Puertos y rutas
La oferta de carreteras en la Val d’Aran es variada y de enorme atractivo. Entre los 2076 metros de altitud de la Bonaigua y los 583 metros de Eth Pònt de Rei en la frontera francesa, transitaremos todo tipo de paisajes, ambientes, anchura de carreteras, pendientes y bosques. Denominador común en todas nuestras rutas serán los entornos de alta montaña con un intenso color verde rodeándonos.
La morfología de la Val d’Aran, completamente vertebrada por el Garona, hace difícil la combinación de rutas circulares. Podremos planificar diferentes variantes a algunas de las subidas, pero la mayor parte de los puertos permiten únicamente una única vía asfaltada. Eso no desmerece en absoluto ni el interés de sus estupendos puertos ni la magnífica belleza de su entorno, que suponen una enorme atracción para el visitante que se acerque con una bicicleta a la Val d’Aran. Además, algunas de las subidas tienen enormes carteles que nos van informando de la altura y la pendiente media del siguiente kilómetro. Un significativo ejemplo del interés que demuestra el Conselh Generau d’Aran por promover el turismo de bicicleta.
Nos centraremos en un principio en los puertos más emblemáticos de su geografía, para luego dar paso a las rutas circulares que se pueden completar con la bicicleta de carretera o con la bicicleta de gravel. En ocasiones nos saldremos con nuestras rutas de la Val d’Aran. Esto está plenamente justificado, ya que tanto el departamento francés de la Haute Garonne como la comarca catalana del Pallars Sobirá son zonas limítrofes de enorme atractivo que nos ofrecen la posibilidad de completar nuestras rutas con origen en Vielha.
Las rutas que encontraréis en este artículo son de alta montaña y exigentes, pero el ciclista más ambicioso y amante de las “etapas multipuerto” puede saciar sobradamente su sed de enlazados de gran dureza en el Val d’Aran. Más allá de las propuestas de etapas que desarrollaremos en este artículo, me gustaría plantear la que podríamos llamar “La Ciclomaratona del Baish Aran”: un magnífico desafío de 160 kilómetros y 5000 metros de desnivel enlazando de manera parcialmente circular las 7 subidas con más de 400 metros de desnivel que hay en el Baish Aran. La ruta sería Eth Pònt d’Arròs, Saut deth Pish, Arròs, Vila, Aubert, Bassa d’Oles, Plan Batalhèr, Artiga de Lin, Es Bòrdes, Portilhon, Les, Sant Joan de Toran, Les, Portet de Les, Bossost, Guardader d’Arrès, Bassa d’Arrès y bajada por Vilamos a Eth Pònt d’Arròs. Todo un empacho de puertos que a buen seguro hará las delicias de todos los amantes de la escalada en bicicleta.
Bassa d’Oles
Aunque la segunda mitad de esta subida es de vertiente única, la primera mitad la podemos completar desde 3 vertientes diferentes: la de Vielha, la de Artiga de Lin y una tercera vía muy estrecha y escondida en el bosque que sale del pueblecito llamado Aubert. Esta última es sin duda una de esas carreteras que siempre nos encanta a Ziklo: estrecha, sin tráfico, zigzagueante y en un magnífico entorno natural. Desgraciadamente en los últimos años ha padecido las inclemencias climatológicas, sin que se hayan reparado los numerosos baches que van poco a poco ampliándose, aunque para no nos supondrá un impedimento en nuestra subida.
Una vez más, podríamos estar en una carretera propia de otras latitudes más centroeuropeas, como la Selva Negra alemana o el Tirol austríaco. Es una de las grandes riquezas para el cicloturista en la Val d’Aran: la peculiaridad de los valles, bosques y paisajes que no acostumbramos a encontrar en la geografía peninsular.
Tras un corto tramo duro poco después de acabar el tercer kilómetro, finaliza nuestra carretera y nos incorporaremos a una nueva magnífica carretera. Se trata de una carretera que en esta zona es bastante llana y bordea en altura el valle del Garona a unos 1100 metros de altitud. Aunque en esta subida apenas transitaremos un par de kilómetros, recomendamos incluirla en nuestros planes ciclistas durante nuestra estancia. Accedemos a esta carretera girando a la izquierda. Pasamos poco después la magnífica área recreativa del Plan Batalhèr, para en bajada girar a la derecha y afrontar la segunda mitad de la subida.
La carretera también es estrecha y tiene numerosas curvas de herradura, pero es más abierta que la que llevamos hasta ahora, lo que habrá que tener en cuenta si nos acercamos a ella en verano. Los últimos 3 kilómetros son muy regulares y con una exigente pendiente media de 9,3%. En la cima llegamos al altiplano en la que se encuentra el lago, un amplio parking y una fuente de agua fresca y abundante que nos ayudará a reponernos del esfuerzo.
Artiga de Lin
Lo subí por primera vez apenas un año después de haber vivido en Austria. El primer pensamiento que me vino a la cabeza en la cima fue: “si nunca has pedaleado en los Alpes austriacos y quieres saber qué se siente, ven a Artiga de Lin en primavera”.
No exagero en absoluto si digo que estamos ante una de las subidas más hermosas no sólo de esta comarca, sino de todo Catalunya. Toda la subida transcurre ascendiendo por un valle de origen glaciar. El agua que desciende por ella viene directamente del glaciar del Aneto. Pero si los valles que rodean el Aneto y la Maladeta están en Huesca, ¿cómo es esto posible? Pues el agua, que no entiende de fronteras, se oculta cuando se encuentra a 2.704 metros de altitud, pasa bajo montañas de casi 3.000 metros y reaparece en la superficie a 3,6 kilómetros de distancia en nuestro valle. Concretamente lo hace en los Uelhs deth Joèu u Ojos de Júpiter, a una altitud de 1400 metros y justo a tiempo de descender por unas impresionantes cascadas de agua turbulenta y de ruido ensordecedor.
Pero empecemos por el principio. Arrancamos en el puente sobre el Garona. Accedemos enseguida a la localidad de Es Bòrdes con fuertes pendientes y callejeando por un tramo estrecho. De ella salimos ya con tramos de prados mucho más llevaderos y que nos acercan al valle por el que vamos a ascender. Llegamos al cruce de la carretera que viene del Plan Batalhèr y de la Bassa d’Oles, justo en una zona donde pasamos al lado derecho de un valle cada vez más encajonado y que, poco a poco, empieza a dar muestras de una carretera más irregular y con rampas frecuentes. Tras 6 kilómetros llegamos a una zona más abierta, en la que se encuentra un enorme parking. Desde aquí ya no pueden pasar los vehículos durante el verano, ya que únicamente se puede acceder en autobús a la zona alta del valle. Tras un tramo relativamente suave, afrontamos un exigente y precioso tramo arbolado de 500 metros con dos curvas de herradura, que nos da acceso a los Uelhs deth Joeu, cuyo sonido ya podemos oír y cuya humedad notaremos incluso en verano. Un último tramo duro nos da acceso a la cima y al altiplano en el que se termina el asfalto. A buen seguro el cicloturista más curioso querrá continuar su travesía unos centenares de metros por la pista de tierra casi llana para percibir en toda su belleza este amplio valle glaciar.
Saut deth Pish
Este “salto del pez” no debe de engañarnos con las cifras medias de esta subida, puesto que 11 kilómetros al 6,4% suena realmente asequible. Sin embargo, esta subida de nombre tan peculiar tiene tres partes con pendientes muy diferentes y dos ambientes también completamente diversos. Todo un puerto de primera categoría que no debemos de menospreciar.
La subida arranca en Eth Pònt d’Arròs, en la misma rotonda en la que comienza la subida a la Bassa d’Arres. Detrás del Hotel Penha, cogemos a la derecha un cruce a la derecha e inmediatamente después a la izquierda otro, que nos puede pasar fácilmente inadvertido y por el que nos adentramos en una estrecha carretera. Arranca con un bonito tramo paralelo al río Varradòs por zonas recientemente “remendadas” tras los habituales desprendimientos, fruto de los cursos de agua abundantes que se forman durante la primera mitad del año. En el cuarto kilómetro, se cruza el río y comienza un duro tramo con curvas de herradura frecuentes en el que ganaremos altura por encima del valle. Nos encontramos enseguida con el cruce de la pista que conduce a Vilamòs, que en el año 2022 se encontraba con arena y gravilla abundante e impracticable, a nuestro pesar, para la bicicleta de carretera. En total es un exigente tramo de 3,5 kilómetros a una media del 11% y que apenas nos da tregua. Justo tras pasar una borda, la pendiente de repente se suaviza y nos deja disfrutar de un cómodo paseo aéreo sobre el valle. Desde que abandonamos la cuna del valle, perderemos el abrigo de las rocas y quedaremos expuestos al sol, por lo que recomendamos evitar las horas centrales del día en verano.
Un poco al estilo que lo que ocurre en la celebérrima vertiente este de la Cobertoria, un último tramo muy llevadero nos invitará a acelerar y recuperar velocidad y buenas sensaciones en el desenlace de nuestro ascenso. La carretera sigue siendo estrecha y está en su totalidad carente de protecciones, por lo que debemos de tener cuidado con los vehículos y los bóvidos que nos encontraremos en esta zona de emoción contenida antes de coronar en el Pont de Varradòs, el punto en el que acaba el asfalto.
Tras coronar, no solo nos repondremos del esfuerzo durante el descenso, sino que tendremos un aliciente importante. El disfrute comienza desde el momento en que abandonamos el puente y comenzamos el lento y relajado descenso: carretera estrecha y pendiente modesta mientras vamos ganando altura sobre un río que se precipita por el valle. Tras 4 kilómetros de relajación y justo antes de llegar al tramo de mayor pendiente, si miramos de frente a la cabecera del valle nos encontramos con el macizo del Aneto y su glaciar al fondo. En realidad, se alinean desde esta posición nuestro valle con el valle de Artiga de Lin, lo que nos permitirá ver aquellas montañas alejadas desde una posición que no pudimos percibir en la subida porque quedaba a nuestra espalda. Una imagen magnífica que a buen seguro perdurará en nuestra memoria y que nos acompañará durante muchos años.
Apenas un kilómetro antes de finalizar el descenso, recomendamos desviarnos para subir en poco más de un kilómetro a la población de Arròs, ya de nuevo en el valle del Garona. Desde allí, podemos bajar a Vila, una localidad muy cercana en cuya entrada podemos contemplar el bonito monumento y la placa que dedicaron aquí a Luis Ocaña.
Guardader d’Arres
Vamos a subir a un mirador (guardader en aranés) sobre el valle del Garona y lo haremos ascendiendo por una subida corta y, paradójicamente con su nombre, ilocalizable subida. Al igual que pasa con su vecino y duro Portet de Les, desde abajo puedes intentar intuir por donde subirá, pero no la encontrarás, ya que zigzaguea dentro de un denso bosque pirenaico dentro del propio valle del Garona. Sin embargo, se trata de una subida muy conocida, ya que es el collado (que no puerto) asfaltado de paso más duro que se puede transitar íntegramente dentro de la Val d’Aran. La descripción que aquí realizamos corresponde a la vertiente noroeste, ya que la vertiente sudeste se incluye en la subida a la Bassa d’Arres.
Arrancamos cruzando el río en Bossost. La carretera es estrecha desde el principio y se mantendrá así hasta la zona más alta. Tras una breve tregua inicial, comienzan 6 kilómetros realmente regulares y con una pendiente que siempre se mantendrá en torno al 10%. Apenas podemos comprobar nuestra ubicación, ya que en medio del bosque cuesta tomar referencias de nuestra altura con respecto a las montañas cercanas o a Bossost. Tampoco hay praderas, ni descansos, ni bordas; solamente bosque en una empinada ladera y curvas de herradura. Es una buena subida por tanto para concentrarse en nuestro esfuerzo y marcar el ritmo constante que mejor nos convenga.
Los últimos 400 metros son completamente llanos y, por suerte, han sido recientemente reasfaltados. Ahora sí que salimos del bosque y transitamos una zona de rocas, en la que comprobamos desde el mirador por encima de un cortado rocoso sobre el valle del Garona, todo el desnivel que hemos ganado en nuestro ascenso. Todo un merecido espectáculo visual tras el notable esfuerzo realizado.
Portilhon
Este puerto constituye una de las dos únicas fronteras con Francia que tiene la Val d’Aran. Es muy conocido del ciclismo profesional y una vía importante de comunicación, ya que permite pasar de Bossost a Bagnères de Luchon en solo 19 kilómetros, en lugar de los 41 kilómetros necesarios si se decide elegir la otra frontera por el valle. Se ha convertido por tanto en un puerto conocido en etapas de montaña, rutas transpirenaicas y salidas ciclistas, pero siempre con la particularidad de no ser la motivación principal de esos recorridos, sino que se convierte en un puerto adicional, un aliciente más del plan previsto.
La subida se desarrolla íntegra y exclusivamente en la N-141, que es una carretera nacional como su nombre indica, pero que probablemente sea la carretera nacional más corta de España, ya que solo tiene los 8,2 kilómetros que constituyen la vertiente este de este puerto. Nos tenemos que preparar por tanto para una carretera ancha, aunque sin arcén, y con un tráfico notable a todas las horas del día.
Arrancamos en una rotonda bien señalizada a las afueras de Bossost. Ascenderemos también por la ladera del valle del Garona, aunque no de una manera tan sinuosa como en el Guardader d’Arres. El bosque no es tan denso como en otras zonas de la Val d’Aran, por lo que conviene evitar iniciar el ascenso por esta vertiente a las horas de más calor. La carretera alterna pendientes entre el 5% y el 12% de manera muy variada, lo que nos impedirá marcar un ritmo constante de subida y hará que nuestro esfuerzo sea mayor del que podríamos haber supuesto. Uno de los puntos de interés de esta carretera es el Aran Park, un parque de animales situado en el kilómetro 6 de ascenso, y que está situado en una zona en la que ya nos acercamos a los altiplanos del puerto. De hecho, desde este punto ya percibimos laderas más suaves en nuestro entorno, lo que es un claro indicador de que el fin del esfuerzo se acerca. El puerto se nos aparece de manera repentina en un pequeño tobogán y señalizado con un monolito, de esos tan habituales en este tipo de fronteras de montaña.
La Bonaigua
El puerto de paso asfaltado más alto de la mitad norte de la península tiene su vertiente este en el val d’Aran. Sin ser ni mucho menos tan famoso o duro como sus vecinos pirenaicos del lado francés o andorrano, es uno de esos puertos que hay que subir al menos una vez en la vida. Y puestos a elegir, vamos a centrarnos precisamente en la vertiente del Val d’Aran, que, desde mi punto de vista, tras las obras acometidas en la vertiente oeste, es la más atractiva.
¿Dónde situar el comienzo del ascenso a la Bonaigua? Pues es una de esas preguntan que no tienen fácil respuesta. Os ofrecemos aquí el perfil completo desde Vielha para que saquéis vuestras propias conclusiones. Dada la poca entidad de sus primeros kilómetros, yo lo situaría en Arties. Sea como fuere, los primeros kilómetros son una aproximación de largas rectas con un amplio arcén en el que se suceden poblaciones separadas por uno o dos kilómetros. Nuestro principal aliciente en esta zona son las bonitas y cuidadas casas que se asoman al valle, de una arquitectura de montaña característica que enseguida asociaremos con la de localidades como Benasque o Jaca.
La cantidad de tráfico sobre todo en estos kilómetros iniciales varía mucho, por lo que recomendamos siempre las primeras horas de la mañana para transitarla. Pasado Salardú, las pendientes comienzan a ser de cierta entidad. Abandonamos la compañía del río y comenzamos a ganar altitud con un par de curvas de herradura por la margen izquierda del valle. Llegamos en largas rectas a Baqueira, uno de los lugares turísticos construidos por y para el esquí y que transitaremos completamente vacío y con todas las persianas bajadas. Dejamos atrás el cruce al Plan de Beret y seguimos rectos, por una carretera de la que desaparece el magnífico arcén del que disfrutábamos. Seguimos ganando altura sobre el valle y comenzamos a transitar las primeras galerías.
Uno de los grandes placeres de subir La Bonaigua es su similitud a alguno de los grandes puertos alpinos. La manera de ignorar el lecho del valle y ganar altura por uno de sus flancos hasta salir del valle por él, nos recuerda al trazado de las dos vertientes de la Grossglockner Alpenstrasse o de la parte final de la vertiente italiana del Passo del Rombo. Sigue siendo un puerto de largas rectas, incluso en la zona final, en las que éstas se combinan con 4 curvas de herradura, también en un trazado muy habitualmente alpino. Las vistas sobre la cola del valle y con el Parc Nacionau d’Aigüestòrtes e Estanh de Sant Maurici de telón de fondo son absolutamente magníficas en esta parte final. La carretera sigue siendo ancha, pero seguimos echando de menos el arcén en esta carretera, que, dependiendo de las fechas y las horas, puede llegar a tener un tráfico notable.
En la cima encontraremos sillas y tramos de pistas de la estación de esquí de Baqueira Beret. La estampa del Resturante Cap del Port le confiere un aspecto muy característico a este puerto, uno de los más conocidos de toda nuestra geografía y que no deberíamos dejar de ascender durante nuestra estancia aranesa.
Plan de Beret
Plan de Beret en aranés, es una subida clásica bien conocida por ser final de etapa en algunas etapas pirenaicas de montaña de la Vuelta y del Tour. Sin embargo, hoy descubriremos que su atractivo para el cicloturista va mucho más allá del propio aroma que desprenden las historias de las grandes citas del ciclismo profesional.
No es, sin embargo, un puerto especialmente duro y en este caso sus cifras no engañan, ya que no tiene ningún kilómetro por encima del 7% ni rampas de dos cifras. Pero su ubicación lo ha convertido en un escenario propicio para finalizar duras etapas pirenaicas, sobre todo si la batalla se ha fraguado muchos kilómetros antes.
El Plan de Beret debería de ser el paso natural entre la Noguera Pallaresa y la Val d’Aran, ya que es nada menos que 210 metros de altitud inferior que el Port de la Bonaigua. Este hecho lo convierte en un caso singular; no recuerdo ningún caso de otro puerto de paso que suba 200 metros más alto que otra vía que podría haber servido de alternativa a la vía que se eligió para ser asfaltada. La decisión de asfaltar la vía principal prolongando el ascenso por la Bonaigua está sin embargo plenamente justificada, ya que la vuelta por el Plan de Beret acumula nada menos que 16 kilómetros más que la del Port de la Boniagua. Y es que el valle que baja hacia el este se prolonga bastante en dirección hacia Francia, hasta llegar a la preciosa localidad de Montgarri, el pueblo más oriental y el más alto de la Val d’Aran aunque en realidad ya no queden habitantes que vivan en él todo el año.
El ascenso al Plan de Beret comparte sus primeros kilómetros con la carretera del Port de la Bonaigua. Dejamos, una vez más, al lector la decisión de la ubicación del inicio del ascenso sin ánimos de polemizar al respecto.
Tras ascender el primer tramo que comparte con la descripción de la Bonaigua, tomaremos a la izquierda el amplio cruce bien señalizado en pleno centro de Baqueira. El ascenso deja de ser el de una carretera amplia y con tráfico para ser una carretera más modesta que va serpenteando entre prados y diferentes urbanizaciones, todas ellas manteniendo un estilo de construcción uniforme y acorde a la arquitectura de la Val d’Aran, con esos característicos sólidos muros de piedra y tejados de pizarra. Pese a los numerosos cruces, la carretera no tiene pérdida y podemos dejar atrás fácilmente la zona urbanizada para seguir ascendiendo por medio de curvas de herradura por el lateral de la ladera norte del valle, de manera similar a como lo hará la carretera de la Bonaigua un poco más río arriba.
Tras salir de la zona urbanizada, ya se acaba el arbolado y únicamente nos queda un exiguo prado en una empinada ladera. Al final de una larga recta, alcanzamos en una curva de herradura a derechas el extraordinario Eth Guardader de Beret, a 1773 metros de altitud. Desde este mirador podremos contemplar el lejano glaciar del Aneto y el amplio valle por el que hemos estado ascendiendo.
Ya solo nos queda un último esfuerzo para llegar al amplio altiplano de Beret. Lejos del resto de las cumbres aranesas, estamos en una campa bastante desoladora, carente de arbustos y árboles. La pendiente es exigua y, casi sin darnos cuenta, la carretera comienza a bajar suavemente, lo que nos indica que acabamos de coronar el puerto. No encontraremos carteles ni indicaciones de que hemos alcanzado la cima de un puerto tan relevante como éste. Y es que sin darnos cuenta, hemos alcanzado el punto más bajo que sirve de divisoria de aguas entre el Atlántico y el Mediterráneo en muchísimos kilómetros a la redonda.
La carretera está asfaltada durante un par de kilómetros de bajada. En ellos nos encontraremos varios remontes, el parking de la estación de esquí de fondo y probablemente el abundante ganado vacuno y caballar que puebla estas campas durante varios meses cada año. Si hemos subido con bicicleta de gravel, recomendamos prolongar la bajada otros 5 kilómetros sin asfaltar hasta Montgarri, ya a 1650 metros de altitud.
Bassa d’Arres
Esta subida prolonga la subida al Guardader d’Arres en su vertiente sudeste, ya que nos da la opción de seguir ascendiendo cuando apenas nos faltaría un último kilómetro al 2% para coronar aquel puerto de paso. Esta alternativa que llega a la Bassa d’Arres nos permite prolongarla desde el cruce otros 3 kilómetros en los que subiremos 250 metros de desnivel.
El ascenso se inicia exactamente en la misma rotonda en la que arranca la subida a Saut deth Pish, en Eth Pònt d’Arròs. En los primeros kilómetros la carretera carece del enorme atractivo y encanto de otras subidas aranesas; es sorprendentemente ancha y carente de arbolado. Sin embargo, a partir del tercer kilómetro comienzan tramos de bosque y se estrecha la carretera. Además, sigue manteniendo las numerosas curvas de herradura que la jalonan y que nos permiten ir cambiando el punto de vista sobre el valle. La pendiente va cediendo muy lentamente, aunque sigue siendo una subida irregular con tramos de dureza cambiante.
Tras ganar altura sobre el valle, la carretera se enfila hacia la parte baja del valle del Garona en dirección a Vilamòs. Poco antes de entrar al pueblo pasamos por el Guardader de Vilamòs, mirador desde el que podremos contemplar el glaciar del Aneto, aparte de algunos de los valles que nos rodean. La estrecha travesía por el pueblo alterna pequeñas subidas y bajadas e incluso un breve tramo de empedrado. Saliendo de Vilamòs, la estrecha carretera “surfea” de manera espectacular por la empinada ladera del valle durante un kilómetro llano hasta llegar al cruce a Arres de Jos, que dejamos debajo para seguir el ascenso trazando dos curvas de herradura consecutivas. Llegamos poco después a Arres de Sus, tras cuya estrechísima travesía, llegamos al cruce del Guardader d’Arres. Tomamos la carretera que sube a nuestra derecha señalizada como Mina Victòria para afrontar los exigentes 3 últimos kilómetros de ascensión. Este tramo fue arreglado hace muy pocos años y es perfectamente ciclable. La carretera sigue siendo bastante irregular y alterna ahora tramos por encima del 10% con otros más suaves. Las vistas son sorprendentes y vamos ganando altura entre prados con ganado, que rodeamos con amplias curvas de herradura. A medida que vamos subiendo, no acertamos a atisbar por donde seguirá la carretera en el próximo tramo.
Finalmente llegamos al final del asfalto justo en la Bassa d’Arres, un magnífico lago de montaña ubicado a unos magníficos 1562 metros de altitud, en un área desde el que podremos contemplar unas estupendas vistas durante la bajada. Además, este lugar sirve de punto de partida para visitar las interesantísimas ruinas de los edificios e infraestructuras que formaban parte de la Mina Victòria, ruta que no hemos realizado aún, pero que hemos incluido en nuestra lista de visitas pendientes para los próximos años.