Autor: jon

Nos gusta la fotografía en todas sus facetas. Los paisajes, carreteras, montañas siempre han sido la base de nuestra inspiración, pero esto no quita para que busquemos también otro tipo de fotos.

Cada temporada solemos tener encargos para realizar fotografías de las novedades o futuras colecciones de varias marcas: ropa, accesorios, bicicletas…. Igualmente nos toca abordar otros sectores alejados de la carretera: Btt, gravel, treking, esquí de fondo, snowboard… Son trabajos diferentes, meticulosos, intensos, ya que cada uno es un mundo. Toca compaginar estudio y exteriores, fotos de acción con otras más de pose, movernos por «otros medios» que no son asfalto. Los conceptos cambian, el ciclismo sigue siendo el protagonista, pero otros detalles pasan a ocupar el primer plano. Gana el producto, pierde el paisaje, entran nuevos valores en liza.

 

 

Lo que no cambia es que la foto tiene que llegar, conectar con la persona que la ve y ser sugerente. Cada marca sabe lo que quiere, lo que busca. Trabajamos para gustar, por lo que nuestras preferencias, aunque siempre tratamos de aportar nuestro conocimiento e ideas, pasan a un segundo plano. Las localizaciones y las luces ganan protagonismo, para que el producto sea la estrella.

 

 

Un trabajo diferente, un soplo de frescura, un no encasillarte… Evolución natural, porque la vida va precisamente de eso.

Fotos: A. Epelde/Ziklo Team
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En nuestros stages muchas fotos son buscadas, aprovechando el paso de los ciclistas del grupo, buscando las mejores localizaciones. Tarea aparentemente sencilla, pero que no lo es tanto. Una buena foto muchas veces necesita unas cuantas coincidencias: que haya buena luz y visibilidad, que el entorno sea bonito, que el ciclista vaya por el lugar adecuado y que no pase ningún coche o “artista invitado” no buscado en ese momento. Cualquier foto es siempre un buen recuerdo, pero si el resultado es el que uno busca, mucho mejor.

 

Cuantas veces se nos habrá ocurrido: “este sitio con buena luz sería una pasada”. Pero como se suele decir, “el hombre propone y Dios dispone” y los “peros” siempre pueden acabar siendo determinantes en el resultado. Es un poco como ese puerto con el que soñamos, lo ascendemos, estamos en su cima, nos dicen que es precioso… pero la niebla no nos deja ver nada. Sí, conquistado está, pero nos falta algo: el poder verlo para disfrutarlo mucho más.

 

Pero hay días en que la suerte se pone de cara y esos hay que aprovecharlos. Habitualmente viajamos con la bici preparada por si llega ese momento especial. Hace poco tuvimos una de esas oportunidades. Estábamos en Italia. El plan del grupo era subir el Passo Rombo, pero tuvimos que enviar una furgo hasta la zona de Innsbruck para recoger otra que había tenido un problema que ya estaba solucionado. Madrugón total: antes de las 5 de la mañana en marcha. El camino más corto era ascendiendo el Passo Giovo y por allí que fuimos.

 

 

Mucha rabia por perdernos el comienzo de la etapa, pero ante un problema, la respuesta es no bloquearse y buscar la mejor solución, aunque aparentemente ninguna nos resulte buena. No merece la pena lamentarse: vale lo que es y no lo que podía haber sido.

 

Afortunadamente ese día nos guardaba un momento muy especial. Subíamos el Giovo entre nubes, comenzaba a amanecer y algo nos decía que arriba podía estar ya todo despejado. La bici preparada en el maletero y el ciclista vestido. Llegamos a la cima y la visión fue la gran recompensa. Un amanecer soñado. Tan solo unos momentos que tratamos de inmortalizar.

 

Podríamos haberos contado una historia fantástica, de las de dar envidia, pero, aunque el momento lo sea, fue parte de una realidad diferente. Fotos y carretera, que nos esperaban muchos kilómetros antes de volver con el grupo. Eso sí, ese amanecer en el Giovo nos regaló la mejor sonrisa del día.

Fotos: A. Epelde/Ziklo Team
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Sporful presenta en su catálogo de prendas ciclistas para este invierno 2022-23, una renovada versión de la chaqueta Super Jacket. Diseñada tanto en versión masculina como femenina, este modelo ha sido ideado como chaqueta total para combatir el frío. Una prenda todo terreno, resistente y perfecta para pedalear confortablemente en la época del año en la que más bajan las temperaturas.

Para ello, la Sportful Super Jacket cuenta con las excelentes virtudes de la membrana Gore-Tex Infinium, un tejido de alta gama que garantiza aislamiento térmico, resistencia al frío y al viento y alta capacidad de transpiración. Además, los responsables de producto de la firma italiana han insertado algunos acabados realmente interesantes en la prenda. Entre ellos, destaca la inclusión de un bolsillo en el pecho derecho con cremallera. En el caso de la versión femenina, este bolsillo delantero se ha colocado en la zona ventral de ese mismo costado.

También destaca el acabado del faldón trasero y del bolsillo en el pecho en un tejido reflectante de alta visibilidad, un detalle muy bien integrado en el diseño de la prenda. En la versión femenina, este acabado se encuentra también en el antebrazo, junto al cierre del puño.

La Super Jacket está disponible en cinco colores para la versión femenina: azul, negro, morado, verde oliva y azul claro; mientras que la masculina se ofrece en cuatro (azul oscuro, verde oliva, dorado y burdeos). La cremallera YKK Vislon garantiza aislamiento y funcionalidad y el cuello alzado se ha diseñado para proteger del frío y el viento.

Disponible en los puntos de venta autorizados Sportful y en la web oficial por un precio recomendado de 209,90€:  www.sportful.com

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Esta temporada el Passo Fedaia y la Marmolada han sido protagonistas. En sus montañas, hemos podido vivir una doble realidad. Una amable: la del Giro, ya que su ascensión fue determinante y en ella Jay Hindley rompía los pronósticos de la mayoría y daba toda una exhibición. Una exhibición que comenzaría en su infernal recta gracias a su compañero Leonard Kanna. Allí fundieron a Mikel Landa y Richard Carapaz y luego Hindley tuvo las fuerzas suficientes para rematar la faena en los 2 km finales.

Los últimos 6 km del Passo Fedaia son terribles ya que, una vez que superas la recta, lo que queda no le va a la zaga. Curiosamente en los grupos de nuestros viajes los comentarios son que el final es casi peor. Para la recta vas preparado, pero luego no esperas que apenas vaya a darte algunos metros de tregua. El Passo Fedaia es una cima buscada, valorada y respetada. Cualquiera que lo ha subido, lo ha sufrido, y sabe que ante la mínima debilidad te puede caer una buena minutada. Eso le ocurrió al bueno de Richard Carapaz que ya saboreaba su segundo Giro, pero Fedaia quiso ser juez y dictó sentencia.

Pero este verano, hablando de la zona del pico de la Marmolada es inevitable hacerlo de su lado negativo. Hablamos del desprendimiento en el glaciar de un gran bloque de hielo sobre la ruta principal de acceso a la Marmolada, que acababa con la vida de 11 montañeros. Se han vivido temperaturas inusualmente altas, el glaciar se rompió en dos puntos y generó un alud de casi 300 m de ancho.

 

 

Algunos expertos aseguran que prever este tipo de desprendimientos es casi imposible, porque los glaciares están en constante movimiento y los sensores no podrían advertirlo, pero lo que está claro es que directa o indirectamente la mano del hombre está detrás de todos estos cambios.

Esta temporada, estuvimos dos veces en el Fedaia, una antes del desprendimiento y otra después. Y en la primera de ellas Andoni ya nos comentaba que el glaciar se veía raro, diferente, y no solo por su reducción de tamaño que es visible casi año a año.

Momentos tristes que te llegan más cuando es en un lugar con el que te identificas y en el que te gusta fotografiarte cada vez que vas. El Passo Fedaia y la Marmolada siempre tendrán sabor a ciclismo del bueno para nosotros: eso no va a cambiar. Pero el pasado verano el glaciar, la cima y su lago se vistieron de tristeza.

Fotos: A. Epelde/Ziklo Team
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Ratchet son los engranajes que se encuentran en el interior del núcleo de la mayoría de los bujes DT Swiss (modelos DT350, DT240s, DT180). Consisten en 2 ruedas dentadas, que trabajan enfrentadas con 2 muelles a cada lado que empujan una contra otra. Esto hace que cada diente se acople a su contra parte obteniendo un aprovechamiento total de nuestra fuerza y generando un impulso muy eficaz.

El acoplamiento simultáneo de los dientes de la carraca hace que el Ratchet System sea sumamente fiable, ya que las cargas se distribuyen equitativamente por una amplia superficie de contacto

Notool Concept: La construcción conectable de los bujes Ratchet System posibilita un mantenimiento rápido y sin herramientas.

Cada Ratchet System presenta sus características especiales, pero todos ofrecen su emblemática fiabilidad, que es fruto del enganche simultáneo de los dientes y reduce considerablemente las cargas puntuales.

 

Ratchet

El Ratchet System fue el primero de este tipo de sistemas de casete de DT Swiss. Se utiliza en la gama media de los productos DT Swiss, como el buje 350.

El Ratchet System utiliza dos muelles cónicos para garantizar la correcta alineación de las carracas. Su peso es solo levemente superior al del Ratchet EXP

Los ratchet que componen los bujes equipados con el Ratchet System constan de 36 dientes, aunque el dentado se puede modificar a los formatos 18, 24, 36 SL y 54 SL. El término «SL» significa que los ratchet se someten a un mecanizado adicional para aligerarlas (es la sigla de las palabras «Super Light»).

Ratchet LN

El Ratchet LN es el Ratchet System básico de DT Swiss y por lo tanto se utiliza en los productos más asequibles de la gama como los bujes 370. El Ratchet LN sustituye a los sistemas de casete con trinquete.

El Ratchet LN utiliza los mismos componentes internos que el Ratchet System. La diferencia consiste en el sello del sistema de casete, situado en el cuerpo del casete.

El kit de actualización para Ratchet LN permite convertir los bujes DT Swiss al codiciado sistema Ratchet System.

 

Ratchet EXP

El Ratchet EXP es el sistema de casete más ligero de DT Swiss y está presente en las versiones de alta gama de los productos DT Swiss tal como los bujes 180 y 240.

El Ratchet EXP requiere menos piezas ya que la integración de la corona y del anillo roscado reduce el peso del sistema. Tan solo se utiliza un muelle guiado que garantiza un enganche preciso. Un único resorte cilíndrico garantiza un enganche completo más rápido y, por lo tanto, mayor fiabilidad.

Ratchet EXP OS

El Ratchet EXP OS es el sistema de casete híbrido más ligero producido por DT Swiss y que está integrado en el buje Hybrid 240 de gama alta.

El Ratchet EXP OS ofrece las mismas ventajas del sistema Ratchet EXP, pero está adaptado a las cargas adicionales de las eMTB, con rodamientos de mayores dimensiones y un anillo roscado más grande. En comparación con el sistema Ratchet, que también se utiliza en los bujes Hybrid, el Ratchet EXP OS es más ligero y preciso.

 

 

 

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Para completar nuestro tríptico de Costa Daurada y Priorat que mejor que un pequeño resumen de algunos de los puertos que podremos encontramos. Como ya hemos comentado, el terreno de por sí exige y mucho, ya que la tónica dominante es el temido “sube y baja” que siempre desgasta. No vamos a encontrarnos grandes colosos, pero si puertos cargados de encanto, de los de disfrutar y donde todo aquel que quiera puede pegarse un buen calentón.

Estas son algunas de nuestras recomendaciones

LLABERIA

CASTELL D’ESCORNALBOU

LA MUSSARA

ALFORJA – LOS CASTILLEJOS  

LA MORERA DE MONTSANT

SIURANA

Altigrafías APM

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Buscábamos un plan que nos permita conocer y disfrutar en la mejor medida posible toda la comarca de Costa Daurada y Priorat y que mejor inspiración que la etapa diseñada en la pasada edición de la VOLTA. Un recorrido rompepiernas, intenso, que resultó ser el mejor de los escaparates.

 

Como veréis en el perfil estamos ante un recorrido de 160 km, palabras mayores para cualquier cicloturista y que puede ser tanto un pequeño reto/desafío para hacerlo en un día, o un plan perfecto, para hacerlo en dos o más etapas haciendo paradas, y pequeños desvíos a lugares de interés.

De salida y llegada: COSTA DAURADA. El recorrido que presentamos tiene la salida en Salou y la llegada, muy cerquita, en Cambrils, pero tranquilos que no va a ser tan fácil, ya que antes de volver al litoral, nos esperan cerca de 160km de ciclismo y turismo del bueno por carreteras interiores.

 

 

El cicloturismo no puede ser una excepción a la evolución natural, y con el paso de los años, vemos que, aunque el lado deportivo siga siendo la esencia o la primera razón, todos acabamos buscando un plus en la naturaleza, cultura o gastronomía. Además, estamos convencidos de que es una buena receta para que nuestra relación con la bici, además de muy longeva, sea compatible con nuestra vida familiar.

Hemos querido ayudar a sumar y diseñar algunas posibles rutas. Las opciones son muchísimas y nuestras recomendaciones son simplemente un ejemplo. Aquí tenéis 4 rutas tipo, y para dar más “variedad” a nuestra propuesta, cada una de ellas saldrá de un lugar diferente: Cambrils, Salou, Montbrió del Camp y Porrera. Insistimos que es solo una opción y que lo verdaderamente interesante es que las rutas que podáis prepararos pasen por alguno de los lugares que os comentamos.

Ruta 1: Desde Cambrils: Con La Mussara y Siurana

 

Ruta 2: Desde Salou: Con Colldejou y Castell de Escornalbau

 

Ruta 3: Desde Montbrio del Camp. Con Llaberia

 

Ruta 4: Desde Porrera. 100% Priorat y Sierra de Montsant

 

Ya los veis, opciones hay muchas, muchísimas y pasar unos días completos e intensos en la zona es tarea más que sencilla. Una zona que bien merece una visita a fondo, dejando el reloj en casa, sin prisas, y degustando cada rincón.

Podéis descargaros las rutas en: www.ziklo.es/2022/11/17/daurada-priorat/ 

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Mar o Montaña. Este podría ser el dilema, pero ¿por qué tener que elegir cuando se puede disfrutar de los dos? Situada en el extremo noroeste tanto de Catalunya como de la Península Ibérica, Girona es un territorio cargado de personalidad que nos ofrece la posibilidad de disfrutar de esa cotizada pareja que forman el mar y la montaña.

 

Su tarjeta de presentación nos da claras muestras de lo que podremos encontrarnos: 200 kilómetros desde la Costa Brava a las cotas cercanas a los 3000 del Ripollés y la Cerdanya, pasando por los volcanes de la Garrotxa. Diversidad en toda regla, toda una paleta de colores que permite pintar y disfrutar de los mejores escenarios.

 

A la hora de planear un viaje puedes pensar en relajarte junto al mar, recorrer la variedad de sus valles, o perderte en la historia y autenticidad de las callejuelas de sus pequeños pueblos. Mar o montaña, siempre se nos han presentado como dos alternativas, un blanco o negro, que, precisamente, en este rincón de la Península, desaparece porque no nos diréis que no hay nada mejor que no tener que elegir si no es necesario y así, no renunciar a nada.

 

Pero no nos perdamos en palabras, es el momento de predicar con el ejemplo y acercarnos a algunas de sus realidades para comprobar que, para nuestra querida bicicleta, estamos en una tierra que se disfruta pedalada a pedalada.

Por Jon Beunza

Fotos: Andoni Epelde

TERRITORIO

Haremos un pequeño recorrido buscando zonas de referencia geográficas y culturales que no deberían faltar en nuestros planes, aunque tranquilos, la base serán nuestras rutas ciclistas y después nos centraremos en ellas ya que la bici puede ser el mejor medio de conocer todo lo que os proponemos.

 

Costa Brava

Empezaremos hablando del Cap de Creus. Allí los Pirineos se sumergen definitivamente en el Mediterráneo y como la mayoría de su escarpada costa se caracteriza por sus calas y acantilados.

Uno de esos lugares que te incita a disfrutar simplemente dejando que pase el tiempo en el que no podemos dejar de acercarnos a sus pueblos marineros y turísticos, como Port de la Selva, Roses, La Selva de Mar, Calella de Palafrugell, Llafranc, Tamariu, l’Escala, Roses, Sant Feliu de Guíxols o Cadaqués, sí, aquí nos viene el genio de Dalí a la cabeza y su antigua casa-taller se ha convertido en la Casa Museo de Portlligat. Mención especial merece también el conjunto monumental de Sant Pere de Rodes, a los pies del monte Verdera, con unas vistas excepcionales a las bahías de Llançà y del Port de la Selva.

 

La Garrotxa,

Estamos ante una zona volcánica donde el paisaje, los pueblos y la gastronomía cambian de manera radical. Hay más de 40 volcanes en la zona, todos dormidos y extinguidos que han influido de manera determinante en las costumbres, cultura y naturaleza de toda esa zona.

Mucho por recomendar, pero si toca mojarse una sugerencia podría ser Besalú con su legado judío, Olot, la capital, o la medieval Santa Pau.

 

Ripollés y la Cerdanya

Las montañas no paran de “crecer” según nos dirigimos al oeste y allí nos esperan las cumbres del Ripollés y la Cerdanya. Con picos que rozan los tres mil metros, los pirineos ya no darán tregua. Un escenario perfecto para realizar todo tipo de actividades al aire libre, con pueblos idílicos, esculpidos en piedra como Beget, Sant Joan de les Abadesses, Campdevànol y Gombrèn-Montgrony.

 

Girona

Ni podemos evitar hacer una mención especial a Girona, la capital gerundense, una ciudad donde el pasado y el presente se mezclan en perfecta harmonía.

El barrio judío, el centro histórico, su Devesa (el parque urbano más grande de Catalunya formado por 40 hectáreas de árboles y vegetación) y sus puentes (en Girona confluyen 3 ríos) son algunos de los lugares a visitar.

 

Figueres

Hablamos de la capital de la comarca del Alt Empordà famosa por acoger el Teatre Museu de Salvador Dalí, uno de los museos más visitados de la Península y el lugar donde reposan los restos del artista.

 

Lago de Banyoles

Hemos querido hacer una mención especial al lago más grande de Catalunya, situado en la comarca del Pla de l’Estany, y que seguro será protagonista en alguna de nuestras rutas.

Nos vamos de RUTA

Sumar un territorio único que respira ciclismo, a una oferta especializada, da como resultado el tan codiciado “Made for Cycling”.

En la Costa Brava y el Pirineo de Girona os esperan muchos kilómetros de rutas y carreteras ideales para rodar con seguridad y saborear cada tramo de territorio. Su amplia red de carreteras secundarias nos conducirá por paisajes tan diversos como sorprendentes.

¿Queréis más argumentos? ¡Los tenemos! Unas temperaturas agradables todo el año, la variedad y belleza de los paisajes y la existencia de cimas y rutas clásicas, de lo más cotizadas y tentadoras, para nuestro baúl de “conquistas ciclistas”. Desde el célebre Hincapie Loop en el macizo de las Gavarres, Vallter 2.000, el techo ciclista catalán de 2.150 metros de altitud, Rocacorba y la Mare de Déu del Mont, o la carretera de la costa desde Lloret-Tossa de Mar hasta Sant Feliu de Guíxols. Hablamos solo de algunos ejemplos que hacen que la Costa Brava y el Pirineo de Girona sean un destino de ensueño para los amantes del cicloturismo.

La propuesta de rutas que os proponemos es un claro ejemplo de lo que os comentamos, con alicientes deportivos, culturales y mucha, mucha naturaleza. De todo y para todos, con el mar y la montaña como protagonistas.

 

Etapa 1: Castellfollit de la Roca-Castellfolit de la Roca. 124 km y 3062 metros

En nuestra primera propuesta saldremos de Castellfollit de la Roca para tomar dirección a Oix. Directos a las montañas encadenando dos subidas sencillas, Camporiol y Port d’Oix antes de llegar al bonito pueblo de Beget donde destaca la iglesia de Sant Cristòfol, una reliquia del románico prepirenaico construida en el siglo X. Aquí comienza la subida al puerto de Rocabruna, más de 12 km a una media del 5%.  Nuestra etapa va tomando tintes claros de montaña. Una vez superado el puerto se inicia el descenso hacia Camprodon donde tomaremos dirección a Setcases. Aquí llega el “coloso” de la etapa la impresionante ascensión a Vallter 2000, que curiosamente es el punto más alto de Catalunya que puede alcanzarse por carretera asfaltada.

Una vez coronado Vallter, se deshace el camino por la misma carretera que, en un vertiginoso descenso, lleva hasta Camprodon. Desde aquí regreso hacia Castellfollit de la Roca, pero lo haremos por Sant Pau de Segúries. Largo descenso hasta las proximidades de Olot desde donde remontaremos a Castellfollit de la Roca, punto de salida y llegada de la ruta.

 

Etapa 1: Castellfollit de la Roca-Castellfolit de la Roca 1-Vallter 2000

 

Etapa 2: Olot-Olot. 116 km y 2670 metros

Esta etapa nos sirve para confirmar que Girona no es un paraíso ciclista a secas ya que aquí, el arte del pedaleo se ve enriquecido con otros ingredientes, y el patrimonio histórico es uno de ellos. Esta etapa además de contar con muchos alicientes deportivos cuenta con un itinerario que es un viaje al románico del Pirineo, una ruta de interés cultural, pero no os confiéis ya que no está exenta de dureza: los más de 2500 metros de desnivel positivo hay que pelearlos, hay que subir 5 puertos, y no dudamos que dejarán un imborrable recuerdo tanto en vuestra vista como en vuestras piernas.

 

Etapa 2: Olot-Olot 2-Ruta del romanic

 

Etapa 3: Banyoles-Banyoles. 105 km y 2165 metros.

Lago de Banyoles, uno de los lugares más especiales de Girona y Catalunya. Un lugar estupendo para darse un remojón o practicar deportes acuáticos, que a nosotros nos servirá de salida y llegada a nuestra etapa. Como curiosidad, comentaros, que se formó hace nada más y nada menos que 250.000 años, en la época cuaternaria, fruto de los movimientos tectónicos de la formación de los Pirineos.  Para hablaros de la etapa recurriremos al escritor francés Alfred Jarry que describía las ascensiones ciclistas como un vía crucis que algunos lo hacen con altas cadencia y buenos desarrollos mientras que otros prefieren la fuerza pura. Este recorrido, va a darnos pie para llevarlo a la práctica ya que enlaza dos de las cimas gerundenses más representativas, el Santuario de Mare de Deu del Mont y Rocacorba, dos puertos exigentes, de buenas pendientes que sin lugar a duda van a marcar el recorrido de una etapa que tanto de salida, el tramo entre puertos y en su tramo final, será sencilla. El “calentón” quedará para los puertos.

 

Etapa 3: Banyoles-Banyoles 3-Banyoles-Mare de Deu del Mont-Rocacorba

 

Etapa 4: Llançà -Figueres. 118 km y 1810 metros

En esta ocasión os proponemos una etapa itinerante, desde Llançà a Figueres, que bien podría ser de parte de un plan de dos días ya que en la segunda etapa regresaremos a Llançà. De salida recorreremos la costa dirección norte. Sube y baja casi continuo hasta entrar Francia. Siempre junto a la costa donde entre pueblo y pueblo, siempre habrá un puerto corto, suave y cómodo, excepto en el de Banyuls, donde, entre viñas, algunas rampas nos obligarán a exigirnos.

Toca regresar y lo haremos por el interior, camino de Jonquera donde algún corto tramo de tierra en buenas condiciones que atraviesa los lagos de La Jonquera nos permitirá sentirnos en alguna de las clásicas con “sterrato”. Una vez superadas las pendientes de La Vajol, nos dirigimos a Darnius. Al fondo, la cima del Bassegoda anuncia un cambio de comarca. Es la Alta Garrotxa, con un inmenso manto boscoso que se pierde más allá de nuestra vista. Pero, nuestra meta está muy cerca. Nos toca cambiar de rumbo y rodar tranquilamente hacia la llanura ampurdanesa y nuestro destino final, Figueres.

 

Etapa 4: Llançà -Figueres  4-Llançá-Figueres

 

Etapa 5: Figueres-Llançà. 95 km y 1390 metros

Salimos de Figueres en dirección a Roses. Terreno sencillo para rodar. Una vez hemos superado el Parque Natural de los Aiguamolls del Empordà, justo a las puertas de Roses llegará el sube y baja junto a algún puertillo. Descendemos a Cadaqués y desde aquí alcanzamos la punta más oriental de Catalunya, un lugar cargado de magia como es el cabo de Creus. Majestuoso y de configuración lunar, su acceso está salpicado de rampas. Regresaremos a Cadaqués y por Puig Vidriera llegaremos hasta Port de la Selva, donde nos espera la subida más exigente de la jornada, Sant Pere de Rodes, 7 km al 7% perfecto para un calentón, aunque las impresionantes vistas, harán difícil que no nos distraigan en nuestro esfuerzo.

El monasterio benedictino de Sant Pere de Rodes vigilará cada una de nuestras pedaladas Desde lo alto, descenso, hacia Vilajuïga y Llançà.

 

Etapa 5: Figueres-Llançà 5-Figueres-Llançá

 

Etapa 6: Girona-Girona. 103 km y 985 metros.

Día para combinar ciclismo y turismo ya que nos espera una etapa algo más sencilla con salida y llegada en la capital de la provincia. Pero no por ello debemos confiarnos ya que a pesar de su exigencia moderada rodaremos en muchas ocasiones por carreteras estrechas y pequeñas zonas urbanas y pueblos de carácter medieval, que nos obligarán a estar siempre atentos. Recorrido tipo clásica para disfrutarlo kilómetro a kilómetro.

 

Etapa 6: Girona-Girona 6-Medieval towns

 

Etapa 7: Lloret de Mar-Lloret de Mar. 137 km y 1845 metros

Etapa larga, de continuo sube y baja, que hará que resulte exigente, sobre todo ni somos precavidos ya que “las apariencias engañas” y tiene mucho más tema de lo que nos indican sus números. Eso sí, en general las pendientes van a ser llevaderas, exceptuando la parte superior del collado de Sant Grau. Recomendable para rodar sin prisas durante los días de otoño, invierno o primavera, cuando el turismo de sol y playa no colapsa la zona y es que la carretera de la costa es espectacular de auténtica postal.

 

Etapa 7: Lloret de Mar-Lloret de Mar  7-Ardenya-Gavarres

 

 

GRAVEL

Qué os parece si os contamos que se puede recorrer toda Girona por pistas o carreteras locales sin necesidad de tocar ninguna carretera general. Pues sí, es posible y para conseguirlo, el gravel tiene la última palabra.

Estamos ante una opción real que cada día cuenta con más adeptos. Complementaria con cualquier otra modalidad de ciclismo y diseñada para buscar nuevas experiencias, sensaciones, darte frescura y ver lo que normalmente queda oculto desde las carreteras.

Un campo en el que nuestro afán aventurero nos debe llevar a “descubrir” tus propias rutas. Y si te falta ese toque intrépido, no te preocupes ya que afortunadamente cada día son más los interesados y este interés va dando sus frutos y en Girona y Catalunya en general ya se trabaja en lo que a creación de rutas, señalizaciones, actividades y eventos se refiere.

Y si existe una ruta que refuerce lo que comentamos, es la Pirinexus. 353 kilómetros que unen las comarcas de Girona con el área francesa de habla catalana por vías verdes, caminos rurales y carreteras locales con baja densidad de tráfico. Y también tenéis la Ruta del Ter, una propuesta de 220 km que nace a más de 2.000 metros de altura en pleno Pirineo de Girona y sigue la senda del río Ter hasta su desembocadura en el Mediterráneo.

Y claro, con el campo perfectamente sembrado, llegan las carreras. Las hay de un solo día y también rutas por etapas, un calendario que no para de crecer.

GIRONA TIERRA DE CICLISMO

Ha pasado ya algún tiempo desde que Johnny Weltz, el ciclista ex profesional del Fagor y posteriormente director técnico del US Postal, eligiera la Costa Brava y el Pirineo de Girona como sede de sus entrenamientos en 1986. Weltz fue uno de los pioneros, pero el punto de inflexión llegó con el desembarco en Girona de todo su equipo. Lo cierto es que desde entonces y a pasos agigantados, esta zona ha desarrollado un enorme potencial como destino deportivo, ofreciendo servicios y experiencias 100% ciclistas, con las que podemos planificar un viaje cicloturista personalizado y con servicios altamente especializados.

Es cierto que la firme apuesta de los equipos profesionales ha creado un efecto de llamada, pero los cicloturistas autóctonos hace décadas que disfrutan de las virtudes ciclistas de su territorio. Larga y numerosa es la tradición de clubs ciclistas de pueblos y ciudades, los clubs amateurs se cuentan a docenas y la tradición llega también hasta los más altos niveles de profesionalización.

El universo ciclista se ha desarrollado en todas sus facetas, hasta el punto en que el Pirineo de Girona y la Costa Brava cuentan con destacadas agencias receptivas, fabricantes de bicicletas, componentes y prendas ciclistas, servicios médicos y de fisioterapia especializados o espectaculares tiendas dedicas exclusivamente al mundo de las bicis.

Y seguimos sumando, con el valor que supone contar con la profesionalidad de las empresas locales especializadas en viajes ciclistas o un calendario de marchas cargado de citas interesantes y que cada año atrae a miles de participantes.

Esta creciente especialización cómo destino cicloturista puede que tenga explicación en el hecho de que los gerundenses convivan con muchos profesionales del ciclismo que han elegido la zona como el destino perfecto para su entrenamiento. ¿El resultado? Un ambiente auténtico y único para los apasionados de la bici, que se respira en carreteras, plazas y callejuelas donde además puede que coincidáis con algún que otro «pro».

 

Todos los cicloturistas buscamos alicientes, y qué mejor argumento que tener de todo y para todos, porque sea cual sea nuestro nivel deportivo vale más la experiencia y todo lo que vamos a vivir en nuestro camino, que las velocidades, kilómetros y desniveles.

Nada deja más poso que compartir y disfrutar plenamente de una experiencia. Los buenos momentos que vivamos serán nuestros grandes recuerdos en el futuro. Porque la bici, fue pasado, es presente y sobre todo será futuro.

GIRONA lo sabe, ¿Y tú? Dale una oportunidad, y no te defraudará.

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Nos van llegando novedades para 2023 y una de ellas es la nueva bicicleta de carretera CANNONDALE Supersix EVO Carbon Disc que incorpora el nuevo grupo electrónico de Shimano, 105 Di2 para 12 velocidades.

 

Poco nuevo podemos decir del cuadro Supersix Evo Carbon. Con la misma marca lo define “es el cuadro de carretera para freno de disco más ligero que nunca antes habíamos construido”. Cuenta con formas de tubo aerodinámicas muy truncadas que ofrecen el mismo peso y una rigidez igual o mejor que los tubos redondos, pero reducen la resistencia hasta en un 30 %.

Geometría de competición y rigidez se combinan para lograr una reactividad explosiva. Su sistema micro suspensión y neumáticos más anchos otorgan a la Supersix Evo una sorprendente suavidad. Todo esto unido a su agilidad está creado para proporcionar una sensación de conducción inigualable.

Cableado oculto. Los latiguillos de freno se introducen a través de una abertura en la parte delantera del tubo de dirección del cuadro para una mínima resistencia aerodinámica y facilitar el mantenimiento.

Neumáticos hasta de 30 mm se ajustan con facilidad, para alcanzar nuevos niveles de comodidad y capacidad en cualquier tipo de carretera.

 

 

FICHA TÉCNICA

CUADRO SuperSix Evo Carbono

HORQUILLA SuperSix Evo Carbono

FRENOS Disco hidráulico Shimano 105 7170 de 160/160mm

VELOCIDADES 2x12V

TIPO DE TRANSMISIÓN Electrónica

CAMBIO Shimano 105 Di2 7150

CADENA Shimano 105 7100, 12 velocidades

PLATOS: Shimano 105 Di2, 50/34T

CASSETTE: Shimano 105 Di2, 11-34T

DESVIADOR: Shimano 105 Di2 7150

MANILLAR Cannondale 3, 6061

POTENCIA Cannondale

TIJA DE SILLÍN HollowGram 27 SL, carbono, abrazadera de 2 pernos

SILLÍN Prologo Nago RS STN

NEUMÁTICOS Vittoria Rubino Pro-Bright Black, 700 x 25c

Para más información https://www.cannondale.com/es-es/bikes

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¿Qué resultados arrojaría una encuesta realizada a aficionados y medios especializados acerca del puerto más emblemático del Tour de Francia si solo vale decir uno? Difícil pensar en un ganador alejado de este póker de puertos: Tourmalet, Mont Ventoux, Alpe d’Huez, Galibier.

A partir de ahí habría que afinar un poco más en la respuesta. El Alpe d’Huez podría ser quizás el puerto estrella de la segunda mitad de siglo XX, pero su primera aparición tuvo que esperar hasta el año 1952, y su segunda 24 años más, hasta 1976. Cierto es que desde ese año en adelante su irrupción ha sido imparable, pero un puerto que se incorpora a una carrera con más de cien años de historia a partir de las últimas décadas del siglo pasado, no puede o no debe ser considerado como el puerto más emblemático de una prueba con un historial tan grande.

Al Mont Ventoux le acompaña cierta dosis de misticismo. Sin duda alguna el trágico fallecimiento de Tom Simpson en sus rampas contribuyó a ello. Su aspecto lunático en su parte final y un panorama descarnado y hasta casi cruel e intimidador cuando el pelotón asciende por sus rampas en las calurosas tardes de julio, imponen cuando menos respeto. Pero en su contra juega que el gigante de la Provenza debe su sobrenombre a su soledad. En una enorme planicie la cima del Mont Ventoux asoma solitaria y amenazante, pudiendo ser vista muchos kilómetros antes de aproximarse siquiera a ella. Su aislamiento contribuye a que sea un puerto que se asciende de cuando en cuando, y por tanto tampoco ha sido transitado en tantas ocasiones a lo largo de la historia de la Grande Boucle. Queda por tanto, en mi opinión, descartado para ser nombrado el puerto más emblemático ascendido en la historia de la carrera francesa.

Restan por lo tanto dos candidatos al triunfo final. El puerto estrella de los Pirineos, el Tourmalet y el puerto estrella de los Alpes, el Galibier. Aquí el descarte no va resultar tan sencillo y utilizando un símil pugilístico nos vamos a tener que ir a los puntos.

El Tourmalet se ascendió por primera vez en el año 1910, en la ya legendaria etapa que atravesaba los Pirineos y que finalizó en Bayona. El Galibier no tuvo que esperar mucho más: se estrenó un año más tarde, en 1911. Por este lado no vamos a desempatar nada.

Si prestamos atención al número de veces que se han ascendido en el Tour, el puerto pirenaico cobra ventaja: 83 ascensiones por 59 del coloso alpino. Algunos podrán objetar que la cordillera alpina es mucho más amplia y ofrece más posibilidades, y dicha afirmación es cierta, pero una diferencia de 24 ascensiones más en favor de uno sobre el otro, no debe pasarnos desapercibida.

Vamos ahora con los datos del puerto. En cuanto a altitud, ambos sobrepasan con claridad los 2000 m, pero el Galibier recupera parte del terreno perdido, porque supera también con claridad los 2500 m (2115 m el Tourmalet por 2645 m el Galibier).

En lo que a dureza se refiere, las vertientes del Tourmalet (este y oeste) son bastante uniformes con coeficientes APM de 315 y 316. Las del Galibier (norte y sur) varían y son muy dispares. La norte obliga a pasar antes el puerto del Télégraphe, que es otra ascensión, pero que es inevitable realizar para llegar a Valloire y encarar la parte final del Galibier, motivo por el cual el puerto es un dos en uno, y la dureza de esta vertiente es terrible, con más de 2000 m de desnivel acumulado y un coeficiente APM de 456. Dos son las vertientes sur del Galibier que se unen en el Col de Lautaret antes de afrontar la única carretera que asciende al final del puerto. Estas vertientes son también dispares: la más sencilla la que comienza en Briançon con un coeficiente de 203, y otra muy larga y más complicada que nace Bourg-d’Oisans con 340 de coeficiente APM. De todo ello se desprende que no tiene nada que ver por dónde subas el Galibier para poder situarlo en cuanto a dureza: lo que gana por un lado lo pierde por otro. Así que en cuanto a dureza lo vamos a dejar en tablas.

Para emitir nuestro veredicto final nos quedaría una última cuestión a analizar: la belleza plástica de la ascensión y el trazado de la misma. Así como las cuestiones tratadas hasta ahora eran fácilmente cuantificables, medibles y comparables, este tema es completamente subjetivo, y ya depende de cada uno. Tratando en mi caso de ser lo más objetivo posible, me centraré en la parte que realmente me fascina en cada una de las vertientes de ambos puertos. El Tourmalet por el este no es bonito; si acaso desde la estación de esquí de La Mongie hasta la cima, pero son apenas los últimos 3,5 km. La vertiente oeste me parece fascinante de la segunda mitad en adelante, sobre todo en su trazado clásico, la hoy llamada Vía Fignon en homenaje al malogrado astro francés. El nuevo trazado me gusta bastante menos, es más práctico y la carretera es más ancha, más segura y seguro que hasta necesaria, pero ha perdido gran parte del encanto que sí tenía la vía clásica de toda la vida. De hecho y aunque la carretera está cada vez peor, siempre que subo por esa vertiente procuro hacerlo por la vía Fignon.

El Galibier por el sur es precioso en el tramo estricto del col propiamente dicho. Hasta el col de Lautaret es una carretera ancha, con tránsito y que no me atrae nada por cualquiera de sus dos vertientes, pero el panorama cambia radicalmente cuando tomamos los 9 km finales de desvío al Galibier. Por la vertiente norte, el Télégraphe no me gusta: es pestoso. Llegados a Valloire la ascensión al coloso va ganando enteros, pero es en los 8 km finales, concretamente desde Plan Lachat donde el panorama es grandioso y los más de 650 m de desnivel que nos restarán por completar una vez próximos a los 2000 m de altitud no dejarán a nadie indiferente.

Consultado el equipo habitual de ZIKLO y algunos de sus colaboradores más próximos, 11 personas en total, la respuesta no ha sido unánime. Todos hemos coincidido en que resulta muy difícil decantarse por uno u otro. Joserra Uriz ha introducido incluso un puerto que podría competir con ambos, añadiendo el col del Izoard al póker inicial que yo he propuesto: “Por historia y por paisaje (no por dureza), el Izoard estaría para mí al mismo nivel. Muchos campeones lo han coronado solos en etapas decisivas: Bartali, Coppi, Bobet, Koblet, Merckx. Bobet decía que un campeón debe de entrar solo en la Casse Dėserte. Si este reportaje se hubiera hecho en 1980, para mí, ganaba el Izoard. Pero en estos últimos 40 años, ha perdido fuelle”. Razón no le falta, pero es cierto que en los últimos años ha perdido mucha presencia en la carrera francesa.

En definitiva, el resultado final ha sido de 7 a 4 en favor del Galibier. Mi voto final y también con muchas dudas se ha decantado en favor del coloso alpino. Pese a que el Tourmalet se ha ascendido en muchas más ocasiones, en mi opinión pesan mucho los 2645 m de altitud y los más de 2000 m de desnivel de su vertiente norte. La primera vez que lo subí, allá por 1997, recuerdo que iba pensando que el puerto no era para tanto en cuanto a dureza, hasta que giré la curva de Plan Lachat y de pronto y en 100 m se me juntó todo lo anterior y pasé un auténtico calvario para llegar hasta la cima. Siempre digo también que el paisaje de las grandes ascensiones una vez que se superan los 2000 m de altitud cambia radicalmente y cuanto más tiempo estés por encima de esas altitudes más gana el puerto en belleza, en paisaje y en detalles a los que no estamos habituados. Tienes que ascender aún muchos metros en el Galibier una vez superada la barrera de los 2000 m. Por lo tanto, y con esto acabo la introducción, creo que en el artículo de hoy estamos hablando del puerto más emblemático de la mejor carrera del mundo, y eso no es poca cosa: un coloso se mire por donde se mire.

 

Un poco de historia

Cuenta la historia que el 20 de julio de 1910, víspera de disputarse la etapa del Tour de Francia entre Luchon y Bayona, el director de la carrera, Henri Desgrange, abandonó misteriosamente la carrera aduciendo una falsa enfermedad por miedo a las represalias que pudiera haber al día siguiente, ya fueran estas de los corredores, de la propia naturaleza, o incluso de algunos habitantes de la zona que no estaban invitados al paso de los forjados corredores: osos o lobos. Al día siguiente respiró aliviado: los héroes del Tour completaron la etapa y alcanzaron Bayona. El que Octave Lapize, vencedor de la etapa, primer corredor en pasar por el Tourmalet y posterior ganador final de aquel Tour de Francia le llamara “asesino”, y “criminales” a sus ayudantes, no impidió que para el año siguiente Desgrange pusiera sus miras en los Alpes y en alguna ascensión más imponente si cabe. Como diría Philippe Bouvet más adelante: “El Tour entraba en una nueva dimensión en el Galibier”

La carretera en sí, o alguna versión anterior de ella, se conocía y utilizaba desde hacía décadas y quizás siglos. El puerto del “Galaubier” aparecía a mediados del s. XVIII en el primer mapa completo de Francia de la Carte de Cassini y su nombre derivaba de “Galaubié” que en provenzal significa “barranco”. Más o menos en esa época, el príncipe español don Felipe y su ejército marchaban alegres y tranquilos hacia lo que pensaban que serían conquistas gloriosas al otro lado de los Alpes. Cuentan que tras escalar el Galibier, alcanzaron Valloire hambrientos y sedientos acabando en una hora con las provisiones de todos los habitantes de la comarca.

Durante el s. XIX siguió acarreando mala fama, cuando con el tránsito peatonal se expandió y se creó el primer camino propiamente dicho sobre la montaña. Los usuarios más activos en aquella época eran contrabandistas que se lucraban con la diferencia del precio de la sal entre la vertiente norte y sur del puerto. En esa misma época el entorno atrajo también a destacados botánicos seducidos por la vegetación reinante.

Originalmente el Galibier se pasaba a una altitud 89 m menor que la cima actual, concretamente a 2556 m, a través de un túnel de exactamente 365 m de longitud. Los problemas que este ocasionaba obligaron a construir la carretera por fuera, para alcanzar el paso a los 2645 m actuales. Emile Georget fue el primer hombre en coronar su cima en 1911: empleó 2 horas y 38 minutos en hacerlo desde Saint Michel de Maurienne. Cuentan que solo se detuvo dos veces, una de ellas para refrescarse en el río. No perdió su sentido de humor: “Si querían hacer un túnel en el Galibier, podían haberlo hecho desde abajo”. A otros no les hizo tanta gracia, entre ellos el ganador del Tour de 1911, Gustave Garrigou, que ofreció una sutil variación del vocablo “asesinos” empleado por Lapize el año anterior, llamando “bandidos” a Desgrange y sus ayudantes. Eugène Christophe, primero en su cima al año siguiente comentó que “ya no es deporte, no es competición: son simplemente trabajos forzados”.

Pero ya nada podía frenar a Desgrange que había encontrado su joya particular. El Galibier repitió prácticamente en todas las ediciones siguientes hasta 1939 inclusive, año en que todo se paralizó por la II Guerra Mundial. El director estaba entusiasmado y definió su inclusión como la joya de la corona. ¡Oh, Sappey!, ¡Oh, Laffrey!, ¡Oh, Bayard!, ¡Oh, Tourmalet!, escribió en su auto, resumiendo que todas las escaladas ahora parecían pequeñas en comparación con su nueva joya: “No eludiré la responsabilidad de afirmar que en comparación con este nuevo Gigante las otras ascensiones no son más que inofensivos bebés. Ante el Galibier solo podemos quitarnos el sombrero e inclinarnos”.

 

Por Rubén Berasategui

Fotos actuales: Andoni Epelde

Fotos historia: Archivo Tour

Altigrafías: APM

 

 

El col del Galibier

El Galibier propiamente dicho y como tal arranca por el norte en Valloire y por el sur en la cima del col de Lautaret (2057 m). Pero salvo que te suban en teleférico, helicóptero o coche, si uno quiere vencer al Gigante, necesariamente va a tener que superar antes otra ascensión: el Télégraphe por el norte, el Lautaret por el sur. Luego la ascensión por ambas vertientes va a ser un dos en uno.

Por el sur

La ascensión al Lautaret discurre por una carretera ancha, muy abierta y en perfecto estado. Es una subida de tránsito y bastante empleada para unir los valles de Romanche y Guisane. Las principales localidades serían Briançon por el este y Bourg-d’Oisans por el oeste. Nosotros hemos comenzado nuestras mediciones en Mönetier-les-Bains por la vertiente sureste y en Le Clapier por la vertiente suroeste. Entendemos que a partir de ambas localidades las pendientes comienzan a tener cierta entidad y ser reseñables.

De entrada, hay una diferencia más que notable entre estos dos modos de ascender al Lautaret y que motiva una importante diferencia de coeficiente global entre ambas. Por el este nuestra escalada comienza ya a una altitud considerable (1455 m) y el coeficiente global apenas supera los 200. Por el oeste, el desnivel a salvar, aunque sea en muchos kilómetros, es muy alto, pues su inicio da comienzo a 740 m de altitud, motivo por el cual nos vamos hasta los 340 que el coeficiente APM le otorga. Coronado el Lautaret a 2057 m tras dos ascensiones muy largas por ambas vertientes y en las que rara vez se supera el 7%, el desvío al Galibier cambia completamente la fisonomía del puerto, el paisaje, la anchura y hasta el estado de la carretera. Nos adentramos en una carretera de alta montaña, con un trazado singular que se hace camino a través de cumbres de mucha mayor altitud que el paso del puerto de montaña. Las pendientes aumentan, pero tampoco lo hacen de un modo notable salvo en el kilómetro final. Pero la combinación de altitud y de un asfalto que no ayuda nada, sobre todo comparándolo con el fino asfaltado del que venimos, incrementan la dureza de este tramo final mucho más de lo que supondría hacerlo en otras circunstancias. A todo esto, se le une que el kilómetro final es realmente duro, con una prolongada rampa que alcanza un 12% de pendiente y que se mantiene hasta la cima. Esto, unido al tiempo de escalada que llevaremos, hace que el final se le atragante a más de uno y que en el Tour hayamos visto a muchos corredores en problemas en estos metros finales.

Por el norte

La cara norte del Galibier ya es harina de otro costal. De entrada, el punto de inicio en Saint-Michel-de-Maurienne (712 m) ya obliga a un desnivel acumulado muy importante. Si a esto le sumamos que tras coronar el Télégraphe afrontaremos un breve descenso hasta Valloire nos hará perder altitud que luego habrá que recuperar, el desnivel global supera los 2000 m. El detalle de la distancia, afrontando estos casi 2100 m de desnivel en 30 km de ascensión, arroja una pendiente media en los tramos de subida del 7% para 30 km. ¡Pocos puertos pueden presumir de unos números así y más si cabe a altitudes superiores a los 2500 m! Ahora entiendo un poco más a Desgrange y la consideración y orgullo que sentía ante este Gigante.

Esta ascensión hay que tomársela con calma, paciencia y sobre todo cabeza. Hay que diseccionarla, trocearla. Ya sabemos lo que nos resta cuando en las mismas calles de Saint Michel encaramos las primeras rampas. No pensemos en la cumbre todavía: utilizando un símil montañero, vamos a ir llegando del campo base a sucesivos campos para completar nuestra escalada.

El campo 1 bien podría ser el col del Télégraphe que con sus 12 km al 7% ya constituye por sí solo, por números y por derecho propio, un puerto de 1ª categoría. Sin grandes rampas, sin grandes cambios de pendiente, es un puerto machacón y como he descrito en la introducción, algo pestoso. Las vistas al valle no son ni bonitas, ni claras. Además ascendemos encajonados, por una ancha carretera que está en perfecto estado (alguna ventaja tenía que ofrecernos). La clave aquí consiste en ahorrar fuerzas y dejar la mente en blanco: no pensar en lo que resta, sino en el camino que vamos haciendo.

Coronado el Télégraphe, nuestro campo 2 y sobre todo para coger moral será Valloire. Este paso de uno a otro será sencillo y sin gasto de energía si así lo queremos. El que vaya mirando el reloj que le dé duro a los pedales; el resto nos dejaremos caer por una pendiente amable que en ocasiones hasta nos obligará a pedalear, pues será un descenso de 5 km al 3% de pendiente media.

En las calles de Valloire, más grande de lo que pensaba cuando ascendí por primera vez el puerto, el Galibier reanudará la marcha con energía: rampas del 10% en una larga recta a la salida del pueblo y terreno duro, previo al paso por las localidades de La Ruaz y Les Verneys, estas sí, bastante más pequeñas que Valloire. De nuevo 3 km suaves y rectilíneos por el valle que nos invitan a forzar más de la cuenta. Conviene no fiarse: lo más duro está por llegar y el peaje se cobra de golpe, no por tramos. A la salida de Bonnenuit una dura rampa al 12% nos introduce en 3 km de más entidad, en realidad los más duros de lo que llevamos de puerto. El campo 3 está próximo y será Plan Lachat, si bien dicha localidad nos recibirá de forma amigable y amable, con pendientes suaves que nos darán un respiro tras el duro tramo desde la última localidad. El problema es que aquí hay trampa: a la salida de nuestro campo base 3 en una herradura a derechas que no olvidaré, todo el peso del puerto caerá sobre nosotros como una losa. Así de feliz me las prometía yo en 1997, pensando que la escalada estaba siendo hasta fácil. Al girar la herradura y encarar la dura rampa al 11% tras la vaguada pasada esta localidad, mis piernas de pronto me pesaron una barbaridad. Llevaba todo calculado, con un desarrollo máximo de un 39×26, había reservado sabiamente (pensaba yo) el 26 para los 4 km finales de puerto. Mi idea había sido subir con el 24 hasta ese momento y solo meter el 26 a mitad de este duro tramo final de 8 km que sabía me restaban. Fue ponerme de pie con el 24 en esta rampa seca y dura, sentarme en el sillín, y darme perfecta cuenta de que no tenía energías para seguir moviendo mi 39×24. Así que tuve que meter el 26, sabedor de que ya no había más balas en la recámara de mi desarrollo.

El campo 4 yo mismo me lo había fijado a mitad del tramo que hay entre Plan Lachat y la cima. Sabía que no iba a ver grandes cambios de pendiente en este tramo, y en realidad no los hay, pero me había marcado esa última referencia antes de pensar en el col final. Mis piernas pesadas dejaron de mover el desarrollo con alegría, cosa que venía haciendo hasta ese momento y el 26 era un tema de necesidad, no de jugar con el desarrollo. Noté la fatiga y el cansancio acumulado de golpe, sin previo aviso, sin síntomas que me advirtieran antes de que quizás en algún momento había ido demasiado alegre o me había tomado la cosa demasiado a la ligera.

Mi llegada al campo 4 fue un sufrimiento, y temí por el éxito de la empresa. Eso sí, embobado comencé a disfrutar del paisaje, de su trazado, de su belleza rodeado por tan imponentes montañas. Ese día lo tuve claro: el Galibier es bastante más que el Tourmalet si estamos hablando de subir ambos por su vertiente más dura. La cosa cambiaría si el Tourmalet se prolongara hasta el Pic du Midi, porque proyectos e ideas hay, y si finalmente ven la luz, quizás conviertan al Rey del Pirineo en el Rey de Francia, pero eso tendrá que esperar.

El tramo del campo 4 a la cima, fue menos doloroso de lo que pensaba, y no porque el puerto afloje, sino porque la mente ve cerca el éxito, huele la cima, y da un plus de energía y motivación que retroalimenta al organismo y a las piernas. Al encarar las rampas duras pasado Plan Lachat, temí porque sabía que las rampas finales, pasado el túnel que estaba aquel día cerrado, eran tan duras o más. Pensé que llegaría fatigado y que tendría problemas, pero mi cabeza y la adrenalina fueron unos aliados que en los momentos más complicados me dieron energía extra. Las vistas, encarando la parte final viendo lo ascendido, me impresionaron en aquel solitario y tranquilo viernes de agosto de 1997. Mi alegría arriba era inmensa, sabía que había conseguido un trofeo muy importante en mi currículum de puertos que por aquel entonces comenzaba su andadura. Era mi primer viaje alpino. Posteriormente ha habido más y repetí el Galibier por Valloire en 2007, y conocí su vertiente sur en 2013. Con otro nivel y más experiencia, afronté ambas ascensiones de otro modo, más osado quizás en mi forma de encarar el puerto, pero casi con la misma ilusión que la primera vez.

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