DIADA MONTSERRATINA, El Sueño hecho Montaña

Por Jordi Escrihuela

Seguro en Catalunya existen montañas más duras, con un kilometraje de escalada mucho más largo, quizás más bellas, aunque esto podría ser muy discutible,  y sin duda mucho más altas, pero el carisma que tiene Montserrat en el ciclismo catalán no lo tiene ninguna de ellas.

Y si no haced la prueba, preguntad a cualquier cicloturista catalán por la emblemática montaña y comprobaréis cómo se les ilumina la cara,  y os dirán que el macizo es un centro mágico, espiritual, lugar de peregrinación, situado en el corazón de Catalunya y santuario de su patrona, la Moreneta,  y que desde que comenzaron a dar sus primeras pedaladas el reto sin duda era ascender por sus míticas rampas, el primer sueño del iniciado: coronar la sagrada montaña. Y seguramente os hablarán con nostalgia de su primera escalada, hace ya...

Como dijo en su día el poeta Josep Carner “es el sueño hecho montaña”.

Por tanto, qué mejor manera de despedir la temporada cicloturista catalana en su cima, para dar las gracias a la Mare de Déu por los logros conseguidos en ésta y pedirle que la siguiente sea mejor, y así la Federació Catalana de Ciclisme (FCC) lleva ya más de 60 años organizando este evento, hacia finales de octubre como viene siendo habitual, convirtiendo este día en una jornada de fiesta, de encuentro de ciclistas llegados de todo el país.

La Diada Montserratina no es una marcha cicloturista al uso: no existen inscripciones previas, ni recorrido fijo, ni avituallamientos, ni chips, ni cronometrajes, ni por supuesto tienes que pagar nada. Tampoco es obligatorio subir por la tradicional, y más dura, vertiente de Monistrol, ya que hay alternativas algo más accesibles, pero cualquier cicloturista querrá hacerlo por el lado clásico y probarse en sus rampas, no muy fuertes, pero exigentes, sobre todo para las fechas en las que estamos y aquí seguro os encontraréis más del 90 % de ciclistas ascendiendo y adentrándose en pleno parque natural.

Hoy es el último domingo del mes de octubre y por tanto toca: despedida y cierre, y hay que cumplir con la tradición. Además la FCC tiene la gentileza de que sea siempre así, para poder aprovechar el cambio horario: una hora más para poder salir de día,  porque son muchos los clubes que parten desde su población de origen, portando en cabeza y con orgullo sus estandartes que, posteriormente, serán bendecidos por el Pare Abat.

Gracias a que mi lugar de residencia está muy cerca de la”montaña serrada” llego muy rápido a Monistrol, al cruce a la izquierda que nos llevará carretera arriba al monasterio, que a estas horas de la mañana ya es todo un hervidero de ciclistas.

Paro un momento, justo al inicio de la subida, para tomar algunas fotografías y lo hago sin bajarme de la bicicleta y... vaya, parece que a algún automovilista le molesta la rueda trasera de mi bici porque tiene que abrirse un poco más de la cuenta a la derecha, y así me llevo la primera bronca del día. Yo le contesto a este nervioso conductor que no se estrese, que hoy es domingo, y tiro para arriba.

En este momento las bicicletas ya estamos tomando la carretera a los demasiados coches y autocares que llenan la subida al monasterio cada domingo. Hoy es nuestro día y nadie nos lo va a quitar, aunque para eso tendremos que oírnos de todo, y es que a los vehículos a motor cada vez les cuesta más adelantarnos.

Pitos, bocinazos... más de uno nos dirá que por qué no nos vamos a correr al velódromo. Qué le vamos a hacer, también forma parte del encanto de la Diada.

Y éste quizás sea el único punto negro:  que en un día como hoy la circulación no se restrinja al menos en su carretera principal.

Aunque el alto de Montserrat (a 726 m) sea considerado un 2ª,  no deja de ser una ascensión dificultosa y con una media “difícil” (según Joan García Ayllón –Ciclistes!-) del 6,90 % de media en 8,2 km.

En pocos kilómetros habremos ganado ya una altura considerable, con unas vistas preciosas a la derecha del Llobregat y del parque natural de Sant Llorenç del Munt, así como de la inmensa pared y rocódromo natural de piedra calcárea de la montaña que se nos viene encima.

Aún es pronto y esto se deja sentir en la piel: hace bastante fresco y aún hay pequeños bancos de niebla y un inconfundible olor a otoño que nos envuelve, olor a hojas mojadas. De todas maneras, mientras asciende la larga serpiente multicolor de la que no se ve ni la cabeza ni la cola, el día se va aclarando y el sol empieza a lucir con fuerza.

La tipología del ciclista/cicloturista que nos vamos encontrando es de lo más variopinta:  los hay que te pasan como motos, los que llevan un ritmo más cansino, los que se ríen de todo, los que hablan por los codos,  los que van comentando la jugada, los que dicen cuánto falta, jóvenes y no tan jóvenes, viejos y no tan viejos, mujeres, niños, beteteros, ruteros, los hay que suben en tándem, gordos, flacos, atléticos, los que aún van de verano o los que ya visten de riguroso invierno... todos tienen su espacio esperando arriba.

Seguimos avanzando, y cerca ya de la barrera del peaje, nos encontramos con la rampa más dura de toda la ascensión en una curva a la derecha al 13 %, que se hace realmente dura, más si cabe porque, a estas alturas, los coches parados haciendo cola para entrar, dificultan el paso de las bicis siendo a veces incluso algo peligroso, pero hay que ser optimistas:  ya casi estamos arriba.

Al pasar por el peaje ya vemos a miembros de la organización repartiendo los vales, que habremos de canjear en la carpa montada arriba por la organización, para llevarnos el preciado pin conmemorativo de recuerdo y que la FCC viene obsequiando a todo aquél que asciende desde el año 1994.

 

ÚLTIMO KM SE ATRAGANTA

Ya estamos en el último kilómetro, y me viene de nuevo a la memoria mi “biblia” cicloturista   (-Ciclistes!-) donde Joan García nos lo describe con un claro y contundente “últim km s’atrafega”. Y bien es cierto que se atraganta, pero lo superamos y ya llegamos a la explanada del monasterio donde miles de ciclistas nos reunimos para recibir la bendición del Pare Abat. Y sí, miles, porque somos más de 2500 cicloturistas.

Es mi 10ª Diada Montserratina y la disfruto con los compañeros como el primer día. El ambiente extraordinario. Una matinal espléndida. Fotos, regalos, abrazos, agradecimientos,  nuevos proyectos y... ¡qué bonita es la montaña!.  Todos aquellos miles de maillots, ofreciendo toda una gama de colores, todas aquellas bicicletas, habíamos tomado Montserrat, nuestra montaña insignia.

En el descenso, siempre peligroso, comprobamos los “daños colaterales” que hemos producido a los vehículos a motor: todo un rosario de coches en caravana, encerrados en su armadura de acero, haciendo cola amargamente desde no se sabe qué hora, mirándonos con caras de pocos amigos: ¡a quien se le ocurre subir en coche en la Diada Montserratina! Y es que hay que informarse mejor... En fin, siempre es una buena manera de reivindicarnos y si no haced como yo hago, les grito: “¡¡en bici ya habríais llegado!!”.