EL ANUNCIO DE ANNA

Por Jordi Escrihuela

31 segundos de realización impecable. Una puesta en escena inmejorable. Un anuncio emotivo, lleno de sentimientos y sensibilidad a flor de piel. Memorable.

En un impresionante primer plano, Anna, con su cabello a merced del viento, se nos muestra elegante, decidida e incisiva, sin dejar de lado, para los que la conocemos, un cierto aire de melancolía inquietante que nos conmueve: es emocionante el verla, y el escucharla, articulando palabra tras palabra, reforzada por los subtítulos que, leyéndolos, aún nos invitan más a la máxima atención, resumiendo en un instante el mensaje que nos quiere trasladar, y lo hace con ímpetu sereno, como es ella, cuando cualquier otra persona en su situación se podría haber derrumbado. Anna no, y se nos muestra templando su pasión, pintando un cuadro inmenso de evocación, de tristeza contenida, ayudado todo por los colores de la imagen: tonos claroscuros que realzan aún más el impresionismo de esta proclama.

En una nueva escena, ya vemos donde está ubicada nuestra Madona del Ghisallo, nuestra particular Dorleta. A distancia, contemplamos su figura, sola, justo en el centro de un bello paisaje en el que la pantalla se divide en cuatro partes: dos de cielo azul que casi se unen en una tercera en la línea del horizonte con el añil del mar que, a su a vez, abraza un rocoso acantilado coronado por una verde alfombra. Justo en medio de todo este marco está ella: Anna, en una inquietante situación que nos hace poner los pelos de punta, mientras la cámara se le va aproximando y observamos lo cerca que está del abismo: exactamente a un metro y medio, la distancia que separa la vida de la muerte.

Un escalofrío recorre todo nuestro cuerpo con esta fotografía y su arenga final, más si cabe, cuando en un nuevo plano, esta vez cenital, vemos a Anna junto al quebrado vertical, que con forma de proa de un barco, rompiendo las olas del océano, nos hace estremecer con una imagen muy difícil de olvidar. Así que desde aquí felicitar no sólo a Anna, sino también a la Dirección General de Tráfico y al creativo que ha ingeniado este maravilloso y llamativo anuncio, pues cumple todos los requisitos para llegar a sus destinatarios, cumpliendo a la perfección el compromiso para el que ha estado diseñado: un remate final para una campaña de concienciación que no olvidaremos jamás.

Una llegada a meta apoteósica después de lanzar un sprint final demoledor tras una durísima carrera de fondo, sorteando etapas, una tras otra, a cuál más dura, a cuál más dificultosa, llena de obstáculos, de subidas y bajadas, de correr mucho pero con cabeza, liderando el vasto pelotón de ciclistas, profesionales o no, cicloturistas, bikers y usuarios de la bici en todo su amplio espectro: desde el que va a trabajar moviéndose por la ciudad, hasta el que va a comprar el pan o el diario o el que simplemente la utiliza para ir a darse un baño a la playa, sin olvidarnos de los peatones. A todos ellos, a todos nosotros, por nuestra seguridad. Nos ha llevado en volandas y nosotros la hemos seguido hasta el final, a nuestro maillot amarillo. Y lo ha hecho en masa, moviendo montañas, y si nosotros no hemos podido acercarnos a ellas, Anna lo ha hecho por nosotros, con una fuerza colosal y un valor tremendo. Y es que siempre hemos creído en ella, desde que se presentó hace un año y medio como jefa de filas del pequeño equipo que por entonces se estaba forjando, con muy pocos medios: alguna foto, algún texto de llamada y una etiqueta que empezó tímida pero que ha acabado siendo toda una referencia, todo un grito reivindicativo que refleja una lucha aún inacabada pero que promete que lo haga pronto. En efecto, #porunaleyjusta se convirtió en un efecto viral que llegó a todos los confines de nuestro país, porque seguro que no hay nadie, ciclista o no, que no sepa lo que significan estas cuatro palabras unidas.

Han corrido muchos ríos de tinta sobre lo que Anna ha hecho, y aún continua haciendo, por todos nosotros; no nos vamos a repetir ahora, pero queremos que estas palabras que le volvemos a dedicar sirvan de colofón, primero, para darle las gracias, algo que nunca, nunca, nos cansaremos de hacerlo y, segundo, porque parece que este próximo 30 de junio, y según ha anunciado públicamente, Anna se va a tomar un merecido descanso para dedicar su tiempo a vivir por fin su vida, después de un trabajo impagable, completamente altruista, dando ejemplo de constancia y tenacidad, de lucha y sufrimiento, con madera de líder, auténtica, todo un ídolo a nivel mediático que echaremos de menos, como símbolo de nuestra resistencia.

Nuestro dorsal nº1 se retira, seguro momentáneamente, porque conociéndola, ella seguirá ahí, quizás de otra manera, viendo los acontecimientos desde otro punto de vista, sabiendo que ella fue pionera batallando por cambiar unas leyes para proteger una numerosa familia, con la satisfacción del "deber" cumplido -porque no era su deber-, cuando por fin se vean reflejados los resultados en la carretera y desaparezcan las noticias de siniestralidad que todos conocemos de las primeras páginas de los medios de comunicación.

A partir de ahora, Anna se aparta de la cabeza del pelotón y se deja caer hasta la "sala de recuperación" para volver, seguramente, más fuerte, dadas sus inquietudes que harán que busque nuevas luchas, nuevas batallas por la igualdad, en este o en otros ámbitos. Al tiempo, porque ha habido gente que ha visto de lo que es capaz y puede lograr y, dicho sea de paso, no estaría nada mal que alguien como Anna le diera un repaso a este sufrido país.

Por cierto, ahora nos quedará un maillot amarillo que colocar y se buscan relevos para seguir tirando del equipo, porque esto ha sido una victoria en una gran vuelta por etapas de muchas semanas, pero seguirán llegando otras, las temporadas son muy largas y esto no ha hecho más que empezar.

¿Alguien se anima a dar la primera pedalada?