El valor negativo del "qué dirán". FEMINISMO CICLISTA

Por Jordi Escrihuela

Tarea difícil la que hoy tengo. Me han pedido que os hable de ciclismo en femenino. No soy ni un gran entendido y, ni muchos menos, un experto en el tema. Pensaréis, entonces, que por qué este texto no va firmado por una mujer. Podría haber tenido la opción de renunciar a hacerlo para sugerir que mejor lo escribiera una chica, que habría sido lo más fácil para mí, pero acepté el reto, como la mayoría de veces suelo hacer. 

He de reconocer que me van estos pequeños grandes desafíos. No sé si estaré a la altura o pasaré la prueba. En vosotras, y en vosotros, dejo vuestra sentencia final. Yo intentaré hacerlo lo mejor que pueda. En mi defensa puedo argumentar que en algunas de mis historias he intentado ponerme en la piel de una ciclista, o incluso en la mujer de uno de nosotros, los cicloturistas, con más o menos acierto, aunque tengo una anécdota con uno de mis relatos en el que me ponía en la situación de la abnegada esposa de un loco cicloturista.

El mejor y mayor piropo que recibí fue, con muy buena crítica, que aquella reflexión era imposible que la hubiera escrito un hombre. Queda dicho esto como curiosidad antes de ponerme en la labor de llamar la atención de vosotras, chicas ciclistas, que afortunadamente, y cada vez más, os dejáis ver más animándoos a participar en todo tipo de pruebas sobre dos ruedas, en un mundo en el que parecía que sólo había hombres.

La intención en el caso de nosotros, chicos ciclistas, es que cada vez que veamos un grupo de mujeres juntas dando pedales, no giremos el cuello porque este hecho nos llame la atención.

 ¿Me seguís todavía?

Podría enfocar este texto de diversas maneras. Una, lo que ya os he comentado, haciéndome pasar por una ciclista. Otra, hablando con chicas que van en bici y que me explicaran sus experiencias. Quizás la última podría haber sido crear una sección de "ciclismo femenino" en la revista, algo que se propuso, pero fue precisamente una mujer la que nos comentó que no era para nada necesario, y hasta algo absurdo, hacer una discriminación en páginas separadas, defendiendo, no sin razón, que el mundo del cicloturismo, y el ciclismo en general, es de todos, que no hay un universo de bicis para mujeres y otro para hombres. Estamos de acuerdo.

Puestos a pensar, y reflexionando sobre el tema, me acuerdo que en mi club siempre venían muchas chicas ciclistas. Que yo recuerde, hasta ocho eran las féminas que compartían kilómetros con el resto de los integrantes de los diferentes grupos en los que se dividían las salidas de fin de semana.

Recuerdo además que era una época en que nuestra federación territorial quería dar un definitivo impulso femenino de la bicicleta, y un día se organizó una salida con un grupo numeroso de chicas que salieron de Barcelona rodando a ritmo tranquilo en el que según nos explicó en su día Ariadna, la "capitana", la conversación "se centró en nuestras experiencias como ciclistas y en lo minoritaria de nuestra situación, reinando en todo momento un ambiente distendido y alegre, todavía más cuando nos adelantaba algún grupo dando gritos de sorpresa y de ánimos".

Hablando con ellas, lo que más les preocupaba era "qué hacer, como mujeres, poder practicar un deporte que también a nosotras nos gusta, sin tener que sufrir por si tenemos el nivel del grupo o no, por si alguien nos espera o por tener miedo a salir solas y sufrir algún acoso", las tres dificultades en las que coincidieron como más importantes.

Echando la vista atrás -bastante más atrás- nada menos que hasta el año 1914, también recuerdo haber leído un artículo de aquella época -gracias al excelente archivo del centenario Sport Ciclista Català- que se titulaba "El valor negativo del qué dirán" (Feminismo Ciclista) escrito por la periodista Júlia Aguiló, que nos explicaba como eran los inicios del ciclismo femenino en nuestro país a principios del siglo... pasado.

Por lo que nos explicaba Júlia en su artículo, en aquellos tiempos ver a una mujer encima de una bicicleta era inusual y escandaloso. Además tenían que justificar que aquellos vestidos que llevaban no eran "indecorosos ni inmorales", que el ciclismo no era antihigiénico, sino saludable y que les servía para "solazarnos un poco de nuestros comunes quehaceres", eso sí, sin olvidarse de sus principales tareas de mujer como madre y esposa, no fuera que alguien pensara que no podían hacer todas estas cosas a la vez. Según comenta, estaba tan mal visto ser mujer ciclista que hasta las gritaban y apedreaban. ¡Buf!

Júlia en su texto hace un alegato feminista para equiparar a las mujeres ciclistas con los hombres, defendiendo, por supuesto, que tienen el mismo derecho a distraerse y no quedarse en casa, dirigiéndose directamente a ellas para "romper esa cadena de esclavitud que tantos años arrastráis y mostraros tal como debe ser la mujer en nuestros días, libre e independiente". ¡Bravo!

Precisamente comentando con Ariadna este texto se valoraba, lógicamente, cómo han cambiado las cosas en un siglo pero sin embargo nos explicó una jugosa anécdota como la que vivieron en una Quebrantahuesos -sí, sí, en una QH de hace dos telediarios- al ser preguntadas en el pódium cómo lo hacían para compaginar las tareas de casa con el entreno. Para alucinar.

En fin, como podéis comprobar, se ha recorrido mucho camino en este tema pero aún quedan muchas pedaladas por dar. 

Foto: el124.com/