manera de comportarnos en la bici y en la vida guardan mucha relación y de que cada uno tiene influencia en el otro.

Cada uno tenemos un conjunto de valores y muchos de ellos se han desarrollado gracias a la bici. A mí, me ha dado espíritu de lucha, tesón, no bajar los brazos, saber que para conseguir las cosas hay que esforzarse y que siempre hay un camino, aunque sea difícil verlo. Cada día supone un avance y en nuestra lucha diaria hay que aprender a darse respiros y disfrutar de lo conseguido.

También me ha enseñado que nada es para siempre, que todo evoluciona y no podemos acomodarnos. La vida, como nosotros, pasa, pero cada fase nos brinda un espacio para disfrutar. Los grandes logros pueden llegar a ser pura utopía, incluso dudo que sean necesarios, siempre que sepamos valorar las pequeñas cosas. Soñar despiertos puede ser una buena terapia, siempre que no sea una amenaza y queramos hacerlo real.

Habría muchos detalles más que hacen que considere a la bici como una escuela de vida cargada de ilusión. A nosotros nos corresponde tratar de aprender con ella, porque creo firmemente que nos puede ayudar a ser mejores personas.

Foto: A. Epelde/Ziklo

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