CICLISTAS Y CONDUCTORES

 

Por Jordi Escrihuela


Hace menos de un mes, Michel, ciclista, buen amigo y colega nuestro, uno de los gregarios más fuertes de nuestra estimada líder Anna González López, me envió por privado un artículo escrito por un tal Matías Vallés, bajo el título que da nombre a este mismo texto y que he querido reaprovechar para llamar de nuevo la atención a otra columna de opinión ("Al azar", la llama. Sin comentarios) venida, otra vez, sí, de nuevo, desde Mallorca.

Se trataba de otro alegato en contra de la comunidad ciclista, de un nuevo torpedo a la línea de pedaleo de la bicicleta. Quizás esta vez, este nuevo argumento, pasara desapercibido para la mayoría de nuestro colectivo, porque estas ocurrentes sartas de sandeces venían publicadas en papel en El Diario de Mallorca y poco, o nada, se comentó al respecto, a diferencia de su colega de profesión el gran "comunicador" Toni Marqués que, como todos recordaréis, hizo lo propio pero en un medio digital como mallorcadiario.com.

No sé que tendrán algunos periodistas de la isla mayor en contra de los ciclistas, pero esto empieza a ser una persecución en toda regla a los usuarios de la bici, no sólo en Mallorca, sino en todo el país. Como digo, parece que pasó inadvertido para muchos, pero no para Michel, que con total incredulidad, asombro, indignación y enojo me  lo envió para que lo leyera y no lo pasara por alto.

En él, otra vez, otra maldita vez, pude volver a leer, de nuevo, lindezas como que "la disputada condición de víctima había encontrado a su campeón universal: el ciclista", señalándonos como los culpables de todos los males que "buscamos someter a todos los ciudadanos y carreteras a nuestras exigencias para garantizar nuestra seguridad".

Vomitivo ¿verdad? ¡Qué asco! ¿Y qué quiere señor Matías? ¿Acaso no busca en todos los ámbitos de la vida protección para usted y su familia? ¿No tenemos derechos los ciclistas? ¡Vergüenza, de verdad! Porque además, como siempre suele suceder, la cosa no queda ahí y va más lejos, para seguir cubriéndose de gloria en forma de mierda sigue diciendo, e insistiendo, que "los ciclistas nos autoproclamamos víctimas por excelencia" y que "esa condición de víctima nos garantiza el incumplimiento ecológico del código de circulación" (?) "Ecológico" ¿Ha dicho ecológico...? ¿Cómo dices? ¿Acaso no es el medio más respetuoso con el medio ambiente?

Y sigue -agarraos que vienen curvas-, y no va y espeta lo siguiente: "con mallas y casco, los ciclistas reclaman el derecho a explotar Mallorca como si no hubiera otro millón de habitantes". "Explotar" ¿Ha dicho explotar...? Pero... ¿qué estás diciendo? ¿Los ciclistas "explotamos" la isla? ¿Acaso somos un turismo invasivo, contaminante, poco eficiente o irrespetuoso con la naturaleza? Porque además, bien que dejamos, allá donde vamos, nuestro dinero para beneficio de la economía local ¿verdad?

Sin freno, el junta letras se tira en un descenso a tumba abierta y demarra con un vergonzoso "la isla no da para tanta víctima", que solo el reproducir esta frase me da escalofríos, me pone los pelos de punta y me aterroriza.

Ya, para finalizar, remata con una reflexión para que los cicloturistas nos miremos en el espejo de los peatones, ya que "estos no están canonizados como los ciclistas y que hemos ocultado al único ser verdaderamente desprotegido en la vía pública: el peatón", que muere a manos del tráfico rodado, viniendo a insinuar que ni se queja, ni se manifiesta, ni pretende ser una víctima y que además "se le entierra con discreción", como si el funeral de un ciclista fuera una especie de verbena popular.  Vamos, que el tío sale a hombros -eso cree él- cortando rabo y dos orejas. Madre de Dios... ¿hasta dónde hemos llegado?

Busqué el artículo de marras en internet, a ver si se podía acceder a él on line, y sí, en efecto, googleando "Matías Vallés ciclistas conductores" lo encontré a la primera, en la plataforma digital de dicho diario, pero cual fue mi sorpresa que para poderlo leer me tenía que suscribir y pagar (podéis comprobarlo). Sin comentarios. Y lo dejé estar... momentáneamente.

Recuerdo que en su día a Michel le mostré "mi alucine" y mi agradecimiento por compartirlo, pero también le comenté que no sabía si contestarle porque esta gente ya me agotaba. "No te agotes, no vale la pena" -fue su respuesta. Aunque prometí hacerlo si el tema se complicaba.

Por eso hoy, y de nuevo hoy, otro sábado y otro domingo, de nuevo, otra vez, otra maldita vez, como ya hice anteriormente: "yo te maldigo", sí, a ti, y a todos los que como tú incitáis al odio hacia los ciclistas, y sí, "yo te denuncio", te denuncio por apología del terror, porque con escritos como el tuyo -como los vuestros- no hacen otra cosa que desprestigiarnos ante los conductores y la sociedad en general, buscando un deseo de culpabilizarnos, de rencor encubierto (o no) hacia un tejido humano que sólo pretende salir "ahí afuera" para vivir una vida saludable, disfrutar de ella de las mejores maneras que no es otra que en bicicleta.

Ya lo he escrito en más de una ocasión, estos señores no entienden que el viajar en bici nos permite adentrarnos de forma armónica en paisajes que no merecen el paso de vehículos contaminantes o ruidosos, que no saben tampoco lo que significa pedalear por bosques, bordear lagos y ríos, atravesar hermosos pueblos y valles, alcanzando cimas de felicidad. Ellos no lo son, son infelices.

Por tanto, sí, "yo te maldigo" porque para desgracia tuya (vuestra) desde que salió publicado el primer desdichado escrito titulado "muerte al ciclista" ha sido como una premonición, un castigo, nuestro ángel nos ha abandonado y desde entonces más de una docena de accidentes graves, muy graves, y mortales han inundado las noticias de los medios de todos estos terribles últimos fines de semana.

Por eso he vuelto a escribir, por eso vuelvo a denunciar, por eso vuelvo a señalar, por eso vuelvo a culpar, para que no nos olvidemos nunca de seguir exigiendo, de seguir defendiendo por una ley justa, por nuevas medidas (casi) desesperadas, por el metro y medio de separación, por nuestras familias, por nuestros amigos, por nosotros... Y, sobre todo, para que no nos acostumbremos fin de semana sí y fin de semana también a recibir este tipo de noticias, que no se "normalicen", que nos sigamos preocupando, disgustando, cabreándonos ante estos asesinatos, que no nos rindamos, que sigamos luchando, que no bajemos los brazos, que no lleguemos a un punto de resignación porque esto parece que no haya nadie que lo pueda parar.

Sí se puede y está en nuestras manos, en la de los que nos gobiernan, en la de los no ciclistas que nos leen y queremos que nos entiendan y comprendan.

De momento, hasta que esto se consiga, como siempre, prudencia en la carretera, huid de las áreas metropolitanas o con más circulación, no salgáis solos y si podéis, mucho mejor, coged el tren y escapaos con vuestra bici lo más lejos posible, al menos a una hora o más del intenso tráfico y perdeos, perdeos, por carreteras tranquilas, solitarias, bellas y pintorescas.

 Por favor... ¡ni uno más!