Autor: jon

Canyon, una de las grandes del sector de la bicicleta y especialista en venta on line de su catálogo, ha confirmado su presencia como patrocinador de Sea Otter Europe 2020. Será en calidad de Silver partner.

Esta es una gran marca que se incorpora y confía como nueva patrocinadora del festival Sea Otter Europe como evento globalEl formato del festival Sea Otter Europe es ideal para su estrategia de marca dado que es un evento muy dirigido a cliente final y muy experiencial. El gran volumen de tests que se realizan en el Demobike es perfecto como complemento para su estilo de distribución totalmente on line dado que de esta forma los potenciales compradores pueden testar las bicicletas y plantear dudas a los especialistas de Canyon presentes en el festival.

Por otro lado también ha confirmado su patrocinio como title partner de la prestigiosa prueba de Gravel The Pirinexus Challengela prueba de 350 km que transcurre por dos naciones entre España y Francia con salida y llegada en el mismo corazón de Sea Otter Europe.

Finalmente, también será title partner de otra de las nuevas pruebas de Sea Otter Europe que está llamada a crecer de forma importante en los próximos años, la emtb marathon Sea Otter Europe, las ventas de bicicletas eléctricas están creciendo de forma muy importante y sostenida y Canyon, siendo conocedora de ello, quiere conseguir la máxima visibilidad de marca asociándose a este tipo de pruebas teniendo en cuenta su amplia gama de bicicletas eléctricas que ofrece su catálogo.

Canyon estará presente en Sea Otter Europe con una amplia gama de bicicletas, próximamente irá desvelando los modelos y modalidades de la misma.

Más información: www.seaottereurope.com

 

 

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Probablemente si tuviésemos que hacer una encuesta entre aficionados al ciclismo en la que tuvieran que elegir un puerto, el ganador sería el Stelvio. Sus 48 tornantis en la subida desde Prato son magia y para todo aquel que “conquista” su cima, hay un antes y un después.

Por nuestra parte, vamos a dar un paso más, vamos a hacer un poco de historia y ver el origen de esta caprichosa carretera. Su origen nos lleva hasta la primera parte del siglo XIX, en el que el emperador Fernando I de Austria quiso construir una carretera que uniera directamente Valvenosta, con Milán, que por aquel entonces pertenecía a Austria, a través del valle de Valtellina. El que todo ese valle fuese Austria, es la primera razón de peso para que el Stelvio, cuyo nombre austríaco es Stilfersjoch, fuese una realidad. La obra fue encargada a Carlo Donegani, auténtico mago de la ingeniería de caminos de la época. Durante la construcción del Stelvio, Donegani tuvo que hacer frente a innumerables problemas debido a lo abrupto del terreno y a las condiciones extremas. En 3 años la obra fue completada ante la asombrosa mirada del Emperador Fernando que quedó maravillado ante semejante obra. Por aquel entonces el paso de montaña transitable más alto de Europa, hasta que llegó el Col de l´Iseran en 1937 (2.770 m), a partir de entonces ocupa el segundo lugar, ya que el Col de la Bonette, no se considera un paso como tal sino una carretera a partir de un paso de montaña.

Paralelamente a la construcción de la carretera del Stelvio, se construyeron una serie de fuertes para no perder la hegemonía de un punto tan estratégico. Se trata de los fuertes de Gomagoi, Klein Boden y Weisser Knott, que los encontraremos hoy en día en un estado ruinoso pero que nos recuerdan el por qué de esta carretera. Un dato importante que nos hace tener una idea de la importancia del Passo Stelvio, es que hasta 1915 era transitable todo el año, gracias al duro trabajo de escuadrillas “quita nieves” que lo mantenían abierto. Tras el armisticio del 4 de noviembre de 1918 en Villa Giusti, Padova, el Passo Stelvio paso a manos italianas y de esta manera perdió su utilidad original la de unir Valvenosta con Milán y desde entonces se cierra en los meses invernales. Durante la primera Guerra Mundial toda esta zona vivió intensas batallas y hoy en día todavía se conservan ruinas de edificios y varios monumentos en homenaje a los caídos. En aquellos años, muchos prisioneros tuvieron que trabajar duro en su trazado para mantenerlo abierto y permitir que los carros de combate pudieran atravesarlo. La nieve y el frío, hicieron estragos.

 

El Stelvio es todo historia. En 1953 fue incluido por primera vez en el trazado del Giro, “una autentica salvajada” como recuerdan algunos de los que estuvieron, allí ya que por aquel entonces no había los desarrollos de hoy en día. Aquel día en la vigésima etapa, un Fausto Coppi de 34 años salió en segunda posición de la general por detrás del suizo Hugo Coblet en la etapa que unía Bolzano y Bormio, llegó en solitario a meta imponiéndose en su quinto y último Giro de Italia.

De entre los nuestros cabe destacar a Paco Galdós, corría el año 1975 y aquella ocasión el gran coloso era el punto final del Giro, última línea de meta. Galdós arrancó con sólo 40” de desventaja con respecto a Fausto Bertoglio, maglia rosa de un giro con las grandes ausencias de Moser y Merckx. El corredor vasco intentó de todos los modos posibles e imaginables dejar atrás a su rival directo sin conseguirlo, la llegada en meta nos dejó una de las instantáneas más pintorescas del ciclismo, un Paco Galdós vencedor en la cima del Stelvio que cruza la meta cabizbajo y abatido y un Bertoglio en segunda posición con los brazos levantados exultante.

El Passo Stelvio es un coloso, por longitud, por altitud, por situación, por historia. Un lugar que cuando pasas por él te sientes “distinto”, un puerto que subes como “él” quiere, no como a ti te gustaría. Si se le cruza el cable “te sopla” una brisa en la cara que te mina, te desespera, te mata. Otras veces, cuando te crees que todo se ha acabado hace que baje la temperatura de repente y “te hiela” en la bajada, haciendo bueno el caliente sufrimiento de la subida. Tiene mil y una artimañas para desesperarte, para minarte la moral. Pero a pesar de todo siempre merecerá la pena. Con calma, sin prisa, cómo el quiera, a su modo, disfrutando cada uno de las 48 curvas que hay que pasar como las páginas de un libro. Las impares mirando al este, las pares al oeste. Con algunas páginas más cortas e intensas, otras más largas y sosegadas. Con la vista puesta en aquella diminuta casa en la cima, que se va haciendo cada vez más grande como si fuera un globo que vamos hinchando con nuestro aliento. El nuestro y el de militares, campesinos, comerciantes que en su día le dieron sentido, y hoy los ciclistas, esquiadores, motoristas, turistas, montañeros, lo hemos convertido en un lugar de peregrinación, un sitio del que te vas con la sonrisa asegurada.

Por Jon Beunza/Joserra Uriz

Fotos: Andoni Epelde/Paco Portero/Archivos Stelvio

 

 

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Ampliamos nuestra gama de productos veganos con el nuevo VEGAN FAT BURNER, un quemador de grasas vegano.

Se trata de un complemento alimenticio a base de café, té verde, picolinato de cromo, cayena y L-Carnitina.
El producto, compuesto únicamente por ingredientes que favorecen la quema de grasas,  como el té verde, el café verde, la L-carnitina, la naranja amarga, la canela de Ceilán,  la cayena y el picolinato de cromo se comercializa en formato capsula, con 90 unidades por envase. Tres cápsulas aportan en total, tan solo 38 mg de cafeína que provienen de los propios ingredientes naturales.

  • Té verde y café verde: Contribuyen a la movilización de las reservas de grasas y a la oxidación de las grasas almacenadas. Ayuda a mantener el estado de alerta y sentirse más enérgico, mejorando el rendimiento físico.
  • L- carnitina: Juega un papel importante en el metabolismo de los lípidos convirtiendo los ácidos grasos en energía. Además mantiene una recuperación óptima del tejido muscular.
  • Naranja amarga: Contribuye al control de peso favoreciendo la degradación de lípidos
  • Canela de Ceilán: Ayuda a tener una digestión activa.
  • Picolinato de Cromo: El picolinato de cromo es un compuesto a partir de ácido picolínico y cromo. El ácido funciona como transportador de cromo para facilitar el acceso a las membranas celulares, y el cromo potencia la acción de la insulina y, por lo tanto, influye en el metabolismo de carbohidratos, lípidos y proteínas.
  • Cayena: Favorece la secreción de los ácidos gástricos y contribuye así a una mejor digestión.

VEGAN FAT BURNER es el complemento alimenticio perfecto para  ayudar a optimizar la masa corporal con el fin de alcanzar objetivos deportivos o mejorar la salud y el bienestar. Se recomienda tomar 1 o 2 cápsulas en el desayuno y otra en la comida.

 

 

www.226ers.com/es/

 

 

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Volvía de Chile, de supervisar unas rutas que habíamos preparado para la COP 25, viaje que finalmente quedó anulado por la suspensión de la COP chilena y que hubo que «improvisar» en España (Salamanca-Ávila-Cáceres-Trujillo-Guadalupe-Toledo-Madrid)
Estaba a más de 10.000 metros de altitud, y viendo desde la ventanilla del avión la majestuosidad de Los Andes, con la mirada perdida en la grandeza de todo lo que me rodeaba.
Veía cientos de kilómetros de moles montañosas que viven todo su esplendor en el mayor de los anonimatos. Solas, sin que casi nadie altere su paz, y con la capacidad de sorprender y atrapar el corazón de todo el que es capaz de acceder a ellas.
Alejadas de la fama, de los ruidos, de la masificación; pero ahí al lado, a la vuelta de la esquina. Los Andes me hicieron pensar en montañas en lugar de en personas y creo que ellas, también saben saborear su soledad.
Al igual que los Andes, hay muchos puertos, que están cerca pero lejos; escondidos, pero a la vista. Son en muchos casos puertazos, pero curiosamente sin gran nombre. Fama o anonimato, esa es la cuestión, porque la soledad es parte de su grandeza. Eso sí, si eres de los que tiene la suerte de conocerlos, agradeces esa soledad que te ofrecen y pasas a formar parte de su secreto, deseando que sigan así, sin meter ruido y al alcance de tus pedales.
Estoy convencido de que muchos de esos puertos si pudiesen hablar nos comentarían que quieren seguir así, no se sienten preparados para cambiar ni masificarse, son auténticos e íntimos: ese es su secreto.
Si las montañas hablasen…

Fotos: A.Epelde/Ziklo

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Ya está a punto de salir el número 28 de ZIKLO. En este número publicaremos otro de esos artículos que me gustan y que relatan experiencias y maneras de entender, si no la vida, si periodos de ella.
En ZIKLO no perdemos la buena costumbre de juntarnos de vez en cuando a hacer una pequeña etapa, casi siempre cargada de alguna que otra “trampa”, para luego comer y comenzar una larga tertulia en la que vamos dando forma a posibles contenidos de la revista.
Recordando aventuras, vimos que todos teníamos en común el haber vivido durante el pasado verano alguna experiencia especial en las que curiosamente la “soledad” colaboraba a fortalecer la experiencia vivida.
La soledad puede ser un tema difícil ya que por desgracia en muchos casos es sinónimo de ausencia, tristeza y dolor.
Pero aunque la soledad casi siempre nos lleva a pensar en algo negativo, también existe la soledad positiva.
Porque cuando la soledad es una opción de “ida y vuelta”, puede aportar mucho. Todos necesitamos “momentos íntimos”, de estar con uno mismo a gusto. Tiempo de pensar, de ordenar ideas, de reubicarte, de hacer autocrítica, pero también tiempo para valorarse. Cuando uno descubre que el mejor compañero va siempre con él es porque ha aprendido a quererse. La mejor ayuda puede estar en muchas ocasiones dentro de nosotros por lo que nunca hay que tener miedo a estar con nosotros mismos.

Fotos: A.Epelde/Ziklo

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Soy de bici, pero me gusta ver como en invierno nuestras queridas montañas se visten de blanco. Toca darles descanso y dejar que durante este tiempo sean otros los que les saquen partido.
Pero las cosas parecen cambiar. El cambio climático es evidente, un problema de presente, un fenómeno que ya afecta a todos los ámbitos de la sociedad. Vemos como en nuestras latitudes, el calentamiento global y las alteraciones de las precipitaciones van obligando a replantearse las actividades vinculadas al turismo invernal. No hay que ir lejos, podemos verlo muy cerca, en Pirineos tenemos un claro ejemplo.
Consecuencias: A las estaciones les toca reinventarse y diversificarse, poner en marcha nuevas iniciativas y equilibrar su balance verano/invierno.

Hace poco leía que para el año 2050, el Pirineo verá cómo se reduce un 50% la nieve que se acumula en sus laderas. No hay otra, su futuro nos habla de nieve artificial si se quiere ser viable a corto y medio plazo. Triste pero real.
El verano va a vivir la cara opuesta y a muchas estaciones les toca apostar por diversificar su oferta. Ahí, los ciclistas podemos salir ganando. Las infraestructuras del esquí pueden ayudar a que crezca la oferta veraniega.

¿Bueno? Pues creo que no tanto, porque, aunque para nosotros pueda ser beneficioso, de ninguna manera se me pasa por la cabeza sacar más partido a las montañas por el cambio climático. El problema es demasiado serio como para tratar de buscar un lado positivo que no existe. Poner nuestro grano de arena para luchar contra este cambio, esa sí que es nuestra verdadera misión.

Blancos que os queremos blancos. Qué la nieve cubra las cumbres…nosotros, ya regresaremos en primavera.

Fotos A. Epelde/Ziklo

 

 

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Una chaqueta ligera y que ofrece protección contra el agua, el frío y el viento. Una prenda elástica, transpirable, de corte ceñido y que cuenta con múltiples acabados de gama alta. Y con la revolucionaria membrana Neoshell de Polartec como principal tejido. Así es la nueva chaqueta Fiandre Pro de Sportful. Una prenda de gama alta, de muy grandes prestaciones y que es la principal novedad de la colección otoño-invierno 2019 de la firma italiana. Una chaqueta pensada para el ciclista más exigente, disponible también en versión femenina, y que no se detiene por mucho que apriete el invierno.
La pasada semana la firma italiana presentó en Flandes esta nueva gama de chaquetas, en pleno territorio “Fiandre”, y acompañado de dos grandes clasicómanos como Johan Musseuw y Paolo Bettini. El evento sirvió también para anuncia que la marca italiana ha alcanzado un acuerdo con la empresa organizadora del Tour de Flandes y por el cual se convierte en uno de los principales patrocinadores tanto de la carrera profesional como de la prueba ciclodeportiva más famosa sobre los adoquines flamencos.

 

NUEVA MEMBRANA POLARTEC NEOSHELL

La membrana Polartec Neoshell es el principal atractivo de esta nueva chaqueta de Sportful. El uso de esta nueva membrana revolucionaria, aplicada en casi la totalidad de la prenda, ha permitido a los responsables de la marca crear la que probablemente sea la mejor chaqueta de invierno de su historia. Una chaqueta total; de excelente transpirabilidad, muy buena protección contra el frío, la lluvia y el viento; muy ligera, ajustada (corte racing) y válida para un amplio rango de temperaturas (entre 12 y 0ºC).

La cremallera estanca YKK Vislon y el faldón trasero garantizan una gran protección contra la lluvia y las salpicaduras provenientes del asfalto.

La Fiandre Pro estará disponible en dos versiones –mangar larga y manga francesa–, en las tallas XS a XXXL y en cuatro opciones de color (negro, gris, azul eléctrico y naranja).

 

La nueva serie se completa con la Fiandre Pro Medium, una prenda que también emplea la membrana Polartec Neoshell en el pecho y las mangas y que en la parte de la espalda ofrece una protección media gracias al tejido exclusivo Norain. Una muy buena opción para quien disfrute de inviernos moderados. Tanto este modelo como la Fiandre Pro cuentan con versión específica para la mujer ciclista (Fiandre Pro W y Fiandre Pro Medium W).

El precio recomendado de la nueva chaqueta Fiandre Pro Jacket es
de 229.90€ (manga larga) y 209,90€ (manga corta). El modelo Fiandre Pro Medium Jacket tiene un precio oficial de 189,90€. Tanto estas novedades como el resto de la colección de prendas ciclistas de Sportful para la nueva temporada de invierno 2019-20 están ya disponibles en los puntos de venta autorizados y en su página web.

Más información:
www.sportful.com

 

 

 

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Si nos dieran a diez personas las localidades de salida y llegada de cada una de las etapas de una gran Vuelta, con algunas restricciones como la distancia máxima de cada una de las etapas o el desnivel máximo de las mismas, estoy convencido de que saldrían diez recorridos completamente distintos los unos de los otros. En ocasiones habría poco margen de maniobra, cuando la distancia entre la localidad de salida y de llegada es grande y hay que tirar por el camino más recto posible. Pero en otras, habría mucho juego, cuando esa distancia fuera pequeña y cada cual pudiera establecer el recorrido de esa etapa a su criterio (siempre acorde a las restricciones iniciales propuestas).

¿A dónde quiero ir a parar? Pues ahora mismo lo vais a ver. Estoy convencido de que cuando da comienzo el Tour de 2019 a comienzos de julio de este año, el director de ASO, Christian Prudhomme, tiene ya muy perfilado y definido el recorrido del Tour del año próximo. Al menos esas localidades de salida y llegada de la mayoría de las etapas. Restará algún fleco por atar, alguna ciudad aún por elegir teniendo dos o más opciones cercanas y que han solicitado ser salida o llegada de la prueba. Dicho de otro modo, Prudhomme tiene bastante definido dónde va a empezar y terminar cada una de las etapas, pero ahora le resta por definir el trazado definitivo de cada una de esas etapas donde tendrá distintas opciones en muchas de ellas.

Quizás algún lector ya intuya por dónde voy, mientras que algún otro todavía estará perdido pensando qué tiene que ver esto con la presentación del Tour de Francia del 2020. Pues mucho. En mi opinión, Prudhomme ha visto y palpado este año que presentando Tours como el del año 2019 no va a ninguna parte. Que el prestigio de la carrera más importante del mundo queda en entredicho, y hasta ve con asombro cómo pruebas como el Giro o incluso la Vuelta presentan recorridos mucho más potentes que el del propio Tour. Algo que hasta puede dar por bueno en caso de la ronda italiana (siempre un paso por delante en propuestas, valentía y búsqueda de novedades), pero inadmisible en el caso de la ronda española, históricamente muy por debajo de la ronda francesa. La respuesta del director de ASO ha sido este Tour de 2020, que no se parece en nada al de 2019 y que pretende recuperar el prestigio perdido de la Grand Boucle, puesto en entredicho en los últimos tiempos por no pocos aficionados a este deporte que no se dejan impresionar por los focos, luces y despampanantes fuegos artificiales del Tour, y que son capaces de mirar más allá y hacer una crítica real a un producto venido muy a menos y que dista mucho de ser la mejor prueba del calendario ciclista, por mucho que se trate del Tour de Francia.

Mi opinión personal, sin ninguna base científica, es que algo de lo que acabo de comentar ha ocurrido y ha pasado por las mentes pensantes de este Tour. Hay demasiadas diferencias entre el diseño los Tours 2019 y 2020: es casi como pasar de un extremo al opuesto. Pero no tanto, pues algunos criterios que ahora comentaremos se han mantenido inamovibles, si bien el cambio ha sido radical en muchos aspectos. Vamos a profundizar un poco más, sin llegar a desmenuzar el recorrido: ya habrá tiempo para ello.

Dos son los aspectos que se mantienen y donde parece que por parte de Prudhomme no hay ninguna intención de dar marcha atrás.

El primero: la escasez de kilómetros de contrarreloj de la prueba. Algo que ya no sorprende. Desde 2012 el Tour no presenta un Tour con peso en la lucha individual contra el crono. Es la mayor crítica que le hago a la prueba desde hace años, pues se mire como se mire, acaba siendo una prueba muy descompensada y que no da oportunidades a otro tipo de corredores. Este año la crono es el penúltimo día, en la modalidad de crono mixta sobre 36 km (30 llanos) y la subida final al puerto de La Planche des Belles Filles. La propuesta me gusta, pero me hubiera gustado más con una crono la primera semana plana y sobre una distancia de 40 km. No hay que olvidar la historia que hay detrás de la prueba, y el peso de la contrarreloj en el Tour siempre ha sido importante.

El segundo: la distancia de las etapas. Prudhomme ayer sacaba pecho y lo dijo de manera textual en la presentación. “No creo que haya carrera de tres semanas cuya etapa más larga sea más corta: 218 km”. Sinceramente, no creo que sea algo de lo que presumir. El ciclismo es un deporte de fondo y no tiene nada que ver hacer 160 km o 260 km, como hemos tenido la oportunidad de ver en los recientes campeonatos del mundo. Alguna etapa y sobre todo de montaña debería ser de gran fondo, una al menos. Pero viniendo del esperpento del Tour de 2019, hemos mejorado mucho y parece que se han dado cuenta de que el Tour de Francia no puede tener formato de Tour del Porvenir.

Estos dos aspectos innegociables para el director de ASO en los últimos años son en mi opinión las dos únicas críticas que le hago a la prueba. Pero vamos ahora con los aspectos positivos y que los ha habido, y muchos, de cara al próximo Tour.

No va a haber semana tranquila. Si dividimos la prueba en tres bloques, separados entre sí por cada una de las jornadas de descanso, observamos que cada uno de ellos presenta etapas con mucho jugo. La mayor renovación del Tour ha sido huir de ese primer bloque que antaño presentaba una sucesión de largas etapas llanas de gran desgaste y tensión. Paulatinamente han ido añadiendo distintos formatos al otrora desarrollo clásico de la prueba que veía su final con la disputa de la primera y larga crono individual. La primera semana de carrera del Tour 2020 que va desde el inicio hasta la primera jornada de descanso presenta una dureza inusitada en la prueba y que calificaría hasta de histórica.

La salida en Niza condiciona el desarrollo del Tour, pero estoy convencido de que había opciones mucho más sencillas de las elegidas. La 1ª etapa ya presenta hasta 7 cotas puntuables, que pese a no ser decisivas no se parecen en nada a la clásica primera etapa en línea de la prueba y con una única cota de 4ª categoría que sirva para vestir el primer maillot de lunares. Pero es que al día siguiente y en la 2ª etapa ya presenta una auténtica jornada de montaña con dos señores puertos de 1ª categoría y un final más que complicado y exactamente igual al que se viene realizando con éxito en las últimas ediciones de la París-Niza. Es toda una declaración de intenciones de por dónde marca este año el rumbo Prudhomme.

Pero por si todo esto fuera poco, en la 4ª etapa hay un final complicado en Orcières-Merlette donde Ocaña destrozó a Merckx. La 6ª etapa entra en territorio desconocido en una zona que puede dar mucho juego. Los 34 km finales de la etapa del Monte Aigoual, zona extremadamente ventosa, pueden hacer perder el Tour a más de uno al sexto día. ¡No lo digo por decir! No habremos llegado aún a la primera jornada de descanso y los Pirineos harán acto de presencia con dos etapas muy bien tiradas. Una clásica no exenta de dureza, y otra con grandes novedades y un puerto que no es novedoso, pero subido por una vertiente inédita. El Tour hace años que se ha dado cuenta de que debe innovar en este aspecto y lo está haciendo con mucho acierto. ¡Será por alternativas en Francia con una geografía que da tantas opciones!

Para cuando el Tour afronte su primera jornada de descanso, habrá habido 5 etapas que solo ellas valen casi todo el Tour de Francia de este 2019. Por eso digo que la diferencia es extrema respecto al año anterior.

El segundo bloque tras dos etapas que darán oportunidad a los sprinters (también tienen derecho a dejarse ver), vendrá marcada por una etapa que va ser un bombazo. La etapa del Macizo Central y que finaliza en Puy Mary supone aprovechar al máximo una zona en la que hasta ahora se han metido pocas veces y la mayoría de ellas sin sacar provecho del terreno. No hay puertos largos, no son ascensiones extremas, pero es una etapa de las de no hacer prisioneros: una de las etapas más duras de este tour en un terreno muy bien elegido y que es un sube y baja continuo. Mucha atención a esta etapa, que puede ser más dura que una de alta montaña. La del Grand Colombier con otra exigencia tremenda dará colofón a este segundo bloque: tiene un diseño espectacular y por dominios en los que hasta hace poco el Tour se negaba a entrar.

Y por si todo esto fuera poco, la tercera y última semana de carrera será el remate final para que no haya dudas. El olvidado final de Villar de Lans de tiempos de Perico (ya ha llovido), el inédito final en el terrible puerto de Loze (el final más duro del Tour y de los más duros de toda su historia), la quebrada etapa de Roche-sur-Foron y con el terrible Plateau des Glières muy bien situado (otro puerto que repite en poco tiempo), más la comentada crono del penúltimo día, decidirán al ganador final de este Tour, que no cabe duda de que habrá tenido que sudar la gota gorda.

En resumidas cuentas, se trata de un Tour durísimo, de los más duros que recuerde. Prudhomme no ha especulado, y si hay un hombre mucho más fuerte que el resto, puede sacar 10 minutos al segundo como hizo Ullrich en 1997. Al director de ASO le ha dado igual: ha apostado por una vez por hacer una carrera dura, sin especular, sin tratar de que llegue bloqueada o con diferencias apretadas a costa de quitar dureza a la prueba. ¿Arriesgado? Puede ser: con un recorrido así el más fuerte arrasa; pero también es cierto que el ganador es el mejor y más completo. El año pasado terminé mi análisis diciendo que el Tour se iguala por abajo, y eso no es bueno, porque esa es la mentalidad de los mediocres. Este año debo decir todo lo contrario: no se ha especulado. El Tour pega un puñetazo encima de la mesa y reclama su trono, puesto en entredicho por ellos mismos con recorridos ridículos. Un Tour así no deja supervivientes y los corredores que se preparen para tres semanas de infarto desde el primer día de carrera. Es una Vuelta a España pero a lo grande, elevado al cubo, devolviendo a la carrera francesa su prestigio y aquel miedo escénico que sentían los corredores de los 80 que iban a correr a Francia. Este es un Tour de verdad, sin crono, pero sin tonterías ni especulaciones. Y no sabéis lo que me alegro de escribir esto.

Por Rubén Berasategui

 

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La pasada primavera tuvimos una reunión con la Oficina de Turismo de Terres de l’Ebre, en la provincia de Tarragona, en la que nos mostraron su interés en preparar un reportaje y organizar una sesión de fotos por la zona. Lo primero que nos llamó la atención fue su claridad de ideas y su conocimiento de lo que puede suponer el cicloturismo como alternativa turística. Si, os puede parecer algo obvio, pero os aseguramos que no lo es tanto y la perspectiva y claridad con la que nos hablaban del ciclismo me recordaba a experiencias vividas con responsables de temas turísticos de valles en Alpes o Dolomitas.

Siempre hemos pensado que la proyección ciclista de cualquier zona debe basarse en un conocimiento perfecto de lo que se puede llegar a ofrecer y en ser capaces de dotar al proyecto de “personalidad”. Hay que viajar, ver lo que hacen en otras zonas, tomar notas, pero siempre con afán de aprender para luego adaptar todo lo que vemos a nuestra casa. No hay que soñar con ser lo que nunca seremos; más bien hay que sacar chispas a lo que somos y explotar todos los puntos fuertes que podemos ofrecer.

De entrada, tengo que reconocer que Terres de l’Ebre lo conocía por el Mont Caro y que, cuando lo ascendimos, fuimos casi exclusivamente a ello, iniciando la ruta en Tortosa aprovechando que regresábamos de la zona de Alicante a casa. También habíamos hecho una escapada al Cardó y Llaberia pero llegando desde el norte, de la zona de Cambrils.

Aclarado esto, sabiendo lo que nos atrae conocer cosas nuevas y viendo la ilusión con la que nos transmitían bondades de su tierra, acercarnos a rodar en Terres de l’Ebre pasó a ser una prioridad para ZIKLO.

Teníamos la corazonada de que aquello nos iba a gustar y podemos asegurar que todas nuestras previsiones se vieron superadas y el potencial de toda la zona, sea cual sea tu nivel ciclista, es enorme. Fue un viaje en el que combinamos alta y media montaña con zonas totalmente llanas pero cargadas de encanto. El escenario de entrada se prestaba para dar juego y por eso buscamos momentos especiales de luz tanto al amanecer como al atardecer. Tocó madrugar y trasnochar para alegría del fotógrafo, pero también para la nuestra porque rodar en horarios atípicos por sitios cargados de encanto y con una luz muy especial, es una experiencia que engancha.

Tortosa y el hotel Hotel SB Corona, que está perfectamente acondicionado para recibir a ciclistas, fueron nuestro campamento base. Desde la Oficina de Turismo tenían claras las rutas y zonas que les interesaba comentar. Como os decía, tienen las ideas claras y en su página web puedes encontrar hasta 6 rutas diferentes, en las que se recorre toda la comarca. Hay rutas sencillas, otras francamente exigentes, y además siempre está la opción de “mezclar” para montarnos rutas un poco “a la carta”. Nosotros no vamos a hablaros de rutas concretas, pero si, de zonas y de sus mayores alicientes.

Fuimos al norte y llegamos hasta Flix para rodar junto al Ebro hasta la Pobla de Massaluca, Batea, Villalba des Arcs, Gandesa y por el precioso y sencillo alto de Bot, llegar hasta Prat de Compte. Desde allí, hasta la Fontcalda, enclave espectacular y casi perdido desde donde fuimos a Benifallet para regresar hacia Tortosa por la otra ribera del Ebro pasando por Tivenys y Bitem.

Fuimos a la costa para, desde l’Ametlla de Mar, iniciar una ruta que por Rasquera nos llevó al Cardó y su espectacular Monasterio y luego al precioso pueblo de Llaberia. Desde ahí regreso a l’Ametlla para finalizar al anochecer rodando por el Parque Natural del Delta del Ebro. ¡Sin palabras! Carreteras estrechas, incluso algunos tramos de tierra, pero en muy buen estado, entre arrozales y marismas para acabar en una zona de salinas al borde del mar. Nunca habría pensado que llanear podía tener tanto encanto.

También fuimos hacia el sur para, desde La Sénia, acercarnos a dos puertos cuya cima está en la vecina Castellón (Fredes y Bel), pero que son un complemento perfecto para preparar una etapa de alta montaña que podría tener su final en el espectacular Mont Caro, eso sí, llegando hasta las mismas antenas. Nosotros este día buscamos un plus y desde La Sénia subimos por el camino de Pallerols hasta su Ermita. Curiosamente esta subida es en territorio de Terres de L’Ebre pero 200 m antes de coronar entras en Castellón y la Ermita pertenece a esta provincia.

Mont Caro merece un apartado especial y no hay dudas de que estamos ante uno de los grandes colosos de nuestra geografía. Sus números no mienten: 23 km desde Tortosa, que desde los 11 m de altitud nos llevan hasta los 1436. Nada menos que 1427 m de desnivel acumulado, con una media del 6,31%, pero en la que los 14 últimos superan el 8% de media. La subida la podríamos diferenciar en dos partes, una primera que nos lleva hasta el Portell del Cargol, allí donde Valverde sentenció la Volta a Catalunya del 2017 imponiéndose a Froome y Contador después de un extraordinario trabajo de Marc Soler. Anteriormente, la Volta a Catalunya ya había llegado hasta ahí en dos ocasiones y ambas con victorias colombianas: año 1985 con triunfo de Alirio Chizabas y 1991 con victoria de Lucho Herrera. Desde el Portell del Cargol , nos esperan un par de kilómetros tranquilos hasta el cruce de El Mascar donde la carretera se estrecha y nos enfrentamos a los 4 exigentes kilómetros finales para alcanzar la cumbre en la que sus grandes antenas serán testigo de nuestra conquista, y el Mirador nos permitirá disfrutar de unas vistas al Delta del Ebro extraordinarias. Y hablando de Tortosa, ya en la ciudad, recomendamos subir hasta el Mirador del Parador, desde donde la vista de la ciudad y del Ebro a nuestros pies es espectacular.

Como os comentaba, durante nuestra estancia buscamos momentos especiales de luz. Esta vez, Antxon, el fotógrafo, salió ganando, y Gabriel y yo fuimos “obedientes”. Los principales beneficiados fuimos nosotros mismos y como os contaba, uno de esos momentos lo vivimos al rodar al atardecer, hasta que el sol se escondía definitivamente, por el Delta del Ebro; y el otro fue precisamente en Mont Caro, saliendo de Tortosa todavía de noche para ver amanecer y tener esos primeros rayos llegando al Portell del Cargol.

Cuanto más viajamos, más convencidos estamos de que nuestra geografía está repleta de zonas espectaculares. La clave es tener la mente abierta y ganas de dejarse tentar por cosas nuevas. En los tiempos que corren, la gran dificultad suele ser darse a conocer, pero esto se soluciona con voluntad y trabajo. Terres de l’Ebre supone garantías para el ciclista, buen tiempo y muchas alternativas de recorridos. Buena materia prima que junto a la voluntad y determinación de los que dirigen el turismo de la comarca, son argumentos más que suficientes para asegurar que estamos ante una “Tierra de bici”.

Por Jon Beunza

Fotos: Andoni Epelde

 

 

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CJM Sport- Alpcross se ha convertido en distribuidor en exclusiva de la marca de referencia en lubricantes: Squirt Cycling Products, sinónimo de calidad dentro de su categoría.

Lanzada por primera vez en EEUU en el año 2004, llegó de la mano de un grupo de amigos apasionados de la bicicleta de montaña, cuyo propósito fue crear el mejor lubricante de cera biodegradable. Esta marca es la preferida de muchos de los mejores corredores del mundo como por ejemplo Julien Absalon o el equipo nacional MMR Team, con David Valero al frente. Entre sus productos destaca su cera de larga duración, fabricada únicamente con materiales 100% biodegradable y sin disolventes, que mantendrán nuestra transmisión limpia, alargando su vida útil.
Además, también cabe destacar su liquido tubeless que proporciona propiedades de sellado superiores a su competencia.
Con esta incorporación, CJM Sport – Alpcross refuerza su compromiso compartido con dicha marca: mejorar el sector del ciclismo y hacer todo lo posible por protegerlo. Puedes encontrar los productos en su B2B.

www.cjmsport.com

www.alpcross.com

 

 

 

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