El día que ZIKLO limpió un puerto

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REZIKLANDO. Limpiando el Forat (del Vent)

Por Jordi Escrihuela

"¡Hoy vamos a limpiar un puerto!"

No, no somos Kristian Pielhoff  ni esto es un programa de Bricomanía, el presentador de este espacio que con cuatro piedras y algo de pegamento era capaz de levantar una catedral.

Pero sí somos cicloturistas, amantes de la naturaleza, del medio ambiente y de la limpieza en nuestros montes, y lo que hoy vamos a hacer es limpiar un puerto de paso con toda la modestia del mundo, aprovechando un paseo con nuestras bicis subiendo un coll muy apreciado por los ciclistas barceloneses.

 

Estamos en pleno Parque Natural de Collserola, macizo montañoso perteneciente a la cordillera Costero Catalana con más de 8.000 ha de espacio protegido y con una gran masa forestal que funciona como un enorme pulmón verde que abraza y oxigena a toda una gran ciudad y su cinturón metropolitano.

Cercano y familiar, es toda una válvula de escape para los habitantes de las grandes poblaciones que viven a su alrededor, una joya junto a la gran urbe que invita no sólo todos los fines de semana, también los días laborables, ya sea de mañana o de tarde, a salir a pasear, correr, caminar, practicar un poco de senderismo o, como en nuestro caso, ejercitarnos en nuestro deporte favorito, bien dándole a las ruedas gordas de la mountain bike por la gran cantidad de caminos que se entrelazan en la sierra, o bien con nuestra flaca de finas ruedas por las vías que la atraviesan de lado a lado ascendiendo y descendiendo pequeños pasos de montaña de dureza moderada, salpicados algunos con ciertas cuestas o emboscadas por carreteras con no excesivo tráfico, con su encanto, y que puede hasta que nos sorprenda por la variedad de formaciones vegetales y de diversidad biológica que podemos contemplar para estar tan lindante de una gran metrópoli.

Hay rincones tan bellos por descubrir y por donde pedalear que en nada tienen que envidiar al vecino Parque Natural del Montseny.

"Todo esto te daré"

El Tibidabo, a 512 metros de altura, es el pico más alto y el puerto estrella de Collserola, tan próximo y accesible a los cicloturistas barceloneses, que sirve de puesta a punto en el día a día de los entrenos de los que tienen en el punto de mira participar en importantes eventos marcados en rojo en el calendario ciclista.

Collserola es así de amable para los deportistas de esta inmensa y cosmopolita capital que afrontan sus problemas cotidianos, constituyendo toda una escapada en sí misma, con un bonito ejercicio rutinario que les sirva para cumplir con esos propósitos de la jornada, ya sea entrenando, paseando o simplemente dando una vuelta en bici para desintoxicarse del aire viciado de la gran ciudad.

Desde aquí arriba las vistas sobre sus parques y jardines, calles y avenidas, playas y montañas, son extraordinarias y la verde masa forestal que ocupa todo el parque natural espectacular. Observar la salida del sol desde el mar, una mañana cualquiera, proyectando un asombroso juego de luces sobre el cielo y la ciudad, puede convertirse en toda una experiencia.

Una quedada y salida rápida entre amigos en bicicleta es ascender el Tibidabo por la conocida y entretenida Rabassada, para luego descender a Sant Cugat del Vallès y volver a la ciudad atravesando Cerdanyola para encarar el paso de El Forat del Vent, que es nuestro objetivo de hoy.

El Túnel del Viento

Situado entre esta población del Vallés y Barcelona, es otro puerto muy querido y frecuentado por los cicloturistas barceloneses. El grito de guerra fem un forat! estemido por muchos integrantes de los clubes de los diferentes barrios que vuelven de sus excursiones, de sábado o domingo, a casa por Collserola y afrontan esta tachuela como última dificultad del día y que por eso hace que no las tengan todas consigo, porque se suele afrontar ya con muchos kilómetros en las piernas y porque es siempre sinónimo de batalla.

En sus rampas, no muy duras (media del 3'5% para sus 7 kilómetros de longitud),  suelen haber grandes peleas entre los gallos de los diferentes grupos, un postre que sepuede indigestar a más de uno. 

El Forat del Vent (349 m de altura) puede ser un delicioso paseo entre pinos, robles y encinas, o una pequeña gran tortura que pasará factura a los que lleguen más tocados.

Este alto tiene dos vertientes: la norte, que es la que comentamos y la que nos parece más interesante a nivel cicloturista, y la sur, que parte del barrio de Horta junto a su velódromo y que tampoco podemos desmerecer ya que sus pocos más de 4 kilómetros al 5'6% de media esconden puntas al 9%.

Quizás en este lado haga más honor a su nombre ya que suele ser algo más habitual que sople el viento al estar menos protegido por el arbolado que su vertiente sur, más sombría y boscosa, aunque eso sí, las vistas de nuevo sobre la Ciudad Condal son muy hermosas, y más si hacemos un alto en el camino y paramos en alguno de los miradores para deleitarnos con la visión del gran núcleo urbano que aparece ante nosotros como un gran escaparate.

Pero nuestra referencia sigue siendo la vertiente norte, una cuesta en la que los más fuertes suelen subir incluso a plato, dado sus continuos cambios de ritmo y sus repechos salpicados con algunos tramos llanos, un puerto en el que los cicloturistas de aquí sevienen a probar, poniendo su reloj en hora y comprobando su estado de forma.

"M'agrada veure't passar"

El pequeño paso, además, puede presumir de pertenecer al selecto grupo de puertos de montaña que en su cima tienen su cartel informativo elaborado en madera (y viento) por el gran Ricardo Landaburu (Buru) -que ya todos conocéis- que talló y pintó aquel pedazo de tablón para dedicárselo a otra gran persona como Merche López, que muchos de vosotros recordaréis como una de las pioneras breveteras en este país y finisher de la París-Brest-París que lo ascendía (y lo sigue haciendo) a diario.

 

Pues bien, como imaginaréis, después de ascenderlo en multitud de ocasiones y comprobar el lamentable estado de limpieza en el que se encontraba sobre todo su cuneta derecha, la que tenemos más a la vista, y pensar una y otra vez qué bueno sería poder coger algunas bolsas de basura y recoger todas las latas, botellas, plásticos, envoltorios, etc. que cada vez que subíamos y las veíamos se nos revolvía el estómago por comprobar cuán estúpidos son algunos por no ser capaces de llevarse la basura a sus casas.

La contemplación de estas inmundicias se nos atragantaba más que la propia cuesta en sí. No lo podíamos remediar y siempre se nos iba la vista a la derecha en cuanto aparecía algún elemento que no debía permanecer en aquel entorno.

Esta idea nos rondó durante mucho tiempo la cabeza, pero siempre por una circunstancia u otra no encontramos el momento de ponerlo en práctica, hasta que por fin pensamos, por qué no, hacerlo, fotografiarlo y mostrarlo a nuestros amigos.

Los resultados los tenéis a la vista: dos bolsas de porquería.  Eso sí, luego cada residuo fue a parar a su contenedor correspondiente.

 

Esperamos que con esta iniciativa otros cicloturistas os animéis a hacer lo mismo con ese puerto cercano a casa en el que pasáis día sí y día también, y hartos de ver la suciedad que se acumula en sus cunetas, escribáis el segundo capítulo de este reziklando. Gracias.