Día: 22 marzo, 2020

Todo depende del cristal con que se mira

 

Pienso en Francia y en su zona alpina. He tenido  oportunidad de pedalear unas cuantas veces sus puertos. Empecé, como lo hacemos casi todos, conociendo los grandes, los mitos. Alpe d’Huez, Galibier, Izoard, Iseran, Croix de Fer, Madeleine…son nombres, que casi con el mero hecho de pronunciarlos, emocionan y desprenden un aroma a desafío, batalla, leyenda y en definitiva ciclismo. En mis diferentes viajes repetí puertos, pero también busqué descubrir nuevos.  Tengo claro, que cuando hacemos algo que nos gusta y estamos en sitios que nos llenan, siempre somos capaces de ver, sentir y escuchar cosas nuevas. Cada visita es única y siempre hay algo que la marca.  La rampa que nos emocionó una vez, puede pasar casi desapercibida para quedar sustituida por ese impresionante desfiladero que no habíamos podido disfrutar; las idas y venidas de la carretera que casi nos marearon un día pasan a un segundo plano viendo el desafiante entorno montañoso que las rodea… y así, muchas historias más. Además, contamos con el añadido que supone ver un mismo lugar en un día azul y soleado o con una niebla que no se ve un metro, frío y lloviendo. Esto, que siempre genera impotencia y rabia, es sin embargo algo cuyo control nunca estará en nuestra mano: es ley en nuestro deporte y seguro que todos tenemos algún lugar “gafe” que no hay manera de pillarlo y disfrutarlo en un día espléndido.

Ahora no pienso en porcentajes, kilómetros  o retos deportivos. Me quedo con la cara B del disco, esa, que casi siempre suena extraña la primera vez, pero que muchas veces acaba siendo con la que más nos identificamos.

 

 

ALPE D’HUEZ Y SUS “AMIGOS”

Yendo a Alpes y a esa zona, sería imperdonable no subirlo, pero en la misma medida, sería una pena perder la oportunidad de conocer sus alrededores. Alpe d’Huez no es un puerto que me emocione especialmente, pero reconozco que tiene algo que engancha. De entrada ver cómo “trepa” la carretera por las laderas de la montaña es algo impresionante. Seguimos con su trazado, y esas 21 curvas de herradura, que han sabido convertirlas en las más famosas del ciclismo mundial, con el permiso de los 48 tornanti del Stelvio, crean una atracción casi fatal.

Pero vayamos a nuestra particular cara B, una recomendación que podría alargar algún día nuestra estancia en Alpe d’Huez o Bourg d’Oisans, pero que nos permitirá conocer lugares únicos, carreteras impensables en lugares casi imposibles. Oro puro para la vista y una oportunidad de vivir un buen número de sueños ciclistas. Hablo de lugares como el Col de Sarenne, que en pocos años ha pasado del anonimato a ser una visita obligada. De carreteras como la de Vilard Reculas o Auris con unos cortados al vacío de verdadero vértigo. De alternativas más conocidas, como sería la de Les Deux Alpes, a puertos de futuro que esperan su oportunidad para dejar su huella. Aquí podríamos hablar de lugares ya visitados por grandes pruebas como Ornon;  a desafíos como el col de Saulude (justo enfrente de Alpe d’Huez, un lugar que parece imposible); a otras vertientes casi desconocidas de Alpe d’Huez como la subida desde Vilard Reculas por el col de Poutran o la de Le Freney d’Oisans por Auris y La Garde. Sin olvidar joyas y apuestas de futuro que no dudamos tendrán su oportunidad para alcanzar la fama como el col de Sabot desde Allemont, pasando por Vaujany.

Hay veces que uno tiene miedo de recomendar lugares ya que siempre quedan dudas, pero hay otras, en las que uno lo tiene muy claro y esta es una de esas.

 

 

LA BONETTE-RESTEFOND

No soy un gran cinéfilo. Me gusta el cine como entretenimiento, para desconectar y me enganchan casi siempre  las pelis que tiene un final que me transmite algo positivo. Así es la Bonette, una peli con final feliz, una gran producción “creada” para llegar y gustar a todos. Lo tiene todo. Altitud (con sus 2.802 m), longitud (más de 25 km por cualquiera de sus vertientes), dureza, y nada menos que tres vertientes ya que a la de Jausiers y St Etienne de Tinée, habría que añadir la de Saint Dalmas le Sevage que se une a la de Jausiers a 3 km de la cima, después de atravesar varios kilómetros de un espectacular sterrato.

En La Bonette lo primero que recordamos todos es su bucle final, ese capricho de Napoleón por convertir el puerto en la carretera de tránsito más alta de Europa. Completamente normal, pero La Bonette es mucho más. Mi vertiente preferida es la de Jausiers: lo tiene todo. Una joya de principio al final que hay que saborear metro a metro. Antes de su bucle final hay “muchas aventuras” que recorrer,  disfrutaremos de kilómetros de ascensión con carril bici, de zonas boscosas, de curvas caprichosas, de pequeños barrancos, de praderas espectaculares, de la compañía de ganado, de las marmotas, del lago Essauprés a casi 2.500 m, del refugio y casas militares de Napoleón en la zona de Restefond  y todo ello rodeados permanentemente de desafiantes y agrestes montañas.

No esperéis sólo al final, disfrutad del camino. Un lugar para hacer buena una de mis frases favoritas: saberse pequeño para sentirse grande.

 

 

CHAUSSY

Siempre he pensado que entre una pista y un camino asfaltado hay muy poca diferencia. La clave está simplemente en el control de tráfico, y esto es algo que nuestros vecinos franceses manejan a la perfección. Con control y protección (que la gente se desmadra muy rápido), los lugares más bellos son para disfrutarlos y no para esconderlos. Hace unos años, asistimos al “renacer” de una tramo de carretera increíble: los “lacets de Montvernier” y digo renacer ya que la carretera existe hace muchos años (creo que hace ya 10 que lo subí por primera vez). Pero Montvernier, nos ha dado algo más: ha permitido conocer el espectacular col de Chaussy, gracias a una etapa del Tour que permitió arreglar tanto los lacets como asfaltar la pista que desde su cima nos llevaba al descenso de La Madeleine camino de Chambre. Chaussy ha estado siempre ahí con su subida desde Pontamaffrey, pero era un puerto de una sola vertiente y eso siempre ha sido un freno para muchos. Ahora es puerto de paso, abre infinidad de posibilidades de rutas y gracias a ello su popularidad no va a parar de crecer. Aumenta la oferta del Valle de Maurienne, el ciclismo gana, los cicloturistas, excursionistas, montañeros, también. Un punto más a favor del turismo de la zona, y estoy seguro de que mantendrá un total respeto al entorno y la naturaleza. Una buena oportunidad para tomar nota…

 

 

ALPES MARÍTIMOS

Los llamados Alpes marítimos siempre se han mantenido en un segundo plano. Nadie duda de sus posibilidades pero la gente siempre ha mirado más al norte. Quizás no contar con núcleos urbanos importantes o sus enrevesadas carreteras de acceso hayan jugado en su contra, pero no tengo dudas de que estamos ante una de las zonas con más capacidad de sorprender y que más juego da para preparar dos o tres etapas. Barcelonette o Jausiers podrían ser los lugares de referencia (con el permiso de algunas estaciones de invierno como Pra-Loup o Le Sauze) para montar el campamento base desde donde atacar puertos como La Bonette, Larche, La Cayolle, Champs, Allos, Lac d’Allos, SuperSauze, Pra-Loup o Vars. Incluso podríamos tratar de dar un paso más y atacar el majestuoso pero muy deteriorado (la pista que empieza en Sainte Anne-La Condamine, actualmente es solo recomendable para btt) Parpaillon, o para preparar propuestas fondistas llegando a Isola 2000, Lombarde o La Couillole.

Toda la zona es especial y en ella empieza a notarse la influencia mediterránea que generalmente suele hacer el clima algo más benigno.  Los puertos que os cito son verdaderas joyas, y en particular me voy a quedar con dos, La Cayolle y Champs: un encadenamiento por encima de los 2000 metros con argumentos para “emocionar”.

Podríamos seguir nombrando puertos, pero en el ciclismo es clave ir poco a poco, paso a paso. Los atracones no son buenos y somos más de degustar poco a poco.

 

Por Jon Beunza

Fotos: Andoni Epelde

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