El valor de vivir experiencias
Viajar siempre supone un cambio de mirada. Cada experiencia, conversación o rincón son una invitación a descubrir algo distinto. Las fotos, suelen ser el mejor testigo de lo vivido y son el mejor recurso para recordar y fortalecer las historias vividas. La experiencia global es la que marca el recuerdo, pero en ella hay cosas aparentemente menos importantes, que no deberían perderse nunca. Hablo de pequeños momentos, como una charla improvisada, una comida compartida, un atardecer o un simple paseo, detalles que acaban dando un plus a nuestra experiencia.
Lo importante no es cuántos lugares visitamos, sino lo que vivimos en ellos. Y para ello, qué mejor que nuestra escapada tenga personalidad y nos deje “expresarnos”, que refleje quiénes somos y lo que nos mueve.
Vivir experiencias es una tendencia que ha llegado para quedarse, es una realidad y cada vez somos más conscientes que hay algo especial “invirtiendo” en ellas. No se gastan, no caducan, y con el tiempo su poso crece.
El destino siempre puede ser ese gran aliado que hace que todo tenga más sentido. Esto, sucede en Gorbeia, donde la naturaleza te invita a detener el tiempo, respirar profundo y dejarte llevar. Un lugar en el que si dejamos que la bicicleta sea solo para machacarnos y hacer deporte, nos perderíamos lo mejor. Porque no hay nada mejor que dejar que el entorno, la naturaleza e incluso nuestro interior también hablen.
Gorbeia es conocido como “el corazón verde de Euskadi”, una frase que resume a la perfección su valor natural, cultural y simbólico. El Parque Natural de Gorbeia cuenta con más de 20.000 hectáreas de bosques, montes, pastos y hayedos, un auténtico pulmón verde para Euskadi.
Estamos ante un destino presidido por un monte que une dos territorios. El Monte Gorbeia (1.482 m) limita Araba y Bizkaia, y es la cumbre más alta de ambos territorios. Su cima es famosa por su Cruz de Hierro, símbolo de unión entre provincias y todo un emblema para el montañismo vasco. Y ya que hemos hablado de la Cruz que preside la cima, nos vais a permitir hacer un pequeño guiño a su historia. La cruz actual mide unos 18 metros de altura y es una estructura metálica muy visible. Es la tercera cruz instalada en la cima, la primera (1901) se derrumbó a los pocos días por el viento y el hielo. La segunda (1907), también cayó por las duras condiciones meteorológicas. La cruz actual (1907 y restaurada en 1931) es mucho más robusta, hecha de hierro forjado.
Hablando del Monte Gorbeia también resulta inevitable hacer mención del queso Idiazabal, con el que está estrechamente relacionado. Estamos en una zona de gran tradición pastoril. Durante siglos, los pastores han subido en primavera con sus rebaños de oveja latxa, raza autóctona de Euskadi, a los pastos de altura de Gorbeia, donde el clima y la vegetación son ideales para el pastoreo. Estas ovejas producen una leche rica y aromática, base del famoso queso Idiazabal.
Como veis, tenemos una base sólida repleta de argumentos. Ahora nos toca convertir las palabras en hechos y los sueños en experiencias. Os dejamos con 2 pequeños relatos que reflejan diferentes maneras de disfrutar de una “escapada” en Gorbeia. Sólo o acompañado, con amigos o con familia, y es que el valor de un destino es de poder ser un poco camaleónico, flexible, adaptable. Ser guionista de tu plan es jugar a caballo ganador.
Por Jon Beunza
Fotos: Andoni Epelde y Ander Salsamendi
Perfiles rutas: Ander Beunza
Altigrafías: Javi Fuertes, Franci García, Josemi Ochoa/APM
































