Una caja de buenas sorpresas
A priori, muchos la conocen por sus rascacielos y es que Benidorm es la ciudad con más rascacielos de España, la ciudad con más rascacielos por habitante del mundo y la ciudad con más rascacielos por metro cuadrado tras Nueva York. ¡Casi nada!
Pero, ¿qué tiene esta ciudad y sus playas para ser atractivas a todo tipo de turistas? Y es que esta “pequeña Nueva York” cuenta con una situación privilegiada que le otorga un especial microclima, de dulces y templados inviernos y de veranos atemperados por la brisa marina, sin duda debido a su particular configuración geográfica protegida por las montañas que la rodean: Serra Gelada, por el este, Aitana por el norte y el cerro conocido como Tossal de la Cala que resguarda su playa de Poniente por occidente. Por todo ello las playas de Benidorm son elementos de vital importancia como imagen e identidad del municipio y su principal atractivo turístico. Sus dos playas principales (hay más) son las de Levante y Poniente, separadas como hemos dicho por la Punta del Canfali, la gran roca que las separa, donde se asentaba la fortaleza que servía de defensa ante las incursiones piratas. En la actualidad sólo quedan algunos restos de las murallas sobre este “balcón del Mediterráneo”.
Esta imagen playera viene siempre acompañada por otros dos encantos naturales. L’ Illa, equidistante entre las dos playas que configuran la costa de la ciudad, de la que la leyenda cuenta que el gigante Roldán se enamoró de una bella dama. Al caer esta enferma pudo comprobar que solo parecía sobrevivir con los rayos del sol. Desesperado asestó un tremendo golpe a la montaña del Puig Campana y el trozo que saltó de su bien visible hendidura cayó al mar y formó L’Illa, demorando con sus 73 m de altitud la puesta del sol durante unos minutos. La muerte acabó ganando, como siempre, la batalla y Roldán llevó el cuerpo de su mujer hasta la isla para que allí descansara dejándose ahogar por la marea sin dejar de cogerle la mano. Al gigante le pasó tal vez como al trovador catalán, que la nostalgia “sigue jugando en tu playa y escondido tras las cañas duerme mi primer amor”.
Y queremos destacar también la famosa Creu erigida en 1962 en lo alto de la Serra Gelada en protesta por la retirada de la prohibición del bikini en las playas de la ciudad. ¡Tiempos! La panorámica de las playas desde la Creu es una imagen imprescindible en todos los folletos turísticos de la bahía de Benidorm. Como también lo son sus diversos parques temáticos (Terra Mítica es solo uno de ellos), las vistosas tiendas, los bares de tapas, el arroz caldoso y los pebrots de su gastronomía, su ajetreada vida nocturna, sus concurridos festivales y conciertos…
Son, como veis, muchas las ofertas, pero tanta tentación no oculta la posibilidad de aglomeraciones, algo no muy tentador para los ciclistas. Lo que os proponemos debe hacer que cambiéis de opinión sobre Benidorm ¿y si elegimos la primavera, el otoño o el invierno para acercarnos a la Costa Blanca en busca de emociones con forma de puertos?
En cualquier época del año, aún en verano, ya por el simple hecho de alejarnos de la costa veremos cómo no nos va a resultar difícil encontrar la tranquilidad que buscamos.
Tres van a ser las sierras alicantinas que pueden brindarnos esa impagable sensación de sentirnos lejos del mundanal ruido. Sierra Aitana, la que preside todo el entorno, nos ofrece el puerto de Tudons en su ladera oeste, desde donde podremos alcanzar la cumbre provincial a 1558 m si obtenemos el permiso correspondiente al emplazamiento en ella de una base militar. En la ladera opuesta partiremos del embalse al pie de uno de los pueblos más bonitos de España, Guadalest, para refrescarnos en la Font de Partegat, de donde parten varias rutas de senderismo que se adentran en el macizo montañoso. Son duras ambas ascensiones, la primera por su longitud, y la segunda por sus exigentes rampas de doble dígito.
En la vecina Sierra del Carrascal de Parcent el col de Rates es una de las subidas más frecuentadas por los ciclistas que utilizan Alicante para sus entrenamientos. Tanto su vertiente norte como la más próxima al mar nos permiten, sin especiales dificultades, emular a todos ellos. Y si queremos superarlos, porque seguro que son muy pocos los que lo conocen, siempre tendremos la posibilidad de, desde el mismo alto, tomar la pista de asfalto y hormigón que nos conduce a un balcón excepcional, el Tossal dels Diners.
Y dejamos para el final la menos conocida de las tres, la Sierra de Bernia. Aquí se ubica la más terrorífica de las ascensiones alicantinas, la que accede por la ladera que mira al mar. A cambio la vertiente norte nos brinda una doble e interesantísima subida al caserío que da nombre a la sierra, la que parte de Xaló y la que lo hace desde las cercanías de Calpe.
Benidorm y su entorno, contiene demasiados peligros para los perseguidores de sueños ciclistas y si rodamos un poco más llegaremos hasta la Marina Alta, en la punta norte de la provincia, y cuyo interior es montañoso y con un paisaje de gran espectacularidad. Las sierras de Montgó y la comentada Bernia, entre otras, atraen a innumerables ciclistas y sus pueblos asentados en cinco valles dan un juego increíble a la hora de preparar rutas: Vall del Pop, Vall de Laguar, Vall d’Alcalà, Vall de Gallinera y Vall d’Ebo.
Benidorm se disfruta las 24 horas y nuestras sesiones ciclistas tendrá el complemento perfecto al lado del mar. En la playa, buscando ambiente, descansando, con la familia… ¡tú decides! El escenario es perfecto, ahora nos toca a “los actores” sacarle partido. Y es aquí, podemos disfrutar tanto nosotros como nuestras familias, no hace falta tirar la moneda al aire, podemos disfrutar todos y eso es un plus.

























































