Y si nos pudiera hablar... ¿qué nos diría?

Texto: Jordi Escrihuela

Fotos: www.paucatlla.com

Soy tu amiga. O al menos intento serlo. Tuya y de todos tus amigos que a veces te acompañan.

Y es que ya hace mucho que nos conocemos ¿verdad? Son muchos años de intensa relación, con sus lógicos altibajos y sé que aún me quieres.

Hemos reído. Hemos llorado juntos. También ha habido espacio para la sangre y el sudor.

Hemos tenido momentos buenos, como la primera vez que nos conocimos. Nuestros primeros años juntos. ¿Los recuerdas? Yo creo que te llegaste a enamorar de mí, aunque no lo quieras reconocer.

También hemos tenido ratos no tan buenos, o realmente malos. No te los quiero recordar, pero pienso que tuviste días en los que me llegaste a odiar.

Tú lo estabas pasando mal y me culpabas a mí. No querías darte cuenta que era culpa exclusiva tuya. Sin embargo, te empeñabas en que yo me sintiera culpable, renegando de mí, insultándome. Llegaste incluso a escupirme. Yo lo único que hacía era acompañarte, como siempre he hecho desde que nos conocemos. Otras veces has preferido simplemente ignorarme. Tú y tus amigos. Pero yo te perdono.

Como te digo, sé que en el fondo me quieres y te quedas con todos los ratos buenos que hemos pasado juntos. Sé que disfrutas de mis curvas, de mis repechos. Te encantan, lo sé.

 

No te gusta que me ponga recta contigo. No me soportas. Cuando lo hago, prefieres esconderte detrás de tus amigos. No quieres que te vea. No quieres que te diga lo que pienso a veces a la cara. Pero también sé que en el fondo te gusta que sea exigente contigo. A veces eres un poco masoquista y prefieres que me ponga dura contigo. Necesitas que te ponga a prueba y superarme, vencerme y decirme “aquí me tienes”. Necesitas poseerme, hacerme tuya y prefieres que no te lo ponga fácil. Te gusta perderte entre mis curvas. Tú y tus amigos.

 

Me compartes. Aunque yo prefiero que vengas tú solo. Me encanta verte pasar y que me acompañes durante horas y horas en largos paseos.

Me gusta que me acaricies. Aunque no siempre te puedo dar lo que me pides, no me acuses de estrecha. Yo soy como soy.

 

No me gusta cuando todos tus amigos y tú os vais de marcha. Me hacéis sufrir.

A veces también me dices que puedo ser muy peligrosa. Si ves que sí, que me vuelvo agresiva, por favor, ¡huye de mí! Deja que me calme y búscame en otro momento. Yo también tengo mis ratos malos. Compréndelo. No quiero que mis enfados te hagan mal, que algún desliz mío te suponga una caída de la que luego no puedas recuperarte. O que pagues mi enojo, con algunos hombres más poderosos que tus amigos y tú, con algún revolcón. No quiero hacerte daño.

A veces, también me exiges tanto que me quedo cortada y no sé qué responderte. Tú te das la vuelta y te vas, desilusionado. Pero yo me quedo allí, esperando a que vuelvas. Y es que, a pesar del tiempo que llevamos juntos, no me conoces del todo. No sabes hasta dónde soy capaz de llegar. Ni tú ni tus amigos.

 

Pero siempre me tienes ahí. Siempre procuro complacerte y mostrarte mis encantos. Puede que a veces me encuentres fría y distante, pero otras, seré tan fogosa contigo que te haré sudar de lo lindo. Dices que soy muy larga, que aprendes mucho conmigo. Será la experiencia. También muchas veces me dices cosas muy bonitas, como que soy muy bella y entretenida, que soy “guapa”, que te encanta que te lleve al límite, que te haga disfrutar tanto que subas hasta el cielo. Yo soy así. Luego te gusta relajarte en mi regazo, después del esfuerzo, y te dejas caer en mis brazos.

 

Sé que a veces no me eres fiel. Cuando me encuentras fría prefieres buscarte a otras. Tú crees que no me entero, pero te veo, siempre te veo, aunque tú no lo sepas. Cambias mi fina piel por otras más rugosas. Será que te empiezan a gustar las maduras. Tú sabrás lo que haces. Pero al final siempre vuelves a mí.

¿Mi nombre? Yo soy la carretera.