EDITORIAL
LOS 5 MONUMENTOS
Como veréis, buena parte del protagonismo de este número se lo llevan los cinco Monumentos: Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastoña-Lieja e Il Lombardia. Cada temporada, cuando el calendario llega a la primavera, el pulso del ciclismo se dispara. Llegan las grandes clásicas, fechas marcadas en rojo tanto para los profesionales como para los muchos apasionados que sueñan con revivirlas en su versión cicloturista.
Estas cinco clásicas, a pesar de ser muy diferentes entre sí, son la historia viva del ciclismo. Han resistido el paso del tiempo sin perder su esencia, algo cada vez más difícil en un mundo globalizado y dominado por los intereses económicos y el espectáculo.
Porque nadie puede poner en duda que, en los últimos años, el ciclismo ha cambiado. Los recorridos, las estrategias y las exigencias comerciales han transformado parte de su esencia, y cuesta aceptar que grandes carreras deban adaptarse a la moda del momento para seguir siendo relevantes. El ciclismo auténtico no debería necesitar disfraces; no tiene por qué reinventarse para ser emocionante cuando el éxito puede estar en mantenerse fiel a aquello que lo hizo grande.
Es evidente que el ciclismo vive de su historia, pero sabemos que no puede anclarse en ella. La evolución es necesaria —completamente de acuerdo—, pero se puede evolucionar sin perder el alma. Los recorridos, los puertos, las historias… eso no puede cambiar.
Somos de la opinión de que cada vuelta, cada clásica, debe mantener su identidad; evolucionar, sí, pero siendo fiel a sí misma. No entenderíamos una París-Roubaix sin pavés, un Flandes sin muros o una Lieja sin cotas, del mismo modo que no concebimos una gran vuelta sin etapones de montaña o sin cronos.
Todo en su justa medida, porque no podemos olvidar que, por encima de todo, están los ciclistas: los que compiten, sufren y —por qué no decirlo— disfrutan en la misma medida. Cuidar su seguridad es fundamental, pero sin olvidar que el sufrimiento y el esfuerzo forman parte inseparable de este deporte, y todo aquel que es profesional es plenamente consciente de ello.
El futuro se construye, y para gestionarlo nada mejor que hacerlo con sensatez y buscando el equilibrio. Bienvenidos sean al calendario Catar, Emiratos Árabes, Omán, Japón, China… no importa el país. Acercar el ciclismo a todos los rincones del mundo abre puertas y está consiguiendo que el componente económico siga respirando un aire más o menos puro. La lucha por conseguir aliados económicos que ayuden a cubrir presupuestos y objetivos marca tanto a las carreras como a los equipos. Estos países “manejan” y, junto al poder de la televisión —porque quien no te ve, te conoce mucho menos—, crecen en poder, influencia y capacidad de decisión. Pero eso no debería significar nunca que les entreguemos el bastón de mando ni que, en función de ellos, deba cambiar el resto.
Nos podríais tachar de “viejos románticos”, y quizás sea luchar contra el destino, pero nos resistimos a ver un escenario diferente. Querer una cosa es sentirla, y el ciclismo siempre será pasión, sacrificio, alma y afición. Los cinco Monumentos son un fiel reflejo de las razones por las que el ciclismo no perderá su esencia mientras siga siendo capaz de conectar con la afición, y emocionar a los miles de seguidores capaces de agolparse y no parar de animar a pie de carretera.
Por Jon Beunza.
Foto: Andoni Epelde.