El valor de lo auténtico
En medio de tantos paisajes bellos, solitarios y abruptos de la península ibérica, subsisten «milagrosamente» Os Ancares, un lugar inhóspito para algunos y mágico para otros, donde nada ni nadie altera la paz infinita de sus valles y montañas. En esta comarca del noroeste peninsular tiene lugar el encuentro del mundo mediterráneo y el mundo atlántico, caracterizadas ambas regiones, eurosiberiana y mediterránea, por un conjunto de especies y de comunidades vegetales con sus particularidades climáticas, geográficas e históricas.
Naturaleza en estado puro y, muy de vez en cuando, el cruce de algún vehículo que transita solitario por carreteras secundarias, olvidadas en la mayoría de los mapas. Y aquí y allá, como sembradas en desorden, la presencia de escondidas aldeas que encuentran su cobijo en las laderas montañosas, donde los lugareños sobreviven básicamente del ganado.
Su aislamiento geográfico y el amor al entorno de sus habitantes han permitido que Os Ancares lleguen hasta nuestros días conservando plenamente la virginidad de sus paisajes y unas costumbres que perviven ajenas a cualquier influencia exterior.
Y es que la vida de sus gentes transcurre vinculada inseparablemente al difícil y frondoso territorio que la define, con fuertes pendientes y una riqueza forestal sin igual.
Los picos Cuiña, Miravalles, Tres Obispos y Mostallar (cumbre más alta de Lugo y segunda de Galicia), cumbres míticas para la memoria de los aficionados al montañismo, los valles amplios con paisajes revitalizadores, surcados por ríos y arroyuelos en agradable sinfonía, la arquitectura popular, en especial sus célebres “pallozas”. Y Piornedo, que si bien no es la única aldea en la que quedan pallozas, pero sí la más famosa. Se trata de cabañas prerromanas habitadas al alimón por humanos y animales y que estuvieron en servicio hasta hace unos años, no demasiados. Tenían la gran virtud de aprovechar al máximo el calor para afrontar los terribles fríos invernales de la montaña. En su lugar Piornedo ofrece ahora un hostal moderno, desde el que escribimos estas líneas. En su salón mirador sobre la montaña ancaresa las ideas y las emociones fluyen sin cesar embriagados como nos hallamos ante tanta magnificencia y silenciosa soledad. Podemos asegurar que la localidad de Piornedo y sus gentes son una buena muestra de la forma de vida de los habitantes de esta comarca y de su manera de entenderla, una vida tranquila y sosegada como solo la naturaleza sabe regalar.
Ancares en el corrillo ciclista nos trae “Pan do Zarco, Froome, Contador…”. Pero pocos saben que, amén del “Mortirolo Gallego”, existen puertos de todas las distancias y porcentajes en este auténtico “territorio comanche”.
Todas las rutas que llevan a Ancares son tortuosas y quebradas: ya que gran parte de las aldeas ancaresas están localizadas cerca o por encima de los 1000 m de altitud, entre montañas o sobre ellas. Cualquier itinerario de acceso a Ancares nos obligará a serpentear hacia arriba y hacia abajo por carreteras que, afortunadamente, cada vez están en mejor estado.
Conclusión: infinidad de puertos de una altitud considerable, carreteras transitables y… sin apenas tráfico. Un vergel para la práctica del ciclismo.
El puerto de Ancares es el rey, por cualquiera de sus vertientes, pero para llegar a la vertiente de Pan do Zarco o de Balouta, tenemos que subir antes Serra Morela (o Folgueiras), con 10 km al 7%; para llegar a Piornedo (la aldea prerromana por excelencia, junto con O Cebreiro) desde Proba de Navia/Navia de Suarna nos espera A Campa de Laviadas, un puerto no muy duro pero que podría considerarse de 1ª categoría; desde Cervantes, no queda otra que subir “Sete Carballos” por cualquiera de sus vertientes de más de 15 km; para entrar en Ancares por Doiras, hay que subir a Degrada (12 km); para ir de Cervantes a Pedrafita, Pintinidoira (11 km preciosos y durísimos), O Portelo, Villasol, O Cebreiro… Así hasta una colección de ascensos de“1ª categoría” que se cuentan por decenas, unos conocidos y otros totalmente camuflados entre la frondosidad de este Parque Natural.
Desde ya estáis citados para descubrir esta comarca en toda su esencia y su dureza. Ya lo hacen los cada vez más numerosos cicloturistas que se acercan hasta aquí para enfrentarse y derrotar al monstruo. ¿No deseabais saborear el valor de lo auténtico?


























