Día: 24 agosto, 2020

MONTANHAS MÁGICAS

Portugal, mucho más que una Estrella

 

Por Juanto Uribarri

Mapas, perfiles y altigrafías: Franci García, Javi Fuertes, Josemi Ochoa, Juanto Uribarri/APM

Fotos: Franci García

 

Hay una frase atribuida a José Saramago que dice que España y Portugal nacieron como hermanas siamesas pero pegadas por la espalda. Y efectivamente, este podría ser el retrato de los dos países ibéricos: tan cerca, tan lejos; hermanos de sangre, pero sin mirarse a la cara; dos vecinos que comparten un mismo territorio, pero con grandes muros levantados entre sí para ignorarse continuamente. ¿Dónde ha llevado la Historia a la Hispania romana?

Cada vez que en compañía de mis amigos ciclistas me adentro en el país hermano, me viene este pensamiento a la cabeza: ¿cómo es posible que una inmensa mayoría de “locos de las cumbres” sueñen toda la temporada con su viaje a Pirineos, Alpes o Dolomitas y no se planteen ni por un momento que aquí mismo, en nuestra misma casa peninsular, pueden encontrar tesoros que no desmerecen ante los tan prestigiosos de esas codiciadas cordilleras? ¡Cuántas veces lo más deseado está lejos de nuestro alcance y la perla preciosa la tenemos a un paso!

Una vez más deberemos reconocer que el Reto CIMA (Certificado Ibérico de Montañas Ascendidas) ha constituido el estímulo principal para descubrir nuevos desafíos, pero una vez superado tal reto solo puedo afirmar con absoluta convicción que Portugal es un destino ineludible para cualquier aficionado que se precie.

Pensar que en sus poco más de 90.000 km² (algo menos que Castilla y León y poco más que Andalucía) podemos enfrentarnos a tal cantidad de cumbres, a algunos les parecerá una ensoñación. Y más aún si pensamos que la mitad meridional, al sur del Tajo, tiene muy pocas dificultades orográficas, al ser el Alentejo y el Algarve dos comarcas muy bellas y turísticas, eso sí, pero prácticamente llanas, salvo algunas cotas de menor entidad.

Pero recordemos algo de su historia. Aquel primitivo asentamiento celta, Cale (palabra de etimología discutida), donde los romanos edificaron un puerto (Portus Cale), en las cercanías del actual Oporto, acabó por dar nombre en la Edad Media a toda la región entre el Miño y el Duero. Formando parte de la Hispania romana, primero, y del reino de León después, se convirtió finalmente en el Condado Portucalense, aunque siglos más tarde el rey Alfonso VI (el del juramento de Santa Gadea cidiano) lo dejó en herencia a su hija Teresa, que fue logrando su independencia paulatinamente, hasta que el hijo de esta, y en enfrentamiento con ella, se proclame rey en 1139 con el nombre de Alfonso I de Portugal. A continuación y durante algo más de un siglo hubo de hacer frente a los musulmanes que dominaban toda la península, hasta apoderarse de las tierras más al sur que desde mediados del siglo XIII fueron ya y para siempre portuguesas. El hecho de que a finales de la decimosexta centuria el gran monarca español Felipe II consiguiera hacerse con el título de rey del país vecino no supuso en ningún momento la desaparición del reino, sino su integración en el conjunto de las monarquías hispánicas como parte de un “imperio en el que no se ponía el sol”, hasta mediados del siglo siguiente donde España y Portugal se desligaron definitivamente.

Pues bien, este “maravilloso jardín junto al océano” del que os estamos hablando es pasión, es saudade, es luz, es fado… Portugal es un mosaico de paisajes, inmensas playas de arena blanca y fina, calas de aguas transparentes, miradores en las montañas, acantilados mirando al Atlántico… Portugal son callejuelas empedradas, monumentos impecables, el azul y el verde y el amarillo de los azulejos, y las chimeneas del Algarve… Portugal son delicias de bacalhau, caldeiradas, rissois de camarão y pasteis de nata. Y vino de Madeira, vino de Oporto, vinho verde. Nada más entrar en este país de uno y mil paisajes, ya escuchamos ese siseo, ese regalo para los oídos que es la lengua portuguesa. Y viajar a Portugal es, sobre todo, entrar en contacto con esas gentes amables y acogedoras que no te dejan sentirte nunca perdido o solo.

Nosotros os proponemos hoy que os acerquéis a la mitad septentrional del país vecino y que comprobéis por experiencia propia que Portugal bien merece un hueco en vuestro calendario de salidas cicloturistas. Esta propuesta va en esta ocasión, como es nuestra costumbre, acompañada de una canción del inmortal grupo del pop español, Los Pekenikes: “Buscaré otro mundo lejos del sol en las estrellas, un lugar donde siempre brille la luz en las tinieblas. Viviré donde el tiempo no pasará, en las estrellas”.

¿Y por qué nos ha venido esta canción a la mente? Pues es muy fácil de explicar. Si ya son pocos los aficionados al pedal que han explorado la montaña portuguesa, un 90% de esos pocos prácticamente se ha limitado a conquistar la gran estrella del firmamento luso, el Pico Torre, la cima más alta de Portugal (1993 m), con sus múltiples vertientes, o los abundantes pasos montañosos de la Serra da Estrela, donde se ubica. Pero Portugal es más, mucho más que una sola estrella, y en su interior podemos buscar otro mundo lejos de ese astro solar refulgente, otras estrellas donde siempre brilla la luz y el tiempo parece detenerse.

Para ello nos dirigiremos al distrito de Viseu, la capital de la antigua provincia portuguesa de Beira Alta, con una población cercana a los cien mil habitantes, y el único distrito portugués no fronterizo ni con España ni con el mar. Quizás sea este uno de los distritos más montañosos de Portugal del que forman parte las sierras de la Lapa, Leomil, Caramulo, Macizo de Gralheira y Montemuro. Como podéis comprobar por falta de sierras no va a ser…

Y por aquí pasa “el río que nos lleva” en este reportaje, el Paiva, quizás porque como decía el sinólogo italiano Tiziano Terzani: “los ríos me han llamado la atención siempre. El encanto está, quizás, en su continuo pasar permaneciendo inalterables, en ese irse quedando, en su ser una especie de representación física de la historia, que es, porque pasa. Los ríos son la Historia”. Pues a ello vamos, a hacer historia, aunque sea con minúscula, esa historia particular que se construye a lo largo de toda una vida en busca de puertos desconocidos, como dejándonos llevar por este río, afluente del Duero, que como todos “moldea sus orillas a la par que las orillas lo guían”.

 

Un lugar para perderse

Menos mal que todavía quedan paraísos en los que perderse es un placer y desconectar un requisito, lugares en los que el mundo se para y la naturaleza fluye desde tiempos prehistóricos con la mirada en el infinito. Este es el efecto que producen los recuerdos de nuestro último viaje por las que después supimos que se las conocía como Montanhas Mágicas: imposible hallar un nombre más apropiado. Montañas escarpadas, pueblos de postal, gentes con alma, aguas milagrosas y ermitaños locos… no son sino una excusa para perderse por las montañas portuguesas, sin que el móvil vibre a cada minuto (la cobertura no es fácil)  y el mundanal ruido quede en el olvido. Y todo a un paso de España: tan cerca y tan lejos.

Con una extensión algo menor que la más pequeña de las provincias españolas, Gipuzkoa, su relieve es predominantemente montañoso, constituido por dos grandes macizos: el macizo de la Gralheira, en el cual se incluyen las sierras de Freita, Arada y Arestal; y el macizo de Montemuro, dominado por la sierra de Montemuro (1381 m), la octava mayor elevación del Portugal continental y la tercera mayor al sur del Duero. Dominado por una extensa mancha natural, posee zonas de alta densidad forestal, que contrastan con algunas tierras altas y la formación de numerosos valles de baja altitud, entre los cuales se destacan, por su dimensión e importancia, los valles del Duero, Vouga, Bestança y el Paiva, siendo este precisamente el río protagonista de nuestro reportaje.

Por todo el territorio, pero especialmente en las mesetas serranas y en las zonas de media ladera, son visibles monumentos y restos arqueológicos que manifiestan la ocupación humana desde épocas prehistóricas. Los que asumen mayor relevancia son las inscripciones rupestres de arte atlántico y los monumentos megalíticos (mamoas), varios de los cuales visitaremos en el Parque Megalítico de San Pedro do Campo. De la Edad de los Metales llegan a nuestros días las ruinas y hallazgos arqueológicos de algunos castrejos, principalmente de construcción circular, de lo que son buen ejemplo las ruinas de la Muralla de las Puertas de Montemuro, que también os mostraremos.

Los pueblos romanos dejaron en el territorio un valioso legado patrimonial, presente en monumentos y hallazgos arqueológicos, como son los puentes, miliarios y tramos de vías romanas, como la que conectaba Vissaium (Viseu) a Portus Cale (cerca de Oporto). Fueron también los romanos los responsables de señalar las singulares propiedades terapéuticas y curativas de las aguas termales de São Pedro do Sul, considerada actualmente la mayor y más desarrollada área termal de la península Ibérica.

Los monumentos medievales son testigos irrefutables de importantes hechos históricos que ocurrieron en este territorio a lo largo del turbulento período de la Edad Media. Entre los monumentos merecen una referencia especial los monasterios cistercienses de Arouca y de S. Cristovão de Lafões, que han marcado fuertemente la vida, la economía y la cultura de los diferentes pueblos que, a lo largo del tiempo, se fijaron en estas tierras. Merecen igual atención los templos y monumentos románicos presentes en casi todas las municipalidades del territorio, aunque la presencia musulmana también se deja notar en las innumerables leyendas de moras encantadas y los topónimos de algunas localidades del territorio, tales como Almofala, Mamouros y Moura Morta.

Es a principios del siglo XVI cuando se otorgan las Cartas de Foro de los 7 municipios, que divididos en 80 parroquias, configuran la comarca: Arouca, Castelo de Paiva, Castro Daire, Cinfães, São Pedro do Sul, Sever do Vouga y Vale de Cambra. Durante los siglos XVIII y XIX el territorio conoció un período de expansión que se ha reflejado en la prosperidad de la nobleza y burguesía. Como consecuencia de ello en todos los ayuntamientos surgieron ricos solares e imponentes casas señoriales, ostentando elaborados blasones de familia en los portales de las fachadas principales y adoptando los más diversos estilos arquitectónicos.

A partir del inicio del siglo XX, uno de los principales acontecimientos que ha marcado la historia de las Montanhas Mágicas fue la carrera del wolframio, mineral utilizado en la fabricación de armas y municiones durante las dos Guerras Mundiales. La historia de la prospección minera en Regoufe, Rio de Frades, Moimenta, Chãs y Fraga da Venda se quedó, de esta forma, inevitablemente asociada a la historia de Europa y del mundo, y las ruinas del pasado minero y la memoria de sus protagonistas constituyen un patrimonio material e inmaterial de valor único.

La agricultura, la silvicultura, el pastoreo y la ganadería siempre se han demostrado esenciales para la subsistencia de los pueblos que aquí habitaron, aunque en las últimas décadas se ha asistido a un pronunciado abandono de las actividades agrícola y del pastoreo. Sin embargo la historia de estas actividades en las Montanhas Mágicas muestra un amplio patrimonio rural (aldeas, molinos, almazaras de aceite, regadíos, canastos y eras…) así como un rico y diverso legado cultural que se manifiesta en usos, costumbres, tradiciones, folclore, danzas y cantes, gastronomía típica, artes y oficios. Del ancestral cultivo de la tierra se destacan algunos productos de calidad reconocida, como la carne de raza arouquesa (DOP), el cabrito de la Gralheira (IGP), los Vinhos Verdes (DOC), los vinhos de Lafões (DOP) y más recientemente los arándanos. También merece una mención la repostería conventual, herencia de las monjas de del citado Monasterio de Arouca, y los licores, las compotas, la miel y los ahumados que podremos degustar en cualquiera de las localidades de esta bella comarca.

Os hemos hablado de historia, monumentos, cultura y tradiciones, de gastronomía y también de sus gentes, que nos dejaron impactados por su acogida y simpatía hasta hacernos sentir como en casa. Pero no queremos entrar a presentaros los cuatro puertos que completan este artículo sobre las Montanhas Mágicas sin invitaros encarecidamente a conocer dos de sus principales atracciones: las pasarelas del Paiva y el Portal del Infierno.

Los Passadiços do Paiva, joya de la corona del Geoparque Arouca. son casi 9 km de senderos, entre la playa fluvial de Areinho y la de Espiunca, que se convirtieron rápidamente en una de las rutas de senderismo más emblemáticas de Portugal. Se insertan en un auténtico santuario natural y la simbiosis entre la construcción del hombre y la naturaleza es perfecta. En el camino disfrutaremos de paisajes impresionantes, veremos formaciones rocosas extraordinarias, imponentes cascadas, playas idílicas e incluso cruzaremos un puente colgante sobre el río Paiva. El recorrido, proyecto turístico más innovador de Europa en 2016, se hace sobre una estructura en madera de pino tratado, anclada en hierro en la roca, con algunos tramos de escaleras y otros en tierra firme. Inolvidable.

Y para los que gustan de las emociones fuertes el conocido con ese terrorífico nombre de Portal do Inferno será su recuerdo imperecedero. El Portal del Infierno en la sierra de Arada, a unos 1000 m de altitud, es un estrecho y escarpado lugar de paso entre dos vertientes inclinadas, rodeado por dos arroyos, que 400 m más abajo drenan en sentidos opuestos un enclave que ha amedrentado durante mucho tiempo a los que por allí pasaron. Se trata de un paraje con un alto interés panorámico, especialmente por “la garra” que no es más que una montaña cortada por diversas líneas de agua profundas que recuerdan la separación de los dedos de la garra de un ave y cubierta de una vegetación de colores cambiantes en función de la estación del año en que la admiremos. Espectacular.

Bueno, amigos y amigas, ha llegado el momento de dejaros con los cuatro colosos de estas Montanhas Mágicas. El orden no es lo más importante, porque cada uno puede elegir su recorrido en función de sus intereses, pero nosotros os vamos a sugerir el que nos parece más recomendable si lleváis idea de hacer una ruta circular para ascender todos ellos.

Para eso partiremos de la localidad de Sul, donde comenzaremos por ascender el alto de São Macário, dirigiéndonos acto seguido al Portal del Infierno, que queda a poco más de 5 km. Luego buscaremos el descenso hacia el río Paiva, pasando por Covas do Río y atravesándolo en Nodar, donde se inicia el segundo “coco” de la jornada, el Alto de Montemuro. Iremos luego a Tendais para bajar hacia Alvarenga y poner fin a la dura etapa en la localidad de Pereira o en sus alrededores. En total nos habrán salido unos 100 km de mucha entidad, pues se superan los 3000 m de desnivel acumulado.

Protegido: Sul – Pereira
Sul-Pereira Descarga Track

 

Y para la segunda y definitiva jornada os dejamos otros dos platos de mucha enjundia. El primero la durísima ascensión hasta el Parque Megalítico de São Pedro do Campo, desde donde volveremos sobre nuestros pasos para dirigirnos hacia los Passadiços do Paiva y luego a Arouca, capital municipal y dejarnos caer hasta Ponte de Telhe, lugar encajonado en el que nos daremos media vuelta para iniciar la escalada al último de los 4 puertos de estas Montanhas Mágicas, el Detrelo da Malhada. Tras el maravilloso espectáculo visual transitaremos por Candal para dirigirnos por la Sierra de Arada hacia São Macário y descender con cuidado hacia nuestro punto de partida de la doble jornada cicloturista en Sul. Hoy habrán sido poco más del centenar de kilómetros, con algo menos de esos despiadados 3000 m de desnivel, pero el placer será tan intenso como el de ayer.

Protegido: Pereira – Sul
Pereira-Sul Descarga Track

 

Y para finalizar este fin de semana en este pequeño paraíso en el norte de Portugal, una recomendación: id bien provistos de comida y bebida pues no es fácil encontrar lugares de avituallamiento. Y que no se os olvide el GPS, porque cuando decimos que es un lugar para perderse no lo decimos en balde. Aunque, hacednos caso, lo que no os deberíais perder nunca es una visita cicloturista a estas Montanhas Mágicas portuguesas. Ya que, como se pregunta Florbela Espanca, escritora lusa, “¿quién nos dio ojos para ver los astros sin darnos los brazos para alcanzarlos?”. Lo cierto es que las mil “estrellas” portuguesas están ahí al lado; solo tenemos que ampliar un poquito nuestros sueños para tocarlas.

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COSTA DA MORTE

Una costa llena de vida

 

Por Marcelino Álvarez “Boirinho” y Juanto Uribarri

Fotos: Andoni Epelde

Nos vais a permitir que empecemos por el final, por el de los miles de peregrinos que completan el Camino de Santiago llegando hasta Finisterre. Atrás quedan decenas de jornadas y recuerdos que quieren inmortalizar quemando sus botas, queridas y odiadas a partes iguales, en este cabo. Han llegado, plenos de orgullo y satisfacción, al fin del mundo. Y muy cerquita de allí, en la playa Langosteira, un gallego inmortal, Don Camilo José Cela, enamorado de este rincón de la Costa da Morte, nos hizo meditar con la profundidad de esta sentencia: “Finisterre es la última sonrisa del caos del hombre asomándose al infinito”.

Porque esa sonrisa que se asoma al infinito océano, apenas deja adivinar entre sus labios un caos inmemorial que ha dejado su nombre a la escarpada línea costera que lo envuelve. Y es que la personalidad de la Costa da Morte está marcada por su condición de límite occidental de Europa. Desde la antigüedad, el ser humano consideró este lugar como el “finis terrae”, el fin del mundo, la puerta al Más Allá. Tras su llegada a este lugar, los romanos presenciaron y relataron el espectáculo del sol hundiéndose en el Atlántico, una escena grabada en la imaginación colectiva de los antiguos desde tiempos mucho más remotos. Quizás por su papel como confín occidental donde el sol se oculta cada crepúsculo, donde “muere” diariamente, celtas, romanos o suevos acudieron en tropel para participar en ese sacrificio diario de la naturaleza.

Nadie puede negar que cualquier atardecer, y más si lo contemplamos sobre el horizonte marino, desencadena un halo mágico, casi místico, con ese último rayo de luz del día que muchos quieren conservar en sus cámaras fotográficas, perdiendo así la magia de un sentimiento más íntimo. Será por eso que, en gallego coloquial, las fotos no se sacan, se quitan. Es como querer expropiar algo, como aprovechar hasta la última gota de un vaso en el que solo hay sal, roca, algas y mar.

En Finisterre muere el sol todos los días, sí, pero no vayáis a pensar que un nombre tan lúgubre como Costa da Morte (¡casi nada!) deriva del óbito cotidiano del astro rey; aunque convendréis conmigo en que el apelativo es de los que asustan al más valiente.

Ya dicen que Galicia es tierra de meigas. En los tiempos que corren, sin embargo, creer en ellas no es algo tan habitual, aunque en esta región tan mágica y enigmática todavía resuena el “habelas hailas” por muchos rincones, y muy especialmente en este, quizás por el irresistible influjo de los cientos de naufragios y ese aroma de misterio y peligro que destilan sus infinitos acantilados, quizás por la belleza arrebatadora de un paisaje mágico donde los haya.

Porque esta costa, la de la Muerte, tiene su parte bondadosa y su parte cruel. La primera se aprecia a simple vista: extraordinarios paisajes que hay que frotarse los ojos para creérselos; playas de ensueño con apenas bañistas incluso en agosto; la famosa gastronomía gallega en la que abunda el buen marisco; y unas costumbres y patrimonio que, al conocerlas, uno se siente como si fuera su descubridor.

La parte cruel ya se intuye en su propio nombre: la escarpada costa, tan bonita para ver, es muchas veces letal para los barcos que navegan en los implacables temporales que azotan al fin del mundo. El nombre que recibe esta zona de Galicia no fue acuñado por ningún gallego, sino por la escritora Annette Meaking, quien le dio la denominación de “Coast of Death”, ya que fue durante el último cuarto del siglo XIX y el primero del siglo XX cuando se produjeron en estas costas los naufragios más graves que afectaron principalmente a la marina inglesa y acrecentaron su leyenda negra con el gran número de víctimas que el mar se llevó. Primero, en 1870, con el hundimiento en alta mar del Captain de la Royal Navy, en el que fallecieron un total de 487 tripulantes, y unos años más tarde, en 1890, con el Serpent, un buque escuela de la Marina Inglesa y del que el mar se cobró 172 vidas. Los cuerpos recuperados de este último naufragio fueron enterrados en un enclave improvisado que hoy recibe el nombre de “Cementerio de los Ingleses”, que es uno de esos lugares de visita imprescindible  para adentrarse en algunos de los recónditos secretos de esta tierra.

La citada escritora inglesa lo contaba así en sus crónicas: “Es aquí donde las olas furiosas, creciendo como levadura, rompen sobre rocas medio escondidas y, alcanzando una fabulosa altura, caen sobre ellas con el ruido del trueno incluso con el tiempo más tranquilo. Es aquí donde los cadáveres de desafortunados pescadores son tan frecuentemente arrastrados a la orilla que los periódicos locales anuncian el suceso casi sin ningún comentario”.

Serpent, Captain, Bonifaz, Casón, City of Agra, Prestige…. son solo unos pocos ejemplos de los muchos naufragios acontecidos en esta bellísima franja costera de la provincia de A Coruña. Este litoral, bautizado como Costa da Morte por culpa de los casi 700 hundimientos aquí documentados, de los 1400 en toda la provincia según el “Catálogo de Naufragios” de Rafael Lema Mouzo (sin tener en cuenta el de pequeñas embarcaciones), es una costa que, por contraste, está llena de vida. Por ello el negro color del chapapote y del luto de las madres y esposas de los muchos marineros que salieron a faenar y no volvieron (siendo a veces la misma persona quien sufría ese luto al perecer en un mismo hundimiento esposo e hijo), no puede teñir el verde de sus prados ni el azul de su mar mezclado con el blanco de la espuma que surge cuando rompen las olas en esas rocas desgastadas por la erosión y que adoptan increíbles formas, alimentando así la amplísima y rica mitología gallega. Sirvan de ejemplo de todo ello la roca de Os Cadrís, la de Abalar o la de Os Namorados frente al santuario de Nosa Señora da Barca en Muxía, que tendremos ocasión de visitar.

Pero tras cada uno de esos naufragios, tras cada nueva muerte de los percebeiros, que saltan de roca en roca esquivando los golpes del mar embravecido para arrancar los mejores percebes del mundo, la vida sigue. Y como la vida es sueño, en el presente número de ZIKLO hemos buscado dar forma a nuestras ensoñaciones ciclistas en este auténtico paraíso cicloturista. A los que además gustamos de completar esas fantasías sobre la bici con cultura, gastronomía y también mezclarnos ya no solo con el paisaje, sino también con el paisanaje, las gentes de por aquí nos lo van a poner fácil, gracias a su sencillez y hospitalidad, invitándonos a disfrutar de todos los encantos que estas pequeñas villas y aldeas ofrecen.

Para ello os proponemos varias rutas: dos de carácter sencillo y aptas para todos los cicloturistas con un mínimo de forma física; dos un poco más duras, pero que tampoco albergan mucha dificultad (los puertos importantes aquí son los de mar); y otras dos con más “miga”, entre ellas el de la Marcha Cicloturista Gran Fondo Ézaro, integrada en las UCI World Series. Además de estas rutas con salida y llegada en Cee, (excepto el Gran Fondo), presentamos otras dos, también circulares, que parten de Laxe y de Noia, ambas situadas a menos de 50 km de Cee, que es el centro económico comarcal así como la cuna de la triatleta Pilar Hidalgo y del arquitecto Domingo Antonio de Andrade, principal promotor del tránsito al barroco en Galicia, siendo su obra maestra la Torre del Reloj de la Catedral de Santiago de Compostela. Cee fue además un importante puerto en la pesca de cetáceos allá por el siglo XVI.

RUTA 1: Los cabos (67 km y 750 m de desnivel)

Protegido: Los Cabos

RUTA 2: Pedras y arena (58 km y 500 m de desnivel)

Protegido: Piedras y Arena

RUTA 3: Montes y leyendas (83 km y 1000 m de desnivel)

Protegido: Montes y Leyendas

RUTA 4: Tierra adentro (104 km y 1550 m de desnivel)

Protegido: Tierra Adentro

RUTA 5: Costa da Morte (114 km y 1250 m de desnivel)

Protegido: Costa da Morte

RUTA 6: Gran Fondo Ézaro (145 y 85 km)

Protegido: Gran Fondo Ézaro

RUTA 7: Terras Vaqueiras (117 km y 1400 m de desnivel)

Protegido: Terras Vaqueiras

RUTA 8: Percebes y faros (108 km y 1400 m de desnivel)

Protegido: Percebes y Faros
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