Cuando el paisaje, valles y pueblos marcan el camino
Si existe un territorio ciclista, ese es Navarra. Y las razones son evidentes ya que de entrada cuenta con una orografía tremendamente variada que crea un escenario perfecto para cualquier aficionado.
Además, aquí el ciclismo forma parte de la cultura. Podemos hablar de tradición, equipos, ciclistas y marcas del sector que han echado raíces en esta tierra, con una figura que sobresale por encima de todas: Miguel Induráin. Pero Navarra no solo ha dado grandes campeones; también ha cultivado una afición enorme. A los navarros les gusta el ciclismo y eso se nota en sus carreteras, llenas de cicloturistas durante todo el año. Además, son muchos los corredores profesionales que pasan aquí parte de la temporada porque pocas zonas ofrecen unas condiciones tan completas para entrenar.
Como veis, sobran los argumentos para animaros a darle una oportunidad a este territorio e incluirlo en vuestros planes ciclistas.
Y como el cicloturismo no vive únicamente de dar pedales, mover vatios y hacer medias, cualquier visita debe ser una excusa perfecta para acercarse a sus tradiciones, su gastronomía, su cultura y sus paisajes. Creedme: motivos para dejarse conquistar por Navarra no faltan.
Sí, ya sé que se nota mi empatía hacia esta tierra. Vivo en Gipuzkoa, pero mi familia procede del valle de Aezkoa, de Orbara y Orbaizeta, y toda esa zona a la sombra de la Selva de Irati siempre ha sido para mí refugio, inspiración y calma. Perdonad este pequeño inciso personal, pero me ha resultado imposible no hacerlo.
Volvamos ahora a este reportaje, con el que pretendemos “demostrar” todo lo que os venimos contando. Hablar de Navarra en su totalidad sería inabarcable, así que hemos preferido centrarnos en una zona muy concreta. Y, barriendo un poco para casa, la elegida ha sido la franja pirenaica y prepirenaica.
El Pirineo navarro engancha y cualquier pueblo o valle es mucho más que una tentación ciclista y pueden ser el lugar idóneo para montar nuestra escapada.

Hay lugares que no se entienden observando un mapa. No hay nada como sentir la tierra y vivirlo desde dentro. De esto sabe mucho todo el norte de Navarra.
Aquí, el territorio cambia sin avisar. A pocos kilómetros de Pamplona, el horizonte se transforma en bosques profundos, siluetas montañosas, y el verde lo cubre todo. Es la antesala del Pirineo, una frontera que no divide, sino que modela el paisaje y lo llena de carácter.
Así, en el Valle del Baztan, las casas blancas con sus tejados rojos se dispersan entre praderas que parecen no tener fin. Allí es habitual ver como la niebla baja despacio por las laderas, como si el tiempo aquí tuviera otro ritmo. Más al este, la Selva de Irati se abre como un océano de hayas, uno de los grandes bosques de Europa, donde el silencio y la paz solo la rompen el viento o el crujir de las hojas bajo nuestros pies. También en la zona de Pirineos se encuentra Roncesvalles, lugar de inicio del Camino de Santiago para muchos y uno de los lugares de más fama internacional de Navarra.
Son solo unos ejemplos, pero Navarra no es solo paisaje, es también cultura y celebración. En Pamplona, las fiestas de San Fermín son mundialmente famosas, una explosión de tradición que convive con la calma de los pueblos del norte, donde la vida sigue marcada por estaciones, costumbres y una relación íntima con la tierra. Y es precisamente esa relación con el territorio la que convierte a esta región en un escenario privilegiado para el ciclismo.
Como hemos comentado en muchas ocasiones, uno de los valores de la bicicleta es la de no ser solo un medio, es una forma de leer, entender y disfrutar del paisaje.
Las rutas que os vamos a acercar son de las que se retuercen entre montañas, enlazando puertos que tienen su historia y han sido testigos de etapas de La Vuelta e incluso del Tour. Son recorridos exigentes en su mayoría, sí, pero también profundamente escénicos. Además, ya sabemos que la dureza es muy habitualmente resultado de la velocidad y que en el cicloturismo la paciencia y el “poco a poco” nos pueden llevar a donde queramos.
Os vamos a hablar de carretera, pero fuera del asfalto, el gravel y mountain bike también encuentran aquí un terreno casi infinito, donde cada ruta es distinta y cada jornada, imprevisible.
Ya veis que la zona se presenta interesante, pero creo que lo que realmente va a definir nuestra experiencia no es la dureza del recorrido, ni siquiera la belleza que nos regala el entorno. Me quedo con la sensación de autenticidad. La de pedalear por lugares que no han sido diseñados para el turismo, sino que es el turismo el que ha recurrido a ellos.
En Navarra y el Pirineo, no leer que el ciclismo no es solo deporte es un error.
Aquí, el esfuerzo tiene sentido, el paisaje acompaña y cada kilómetro nos cuenta una historia. Esto no va de enlazar etapas, va de vivirlas y sentirlas.
Por Jon Beunza
Fotos: Andoni Epelde
Perfiles: Ander Beunza
Altigrafías: Javi Fuertes, Josemi Ochoa, Ander Guaza, Franci García/APM
































