Día: 31 marzo, 2020

 

Monumentos, estelas, placas, estatuas, hitos, santuarios… las carreteras de media Europa están llenas de recuerdos ciclistas, lugares al exterior, en plena naturaleza, rodeados de madera y de viento, pequeños museos al aire libre que nos muestran la historia de nuestra “pequeña reina” y de todos los que tuvieron relación con ella.

Existe toda una geografía por recorrer a través del ciclismo. Rincones donde el tiempo se para y en  los que podemos leer la leyenda de este sufrido deporte, que nos recuerdan numerosas batallas vividas en forma de fama y de gloria, pero también de fracaso y expiación, de lágrimas y de sangre.

La tradición manda y siempre se opta por rememorar lo que sucedió en el mismo lugar y, si prestamos atención, seguro que escucharemos los susurros que se desprenden de estos sitios envueltos en la épica, el mito y la epopeya del ciclismo, y que nos hablarán de victorias y derrotas, de gigantes de la ruta y esforzados de la carretera que dejaron sus huellas, imborrables, para lo bueno y lo malo, para ser recordados con el paso del tiempo.

Hay cientos de ellos repartidos en las alturas de muchos puertos, cimas y cumbres de Francia, Italia o España, pero hemos querido escoger, unos cuantos que os iremos presentando. Son lugares de cultura ciclista, que no te debes perder, sobre todo si visitas estos pueblos y montañas que te proponemos, en los que hacer un alto en el camino es casi una obligación, para bajarte de tu bici y, con mucho respeto, rendirles pleitesía con devoción y admiración.

 

 

Bicicletas gigantes del Aubisque

Tres enormes bicicletas cada una con los colores de los maillots del Tour: una amarilla, otra verde y, cómo no, la blanca con lunares rojos de rey de la montaña, colocadas por deseo expreso de la Oficina de Turismo de Gourette “pour saluer le courage des milliers de cyclos qui franchissent tous les ans ce col mythique. Aujourd’hui il y a des photos du sommet avec les vélos et le somptueux panorama du Cirque de Gourette dans le monde entier…”

Fueron fabricadas con ocasión de la celebración de la 16ª etapa del Tour entre Orthez y Aubisque-Gourette, el 25 de julio del 2007, ganada por el danés Rasmussen. Los encargados de los trabajos y de dar forma a las bicis fueron los propios operarios de la empresa E.P.S.A. (Etablissement Public des Stations d’Altitude) que gestiona el dominio esquiable de la estación de Gourette.

Enmarcadas por un paisaje espectacular con bellas vistas, el deseo de los cicloturistas que llegan hasta aquí es fotografiarse junto a ellas, con poses para todos los gustos, pasándoselo fenomenal, riendo y bromeando. No es para menos: junto a ellas parecemos todos muy pequeños.

 

 

 

El Anillo de Arcalís (Andorra)

Es obra del escultor Mauro Staccioli, un italiano nacido en el pueblo toscano de Volterra, por encargo de la Caixa Andorrana de Seguretat Social para celebrar su 25 aniversario en el año 1991.

En Andorra, ascendiendo el precioso puerto de Ordino-Arcalís, con más de 20 km de subida ininterrumpida para salvar 1200 m de desnivel y alcanzar el Anillo, a apenas un kilómetro de finalizar la subida, se nos muestra majestuoso, magnífico. De cerca impresiona aún más: un gigantesco aro de color rojizo, de unos 12 m de diámetro, que se eleva a 2170 m de altitud. Ahí está, como si de una puerta estelar se tratara, esperando que alguien la cruce al otro lado.

A medida que nos vamos acercando, da la sensación de que una gigantesca rueda viene rodando montaña abajo. Un efecto sorprendente.

Según su autor, el Anillo representa la alianza entre el arte, el sentido de la vida y el paisaje, y ayuda a descubrir la imagen real, la verdadera perspectiva del entorno en el cual está enclavado. Para Staccioli la finalidad principal del Anillo no es la estética, sino que lo que intenta es que el espectador, en este caso el ciclista que llega hasta aquí influenciado y atraído por su indudable magnetismo, se interrogue y se haga preguntas, se cuestione el porqué de las cosas.

 

 

In Memorian a Antonio Martín en Barranco de Guayedeque (Gran Canaria)

La subida al Barranco de Guayadeque, reserva natural de uno de los valles más verdes y bellos de la isla de Gran Canaria, con todo tipo de especies tropicales, es también una de las más duras con sus 9 km de ascensión y numerosas rampas por encima de los dos dígitos sobre todo en su tramo final.

Cuando por fin lleguemos al merendero y área recreativa, es cuando encontraremos un tesoro medio escondido: el Monolito In Memorian a Antonio Martín Velasco, algo oculto por unas plantas llamadas tabaibas, justo en el centro del Barranco.

Podemos recordar  aquel maldito día de febrero de 1994 en el que Antonio Martín, de 23 años, la joven y firme promesa del ciclismo español, nos dejaba en la carretera después de sufrir un terrible accidente mortal, cuando volvía de su rutinario entrenamiento a su casa de Torrelaguna.

El año anterior, en diciembre, había participado en la edición de la Vuelta a Maspalomas, dejándoles una profunda huella por su trato exquisito, cercano, cariñoso y amable con todos.

Cuando falleció les dejó un gran vacío y una profunda tristeza, y Ángel Bara, el organizador, enseguida pensó en poderle rendir un sentido homenaje. Y qué mejor sitio que este Barranco de Guayadaque. Se puso en contacto con el Ayuntamiento de Agüimes, con su concejal de deportes y su alcalde, y desde el primer momento apoyaron la idea. Así fue como se instaló esa enorme roca, en la que el periodista José Antonio Díaz le dedicó la siguiente inscripción:

Una lágrima por un hombre, un recuerdo por el ciclista

ANTONIO MARTÍN In memorian

Agüimes, año 1994

 

Por Jordi Escrihuela

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