HAYAS EN OTOÑO, cuando el bosque se viste de gala

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Por Jordi Escrihuela

 Otoño. Otoño en bici.

 Suena bien ¿verdad?

 ¿Te imaginas pedalear por carreteras que atraviesan frondosos bosques de hayas en plena estación de las hojas muertas?

Idílico, cierto. Bucólico, mucho.

 El ciclo se va cerrando. El otoño aparece ante nosotros con su característico paisaje: colores naranjas, amarillos, marrones. También con su peculiar olor a hojas mojadas, castañas, setas y húmedos helechos. Puede parecer un tópico porque lo habremos dicho muchas veces, pero no por este motivo vamos a dejar de repetirlo: es este período de transición, entre el calor y el frío, uno de los mejores momentos del año para salir ahí afuera y disfrutar del cicloturismo de una manera diferente, pero sobre todo más sosegada y tranquila, más contemplativa.

 ¿Por qué? Pues porque muchos seguro que ya venimos de una primavera caliente en forma de duras marchas, donde ya dimos por buena, y casi finalizada, una temporada de grandes y clásicas pruebas. Si lo hicimos en aquel momento y nos dedicamos a disfrutar de los placeres del verano con unas vacaciones de playa, chiringuitos y siestas junto al mar, seguro que volveremos con ganas de retomar nuestras bicicletas, pero con pocas de machacarnos y muchas de tomárnoslo “de otra manera”. Pero si no fue nuestro caso y en julio y agosto seguimos a la caza de duras rutas por Pirineos, Alpes o Dolomitas, ascendiendo nuestros grandes puertos, inmortalizando hazañas encima de nuestras sufridas flacas, pues con más motivo llegaremos a septiembre con la idea de hacerlo de manera relajada, buscando otros sitios, otros rincones en los que poder deleitarnos descubriendo parajes no muy lejos de nuestras casas, pero que ahora son más atractivos que nunca.

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 Porque es durante estos dorados meses cuando el bosque se viste de gala, y qué mejor que fijarnos en esta época en las hayas, que como joyas brillan a los rayos aún cálidos del sol de otoño. Rodando entre alfombras de hojas comprobaremos que los bosques de hayas encierran sus misterios, porque son de cuento y donde muchas veces surge la niebla de entre las ramas de estos árboles de formas fantásticas.

 ¿Y por qué las hayas? Estos bellos árboles de hoja caduca son, por excelencia, los de toda la Península Ibérica septentrional y, por extensión, también de toda la región eurosiberiana. Así que vayamos al lugar que vayamos, entre la Cordillera Cantábrica y los Pirineos, en cualquier bosque, podremos disfrutar de la visión de un cuadro impresionista pintado con las tonalidades y colores de las hayas, cuando más lucen, serenas y bellas, solemnes y doradas, en otoño, dispuestas a dormir antes de la llegada de los rigores del invierno.

 Será entonces cuando sus ramas se desnudarán y no será hasta la primavera, y sobre todo el verano, que su verdor explotará, confiriéndoles una fuerza especial irresistible sobre el resto de masas arboladas.

 Pero disfrutemos de ellas ahora, porque además dicen que los hayedos son terapéuticos. Vamos a comprobarlo.

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Las hayas. Primero su nombre, porque su nombre significa "alimento" (de "fago", Fagus sylvatica en latín). En efecto, sí, comida, sobre todo en otoño, cuando los animales del bosque se abastecen de sus frutos: los hayucos. Ratones de campo, ardillas, arrendajos... hasta osos en Pirineos incrementan sus reservas de grasas antes de pasar al letargo invernal.

¿Dónde ver los hayedos ahora, en todo su esplendor? ¿En qué parques naturales nos extasiaremos con la visión de estos delicados árboles, pedaleando, mientras una fresca caricia de otoño, proveniente de la suave brisa que agita sus ramas, nos indique que el invierno está próximo?

Para que se dé este milagro de la naturaleza necesitamos zonas muy concretas de mucha humedad y mucho sol, y estas condiciones se dan sobre todo en el norte de nuestro país, donde los hayedos comparten el bosque con castaños y robles, también de hoja caduca, claro, y esto hace que se combinen todos estos colores que tanto nos atraen en estas fechas. Puestos a elegir, el mes de noviembre quizás sea el ideal para descubrir toda esta gama dorada de matices.

Nuestra propuesta sería buscar las carreteras que surcan los frondosos bosques que se extienden desde el Parque Nacional de los Picos de Europa en Asturias hasta los parques catalanes del Montseny y la Fageda d’en Jordà, lugares para dejarse perder con nuestras bicis.

La lista de frondosidades de hayedos umbríos es muy amplia y, aún a costa de dejarnos alguno en el tintero, no podemos dejar de nombrar otros asombrosos parques naturales como el de Ordesa y Monte Perdido en el Pirineo de Huesca, el de Saja en Cantabria o el del Señorío de Bértiz, la Selva de Irati o la joya de la Sierra de Urbasa, todos ellos en Navarra: unos parajes de ensueño.

Sin embargo los hayedos no son sólo una exclusividad del norte de nuestro país, y podemos encontrar algún retazo más hacia el sur como por ejemplo en Madrid con bosques como el de Montejo, en la Sierra del Rincón y uno de los más meridionales de Europa, o el de la Tejera Negra en Guadalajara, la Pedrosa en Segovia o Cameros en La Rioja.

Podríamos continuar, pero ahora es tu turno: coge la bici y adéntrate por uno de estos bosques, déjate seducir por sus encantos, saborea los kilómetros de las rutas que cruzan estos maravillosos parques naturales. No los devores. Párate si hace falta. Escucha, huele, siente y, como diría un buen amigo, ríndete, gírate, da media vuelta e inspírate.

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Fotos: www.paucatlla.com

LACETS DE MONTVERNIER (Vallée de Maurienne)

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Por Jordi Escrihuela

Tour de Francia 2018: jueves 19 de julio (12ª etapa) :Bourg-Saint-Maurice - Col de la Madeleine - Lacets de Montvernier - Col de la Croix de Fer- L'Alpe-D'Huez

 "L'une des stars du prochain parcours" (Christian Prudhomme)

No tuvimos ninguna duda. La visión desde la carretera de esta escalonada ascensión nos impresionó desde el primer momento. Espectacular.

Pensamos que tenía que entrar con todos los honores en esta sección. Nos frotamos los ojos, nos miramos y una media sonrisa se nos escapó del alma.

Al ver la sinuosa cinta asfaltada que, de lado a lado de la montaña, se retorcía subiendo agarrada a la ladera salvando el tremendo desnivel, atravesando pasos naturales entre las rocas del abismo, lo tuvimos muy claro: ¡queríamos subirlo!

Una escalada de 17 curvas de felicidad, la que nos proporciona estos Lacets de Montvernier, haciendo de esta subida una experiencia única, muy vistosa, que hará las delicias de cualquier cicloturista.

Algunas fuentes hablan de 18 cordones, porque parece ser que uno de ellos está "cuestionado" como tal.

No seremos nosotros quienes le otorguemos la categoría de lacet o no, pero sí contaremos que las horquillas, sobrepuestas una encima de la otra, literalmente, que se aferran a la montaña en unos 3 kilómetros, dan como resultado una curva cerrada cada 150 metros.

Eso es mucho lazo continuado.

De acuerdo que Alpe d'Huez cuenta con 21, pero lo hace en una distancia cuatro veces mayor que en Montvernier.

Los ciclistas que las acometen a bloque comentan que tienen que frenar en sus curvas para luego coger velocidad para intentar ascender lo más rápido posible este corto y explosivo desafío.

No será nuestro caso.

La contemplación "sólo para nuestros ojos" de las continuas herraduras nos seguían produciendo muestras de asombro y cada uno de nosotros exclamaba un adjetivo para intentar describirlas: "singular", "imposible", "diferente".

Sólo es un pequeño puerto (¿sólo?). Una menuda joya escondida que se está haciendo célebre porque su foto ya se está empezando a publicar en revistas de turismo y que ha recibido el espaldarazo definitivo con su inclusión en la 18ª etapa del Tour de Francia de este año, aunque ya fue "vista" por los seguidores en el Critérium du Dauphiné también esta misma temporada.

Los lacets remontan los 286 m de desnivel desde Pontamafrey (departamento de la Savoia, región Roine-Alps) a 492 m de altura, salvando el valle bañado por el río Arc para llegar a la Chapelle Nôtre-Dame-de-la-Balmes antes de dirigirnos hasta la pequeña población de Montvernier a 778 m, situada en una gran meseta al abrigo de los grandes Alpes.

Así es. Toda esta zona es un lujo para el cicloturista, el hogar de cinco de las diez ascensiones más famosas de Francia: Galibier, Iseran, Madeleine, Glandon y Croix de Fer.

Y ahora el Col du Chaussy.

Un gran paso de montaña de difícil grado a 1533 m de altitud que se inicia aquí, en esta divertida, estrecha y empinada carretera que es sólo una cuarta parte de su ascensión y siempre pedaleando a un constante y mantenido 8% que nos llevará por una fabulosa ruta que nos pondrá en el camino hacia el Col de la Madeleine.

Mirando de nuevo estos especiales Lacets de Montvernie nos sigue pareciendo improbable que hayan podido construir un camino por ahí.

Pero sí, la encontramos trepando bruscamente por el acantilado esta asombrosa obra de ingeniería de caminos de montaña, que con total seguridad habrá seguido los pasos de una mula ascendiendo por esta ladera, como no podía ser de otra manera.

Finalizada las obras en el año 1934, después de seis años de construcción, sus ingenieros poco o nada podían imaginar que iban a hacer tan dichosos a tantos seguidores del ciclismo que cuanto más cuesta arriba se hace más felices son.

Sólo nosotros, las vacas, las ovejas y el cielo azul. Y unas barandillas "donde agarrarnos" que nos protegerán del precipicio. Suerte que por aquí hay muy poco tráfico y además los vehículos de gran tamaño tienen prohibida la circulación.

Mucho mérito tiene el fotografiar los lacets. A no ser que montemos en helicóptero o dispongamos de un dron puede ser difícil plasmarlas en papel. Creemos que nosotros lo hemos conseguido y hemos intentado llevaros estas imágenes a vuestras retinas  y por eso pensamos que el hecho de que sean "poco visibles" haya sido una de las razones por las que la subida se ha debido mantener en relativo anonimato hasta ahora.

Los Lacets de Montvernier son divertidos, entretenidos, enganchan, pero son sólo el glaseado de un gigantesco pastel de grandes ascensiones que es la vallée de la Maurienne.

SOY GLOBERO, ¿Y QUÉ?

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'Soy globero, ¿y qué?: Anécdotas, historias, puertos, rutas y mucho más…', (Print Replica) Version Kindle.  De Jordi Escrihuela Ruiz

Si te apasiona la bicicleta, si te excitan las grandes marchas, los altísimos puertos de montaña, si disfrutas de los bellos paisajes, y, al mismo tiempo quieres ir más allá, a las múltiples anécdotas que suponen una buena ruta, a la  historia y magia que rodea esos bellos parajes, entonces, este es tu libro. Una obra que ha recopilado uno de los redactores de esta casa, la revista ZIKLO, entre los cientos de artículos que él ha escrito y visto publicados en revistas del género del calibre de Pedalier y ZIKLO. Son capítulos que Jordi ha vivido en primera persona, antecedentes biográficos narrados con un estilo muy próximo y entrañable que hoy quiere compartir contigo amigo cicloturista. Estoy seguro que este trabajo -con ilustraciones de su hermano Juan Manuel- se convertirá en tu libro de cabecera y de consulta a la hora de planear tu ruta, porque pedalear en bicicleta es todo un placer para los sentidos ¿verdad?. Estamos seguros de que 'Soy globero, ¿y qué?: Anécdotas, historias, puertos, rutas y mucho más…', es un compendio imprescindible para aquellos que aman la bicicleta.