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Rutas y retos

Resulta muy sencillo hablar bien de la Val d’Aran. Aunque su riqueza se cimenta en una más que atractiva orografía repleta de atractivos valles con cimas superiores a los 2500 metros, el interés del Val d’Aran va mucho más allá. En cuanto nos bajemos de la bicicleta, podremos disfrutar de una magnífica infraestructura turística, repondremos fuerzas con su atractiva gastronomía y nos empaparemos del espíritu occitano que le confiere a este valle una identidad propia muy característica. Multiculturalidad, magníficos valles, subidas espectaculares y recorridos de enorme atractivo convierten a esta zona en un auténtico paraíso para la práctica del ciclismo y del cicloturismo. Nuestras imágenes hablan por sí solas.

 

Aproximación a la Val d’Aran

Nada más entrar en la Val d’Aran, ya empezaremos a ver carteles en las 3 lenguas que comparten protagonismo en este territorio: el castellano, el catalán y el aranés. Si damos un vistazo a los perfiles de las subidas, los peculiares nombres de algunas de ellas ya nos delatan sus peculiaridades lingüísticas, que no asociaremos a ninguna de las lenguas que mejor reconocemos. Incluso, nos puede llevar a engaño la gran cantidad de “lh” (como en “Vielha”) que nos encontraremos en esta lengua y que podríamos asociar en principio al portugués.

La omnipresente bandera occitana, con su característica cruz amarilla sobre fondo rojo, la encontraremos presente en calles, carreteras y edificios. Se trata de un símbolo de identidad que no es en absoluto exclusivo de la Val d’Aran, ya que Occitania se extiende por un amplísimo territorio francés e incluso abarca parte del Piamonte italiano. Sin embargo, lo asociamos en la Val d’Aran porque no hay una comarca española en la que este símbolo identitario tenga una presencia mayor que aquí.

El nivel de protección de la lengua aranesa en esta zona es elevado. Nos recuerda mucho al tratamiento que recibe el idioma ladino en otra de nuestras zonas de montaña preferidas: los dolomíticos Val Gardena y Val Badia. De hecho, el nombre de la ciclodeportiva más famosa de Italia, la Maratona dles Dolomites, está en ladino y es un buen ejemplo de la promoción que ese idioma recibe allí.

Por supuesto, y como no podía ser de otra manera, nosotros aportaremos nuestro granito de arena publicando los nombres originales de las subidas, localidades y lugares en aranés, es decir, en su nombre oficial.

El Arriu Garona (o río Garona) es el gran y único vertebrador de la comarca. Todos los valles y carreteras que encontraremos en esta comarca son recorridos por el Garona o por uno de los innumerables afluentes que le aportan su agua a este río. Aunque se trata de un río ciertamente desconocido en nuestra geografía, hablamos del quinto río más largo de Francia. El enorme caudal que irá acumulando en su recorrido lo consigue gracias a que casi la totalidad de los ríos y afluentes del norte del Pirineo central son afluentes suyos. Por ser una zona de una pluviosidad elevada, no es de extrañar que su desembocadura en Burdeos genere el Estuario de Gironde, de nada menos que 635 km2. No solo eso, sino que, gracias al agua que aporta este río, se riegan vastas zonas del enorme viñedo de Burdeos, un indiscutible referente mundial en la producción de vino de calidad.

Sorprenden las polémicas que rodean a este Arriu Garona. Para empezar, el idioma del que proviene el nombre es incierto y existen al menos dos versiones. Más conocida es la disputa por situar las fuentes del Garona en el valle del Plan de Beret, en el Parc Nacionau d’Aigüestòrtes e Estanh de Sant Maurici, o incluso en la zona del Aneto. Un debate en el que evidentemente no entraremos, pero que resulta curioso que no esté resuelto para un río de su relevancia.

Vielha constituye el centro geográfico, político, comercial y de actividad de toda la Val d’Aran. Situado a unos 960 metros de altitud, nos sirve de punto de referencia para toda nuestra logística. Como es el centro neurálgico, también sirve en cierta manera de división entre las 3 zonas, Naut Aran-Miei Aran-Baish Aran, que se divide el territorio-

Naut Aran: Baqueira a Garòs

Miei Aran: Garòs a Pont d’Arròs

Baish Aran: Pont d’Arròs a Frontera

 

Las estaciones y el ciclismo

Como ciclistas, podemos venir a la Val d’Aran desde abril hasta octubre. El resto de los meses cederemos las carreteras a los esquiadores y amantes de los deportes de invierno. No resulta fácil hacer una recomendación de cuál de las otras 3 estaciones elegir para venir a pedalear, ya que todas ellas ofrecen un encanto único y peculiar.

En primavera, el deshielo nos aportará el ensordecedor ruido de los cursos de agua como el Varradòs o el propio Garona bajando con caudales de agua extraordinarios. El verdor inunda los bosques y los prados, que rebosan de vida por todas partes. Las bassas o estanques rebosan vida. De hecho, debemos tener precaución con los numerosos anfibios, que cruzarán las carreteras, moviéndose entre los diferentes charcos, regatos y cascadas que se generan por todas partes en los valles más húmedos. Toda una magnífica explosión de agua y vida que jalonan nuestro esfuerzo en cada ladera de cada montaña. Son momentos como estos en los que el ciclista se reafirma en su más absoluto convencimiento de haber elegido el deporte adecuado, pese al esfuerzo que constituye ir ganando altitud por los duros puertos araneses.

Una escapada en verano nos permitirá huir del calor sofocante que padecemos en la vertiente sur del pirineo. Los magníficos y típicos lentos amaneceres de montaña son aquí frescos y nos proporcionan horas de enorme tranquilidad y ausencia tráfico en las carreteras, que sin duda no deberíamos desaprovechar. El sonido de los cencerros de las vacas nos acompañará en buena parte de las cimas de los puertos, mientras se alimentan de los pastos de verano en los altiplanos más verdes. Además, como dispondremos de muchas horas de luz, nos podemos permitir la combinación de rutas ciclistas desde primera hora de la mañana con actividades culturales y turísticas vespertinas.

En otoño compartiremos los valles con los montañeros, deseosos de coronar las altas cimas de los diferentes valles. También con los ciervos, cuya berrea podremos escuchar en valles como Artiga de Lin al anochecer y con enorme facilidad. El eco que generan estos bramidos en los valles nos impedirá ubicar a los ciervos con facilidad en un principio, aunque al llegar el ocaso del día, los ciervos abandonan sus zonas de descanso en el bosque y bajan incluso hasta a las carreteras. Sin embargo, nuestra principal motivación para venir en otoño seguramente serán los tonos marrones de los bosques de hoja caduca que recorreremos y que dan un toque muy especial a este entorno en esta época del año. Un consejo: esta estación “llega antes” aquí de lo que lo hace en el resto de la península, por lo que no debemos retrasar nuestra visita más allá de mediados de octubre si queremos disfrutar de esos colores otoñales en todo su esplendor.

 

Por Luis Miguel Sainz Pena

Fotos: Andoni Epelde

Perfiles rutas, altimetrías: Javi Fuertes, Josemi Ochoa, Franci García/APM

Puertos y rutas

La oferta de carreteras en la Val d’Aran es variada y de enorme atractivo. Entre los 2076 metros de altitud de la Bonaigua y los 583 metros de Eth Pònt de Rei en la frontera francesa, transitaremos todo tipo de paisajes, ambientes, anchura de carreteras, pendientes y bosques. Denominador común en todas nuestras rutas serán los entornos de alta montaña con un intenso color verde rodeándonos.

La morfología de la Val d’Aran, completamente vertebrada por el Garona, hace difícil la combinación de rutas circulares. Podremos planificar diferentes variantes a algunas de las subidas, pero la mayor parte de los puertos permiten únicamente una única vía asfaltada. Eso no desmerece en absoluto ni el interés de sus estupendos puertos ni la magnífica belleza de su entorno, que suponen una enorme atracción para el visitante que se acerque con una bicicleta a la Val d’Aran. Además, algunas de las subidas tienen enormes carteles que nos van informando de la altura y la pendiente media del siguiente kilómetro. Un significativo ejemplo del interés que demuestra el Conselh Generau d’Aran por promover el turismo de bicicleta.

Nos centraremos en un principio en los puertos más emblemáticos de su geografía, para luego dar paso a las rutas circulares que se pueden completar con la bicicleta de carretera o con la bicicleta de gravel. En ocasiones nos saldremos con nuestras rutas de la Val d’Aran. Esto está plenamente justificado, ya que tanto el departamento francés de la Haute Garonne como la comarca catalana del Pallars Sobirá son zonas limítrofes de enorme atractivo que nos ofrecen la posibilidad de completar nuestras rutas con origen en Vielha.

Las rutas que encontraréis en este artículo son de alta montaña y exigentes, pero el ciclista más ambicioso y amante de las “etapas multipuerto” puede saciar sobradamente su sed de enlazados de gran dureza en el Val d’Aran. Más allá de las propuestas de etapas que desarrollaremos en este artículo, me gustaría plantear la que podríamos llamar “La Ciclomaratona del Baish Aran”: un magnífico desafío de 160 kilómetros y 5000 metros de desnivel enlazando de manera parcialmente circular las 7 subidas con más de 400 metros de desnivel que hay en el Baish Aran. La ruta sería Eth Pònt d’Arròs, Saut deth Pish, Arròs, Vila, Aubert, Bassa d’Oles, Plan Batalhèr, Artiga de Lin, Es Bòrdes, Portilhon, Les, Sant Joan de Toran, Les, Portet de Les, Bossost, Guardader d’Arrès, Bassa d’Arrès y bajada por Vilamos a Eth Pònt d’Arròs. Todo un empacho de puertos que a buen seguro hará las delicias de todos los amantes de la escalada en bicicleta.

 

Bassa d’Oles

Aunque la segunda mitad de esta subida es de vertiente única, la primera mitad la podemos completar desde 3 vertientes diferentes: la de Vielha, la de Artiga de Lin y una tercera vía muy estrecha y escondida en el bosque que sale del pueblecito llamado Aubert. Esta última es sin duda una de esas carreteras que siempre nos encanta a Ziklo: estrecha, sin tráfico, zigzagueante y en un magnífico entorno natural. Desgraciadamente en los últimos años ha padecido las inclemencias climatológicas, sin que se hayan reparado los numerosos baches que van poco a poco ampliándose, aunque para no nos supondrá un impedimento en nuestra subida.

Una vez más, podríamos estar en una carretera propia de otras latitudes más centroeuropeas, como la Selva Negra alemana o el Tirol austríaco. Es una de las grandes riquezas para el cicloturista en la Val d’Aran: la peculiaridad de los valles, bosques y paisajes que no acostumbramos a encontrar en la geografía peninsular.

Tras un corto tramo duro poco después de acabar el tercer kilómetro, finaliza nuestra carretera y nos incorporaremos a una nueva magnífica carretera. Se trata de una carretera que en esta zona es bastante llana y bordea en altura el valle del Garona a unos 1100 metros de altitud. Aunque en esta subida apenas transitaremos un par de kilómetros, recomendamos incluirla en nuestros planes ciclistas durante nuestra estancia. Accedemos a esta carretera girando a la izquierda. Pasamos poco después la magnífica área recreativa del Plan Batalhèr, para en bajada girar a la derecha y afrontar la segunda mitad de la subida.

La carretera también es estrecha y tiene numerosas curvas de herradura, pero es más abierta que la que llevamos hasta ahora, lo que habrá que tener en cuenta si nos acercamos a ella en verano. Los últimos 3 kilómetros son muy regulares y con una exigente pendiente media de 9,3%.  En la cima llegamos al altiplano en la que se encuentra el lago, un amplio parking y una fuente de agua fresca y abundante que nos ayudará a reponernos del esfuerzo.

 

 

Artiga de Lin

Lo subí por primera vez apenas un año después de haber vivido en Austria. El primer pensamiento que me vino a la cabeza en la cima fue: “si nunca has pedaleado en los Alpes austriacos y quieres saber qué se siente, ven a Artiga de Lin en primavera”.

No exagero en absoluto si digo que estamos ante una de las subidas más hermosas no sólo de esta comarca, sino de todo Catalunya. Toda la subida transcurre ascendiendo por un valle de origen glaciar. El agua que desciende por ella viene directamente del glaciar del Aneto. Pero si los valles que rodean el Aneto y la Maladeta están en Huesca, ¿cómo es esto posible? Pues el agua, que no entiende de fronteras, se oculta cuando se encuentra a 2.704 metros de altitud, pasa bajo montañas de casi 3.000 metros y reaparece en la superficie a 3,6 kilómetros de distancia en nuestro valle. Concretamente lo hace en los Uelhs deth Joèu u Ojos de Júpiter, a una altitud de 1400 metros y justo a tiempo de descender por unas impresionantes cascadas de agua turbulenta y de ruido ensordecedor.

Pero empecemos por el principio. Arrancamos en el puente sobre el Garona. Accedemos enseguida a la localidad de Es Bòrdes con fuertes pendientes y callejeando por un tramo estrecho. De ella salimos ya con tramos de prados mucho más llevaderos y que nos acercan al valle por el que vamos a ascender. Llegamos al cruce de la carretera que viene del Plan Batalhèr y de la Bassa d’Oles, justo en una zona donde pasamos al lado derecho de un valle cada vez más encajonado y que, poco a poco, empieza a dar muestras de una carretera más irregular y con rampas frecuentes. Tras 6 kilómetros llegamos a una zona más abierta, en la que se encuentra un enorme parking. Desde aquí ya no pueden pasar los vehículos durante el verano, ya que únicamente se puede acceder en autobús a la zona alta del valle. Tras un tramo relativamente suave, afrontamos un exigente y precioso tramo arbolado de 500 metros con dos curvas de herradura, que nos da acceso a los Uelhs deth Joeu, cuyo sonido ya podemos oír y cuya humedad notaremos incluso en verano.  Un último tramo duro nos da acceso a la cima y al altiplano en el que se termina el asfalto. A buen seguro el cicloturista más curioso querrá continuar su travesía unos centenares de metros por la pista de tierra casi llana para percibir en toda su belleza este amplio valle glaciar.

 

 

Saut deth Pish

Este “salto del pez” no debe de engañarnos con las cifras medias de esta subida, puesto que 11 kilómetros al 6,4% suena realmente asequible. Sin embargo, esta subida de nombre tan peculiar tiene tres partes con pendientes muy diferentes y dos ambientes también completamente diversos. Todo un puerto de primera categoría que no debemos de menospreciar.

La subida arranca en Eth Pònt d’Arròs, en la misma rotonda en la que comienza la subida a la Bassa d’Arres. Detrás del Hotel Penha, cogemos a la derecha un cruce a la derecha e inmediatamente después a la izquierda otro, que nos puede pasar fácilmente inadvertido y por el que nos adentramos en una estrecha carretera. Arranca con un bonito tramo paralelo al río Varradòs por zonas recientemente “remendadas” tras los habituales desprendimientos, fruto de los cursos de agua abundantes que se forman durante la primera mitad del año. En el cuarto kilómetro, se cruza el río y comienza un duro tramo con curvas de herradura frecuentes en el que ganaremos altura por encima del valle. Nos encontramos enseguida con el cruce de la pista que conduce a Vilamòs, que en el año 2022 se encontraba con arena y gravilla abundante e impracticable, a nuestro pesar, para la bicicleta de carretera. En total es un exigente tramo de 3,5 kilómetros a una media del 11% y que apenas nos da tregua. Justo tras pasar una borda, la pendiente de repente se suaviza y nos deja disfrutar de un cómodo paseo aéreo sobre el valle. Desde que abandonamos la cuna del valle, perderemos el abrigo de las rocas y quedaremos expuestos al sol, por lo que recomendamos evitar las horas centrales del día en verano.

Un poco al estilo que lo que ocurre en la celebérrima vertiente este de la Cobertoria, un último tramo muy llevadero nos invitará a acelerar y recuperar velocidad y buenas sensaciones en el desenlace de nuestro ascenso. La carretera sigue siendo estrecha y está en su totalidad carente de protecciones, por lo que debemos de tener cuidado con los vehículos y los bóvidos que nos encontraremos en esta zona de emoción contenida antes de coronar en el Pont de Varradòs, el punto en el que acaba el asfalto.

Tras coronar, no solo nos repondremos del esfuerzo durante el descenso, sino que tendremos un aliciente importante. El disfrute comienza desde el momento en que abandonamos el puente y comenzamos el lento y relajado descenso: carretera estrecha y pendiente modesta mientras vamos ganando altura sobre un río que se precipita por el valle. Tras 4 kilómetros de relajación y justo antes de llegar al tramo de mayor pendiente, si miramos de frente a la cabecera del valle nos encontramos con el macizo del Aneto y su glaciar al fondo. En realidad, se alinean desde esta posición nuestro valle con el valle de Artiga de Lin, lo que nos permitirá ver aquellas montañas alejadas desde una posición que no pudimos percibir en la subida porque quedaba a nuestra espalda. Una imagen magnífica que a buen seguro perdurará en nuestra memoria y que nos acompañará durante muchos años.

Apenas un kilómetro antes de finalizar el descenso, recomendamos desviarnos para subir en poco más de un kilómetro a la población de Arròs, ya de nuevo en el valle del Garona. Desde allí, podemos bajar a Vila, una localidad muy cercana en cuya entrada podemos contemplar el bonito monumento y la placa que dedicaron aquí a Luis Ocaña.

 

Guardader d’Arres

Vamos a subir a un mirador (guardader en aranés) sobre el valle del Garona y lo haremos ascendiendo por una subida corta y, paradójicamente con su nombre, ilocalizable subida. Al igual que pasa con su vecino y duro Portet de Les, desde abajo puedes intentar intuir por donde subirá, pero no la encontrarás, ya que zigzaguea dentro de un denso bosque pirenaico dentro del propio valle del Garona. Sin embargo, se trata de una subida muy conocida, ya que es el collado (que no puerto) asfaltado de paso más duro que se puede transitar íntegramente dentro de la Val d’Aran. La descripción que aquí realizamos corresponde a la vertiente noroeste, ya que la vertiente sudeste se incluye en la subida a la Bassa d’Arres.

Arrancamos cruzando el río en Bossost. La carretera es estrecha desde el principio y se mantendrá así hasta la zona más alta. Tras una breve tregua inicial, comienzan 6 kilómetros realmente regulares y con una pendiente que siempre se mantendrá en torno al 10%. Apenas podemos comprobar nuestra ubicación, ya que en medio del bosque cuesta tomar referencias de nuestra altura con respecto a las montañas cercanas o a Bossost. Tampoco hay praderas, ni descansos, ni bordas; solamente bosque en una empinada ladera y curvas de herradura. Es una buena subida por tanto para concentrarse en nuestro esfuerzo y marcar el ritmo constante que mejor nos convenga.

Los últimos 400 metros son completamente llanos y, por suerte, han sido recientemente reasfaltados. Ahora sí que salimos del bosque y transitamos una zona de rocas, en la que comprobamos desde el mirador por encima de un cortado rocoso sobre el valle del Garona, todo el desnivel que hemos ganado en nuestro ascenso. Todo un merecido espectáculo visual tras el notable esfuerzo realizado.

 

Portilhon

Este puerto constituye una de las dos únicas fronteras con Francia que tiene la Val d’Aran. Es muy conocido del ciclismo profesional y una vía importante de comunicación, ya que permite pasar de Bossost a Bagnères de Luchon en solo 19 kilómetros, en lugar de los 41 kilómetros necesarios si se decide elegir la otra frontera por el valle. Se ha convertido por tanto en un puerto conocido en etapas de montaña, rutas transpirenaicas y salidas ciclistas, pero siempre con la particularidad de no ser la motivación principal de esos recorridos, sino que se convierte en un puerto adicional, un aliciente más del plan previsto.

La subida se desarrolla íntegra y exclusivamente en la N-141, que es una carretera nacional como su nombre indica, pero que probablemente sea la carretera nacional más corta de España, ya que solo tiene los 8,2 kilómetros que constituyen la vertiente este de este puerto. Nos tenemos que preparar por tanto para una carretera ancha, aunque sin arcén, y con un tráfico notable a todas las horas del día.

Arrancamos en una rotonda bien señalizada a las afueras de Bossost. Ascenderemos también por la ladera del valle del Garona, aunque no de una manera tan sinuosa como en el Guardader d’Arres. El bosque no es tan denso como en otras zonas de la Val d’Aran, por lo que conviene evitar iniciar el ascenso por esta vertiente a las horas de más calor. La carretera alterna pendientes entre el 5% y el 12% de manera muy variada, lo que nos impedirá marcar un ritmo constante de subida y hará que nuestro esfuerzo sea mayor del que podríamos haber supuesto. Uno de los puntos de interés de esta carretera es el Aran Park, un parque de animales situado en el kilómetro 6 de ascenso, y que está situado en una zona en la que ya nos acercamos a los altiplanos del puerto. De hecho, desde este punto ya percibimos laderas más suaves en nuestro entorno, lo que es un claro indicador de que el fin del esfuerzo se acerca. El puerto se nos aparece de manera repentina en un pequeño tobogán y señalizado con un monolito, de esos tan habituales en este tipo de fronteras de montaña.

 

La Bonaigua

El puerto de paso asfaltado más alto de la mitad norte de la península tiene su vertiente este en el val d’Aran. Sin ser ni mucho menos tan famoso o duro como sus vecinos pirenaicos del lado francés o andorrano, es uno de esos puertos que hay que subir al menos una vez en la vida. Y puestos a elegir, vamos a centrarnos precisamente en la vertiente del Val d’Aran, que, desde mi punto de vista, tras las obras acometidas en la vertiente oeste, es la más atractiva.

¿Dónde situar el comienzo del ascenso a la Bonaigua? Pues es una de esas preguntan que no tienen fácil respuesta. Os ofrecemos aquí el perfil completo desde Vielha para que saquéis vuestras propias conclusiones. Dada la poca entidad de sus primeros kilómetros, yo lo situaría en Arties. Sea como fuere, los primeros kilómetros son una aproximación de largas rectas con un amplio arcén en el que se suceden poblaciones separadas por uno o dos kilómetros. Nuestro principal aliciente en esta zona son las bonitas y cuidadas casas que se asoman al valle, de una arquitectura de montaña característica que enseguida asociaremos con la de localidades como Benasque o Jaca.

La cantidad de tráfico sobre todo en estos kilómetros iniciales varía mucho, por lo que recomendamos siempre las primeras horas de la mañana para transitarla. Pasado Salardú, las pendientes comienzan a ser de cierta entidad. Abandonamos la compañía del río y comenzamos a ganar altitud con un par de curvas de herradura por la margen izquierda del valle. Llegamos en largas rectas a Baqueira, uno de los lugares turísticos construidos por y para el esquí y que transitaremos completamente vacío y con todas las persianas bajadas. Dejamos atrás el cruce al Plan de Beret y seguimos rectos, por una carretera de la que desaparece el magnífico arcén del que disfrutábamos. Seguimos ganando altura sobre el valle y comenzamos a transitar las primeras galerías.

Uno de los grandes placeres de subir La Bonaigua es su similitud a alguno de los grandes puertos alpinos. La manera de ignorar el lecho del valle y ganar altura por uno de sus flancos hasta salir del valle por él, nos recuerda al trazado de las dos vertientes de la Grossglockner Alpenstrasse o de la parte final de la vertiente italiana del Passo del Rombo. Sigue siendo un puerto de largas rectas, incluso en la zona final, en las que éstas se combinan con 4 curvas de herradura, también en un trazado muy habitualmente alpino. Las vistas sobre la cola del valle y con el Parc Nacionau d’Aigüestòrtes e Estanh de Sant Maurici de telón de fondo son absolutamente magníficas en esta parte final. La carretera sigue siendo ancha, pero seguimos echando de menos el arcén en esta carretera, que, dependiendo de las fechas y las horas, puede llegar a tener un tráfico notable.

En la cima encontraremos sillas y tramos de pistas de la estación de esquí de Baqueira Beret. La estampa del Resturante Cap del Port le confiere un aspecto muy característico a este puerto, uno de los más conocidos de toda nuestra geografía y que no deberíamos dejar de ascender durante nuestra estancia aranesa.

 

Plan de Beret

Plan de Beret en aranés, es una subida clásica bien conocida por ser final de etapa en algunas etapas pirenaicas de montaña de la Vuelta y del Tour. Sin embargo, hoy descubriremos que su atractivo para el cicloturista va mucho más allá del propio aroma que desprenden las historias de las grandes citas del ciclismo profesional.

No es, sin embargo, un puerto especialmente duro y en este caso sus cifras no engañan, ya que no tiene ningún kilómetro por encima del 7% ni rampas de dos cifras. Pero su ubicación lo ha convertido en un escenario propicio para finalizar duras etapas pirenaicas, sobre todo si la batalla se ha fraguado muchos kilómetros antes.

El Plan de Beret debería de ser el paso natural entre la Noguera Pallaresa y la Val d’Aran, ya que es nada menos que 210 metros de altitud inferior que el Port de la Bonaigua. Este hecho lo convierte en un caso singular; no recuerdo ningún caso de otro puerto de paso que suba 200 metros más alto que otra vía que podría haber servido de alternativa a la vía que se eligió para ser asfaltada. La decisión de asfaltar la vía principal prolongando el ascenso por la Bonaigua está sin embargo plenamente justificada, ya que la vuelta por el Plan de Beret acumula nada menos que 16 kilómetros más que la del Port de la Boniagua. Y es que el valle que baja hacia el este se prolonga bastante en dirección hacia Francia, hasta llegar a la preciosa localidad de Montgarri, el pueblo más oriental y el más alto de la Val d’Aran aunque en realidad ya no queden habitantes que vivan en él todo el año.

El ascenso al Plan de Beret comparte sus primeros kilómetros con la carretera del Port de la Bonaigua. Dejamos, una vez más, al lector la decisión de la ubicación del inicio del ascenso sin ánimos de polemizar al respecto.

Tras ascender el primer tramo que comparte con la descripción de la Bonaigua, tomaremos a la izquierda el amplio cruce bien señalizado en pleno centro de Baqueira. El ascenso deja de ser el de una carretera amplia y con tráfico para ser una carretera más modesta que va serpenteando entre prados y diferentes urbanizaciones, todas ellas manteniendo un estilo de construcción uniforme y acorde a la arquitectura de la Val d’Aran, con esos característicos sólidos muros de piedra y tejados de pizarra. Pese a los numerosos cruces, la carretera no tiene pérdida y podemos dejar atrás fácilmente la zona urbanizada para seguir ascendiendo por medio de curvas de herradura por el lateral de la ladera norte del valle, de manera similar a como lo hará la carretera de la Bonaigua un poco más río arriba.

Tras salir de la zona urbanizada, ya se acaba el arbolado y únicamente nos queda un exiguo prado en una empinada ladera. Al final de una larga recta, alcanzamos en una curva de herradura a derechas el extraordinario Eth Guardader de Beret, a 1773 metros de altitud. Desde este mirador podremos contemplar el lejano glaciar del Aneto y el amplio valle por el que hemos estado ascendiendo.

Ya solo nos queda un último esfuerzo para llegar al amplio altiplano de Beret. Lejos del resto de las cumbres aranesas, estamos en una campa bastante desoladora, carente de arbustos y árboles. La pendiente es exigua y, casi sin darnos cuenta, la carretera comienza a bajar suavemente, lo que nos indica que acabamos de coronar el puerto. No encontraremos carteles ni indicaciones de que hemos alcanzado la cima de un puerto tan relevante como éste. Y es que sin darnos cuenta, hemos alcanzado el punto más bajo que sirve de divisoria de aguas entre el Atlántico y el Mediterráneo en muchísimos kilómetros a la redonda.

La carretera está asfaltada durante un par de kilómetros de bajada. En ellos nos encontraremos varios remontes, el parking de la estación de esquí de fondo y probablemente el abundante ganado vacuno y caballar que puebla estas campas durante varios meses cada año. Si hemos subido con bicicleta de gravel, recomendamos prolongar la bajada otros 5 kilómetros sin asfaltar hasta Montgarri, ya a 1650 metros de altitud.

 

Bassa d’Arres

Esta subida prolonga la subida al Guardader d’Arres en su vertiente sudeste, ya que nos da la opción de seguir ascendiendo cuando apenas nos faltaría un último kilómetro al 2% para coronar aquel puerto de paso. Esta alternativa que llega a la Bassa d’Arres nos permite prolongarla desde el cruce otros 3 kilómetros en los que subiremos 250 metros de desnivel.

El ascenso se inicia exactamente en la misma rotonda en la que arranca la subida a Saut deth Pish, en Eth Pònt d’Arròs. En los primeros kilómetros la carretera carece del enorme atractivo y encanto de otras subidas aranesas; es sorprendentemente ancha y carente de arbolado. Sin embargo, a partir del tercer kilómetro comienzan tramos de bosque y se estrecha la carretera. Además, sigue manteniendo las numerosas curvas de herradura que la jalonan y que nos permiten ir cambiando el punto de vista sobre el valle. La pendiente va cediendo muy lentamente, aunque sigue siendo una subida irregular con tramos de dureza cambiante.

Tras ganar altura sobre el valle, la carretera se enfila hacia la parte baja del valle del Garona en dirección a Vilamòs. Poco antes de entrar al pueblo pasamos por el Guardader de Vilamòs, mirador desde el que podremos contemplar el glaciar del Aneto, aparte de algunos de los valles que nos rodean. La estrecha travesía por el pueblo alterna pequeñas subidas y bajadas e incluso un breve tramo de empedrado. Saliendo de Vilamòs, la estrecha carretera “surfea” de manera espectacular por la empinada ladera del valle durante un kilómetro llano hasta llegar al cruce a Arres de Jos, que dejamos debajo para seguir el ascenso trazando dos curvas de herradura consecutivas. Llegamos poco después a Arres de Sus, tras cuya estrechísima travesía, llegamos al cruce del Guardader d’Arres. Tomamos la carretera que sube a nuestra derecha señalizada como Mina Victòria para afrontar los exigentes 3 últimos kilómetros de ascensión. Este tramo fue arreglado hace muy pocos años y es perfectamente ciclable. La carretera sigue siendo bastante irregular y alterna ahora tramos por encima del 10% con otros más suaves. Las vistas son sorprendentes y vamos ganando altura entre prados con ganado, que rodeamos con amplias curvas de herradura. A medida que vamos subiendo, no acertamos a atisbar por donde seguirá la carretera en el próximo tramo.

Finalmente llegamos al final del asfalto justo en la Bassa d’Arres, un magnífico lago de montaña ubicado a unos magníficos 1562 metros de altitud, en un área desde el que podremos contemplar unas estupendas vistas durante la bajada. Además, este lugar sirve de punto de partida para visitar las interesantísimas ruinas de los edificios e infraestructuras que formaban parte de la Mina Victòria, ruta que no hemos realizado aún, pero que hemos incluido en nuestra lista de visitas pendientes para los próximos años.

Etapas

Etapa 1: Bonaigua y Plan de Beret

Quizás sería la primera etapa recomendada para todo aquél que no haya estado en la Val d’Aran nunca con su bicicleta, ya que a excepción del Portilhon, transita las subidas más conocidas tanto por los turistas como por los aficionados al ciclismo profesional. De hecho, resultaría extraño haber estado con la bicicleta en la Val d’Aran y no haber subido la Boniagua.

Esta primera etapa, la comenzaremos en Vielha, como todas nuestras etapas, por ser el centro neurálgico de toda la Val d’Aran. Recomendamos comenzarla a primera hora para evitar el tráfico de la parte baja de la Bonaigua en las horas centrales del día. Además, realizándola en este orden, dejamos para el final la subida al Plan de Beret, quedándonos así una subida corta, cómoda y sin demasiada pendiente. El recorrido lo hemos planteado continuando la subida al Plan de Beret hasta alcanzar el final del asfalto. Los ciclistas con bicicleta de gravel se querrán acercar a buen seguro hasta Montgarri para contemplar este precioso lugar, antes de volver a subir al Plan de Beret y bajar de nuevo a gran velocidad de vuelta a Vielha.

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Vielha_1_68_km_y_1650_metros_Bonaigua_y_Plan_Beret

 

Etapa 2: Saut deth Pish, Artiga de Lin y Bassa d’Oles

Estamos ante una etapa casi-circular de solo 67 kilómetros, pero de enorme dureza, con nada menos que 2500 metros de desnivel. Es quizás la etapa más cicloturista de todas nuestras propuestas, ya que si elegimos bien el día y la hora, podremos disfrutar de un entorno natural en total tranquilidad.

Salimos de Vielha con un rápido descenso por la nacional hasta Aubert, donde subiremos Saut deth Pish por Vila y Arròs. No subimos por tanto por la ruta mostrada en la altimetría, que es la que utilizaremos en el descenso. De este modo, dejamos antes la carretera nacional y podemos contemplar el monumento a Luis Ocaña de Vila y sus preciosas vistas sobre el Garona, antes de bajar al valle del Varradòs y afrontar los duros kilómetros centrales de ascenso.

Tras la bajada y un breve tramo de carretera nacional, cogemos el desvío para subir Artiga de Lin. Recordemos que a media mañana podremos encontrarnos ya con un tráfico notable en los primeros kilómetros si estamos en temporada alta. La bajada de este segundo puerto, se verá bruscamente interrumpida por el cruce y la subida hacia el Plan Batalhèr. Transitaremos una preciosa carretera estrecha y protegida del Sol por encima del valle del Garona. La tranquilidad y la belleza de la ruta se acaba tras el Plan Batalhèr para atacar los últimos y exigentes 5 kilómetros de ascenso a la Bassa d’Oles. En el descenso cerraremos el bucle sin volver a bajar a la carretera nacional, gracias a una pequeña carretera que vuelve a Vielha por el pueblecito de Gausac.

DESCARGA TRACK

Vielha_2_72_km_y_2180_metros_sauth-Artiga-Bassa

 

Etapa 3: Portilhon

Esta etapa de 86 kilómetros intenta recorrer el Baish Aran de manera lo más circular posible y transitando esas pequeñas carreteras tan características de la Val d’Aran.

Bajamos desde Vielha por la N-230 hasta Eth Pònt d’Arròs, donde iniciamos el ascenso al Guardader d’Arrès.  Si queremos ampliar los 2500 metros de desnivel previstos en la etapa, podemos prolongar el ascenso otros 3 kilómetros hasta la Bassa d’Arrès. Tras el descenso por la vertiente noroeste del Guardader d’Arrès, retomamos la N-230 en Bossost hasta llegar al último cruce antes de la frontera francesa. Giramos a la derecha y subimos por el Arriu Toran hasta el espectacular pueblo de Canejan. Regresamos por el mismo camino hasta Bossost para afrontar el Portilhon. Tras bajar de nuevo a la N-230, subimos el valle del Garona hasta Es Bòrdes, ya que afrontaremos los 3 primeros kilómetros de subida de Artiga de Lin. En el único cruce que tiene esta subida, giramos a la izquierda y seguimos subiendo hasta el Plan Batalhèr por la preciosa carretera que recorre a media altura el valle del Garona a unos 1100 metros de altitud, antes de bajar a Vielha por Gausac.

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Vielha_3_86_km_y_2250metros_Mirador_Arres_Canejan_Portilhon

 

Etapa 4: Menté, Balès y Portilhon

Auténtico etapón pirenaico digno de una gran vuelta, con 161 kilómetros y casi 5000 metros de desnivel. Aunque la mayor parte de la etapa transcurre en terreno francés, sirve para darnos una idea de la magnífica ubicación de la Val d’Aran y de su cercanía a puertos sobradamente conocidos por todos nosotros.

Desde Vielha bajamos 32 kilómetros del valle del Garona hasta Saint Béat Lez. Subimos desde aquí el duro Col de Menté, por la vertiente por la que se accidentó Luis Ocaña y donde se encuentra el monumento a él dedicado. Tras el descenso por la vertiente este, giramos a la izquierda hacia los modestos Col de Buret, de 599 metros de altitud y Col des Ares, de 797 metros de altitud.

Tras la bajada de éste último, cruzamos el Garona e iniciamos en Siradan el ascenso al espectacular y solitario Port de Balès. Se trata del último gran puerto de paso cuyo asfaltado se ha completado en el pirineo, pero ya ha sido testigo de batallas en ediciones pasadas del Tour de Francia. La bajada es irregular y rápida, sobre todo hasta que nos incorporamos a la carretera que baja del Col du Peyresourde. El descenso finaliza en Bagnères de Luchon, localidad que tendremos que atravesar de norte a sur en busca de la carretera del Portilhon. Esta vertiente es sin duda más dura que la aranesa, ya que es una clara subida de primera categoría. Tiene varios kilómetros por encima del 9% de pendiente media y numerosas rampas por encima del 10% distribuidas por toda la subida. Tras coronar y bajar por la vertiente este, únicamente nos faltará subir el valle por la carretera nacional de vuelta a Vielha.

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Vielha_4_162_km_y_4230m_Mente_Bales_Portilhon

 

Etapa 5: Bonaigua y Sant Maurici

Etapa ambiciosa de 130 kilómetros y 3800 metros de desnivel, cuyo objetivo será otra de las subidas más bonitas de Catalunya, la subida al Estanh de Sant Maurici. Aunque no se encuentra dentro de la Val d’Aran, una vez más nuestra excelente ubicación en el corazón del pirineo nos permite realizar esta ascensión en un día saliendo desde Vielha.

Ascenderemos el Port de la Bonaigua por su vertiente aranesa y lo bajaremos por la vertiente este que pertenece al Pallars Sobirà. Intentaremos evitar en lo posible la carretera principal, por lo que la abandonaremos en un cruce en una enorme curva en dirección a Sorpe. Rodearemos después el embalse de Borèn y nos uniremos de nuevo a la carretera principal unos kilómetros más abajo.

Tomaremos después el cruce a la derecha hacia Espot. Pasada esta localidad, pasaremos el parking obligatorio para vehículos y comenzaremos un duro ascenso solo acompañados de los Land Rover del parque que suben y bajan a gran velocidad hasta el Estanh de Sant Maurici. La subida se desarrolla sin embargo en un magnífico entorno natural, sobre todo en los últimos kilómetros. No debemos, sin embargo, menospreciar los casi 1000 metros de desnivel que debemos de salvar hasta coronar a 1917 metros de altitud; todo un puerto pirenaico de notable entidad que no debemos dejar de visitar.

El regreso lo plantearemos por una vía diferente: pasado Espot, nos incorporaremos a una estrecha carretera en buen estado que bordea a media altura la ladera del valle de la Noguera Pallaresa por Estais, Jou y Son. Desgraciadamente, esta carretera tiene pocos tramos llanos e incluye largos toboganes que a estas alturas de etapa minarán nuestras menguadas fuerzas. Desde esta última localidad de Son bajamos de nuevo a la carretera principal e iniciamos el ascenso del Port de la Bonaigua. Los ciclistas más entrenados podrán extender este recorrido con el ascenso al Plan de Beret para fusionar esta ruta con la primera que hemos descrito.

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Vielha_5_131km_y_3530m_Bonaigua-St_Maurici-Bonaigua

Etapa 6: Portilhon, Superbagnères y Arrès

Nuevo etapón pirenaico de 111 kilómetros y 3800 metros de desnivel a caballo entre la Val d’Aran y Francia. Nuestro principal objetivo será la estación de esquí de Superbagnères, subida superlativa en muchos aspectos y con su propia historia en el Tour de Francia

Desde Vielha bajamos cómodamente el valle del Garona por la N-230 hasta la entrada de Bossost, donde en una rotonda giramos a la izquierda para subir el Portilhon. Tras coronar el puerto, bajamos el puerto por la vertiente francesa hasta Bagnères de Luchon, donde giramos a la izquierda para comenzar una larga subida de 1158 metros de desnivel que se ascienden en 17,2 duros kilómetros. Buena parte de la ancha carretera está desprovista de arbolado y se desarrolla orientada al sur, por lo que debemos de evitar días de calor para afrontar esta etapa. En contraste a este inconveniente, disfrutaremos de una subida muy aérea y con excelentes vistas hacia los valles adyancentes. De hecho, a dos kilómetros de la cima ya veremos el icónico y enorme edificio de estilo francés que domina la cima de la montaña donde acaba la carretera a 1795 metros de altitud.

Deshacemos la subida a Superbagnères y el Portilhon (todo un puerto de primera por el lado francés) hasta Bossost. Desde ahí, si aún nos encontramos con fuerzas, proponemos volver por el magnífico y duro Guardader d’Arrès y por la subida a Arròs antes de completar el recorrido hasta Vielha por la N-230.

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Vielha_6_116_km_y_3420m_Portilhon_Suerbagneres_Portilhon_Mirador_Arres

 

Etapa Gravel 1: Colomers

Primera de las dos propuestas de gravel que realizaremos. El objetivo de esta etapa es la realización de una ruta por zonas adyacentes del Parc Nacionau d’Aigüestòrtes e Estanh de Sant Maurici, a la par que subiremos una preciosa subida asfaltada a Banhs deth Tredòs.

Salimos de Vielha hacia el Puerto de la Bonaigua. Justo en Salardú, donde se empina la carretera, la abandonamos en una rotonda y seguimos hacia el sur por la única vía asfaltada que encontraremos. La carretera es muy estrecha y sube con tramos exigentes hasta llegar en el tercer kilómetro a una pequeña presa, el llamado Barratge Aiguamòg. Transitamos un altiplano con pendientes modestas por una carretera más ancha y bacheada, antes de afrontar 2 duros kilómetros con una pendiente media cercana al 10% y con varias curvas de herradura. El entorno es tranquilo antes de llegar al balneario de Bahns de Tredòs, que se encuentra a 1760 metros de altitud en un nuevo altiplano y en un entorno típicamente pirenaico.

La pista continúa más allá del parking y tras la barrera. Encontraremos numerosos tramos de cemento, con algunas rampas, pero con una pendiente media bastante llevadera. Seguimos subiendo paralelos al Arriu d’Aiguamòg, cuya agua viene directamente de los 48 lagos que hay en el Circ de Colomers. El valle es muy agradable en esta zona; bastante abierto, con zonas húmedas frecuentes, algunas rocas y pinos bajos. Compartimos algunos tramos con senderistas que suben hasta los lagos del parque nacional, hasta que llegamos a una cascada a unos 1980 metros de altitud. A partir de aquí el sendero sube fuertemente, mientras la pista hace un giro de 180º y sigue en dirección norte hacia la salida del valle.

Alcanzamos el punto más alto de la pista a 2132 metros de altitud, en una zona en la que la pista se encuentra en buen estado y las vistas sobre el valle que hemos subido son espectaculares. Seguimos la pista principal bordeando las faldas del Montardo, de 2833 metros de altitud y quizás la cima más conocida de la Val d’Aran. La bajada pasa por frecuentes bordas y zonas de ganado. Los primeros kilómetros se encuentran en buen estado, pero la bajada final tiene algún kilómetro con fuerte pendiente y con demasiadas piedras, por lo tanto precaución total. Por fin alcanzamos la pista paralela al Arriu Valarties, cuyo valle bajamos en una pista en buen estado y ya en asfalto hasta la localidad de Arties, donde enlazamos con la carretera de bajada a Vielha.

Esta ruta podría hacerse perfectamente en sentido inverso.

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Vielha_Gravel_1_Colomers_45_km_y_1150m

 

Etapa Gravel 2: Varradòs

Esta es la única etapa en la que transitaremos el Naut (alto) y el Baish (bajo) Arán. En ella pasaremos por un gran puerto sin asfaltar: el Coth de Varradòs, de 2049 metros de altitud.

Al igual que en la primera etapa de gravel, salimos de Vielha en dirección al Puerto de la Bonaigua. En la misma rotonda en la que se deja esta carretera para ir a Banhs de Tredòs, dejamos la carretera para subir en dirección a Bagergue.

Atravesamos la localidad con rampas exigentes en este primer tramo. En la parte alta de Bagergue salimos en dirección a la Borda de Lana, un restaurante con una magnífica ubicación entre verdes praderas. Aquí la pista abandona temporalmente el arroyo y comienza a subir por la ladera hacia el oeste con numerosas curvas de herradura. La pista gana en anchura y se encuentra en buen estado. El entorno es claramente de alta montaña, sin árboles, con amplias vistas de las montañas cercanas y abundante ganado.

Una vez coronado, comenzamos un descenso rápido en dirección a Saut deth Pish. Cruzamos el río Varradòs justo donde comienza de nuevo el asfalto. Interrumpimos el rápido descenso para coger la pista asfaltada, pero con abundante arena y gravilla, que sube hasta Vilamòs. Desde ahí, bajamos a Eth Pont d’Arròs y volvemos a Vielha subiendo antes a Arròs y Vila. Como en el caso anterior. Al ser una etapa circular podría hacerse en sentido inverso

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Vielha_Gravel_2_55_km_y_1620_m_Varradós