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Altimetrías APM/ZIKLO

Esta vertiente norte del mito italiano está considerada como uno de los puertos más duros de Europa… y lo es sin duda. No vamos a entrar aquí en comparaciones con otros colosos que es posible que le superen en niveles de esfuerzo agónico; solo pretendemos que seáis conscientes de que no deberíais enfrentaros a un reto de esta magnitud sin la preparación y, sobre todo, el desarrollo necesario. Además de su tremenda dureza esta ascensión reúne otra serie de atractivos que hacen que día tras día podamos encontrar en sus rampas a algún cicloturista que hasta aquí se ha acercado atraído por su fama ya legendaria desde su aparición en el mundo del ciclismo profesional.

Destaquemos la tranquilidad del recorrido; el frescor que proporciona el tupido bosque en el que ascendemos inmersos; la estrechez de la carretera que le confiere un halo de encanto especial; las numerosas pintadas sobre su asfalto que nos hacen pedalear rememorando los nombres gloriosos del ciclismo mundial; el panorama idílico de la Valtellina que se vislumbra entre las ramas del espeso arbolado; y sobre todo ello la satisfacción, el gozo, el placer inmenso que se experimenta al sentir el sufrimiento de nuestras piernas y todo nuestro cuerpo a cada pedalada que nos acerca a la leyenda.

Debemos pues considerar nuestra empresa como un reto personal: no se trata ahora de llegar antes que nadie -somos cicloturistas, no se nos olvide-, sino simplemente de coronar después de doce interminables kilómetros que nos van a suponer a muchos de nosotros dos horas o más de denodado esfuerzo por llegar hasta la cima sin echar pie a tierra; y es que la gesta consiste en hacerlo de este modo, aunque nuestros compañeros se aburran de esperarnos arriba: el entrar en la leyenda tiene sus reglas.

Atravesaremos la localidad de Mazzo in Valtellina, que ha adquirido una fama universal gracias al tesoro que parte del final de las casas, y pronto se nos aparece la primera rampa del 10%: nadie podrá decir que se asusta porque, si es así, ¿sabe de verdad dónde se va a meter?  Ese tramo inicial inicial no es más que un engaño a la pendiente media del primer kilómetro que inmediatamente pasa a situarse de continuo por encima del 9-10% Casi es mejor no conocer de memoria las pendientes de cada unos de esos doce infernales tramos kilométricos y dejar que sean nuestras piernas quienes nos vayan indicando la dureza a la que se enfrentan. Ni siquiera nos hemos tomado la molestia de señalar las rampas inferiores al 14% porque, con echar un vistazo a la altigrafía, ya vemos que no se trata de rampas sino de kilómetros enteros en esas cifras.

Primeras herraduras que casi sirven de alivio al cuerpo y la mente y llegamos a un claro en el bosque donde la iglesia de San Mateo es el primer punto de referencia. Los 5 km siguientes son los que van a exigir todo nuestro esfuerzo y por supuesto un sufrimiento constante sin fijarnos en los compañeros, pues el combate lo libramos con el mito y no con los colegas. La rampa se agigantan 15-16-17-18… hasta el 20% en mitad de la ascensión: más nos vale no pensar en lo que aún nos falta: es mejor que nos entretengamos en contar las casas. Precisamente una de ellas tiene en su jardín una estatua de la Virgen que vista de lejos y se asemeja a una bala de cañón, como símbolo del sufrido combate que estamos librando. Más bosque, siempre bosque; campañas cabañas desperdigadas en la ladera; un “tornanti” tras otro; ruta estrecha siempre en silencio; y dolor, dolor, dolor.

Por fin, en una herradura izquierda, la escultura de Alberto Pasqual nos muestra al inmortal “Pirata” que, mirando atrás erguido sobre la parte baja del manillar de su bici, parece estar aguardándonos para pedalear a nuestro lado en los últimos kilómetros. Habrá quien diga que la ayuda de los compañeros no sirve de mucho cuesta arriba, pero esta estatua de Pantani nos demuestra que no es cierto en absoluto. Imperceptiblemente la pendiente media va disminuyendo a medida que nos acercamos a la victoria; el bosque deja paso a las praderas de alta montaña; un par de fuentes nos brindan un último motivo descanso; unas imágenes de Cristo y su madre a lo lejos parecen darnos el empujón definitivo; y el fiel “Pirata” nos conduce a la leyenda que nos aguarda en el Passo della Foppa. El entorno no tiene la grandiosidad de otros paisajes alpinos, pero no lo echaremos en falta: el reto está superado.