EL CARNET DE CICLISTA

Por Jordi Escrihuela

¿Qué es el carnet de ciclista? ¿Quién lo tiene? ¿Quién puede presumir de tenerlo? ¿Alguien lo ha visto? ¿Cómo es? ¿Cómo se consigue? ¿Quién lo expende? ¿Cada cuánto se renueva? ¿Qué papeles hay que presentar para solicitarlo?

Cuando yo empecé en esto de salir en bici, hace ya más de media vida, y aquí en mi tierra, Barcelona, recuerdo que mis amigos ciclistas, más veteranos que yo, me decían que hasta que no subiera a Montserrat no conseguiría el carnet de ciclista.

¡Ah! ¿Sí? Contestaba yo, alucinado. Caramba, pues tendría que hacerse uno ciclista visitando a La Moreneta. Cuando poco tiempo después lo conseguí ascendiendo sus rampas y ya me bauticé como "ciclista", pronto se me caducó y me dijeron que ya no valía, que si quería el carnet lo que tenía que hacer era escalar los Lagos de Covadonga.

¡Buf! Palabras mayores. Los Lagos, los hermosos y duros Enol y Ercilla, con su terrorífica rampa de La Huesera que un buen día apareció delante de mí como un gran muro, un tsunami, una ola de asfalto que por aquel entonces (en los años 90) era el paradigma de dureza extrema, porque sí, porque para allá fuimos cuatro colegas a sacarnos, esta vez sí y ¡por fin! el carnet de ciclista.

Cuando bajamos de allí, ya de vuelta, de nuevo me dijeron que eso ya no servía, que si quería ser ciclista el único modo de obtenerlo era en la cima del Tourmalet. Se ve que allí arriba estaba instalada la oficina donde repartían los carnets a los ciclistas, los auténticos, los que dan fama a todos aquellos que se han subido a una bici.

¡Madre mía, el Tourmalet! ¡El bicho! ¡Madre mía, el bicho! El rey de los puertos, aquel que un día definieron como "no es el más alto, ni el más largo, ni el más duro, ni el más bello" pero que ascenderlo te daría prestigio entre el resto de ciclistas.

¡Oh, Tourmalet! Pues nada, para allí que fui en busca de una nueva reválida y nuevos papeles para justificar mi condición de ciclista globero de élite. También me acordé de un anuncio de una famosa bebida que decía "nunca subirás el Tourmalet", que sé que picó a más de uno de nosotros.

Igual que a mí y me dije ¿cómo que no? Y para allí me fui a retirar mi nuevo carnet.

Una vez logrado pensé que esta vez sí, que ya nadie me lo podía quitar, que ya era mío, que por fin era ciclista de verdad y que ya tenía los papeles en regla para presumir delante de mi gente.
Nada más lejos de la realidad.

Esta vez me pusieron un nuevo reto ya que entre la peña empezaba a sonar con fuerza el rumor de la creación de un nuevo carnet de ciclista en la provincia de Huesca, concretamente en Sabiñánigo. En efecto, si quería renovar mi flamante acreditación de ciclista turista pro tenía que ir y finalizar con éxito la famosa Quebrantahuesos, que por entonces apenas llevaba tres o cuatro ediciones en marcha.

Como curiosidad, algunos creían que el nombre venía a cuento del cuerpo que se te quedaba al finalizar los nada menos que 205 kilómetros de recorrido salpicados con cuatro puertos de montaña, entre ellos el terrible Marie Blanque que, según decían en aquella época, un coche tenía que subirlo en primera.

Pues de nuevo junto a mis colegas, venga va y tira que nos da la risa, que nos vamos a por nuestro carnet de ciclista casi profesional, porque la Quebranta, o simplemente la QH como ya se empezaba a conocer por aquel entonces, era digna de una etapa tipo Tour.

Contentos, y satisfechos, esta vez sí, nadie nos iba a negar nuestra gran condición de CICLISTA, así con mayúsculas. Y pensamos que este carnet ya iba a ser de por vida, pero no...

En esto que llegamos al año 1999 y Perico se lanza a la conquista de un nuevo puerto, inédito, terrible, terrorífico, infernal, lo más duro jamás visto en ciclismo, unas rampas increíbles en tierras asturianas que se disparaban hacia el cielo como flechas. Estoy hablando sí, del Angliru. Las palabras de Pedro Delgado, de nuevo, dejaban en evidencia nuestra acreditación de ciclista: "aquí arriba, en el Olimpo de los puertos, te dan el carnet de ciclista".

Caramba, el Angliru, el puerto más duro de España y probablemente de Europa. Pues no quedaba otra ¿no? Pues sí amigos, allí entre enormes vacas escalando la cuesta de una dureza ultra extrema de La Cueña de la Cabres conseguí de nuevo renovar "el título" de ciclista.

Parecía que ya nada por fin iba a evitar tener el carnet de ciclista de por vida. Aún y así, me fueron (me fui) poniendo otros retos donde ir sellando este pasaporte a la fama cicloturista y creo que después de haber subido todo lo escalable en mi tierra, fuera de ella y parte de los grandes colosos europeos, aún creo que el carnet no lo tengo en propiedad porque siempre salen voces: "no eres ciclista hasta que no acabes una Marmotte o una Etapa del Tour", si bien ésta última si fui capaz de finalizarla y no hace mucho. O bien, el súper carnet, casi inalcanzable en forma de 1200 kilómetros entre París y Brest (y vuelta) en el que ya para mí gusto era un pelín "demasié"

Seguirán los retos a la búsqueda de nuevos carnets, pero hoy en día y para mí, el auténtico carnet de ciclista lo encuentro cada día cuando salgo en mi bici de casa para ir a trabajar y enfrentarme a la jungla de asfalto de mi ciudad.

Y a vosotros... ¿dónde os dieron el carnet de ciclista?