Yo te maldigo

Por Jordi Escrihuela

Dibujo: Juan Manuel Escrihuela

Otro domingo, de duelo. Otro fin de semana, de luto. Otra triste tarde en casa, pensando, lamentando… ¿Cuántas llevamos ya?

Yo te maldigo, asesina. De nuevo, un accidente. Mortal. ¿Accidente? Para nada. Has cometido un crimen. Lo sabes. Por mucho que te ampare la ley, no eres una homicida involuntaria. Eres una criminal.

Tu asesinato llega, además, 48 horas después de que en este país alguien se retractara de lo publicado hace exactamente una semana. Bajo el título “En favor de la vida -la de los ciclistas y la de los demás-, siempre”, leyéndolo, aún tendremos que dar las gracias porque nos dejen vivir, aunque he de decir que sus disculpas, aunque las aceptemos de buen grado y se las admitamos y donde dije digo, digo Diego, a mí particularmente no me acabaron de convencer. Me parecieron demagogia barata, argumentando en su defensa frases de Perogrullo como que ahora la bicicleta sí es un vehículo (donde en un primer artículo se jactaban de pasar olímpicamente de lo que pudiera definir la RAE) y que los ciclistas sí tenemos derecho al uso de la vía pública.

En este texto “de perdón” -también a toro pasado- se ha defendido la separación de seguridad de metro y medio, cuando anteriormente se había escrito que se desconocía el placer que nos lleva a pedalear mirando que no nos pasen los coches por encima, rozándonos, a menos de medio metro de distancia de nosotros.

Y alguien lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a suceder. Han vuelto a arrollar a un grupo de ciclistas. Maldita seas. Te maldigo y te culpo de la tragedia que hoy ha sacudido al mundo del ciclismo y el cicloturismo: ciclistas, familia y amigos de las víctimas.

La muerte, hoy, de dos de los nuestros y tres accidentados más, es imputable a alguien muy concreto, pero amparada, esta persona, por la mirada inmovilista de los que nos gobiernan, los que tienen en su mano endurecer las leyes para que trágicos sucesos como éste no se vuelvan a repetir, que el “nunca más” y el “ni una víctima más” se hagan realidad y no sean sólo frases hechas y recurrentes.

Esta tarde tendría que estar escribiendo sobre otros temas, redactando algún artículo para la revista, imaginándome perdido por alguna ruta de montaña, haciendo volar mis recuerdos para intentar transcribiros sensaciones, paisajes y emociones; pero otro domingo -y sacando fuerzas de nuevo-, redacto estas líneas con mis ojos a punto de desparramar lágrimas por el teclado, con las manos temblorosas, llorando en silencio la pena que me invade ante hechos como el de hoy, sin saber qué hacer, ni cómo actuar, viéndome impotente de cómo toda la lucha que se está llevando a cabo, tantas manifestaciones y discursos, tantas frases y opiniones acuñadas, que en este país no sirven para nada y todo sigue igual. Seguimos sin avanzar.

Otra jornada dominical que quedará, como muchas otras, en la crónica negra de una historia que parece no tener final, un largo túnel en el cual aún no vemos la salida, a pesar de las luces que en este largo trayecto están procurando iluminar un pelotón de más de 200 mil personas que están haciendo que se remuevan conciencias en este sufrido país.

Sabemos que existen foros anti-ciclistas, que haberlos los hay, en los que lo más bonito que se nos dice es que estorbamos, que sobramos de la carretera, que molestamos el paso de vuestros flamantes deportivos, intentando demostrar que sois todo un Fernando Alonso al volante, realizando vertiginosos descensos, apurando marchas, cortando curvas, adelantando con temeridad y circulando a gran velocidad… a éstos ¿cómo los tendríamos que considerar?

Yo te maldigo, a ti, que ibas borracha y drogada.Igual que a todos los que te anteceden en estos crímenes. Ellos eran, lo son, culpables. Tú eres culpable. Lo sabes, seguro que lo sabías, que ponerte al volante de tu máquina de matar, en esas condiciones, ponía en peligro tu vida y la de los demás.

Nosotros seguiremos reclamando a gritos, y exigiendo, leyes más justas, pero también más controles policiales a las salidas de discotecas y antros de “fiesta” en “favor de la vida, siempre” o pidiendo que los domingos se restrinjan por franjas horarias la conducción de vehículos a motor por carreteras secundarias muy frecuentadas por ciclistas y no al revés como solicitaban, o que por fin se implante el alcoholímetro en el volante del automóvil, para poder bloquearlo e impedir su conducción.

Seguro que con sólo echar tu aliento habríamos evitado este accidente.

Seguro.

Yo te maldigo.