¿ENGORDASTE?

Por Jordi Escrihuela

"¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?" Ya estamos, la pregunta más puñetera que te pueden hacer después de las Navidades, siempre hablando en términos cicloturistas y entre amigos, claro, cuando te los encuentras a la vuelta de vacaciones y te presentas con tu bici y, todo sea dicho de paso, con el maillot algo más ajustado y apretado, a la primera salida post navideña con los compañeros de tu club. Y lo sabes, porque eres consciente de que cuando esta mañana te has puesto el culote ya no te va tan holgado como la última vez que te lo pusiste antes de dedicarte a la buena y contemplativa vida de estas fiestas. Y, reconócelo, cuando te has mirado al espejo (porque sí lo hacemos, para ver si estamos "guapos" y "elegantes" con nuestras equipaciones) y además lo has hecho de perfil, claro, has comprobado que, en efecto, una ligera curva de la felicidad se dibuja debajo de tu maillot oficial del club. Y lo sabes, sabes que en cuanto te vean será lo primero que te suelten. No te preguntarán por los Reyes Magos, ni cómo te lo has pasado, ni siquiera te dejarán explicar si te han traído algo nuevo para la bici. Quizás lo hagan, sí, claro, pero después de haber puesto primero el dedo en la llaga de tu pérdida de figura, entre sonrisas cómplices y comentarios poco afortunados ("no veas cómo te has puesto, ¿no?", "se te ve fondón").

"¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?" ¡Cómo duele! ¿Verdad? Y si encima no es que te lo pregunten (¿engordaste?) sino que te lo confirmen (¡engordaste!) ya ni os cuento, y si a la temida pregunta (o afirmación) va acompañada de una suave palmadita en tu incipiente barriguita (¡con la rabia que te da!) ya te acuerdas directamente de toda la familia de todos tus queridos colegas, dicho esto con todo el cariño del mundo.

"¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?" ¡Ah! Eso de que te recuerden lo bien que lo has pasado en Navidad, bebiendo y comiendo turrones y polvorones, que han ido a parar a tus michelines sin demasiadas contemplaciones y sin saber aún muy bien cómo, o esas copas de cava o de vino de más, por no hablar de esos asados que te has metido entre pecho y espalda y que han hecho que hayas engordado... ¿un par de kilitos? ¿Tres? ¿Más? ¿Tantos?

"¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?" Y lo sabes, de nuevo lo sabes. Si es que ya tenemos una edad, hombre. Que cuarentañeros, cincuentañeros, sesentañeros (no cuarentones, no cincuentones, no sesentones) o más, nos pongamos un maillot ajustadito y nos siente bien... pues qué queréis qué os diga, supongo que no es lo más apropiado para nuestra edad, aunque siempre hay, claro está, benditas excepciones que, a pesar de que el chasis ya tiene unos cuantos cientos de miles de kilómetros se conservan finos, finos, y esto, sin duda, aún les hará aparentar más jóvenes, desde luego, porque por otra parte, si quieres quitarte unos añitos de encima, lo mejor es ponerte un casco, unas gafas oscuras y echar a correr con la bici. Ya verás qué bien te verán.

"¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?" Eso es lo que le decían sus amigos a Cundo (Javier Cámara) cuando volvía, después de mucho tiempo, a su tierra (Asturias) en la deliciosa película "La Torre de Suso" y sufría en sus carnes esa frase, escuchándola muy a menudo, pues te sentirás igual que él ("¡la madre que los parió!"), nuestro querido protagonista de una bonita historia de familia y amistad, ambientada en el marco de lujo que representa disfrutar del paisaje asturiano.

Pues ya lo sabes, si ahora a la vuelta, este primer sábado o domingo de enero, te encuentras con esta incómoda sensación y te repiten una y otra vez "¡Oye! ¡Engordaste! ¿Eh?", que parece la presentación oficial a modo de bienvenida de nuevo al grupo, siempre podrás responder como el bueno de Cundo:

"¡Sí! ¡Engordé! ¿Pasa algo?"