FRIKIBRANTAHUESOS

Por Jordi Escrihuela

Hoy en día que tan de moda están los frikis, esas personas raras, raras, de las cuales muchas veces nos reímos, de ellos o con ellos, ¿acaso distamos mucho de estos personajes para nuestras familias y amigos? Entendiendo claro, que nuestro entorno, salvo benditas excepciones, no es capaz de dar ni siquiera una pedalada para ir a buscar el pan o el periódico.

Somos gente extraña para ellos, somos “frikis”... y quizás tengan razón, porque qué es lo que hace que nos unamos un sábado de solsticio de verano, con todo lo de mágico y esotérico que conlleva, para completar un recorrido de más de 200 km por el Pirineo, subiendo y bajando montañas, sorprendidos por el fuerte viento del Nortesubiendo el Somport y por un frío del carajo descendiéndolo. Y menos mal que el fresquito se agradeció subiendo el Marie Blanque, ya que otros años habíamos padecido un calor sofocante, convirtiendo la Dama Blanca en un horno a presión.

“¡Están locos estos ciclistas, salir con este tiempo!”, “Yo, este recorrido no lo hago ni en moto”,... ¿y qué les explicas a la gente que no entiende nada de este deporte? Nada, seguiremos siendo unos frikis, que en el inicio del verano nos seguiremos juntando miles y miles para completar el ritual de purificación, en el que no faltará el sudor, seguro, la sangre, por desgracia en algunos casos, y las lágrimas en otros, ya sean de alegría o tristeza.

Así somos, unos “raros”, que disfrutamos padeciendo, capaces de levantarnos antes que las calles, después de haber dormido muy poco, prácticamente nada, algunos incluso pegándose una paliza previa de coche, para meternos entre pecho y espalda una kilometrada en bicicleta que pueda llegar a ser, para muchos, un esfuerzo sobrehumano.

Mira que llegamos a ser raros... por no hablar de esos desayunos, a primera hora de la mañana, a base de pasta, cereales, barritas energéticas, bebidas isotónicas,...cuando la mayoría de los mortales, en este país, se van a trabajar con una magdalena, bañada como mucho en un café...

Y es que sí, somos diferentes, y si no... ¿porqué nos miran en la playa como a un bicho raro? ¿Será por esas marcas en nuestras piernas, nuestras musculosas y morenas piernas? ¿O por esas otras en nuestros brazos, ese “café con leche” que con tanto orgullo lucimos, señal de muchas horas de entreno, de pedaleo intenso, bajo el sol, el sol de las más duras marchas del país? Claro que todo se aclara cuando te pones tú camiseta preferida del verano, esa que pone Quebrantahuesos, Iratí Xtrem o Marmotte contestando en silencio a toda esa gente que te ha estado mirando con extrañeza: “¿es que no veis que soy ciclista?” Y te irás, luciendo gemelos y piernas depiladas, bajo la atenta y admirada contemplación de los playeros...

Pero como decía al principio, qué es lo que hace que año tras año nos juntemos en esta tradicional fecha con nuestras bicicletas para realizar semejante barbaridad, ¿será la belleza del Pirineo? ¿Será contemplar la majestuosidad del vuelo del quebrantahuesos sobre nuestras cabezas? ¿La hospitalidad de los habitantes de esta región?, ¿La paciencia, amabilidad y eficacia de los voluntarios?, ¿Demostrarnos a nosotros mismos que podemos?, ¿Que fuimos capaces en un solo día de completar un recorrido tipo Tour?, ¿Poder presumir con nuestros familiares y amigos que somos algo más que una buena pareja, un buen padre, un buen hijo o un buen compañero de trabajo?

Seguro que sí, que todo esto y más es lo que nos mueve a formar parte de esta aventura que es la Quebrantahuesos, en una jornada que dará para mucho, muchas historias, muchas anécdotas, de todo tipo, desde el petardazo de inicio, remontando los llanos de Jaca hasta el Somport, bajo la seriedad y la concentración, en la mayoría de casos, de los pelotones que se van organizando, a buen ritmo, la gente callada, en silencio, nadie bromea, sólo el sonido de los tubulares, o las cubiertas, rodando por el asfalto, nadie dice nada: ¿qué ocurre? Qué raros qué somos... parece que ni siquiera entre nosotros seamos capaces de conocernos, y así hasta el Marie Blanque, la agonía hecha montaña, en una rampa interminable de 4 kms, donde cada uno subirá como pueda, el tiempo se parará, en esta especie de túnel, de agujero negro hecho puerto donde cada historia personal de cada ciclista será una anécdota en si misma, un vía crucis que nos llevará al monte del calvario: el Portalet, donde para muchos serán más de dos horas de sufrimiento, de rosario, rematados por la lanza de la Hoz, aunque después llegará la resurrección, la recuperación, como si de un milagro se tratara, donde seremos capaces de rodar de nuevo a un ritmo alto camino de la gloria, de la ascensión a los cielos de Sabiñánigo.

Y bien sabe nuestro entorno lo que nos habrá costado nuestra santificación: horas de esfuerzo, de sacrificio, de lo que para muchos tildarían de vida monacal: no beber, no fumar, no salir, pelearnos con nuestros compañeros de trabajo por el uso extremo del aire acondicionado...

¿Aún creéis que no somos frikis? Y si no, pensad en otra rareza, ¿porqué precisamente ahora, cuando las bicicletas son para el verano, muchos la cuelgan, dan por finalizada la temporada, después de haber completado con éxito una gran marcha? ¿Por qué ahora, cuando podemos disfrutarla, nos olvidamos de ella? Pensad y reflexionad, y creedlo, que hay vida después de la Quebrantahuesos.

Amén.

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