Día: 3 enero, 2021

 

Conocí a Dori en persona cuando ella era directora deportiva del equipo Lointek y yo corredora del Bizkaia Durango.  Después de aquello hemos coincidido en varias ocasiones, entre ellas en “El Soplao” de carretera, del año 2017, cuando acudimos a una cena previa a la marcha cicloturista con otros ciclistas y exciclistas invitados. En la salida de la prueba pude pedalear unos kilómetros con ella y le tomé la palabra de que un día haríamos una ruta en bicicleta juntas. No ha sido posible a causa de las restricciones de la pandemia pero el haber tenido la ocasión de una charla íntima con ella ha sido un regalo para mi, algo que estaba esperando hace mucho tiempo.

Si tuviera que definir a Dori en una sola palabra sería “luchadora”. Ella es un gran referente en el ciclismo y el deporte, pero sobre todo es una mujer con garra y una personalidad arrolladora también en la vida. Siempre me ha gustado la gente tenaz y trabajadora a la que no le llegan las cosas del cielo, que se lo curra y llega alto a base de esfuerzo y constancia. Dori ha tocado el cielo con las manos. Fue campeona del mundo de pista en el año 1998 tras diez años en la élite del ciclismo. Esta es su historia, contada de su viva voz, de ciclista a ciclista.

 

 

 

Dori Ruano.

11/01/1969. Villamayor de Armuña. Salamanca.

Exciclista. Campeona del Mundo Pista 1998.

 

Me gustaría empezar por el principio, que nos contaras cómo empezó todo. Leí que te habías iniciado tarde en el ciclismo. Comenzar tarde en un deporte como este tiene sus limitaciones…

Había hecho mucho deporte toda la vida. La verdad es que me vino todo rodado, pero reconozco que mi carácter ayudó muchísimo. He sido siempre muy activa y muy de retos. Me gustaba mucho el atletismo y montaba en bici también desde pequeña.

Estaba en 3º de BUP y unas chicas contactaron conmigo porque el equipo “El Jamonero” iba a hacer un equipo femenino. Recuerdo que cuando probé la bicicleta de carretera me encantó. ¡Fui a entrenar con ellas un fin de semana y me pareció muy fácil! (se ríe con ese entusiasmo tan suyo…)

Cuando años después estudié la Fisiología del Deporte en la Universidad y entendí que en mi caso las adaptaciones ya estaban hechas, que todo lo que había entrenado de pequeña estaba ahí.

Tuve la suerte de que Ángel Giner, seleccionador de féminas de la RFEC, y su mujer, Marivi Fuster, médico deportivo del Reynolds y de la Selección Española de ciclismo eran ambos muy teóricos y confiaron mucho en mí. He seguido manteniendo contacto con él y hace poco me envió mis primeros datos de aquellos tiempos y la verdad es que valorándolo ahora es cierto que eran increíbles. Ellos veían que tenía muchas cualidades y me ayudaron mucho. Como no tenía mucha técnica iba a las carreras y me iba, ¡me escapaba!

 

¿Entonces hacías como hace ahora Mavi que se escapa y se va?

Yo entiendo a Mavi García porque yo hacía lo mismo. Desde el primer año salí fuera a correr y lo pasé muy mal en el extranjero. Por eso yo cuando os conocí os animé tanto. Me sentía muy identificada con vosotras, Ziortza, porque yo lo he pasado.

 

Cada vez se conocen más casos de ciclistas que llegan al ciclismo “tarde”, como también ha sido mi caso; deportistas que han destacado en otros deportes y comienzan a competir en ciclismo sin haber pasado por escuelas, con las dificultades que eso conlleva. Recuerdo que cuando conocí a Dori era la Directora deportiva del Lointek. Es cierto que ella siempre nos animó muchísimo. Me acuerdo de una frase suya “Nunca hay que dejar de luchar”. Se me quedó grabada. Ahora que conozco su historia entiendo por qué lo decía: ella es una luchadora nata.

En COU le dije a mi madre: ”¡quiero ser ciclista!”. Mi madre me decía: “¡De ciclista nada, tú a estudiar!”. Yo era la quinta de siete hermanos y ninguno había estudiado. Llegaba la carrera de Fisioterapia a Salamanca pero no entré por décimas, así que me metí a Empresariales para que mi madre se quedara tranquila, pero aquello no me gustaba. Yo quería ser ciclista. Lo tenía claro.  Mi madre me mandaba a cuidar niños y hacía también promociones comerciales de lo que fuera para que mi madre me dejara en paz, todo con tal de poder entrenar… Iban a dar cuatro becas para la selección española de 300.000 pesetas de las de entonces y yo le dije a mi madre que la iba pelear. La conseguí.

Tuve la suerte de que en aquella época se trabaja la contrarreloj por equipos que se disputaba con cuatro ciclistas. En ese grupo yo me manejaba bien y a entrenar duro a mí no me gana nadie. Era incansable. Tras estar concentradas fuimos al Mundial de Japón del año 1990. Hicimos sextas y obtuvimos una beca ADO para la Olimpiada de Barcelona 92 (Dori Ruano. Joane Somarriba, Belén Cuevas y Cheli Álvarez).

Con 20 años estaba en Japón en un Campeonato del Mundo haciendo lo que me gustaba. De las compañeras guardo buen recuerdo y seguimos en contacto.

Con la beca para dos años, prepararnos la Olimpiada de Barcelona 92. Estuvimos ese tiempo entrenando entre Madrid y Mallorca. En Madrid estábamos en la Blume y los meses de invierno que hacía mal tiempo nos llevaban a entrenar a Mallorca a un hotel. Yo era jovencita, pero estaba bien. Emocionalmente yo estaba bien y eso me ayudó mucho. La RFEC contrató un equipo técnico soviético y Boris Vasiliev se encargó de la preparación del equipo femenino. Entrenábamos antes de desayunar y después. Echábamos la siesta después de comer y hacíamos pesas o de nuevo bicicleta y también piscina antes de cenar. 

 

¿Recuerdas alguna anécdota de aquella época?

Si. Fíjate si yo hacía lo que decía el preparador que un día el ruso, que siempre venía siempre con nosotras a la piscina, no vino porque tenía una reunión en la Federación. Ya en la piscina las chicas dijeron: “¿Si nos mojamos el pelo y no nos metemos a la piscina?” (se parte de risa contándolo). Yo les dije: “Yo no puedo, hacedlo vosotras, pero yo me meto”. Al final nos metimos todas y yo como todos los días me casqué los 1200 o 1500 metros que nadaba en media hora todos los días.

 

 

¿Y qué tal te fue en la Olimpiada de Barcelona 1992?

Barcelona salió mal, la verdad es que estábamos reventadas. Habíamos entrenado un montón y las expectativas eran altas. Me caí en una montonera, vino el coche neutro y terminé la carrera, pero no como me hubiera gustado. Me enfadé mucho y lo pasé mal. Me fui a casa directa, no disfruté ni de la Villa Olímpica. Creo que no estaba preparada para caerme. Si alguien me hubiera dicho: “Disfruta”… Si ahora me caigo, después de todo lo que sé, me lo hubiera tomado de otra manera.

En septiembre corrimos la contrarreloj del Campeonato del Mundo en Benidorm. Acabé el año agotada con 24.000 km. No fueron los resultados esperados, rescindieron las ayudas y no hubo beca para nosotras. Yo pensaba que habíamos trabajado mucho y me quedé en la Blume en Madrid entrenando pero sin competir.

En agosto del 1993 nos llamaron quince días antes para llevarnos a la prueba de contrarreloj por equipos del mundial de Oslo y después de haber entrenado todo el año sin mucha motivación tampoco salió bien.

En aquel momento me replanteé todo. Pensé en todo el esfuerzo que habíamos hecho hasta la Olimpiada de Barcelona. No había ayuda para continuar en el ciclismo y no tenía estudios. Ante aquella situación me matriculé en Magisterio de Educación Física. Dejé de entrenar, corrí a pie, hice bicicleta de montaña y engordé 10 kg. Me centré en los estudios. Aunque en la Universidad quise pasar desapercibida, en Salamanca era una estrella, porque era la única deportista que había ido a unos Juegos Olímpicos entre los compañeros. La carrera era muy de deporte y sin quererlo sobresalía mucho. Los compañeros y los profesores fueron los que me animaron a retomar el ciclismo y empecé de nuevo a montar en bici.

En el año 1995 un día me llamó José Luis Algarra, que estaba de director de deportes de RFEC y yo lo había tenido de técnico en Castilla y León. Le dije que de volver a entrenar lo que me motivaría sería preparar la contrarreloj individual. Hasta el 1995 el Mundial se disputaba únicamente en contrarreloj por equipos, pero se incluía la modalidad individual y la verdad es que eso sí que me motivaba. Volví ese año al ciclismo y gané el Campeonato de España CRI individual. 

 

La verdad que la contrarreloj individual es impresionante. Es una auténtica lucha contra ti mismo, es un esfuerzo total que da una satisfacción tremenda. A mí es una modalidad que me apasiona y es donde he encontrado yo también mi lugar.

La contrarreloj es agónica, pero me encantaba. En el año 1996 hice el récord de la hora en Anoeta con la bici de un compañero de una talla 58: ya te mandaré una foto para que la veas. En total gane siete Campeonatos de España y el mejor resultado lo logré con el bronce en el Campeonato del Mundo de 2001 en Lisboa. 

 

¿De aquella primera época guardas algún recuerdo especial?

Recuerdos tengo muchos. Recuerdo en especial mi primera carrera en Laredo. En la subida de 3 km ataqué de abajo y llegué arriba únicamente con 7 corredoras. Recuerdo el sentimiento de grandeza que aquello me dio. Yo, aunque después con los rusos a base de trabajar tanto la fuerza y el entrenamiento individual musculé mucho, en mis inicios era escaladora y tenía mucha facilidad para subir, porque era muy ligera. 

 

¿Y algún recuerdo peor, Dori?

En el Mundial de Japón de 1990 un famoso director deportivo nacional español en la recepción del hotel dijo una frase que no se me olvidará en la vida: “¡Qué bien que habían llevado a las chicas a hacer turismo a Japón!”. Sentí una impotencia muy grande en ese momento…

Nos dieron a las corredoras a elegir si llevar fisioterapeuta o mecánico al campeonato y elegimos fisio. No teníamos mecánico. Y no te creas que los mecánicos del equipo masculino nos ayudaron. Había muchísimo machismo y yo vivía cabreada con el mundo y lo cierto es que perdía mucha energía. Yo luchaba pensando en las mujeres. Me hacía sentir muchísima impotencia todo aquello. Yo no reivindicaba para mí, reivindicaba para todas, porque aquello no me parecía justo.  Pero entre nosotras había compañerismo, éramos muy nobles, nos matábamos en la carretera, pero supimos ser compañeras. Destacaría nuestros valores deportivos en aquella época. 

 

Lo cierto es que a día de hoy desgraciadamente no ha llegado la igualdad al deporte pero en muchos aspectos las cosas han mejorado y eso es gracias a vosotras. Estabais muy solas y abristeis el camino. Os une la historia del ciclismo y eso quedará ahí para siempre. ¿Y tu periodo de pista?

El ruso que estuvo con nosotras preparando Barcelona 92 estaba en la selección de pista y se puso en contacto conmigo tras el récord de la hora de 96 para que hiciese pista. Yo le dije que el sistema de vida de concentraciones no lo quería llevar, que quería terminar la carrera y no quería estar todo el día de aquí para allá.

Me propuso correr la última Copa del Mundo de Grecia, clasificatoria para el Campeonato del Mundo. Había que hacer entre las tres primeras. Me concentré en Barcelona y quedé tercera en la prueba de Puntuación. Imagínate, con una bicicleta sin frenos ni nada y yo atacaba  y atacaba hasta que me marchaba. Cuando arrancabas y cogías vuelta ganabas la carrera.

En 97 fui al Campeonato del Mundo de Perth en pista y quedé segunda tras la mexicana. Entonces volví a tener una beca ADO. Eran muy buenas becas, de 5 o 6 millones de pesetas. Me salieron colegios concertados en Salamanca para trabajar como maestra, porque no había profesores de Educación Física, pero yo volví a apostar todo por el ciclismo. 

 

 

Y tras 10 años en el ciclismo, tras todas las idas y venidas, con 28 años llega tu gran triunfo. Me encantaría escuchar cómo te coronaste como Campeona del Mundo de pista en Burdeos.

 

Eso era otra época de mi vida. Después de todo lo que había sufrido y entrenado años atrás, tenía mucho fondo. Con la selección de pista había trabajado todo específico: la velocidad y la potencia. Yo siempre supe que el trabajo que habíamos realizado aquellos años atrás para Barcelona 92, aunque los resultados luego no fueron los esperados en aquel entonces, lo tenía dentro.

Pasé todo el verano entrenando en Valencia, pero los fantasmas del pasado llegaron a mí en la última semana del descanso. No quería que pasara como en el 92: quería llegar descansada y bien de fuerzas.

La noche anterior vino a hablar conmigo José Manuel Moreno, que ya había sido campeón del mundo en Stuttgart y campeón olímpico en Barcelona. Vino a verme a la habitación la noche anterior a la carrera y me dijo: “Te veo mal, Dori, pero mañana vas a ganar”. Ahora me lo recuerda muchas veces.

Desde la salida hice un buen calentamiento que para mí, como buena fondista, era importante. Era más madura y la cabeza fue fundamental porque físicamente me sentía cansada. Arranqué y la mexicana me cogió, pero pensé que no me podía pasar como el año anterior que hice plata detrás de ella, así que volví a arrancar y gané la carrera. Tenía claro que tenía que morir. Desde que tenía 19 años sabía que tenía algo y lo saqué allí. Lloré como una Magdalena al llegar.

 

Dori Ruano, campeona del Mundo ¿Qué hiciste después de aquello?

Seguí compitiendo también en carretera gracias a la beca. Me gustaba mucho la carretera y cometí un error: quise hacerlo todo, compaginar pista y carretera. Corrí varios Tours con España, uno con Joane, aunque las vueltas se me daban mal. ¡Al tercer día me quería morir! Me venían bien como preparación, porque cogía mucho fondo, pero eran muy duras. Los desplazamientos eran muy largos, comíamos mal. Era todo muy triste en aquellos tiempos. 

Me metí en un pozo. En el 99 hice todo el calendario de pista y carretera, y a la Olimpiada de Sydney 2000 pensé que no llegaba. Hice séptima, diploma olímpico. Estratégicamente no corrí bien porque debí haber atacado antes; de haberlo hecho hubiera sido campeona olímpica. 

En 2001 me dediqué a la carretera y, aunque hice cuarta en el Campeonato del Mundo pista, después de ser segunda en el 97 y primera en el 98 parecía que el cuarto puesto era poco.

Ese mismo año en el Campeonato del Mundo de Lisboa fui bronce en la contrarreloj individual.

En 2002 me dediqué a la carretera, pero se me juntaron muchas cosas. A mi hermana le detectaron un cáncer y a mi padre también. Fueron tres años de muchísimo sufrimiento y fallecieron con un año de diferencia, ella con 49 años. Quería entrenar pero también quería estar con la familia. Estaba fatigada de luchar contra los “arcaicos” de la Federación y en 2003 ya quería dejarlo. En 2004 aguanté para la Olimpiadas de Atenas. Fui seca, con 49 kg: estaba sin fuerzas. Todo el día de hospitales, comía mal. Fue una época muy dura para mí, la peor etapa de mi vida. Ese sufrimiento es mucho más que el de la bici. En 2005 en el Mundial de Madrid me retiré.

 

¿Sientes que tu familia te apoyó?

Mis hermanas vinieron siempre a los campeonatos y aprovechaban para hacer turismo. Éramos siete hermanos, cuatro chicas y tres chicos. Mi madre siempre me apoyó, me tapaba todo ¡Las madres siempre nos encubren todo! Mi primera bici la compramos entre mi madre y yo a escondidas. Con el dinero que tenía ahorrado para una moto para moverme desde el pueblo, fui con ella a comprar la bicicleta.

 

¿Y a partir de tu retirada profesional qué hiciste?

En 2005 retomé los estudios. Me había quedado con ganas de estudiar INEF y en el 92 no me pusieron facilidades para compaginarlo con el ciclismo porque los estudios eran presenciales y yo pasaba mucho tiempo fuera de casa. Así que, como ya tenía los tres años de Magisterio, terminé INEF (Licenciatura en Educación Física).

 

¿Y qué tal tu experiencia desde el otro lado como directora deportiva del equipo fememino Lointek?

Pasaron varios años desde que yo había dejado de competir hasta que volví como directora al ciclismo y la verdad es que me costó adaptarme a las nuevas  generaciones. Además tenía ya mi vida montada en Salamanca, por lo que mi paso fue breve. Me hubiera gustado que la oportunidad habría llegado cuando me retiré, porque me hubiera gustado trasmitir mi experiencia a las chicas que llegaran detrás de mí: formar ciclistas. Cuando dejé de competir era muy rebelde y no me callaba nada. No interesaba una mujer así. Yo siempre he pensado que podría llevar una selección nacional. Cuando me llegó la oportunidad quizás era demasiado grande. Pero lo di todo. 

Me entristeció ver que muchas cosas no habían cambiado, que la diferencia era muy grande, en los premios por ejemplo. En definitiva no me gustó ver que todo seguía igual. Yo intenté transmitir a las ciclistas que hay que seguir luchando por lograr una igualdad porque el esfuerzo es el mismo para las mujeres.

 

Las mujeres como tú dejan huella. Has dejado tras de ti un gran legado. Luchar por la igualdad es una lucha difícil donde rara vez se ven los frutos: ¡debes estar agotada!

Me siguen llamando grupos de mujeres y participo en muchas cosas a favor de la igualdad, pero es cierto que estoy cansada. Llevo haciéndolo desde el principio y he muerto muchas veces en el intento.

 

 

¿Y ahora qué haces, a qué te dedicas?

Monté un centro en Salamanca de entrenamiento personal y además de dar clases dirigidas, llevo entrenamientos personales.

 

En lo personal, Dori…

En 2006 conocí en Salamanca a quien hoy es mi pareja,  Fran. Él es preparador físico de fútbol profesional y somos como el yin y el yang: yo soy la resistencia y él la fuerza. 

 

¿Qué cualidades debería tener, en tu opinión, una chica ciclista? En definitiva, con todo lo que has vivido, ¿qué le dirías a una chica que quiere ser ciclista?

Que sea muy tenaz y perseverante porque, si está ahí, se da por hecho que talento tiene. Creo que hay que tener una capacidad de sacrificio y sufrimiento fuera de lo normal.  Le diría que no hay que rendirse, que hay que caerte y levantarse. Creo que hay que ser muy constante porque eso es lo que te hace mantenerte: es lo que marca la diferencia.

 

¿Qué te ha enseñado el ciclismo, Dori?

A trabajar en equipo. A respetar al rival. A aguantar mucho y a sufrir más.

 

Por último, Dori. Echando la vista atrás, ¿crees que has sido reconocida como deportista?, ¿que todo el esfuerzo y el sacrificio han valido la pena?

Sí. Sin duda. Creo que me siento reconocida por los compañeros y compañeras ciclistas y también por el público. 

Llevo doce años en la Vuelta a España y allí me veo reconocida y disfruto mucho con lo que hago. Soy conductora de coches de invitados: ¡fui la primera conductora en la Vuelta! En 2009 me llamó Javier Guillén y hasta ahora.

La verdad es que todo lo que luché, lo que reivindiqué, me hizo sufrir mucho; y ahora en cambio todo me ha venido de vuelta y me siento muy respetada y valorada.

 

Me da mucha alegría escuchar eso, Dori. Creo que mereces sentirte así después de todo. Y la bici, ¿andas en bici?

Pues sigo montando en bici. Me gusta la gravel, aunque también corro a pie. Enganché a la bicicleta a Fran y montamos en la gravel, porque Salamanca es el paraíso terrenal para la gravel.

 

 

Ha sido un placer de charla, Dori. Sinceramente, me ha encantado. Creo que hacen falta más mujeres como tú, ya no solo en el ciclismo sino en la vida: luchadora incansable, desde una pasión sin límites. El ciclismo te ha dado lo que es tuyo, para siempre.

 

“Una verdadera luchadora no es la que siempre gana, sino la que, a pesar de sus derrotas, nunca se rinde”

 

Por Ziortza Villa

Fotos: Iñaki Azanza/www.zikliamatore.com y Archivo Dori Ruano

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