ZIKLO 11. LA "GUERRA" DE LOS PUNTOS

Por JON BEUNZA @jonbeunza

Primavera y verano. Dos estaciones que para muchos son sinónimo de kilómetros, marchas, viajes, horas de bici. Pensamos en bici y esto se nota en nuestro día a día. Conversaciones, pensamientos, televisiones: es difícil que pase un día sin que algo relacionado con el ciclismo no nos merodee la mente. Ganas y planes a tope, pero llega el momento de la dura negociación, la guerra de los “puntos casa” o “bonos bici”.

Y es que andar en bici tiene muchísimas cosas buenas, pero te­nemos que reconocer que también puede llevarnos a otras que no lo son tanto. Por un lado puede estar lo “pesaditos” que nos podemos poner a veces en nuestras conversaciones. Nos cuesta salirnos de ruedas, puertos, sensaciones, marchas o kilómetros. Aprovechamos la mínima para “ir a nuestro terreno”. Y no hable­mos si nos encontramos con alguno de la grupeta dando un paseo. El “¡Uff, ya están hablando de bicis!” de nuestros acompañantes, será casi inevitable.

Por otro lado, la bici corre el peligro de hacernos un poquito egoís­tas. Siempre quieres más, y es que la bici (y el deporte en general) puede ser un saco sin fondo. Sales, te sientes mejor y piensas que con unas poquitas horas más, o con un día a la semana más, po­drías estar todavía más en forma. Ya vas con los de cabeza, y crees que es el momento de despuntar en la grupeta o de superar ese tiempo que tienes en una marcha. Toda una tentación hasta para el más humilde de los egos. Lo malo de esta escalera, es que no tiene final y hay que saber quedarse en un peldaño en el que haya sitio para nosotros… y para los que nos rodean. El ritmo de nuestra vida y horarios no pueden depender de la bici. Nuestros hobbies nunca deberían ser una pequeña pesadilla para los demás.

Os puede parecer que exagero. Es simplemente un poco de au­tocrítica irónica, desde un punto de vista totalmente constructivo.

Además, no se puede generalizar 100% porque cada uno es él y sus circunstancias. Aquí influye mucho el carácter de cada persona y las familias. Es una ventaja que te hayan conocido andando en bici. Es como si esto te diese unos derechos adquiridos. Marchas, escapadas, viajes que ya formaban parte de tu vida es fácil que lo sigan haciendo. Si empiezas a andar en bici con familia y con niños pequeños, los “puntos” son el mejor de los tesoros.

Luego influye el momento. Como comentaba, la etapa de la vida en la que se tiene niños pequeños es la más difícil. Siempre surge algo en el momento más inoportuno y estar muchos días fuera es una tarea muy complicada. No hay que perder la moral; no hay peor gestión que la que no se intenta y siempre puede sonar la flauta o un plan que satisfaga a todos. Son años en los que mandan los kilómetros de desconexión y las salidas meteóricas.

Los más jóvenes y los más mayores pueden ser los que mejor lo tienen, a nivel de tiempo o negociación. Aunque en los primeros la bici tenga que competir con otras muchas tentaciones, y para los segundos, el acomodarse sea el mayor peligro.

Insisto en que no estoy negativo. Mi mensaje lo que busca es que no hay que agobiarse por lo que no tenemos y nos gustaría tener. Es mucho más satisfactorio disfrutar de lo que sí tenemos y ser ca­paces de aprovechar todos los momentos. Unos años serán 4.000 km, y otros 10.000; pero esto es así y las prioridades son otras. Todos vamos cumpliendo años y llega un momento en el que ir a más es imposible. El gran secreto de la bici es que hace que nos sintamos bien, estemos en forma, nos dé mejor humor.

A mal o buen tiempo siempre buena cara; eso sí, sin salirse del tiesto. Aprovecha oportunidades, sean en forma de viaje, marcha o salida con los amigos. Algo que aparece una vez igual no se pre­senta otra: pocos “pájaros” se posan dos veces en la misma rama.

Sigo y seguiré pensando en bici. Me gusta, me apasiona y no pue­do evitar en ocasiones ver puertos, bicis y puntos kilométricos; pero los pies, aunque quisiesen estar siempre sobre el pedal, tienen que tocar suelo firme.

portada ZIKLO 11