Día: 5 marzo, 2020

Para leer este artículo os recomiendo, si me lo permitís, que os relajéis y os pongáis como música de fondo la dulce y suave sintonía de esta hermosa canción del recordado Antonio Vega: “El sitio de mi recreo”.

 

Yo lo estoy haciendo en este momento, mientras escribo estas líneas, escuchando los primeros acordes de su guitarra y su desnuda voz, siempre buscando la inspiración para intentar trasladarnos, todos juntos, a esos lugares secretos que todos escondemos y que solemos visitar muy a menudo, como el propio Antonio nos evoca al cantar al sitio de su recreo.

 

La idea de sumergirme en esta melodía, escrutando entre nuestros sueños para dejar volar la imaginación a la hora de planificar este artículo, fue de Jon, quien me comentó que le encanta esta poética composición porque es un reflejo fiel de lo que muchos deseamos cuando enfilamos los manillares de nuestras bicis a la búsqueda de esos lugares donde nos encontramos a gusto en cuerpo y mente.

 

Esos sitios a los que siempre nos gusta volver, que nos tienen atrapados, que suelen ser especiales, casi mágicos, porque en ellos podemos disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor, o bien porque es capaz de provocar en nosotros sensaciones y sentimientos, que solo podemos encontrar en estos lugares como la tranquilidad, la alegría, la esperanza, o bien porque nos dejamos simplemente invadir por la melancolía que nos trae recuerdos imborrables a nuestra memoria.

 

Son, en definitiva, esos rincones que nos dan la paz interior, lugares con alma que guardamos y retenemos en nuestra mente, y que casi con los ojos cerrados somos capaces de verlos, mientras podemos notar la ligera brisa que sentimos cuando pedaleamos hacia ellos atraídos como un imán, como los infinitos campos que divisa Antonio cuando visita el sitio de su recreo.

 

“Donde nos llevó la imaginación

Donde con los ojos cerrados

Se divisan infinitos campos”

 

Para los que no son tan bucólicos y prefieren ser más prácticos, porque su deseo es entrenar, ponerse en forma, competir… también ellos tienen sus lugares para recrearse y experimentar sensaciones.

 

Yo los tuve en su momento, porque ahora soy más de ese nutrido grupo que cuando sale en bicicleta solo intenta buscarse a sí mismo, porque a mi edad, aunque aún puedo sentirme como un crío pedaleando, las piernas y el corazón ya no son los mismos, y esto hace que me lo tome con más calma en estos sitios de mi recreo, que me invitan a parar y contemplar “solo para mis ojos” montañas y sierras, llanos y campos, ríos y rieras, atravesando carreteras con encanto.

 

“Silencio, brisa y cordura

Dan aliento a mi locura

Hay nieve, hay fuego, hay deseos

Allí donde me recreo”

 

Para el segundo grupo, el más combativo, son esos lugares a los que también vuelven una y otra vez, porque son terrenos que han diseñado a su medida, más o menos duros e intensos, para mejorar la escalada, por ejemplo, y exprimirse a tope. Sitios para el recreo en los que lo dan todo, marcados por sensaciones, por pasos de tiempo, por estados de forma, que no se cansan de repetir y en los que pueden hayan estado centenares de veces.

Estos lugares nunca son escogidos al azar, ya que cuando viajamos con nuestras bicis la visión de algunos parajes deja grabada en nuestras retinas imágenes que nos han dejado huella por un motivo u otro.

El sitio de nuestro recreo no hace falta que sea lejos; al contrario, los solemos tener muy cerca de casa, son acogedores y no permiten que pasemos de largo por ellos, ya que precisamente lo que buscamos es tomarnos el tiempo que nos haga falta, detenerlo y disfrutar para que nuestra alma forme parte indisoluble de ese lugar tan íntimo para nosotros.

 

“De sol, espiga y deseo

Son sus manos en mi pelo

De nieve, huracán y abismos

El sitio de mi recreo”

 

Recuerdo que, siempre después de ascender un gran puerto con mi bici, les decía a mis amigos que me dejaran cinco minutos allí arriba, solo, sentado al borde del abismo, en actitud contemplativa, elevando mi mirada en la inmensidad de aquellas cumbres, sin nadie que me molestase, solo las montañas y yo, viéndolo todo, pero sin reparar en nada en concreto: era mi pequeño recreo, donde podía coger fuerzas para seguir adelante. Era mi minuto de gloria, por haber llegado hasta allí, tan arriba, mi tiempo de meditación y recogimiento ante tanta belleza.

 

“Donde se creó la primera luz

Germinó la semilla del cielo azul

Volveré a ese lugar donde nací”

 

No pudo ser más acertada la decisión de Jon de elegir esta canción paisajística para homenajear esos sitios que tanto nos gustan y que en boca de su propio autor, Antonio Vega: “estos rincones responden a un momento de inspiración en el que encuentras una secuencia que te lleva por un camino y más que un lugar es un estado de consenso contigo mismo, un lugar no conflictivo”.

Y vosotros, ¿cuál es el sitio de vuestro recreo?

Por Jordi Escrihuela

Fotos: Andoni Epelde

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