Autor: jon

Soy de bici, pero me gusta ver como en invierno nuestras queridas montañas se visten de blanco. Toca darles descanso y dejar que durante este tiempo sean otros los que les saquen partido.
Pero las cosas parecen cambiar. El cambio climático es evidente, un problema de presente, un fenómeno que ya afecta a todos los ámbitos de la sociedad. Vemos como en nuestras latitudes, el calentamiento global y las alteraciones de las precipitaciones van obligando a replantearse las actividades vinculadas al turismo invernal. No hay que ir lejos, podemos verlo muy cerca, en Pirineos tenemos un claro ejemplo.
Consecuencias: A las estaciones les toca reinventarse y diversificarse, poner en marcha nuevas iniciativas y equilibrar su balance verano/invierno.

Hace poco leía que para el año 2050, el Pirineo verá cómo se reduce un 50% la nieve que se acumula en sus laderas. No hay otra, su futuro nos habla de nieve artificial si se quiere ser viable a corto y medio plazo. Triste pero real.
El verano va a vivir la cara opuesta y a muchas estaciones les toca apostar por diversificar su oferta. Ahí, los ciclistas podemos salir ganando. Las infraestructuras del esquí pueden ayudar a que crezca la oferta veraniega.

¿Bueno? Pues creo que no tanto, porque, aunque para nosotros pueda ser beneficioso, de ninguna manera se me pasa por la cabeza sacar más partido a las montañas por el cambio climático. El problema es demasiado serio como para tratar de buscar un lado positivo que no existe. Poner nuestro grano de arena para luchar contra este cambio, esa sí que es nuestra verdadera misión.

Blancos que os queremos blancos. Qué la nieve cubra las cumbres…nosotros, ya regresaremos en primavera.

Fotos A. Epelde/Ziklo

 

 

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Una chaqueta ligera y que ofrece protección contra el agua, el frío y el viento. Una prenda elástica, transpirable, de corte ceñido y que cuenta con múltiples acabados de gama alta. Y con la revolucionaria membrana Neoshell de Polartec como principal tejido. Así es la nueva chaqueta Fiandre Pro de Sportful. Una prenda de gama alta, de muy grandes prestaciones y que es la principal novedad de la colección otoño-invierno 2019 de la firma italiana. Una chaqueta pensada para el ciclista más exigente, disponible también en versión femenina, y que no se detiene por mucho que apriete el invierno.
La pasada semana la firma italiana presentó en Flandes esta nueva gama de chaquetas, en pleno territorio “Fiandre”, y acompañado de dos grandes clasicómanos como Johan Musseuw y Paolo Bettini. El evento sirvió también para anuncia que la marca italiana ha alcanzado un acuerdo con la empresa organizadora del Tour de Flandes y por el cual se convierte en uno de los principales patrocinadores tanto de la carrera profesional como de la prueba ciclodeportiva más famosa sobre los adoquines flamencos.

 

NUEVA MEMBRANA POLARTEC NEOSHELL

La membrana Polartec Neoshell es el principal atractivo de esta nueva chaqueta de Sportful. El uso de esta nueva membrana revolucionaria, aplicada en casi la totalidad de la prenda, ha permitido a los responsables de la marca crear la que probablemente sea la mejor chaqueta de invierno de su historia. Una chaqueta total; de excelente transpirabilidad, muy buena protección contra el frío, la lluvia y el viento; muy ligera, ajustada (corte racing) y válida para un amplio rango de temperaturas (entre 12 y 0ºC).

La cremallera estanca YKK Vislon y el faldón trasero garantizan una gran protección contra la lluvia y las salpicaduras provenientes del asfalto.

La Fiandre Pro estará disponible en dos versiones –mangar larga y manga francesa–, en las tallas XS a XXXL y en cuatro opciones de color (negro, gris, azul eléctrico y naranja).

 

La nueva serie se completa con la Fiandre Pro Medium, una prenda que también emplea la membrana Polartec Neoshell en el pecho y las mangas y que en la parte de la espalda ofrece una protección media gracias al tejido exclusivo Norain. Una muy buena opción para quien disfrute de inviernos moderados. Tanto este modelo como la Fiandre Pro cuentan con versión específica para la mujer ciclista (Fiandre Pro W y Fiandre Pro Medium W).

El precio recomendado de la nueva chaqueta Fiandre Pro Jacket es
de 229.90€ (manga larga) y 209,90€ (manga corta). El modelo Fiandre Pro Medium Jacket tiene un precio oficial de 189,90€. Tanto estas novedades como el resto de la colección de prendas ciclistas de Sportful para la nueva temporada de invierno 2019-20 están ya disponibles en los puntos de venta autorizados y en su página web.

Más información:
www.sportful.com

 

 

 

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Si nos dieran a diez personas las localidades de salida y llegada de cada una de las etapas de una gran Vuelta, con algunas restricciones como la distancia máxima de cada una de las etapas o el desnivel máximo de las mismas, estoy convencido de que saldrían diez recorridos completamente distintos los unos de los otros. En ocasiones habría poco margen de maniobra, cuando la distancia entre la localidad de salida y de llegada es grande y hay que tirar por el camino más recto posible. Pero en otras, habría mucho juego, cuando esa distancia fuera pequeña y cada cual pudiera establecer el recorrido de esa etapa a su criterio (siempre acorde a las restricciones iniciales propuestas).

¿A dónde quiero ir a parar? Pues ahora mismo lo vais a ver. Estoy convencido de que cuando da comienzo el Tour de 2019 a comienzos de julio de este año, el director de ASO, Christian Prudhomme, tiene ya muy perfilado y definido el recorrido del Tour del año próximo. Al menos esas localidades de salida y llegada de la mayoría de las etapas. Restará algún fleco por atar, alguna ciudad aún por elegir teniendo dos o más opciones cercanas y que han solicitado ser salida o llegada de la prueba. Dicho de otro modo, Prudhomme tiene bastante definido dónde va a empezar y terminar cada una de las etapas, pero ahora le resta por definir el trazado definitivo de cada una de esas etapas donde tendrá distintas opciones en muchas de ellas.

Quizás algún lector ya intuya por dónde voy, mientras que algún otro todavía estará perdido pensando qué tiene que ver esto con la presentación del Tour de Francia del 2020. Pues mucho. En mi opinión, Prudhomme ha visto y palpado este año que presentando Tours como el del año 2019 no va a ninguna parte. Que el prestigio de la carrera más importante del mundo queda en entredicho, y hasta ve con asombro cómo pruebas como el Giro o incluso la Vuelta presentan recorridos mucho más potentes que el del propio Tour. Algo que hasta puede dar por bueno en caso de la ronda italiana (siempre un paso por delante en propuestas, valentía y búsqueda de novedades), pero inadmisible en el caso de la ronda española, históricamente muy por debajo de la ronda francesa. La respuesta del director de ASO ha sido este Tour de 2020, que no se parece en nada al de 2019 y que pretende recuperar el prestigio perdido de la Grand Boucle, puesto en entredicho en los últimos tiempos por no pocos aficionados a este deporte que no se dejan impresionar por los focos, luces y despampanantes fuegos artificiales del Tour, y que son capaces de mirar más allá y hacer una crítica real a un producto venido muy a menos y que dista mucho de ser la mejor prueba del calendario ciclista, por mucho que se trate del Tour de Francia.

Mi opinión personal, sin ninguna base científica, es que algo de lo que acabo de comentar ha ocurrido y ha pasado por las mentes pensantes de este Tour. Hay demasiadas diferencias entre el diseño los Tours 2019 y 2020: es casi como pasar de un extremo al opuesto. Pero no tanto, pues algunos criterios que ahora comentaremos se han mantenido inamovibles, si bien el cambio ha sido radical en muchos aspectos. Vamos a profundizar un poco más, sin llegar a desmenuzar el recorrido: ya habrá tiempo para ello.

Dos son los aspectos que se mantienen y donde parece que por parte de Prudhomme no hay ninguna intención de dar marcha atrás.

El primero: la escasez de kilómetros de contrarreloj de la prueba. Algo que ya no sorprende. Desde 2012 el Tour no presenta un Tour con peso en la lucha individual contra el crono. Es la mayor crítica que le hago a la prueba desde hace años, pues se mire como se mire, acaba siendo una prueba muy descompensada y que no da oportunidades a otro tipo de corredores. Este año la crono es el penúltimo día, en la modalidad de crono mixta sobre 36 km (30 llanos) y la subida final al puerto de La Planche des Belles Filles. La propuesta me gusta, pero me hubiera gustado más con una crono la primera semana plana y sobre una distancia de 40 km. No hay que olvidar la historia que hay detrás de la prueba, y el peso de la contrarreloj en el Tour siempre ha sido importante.

El segundo: la distancia de las etapas. Prudhomme ayer sacaba pecho y lo dijo de manera textual en la presentación. “No creo que haya carrera de tres semanas cuya etapa más larga sea más corta: 218 km”. Sinceramente, no creo que sea algo de lo que presumir. El ciclismo es un deporte de fondo y no tiene nada que ver hacer 160 km o 260 km, como hemos tenido la oportunidad de ver en los recientes campeonatos del mundo. Alguna etapa y sobre todo de montaña debería ser de gran fondo, una al menos. Pero viniendo del esperpento del Tour de 2019, hemos mejorado mucho y parece que se han dado cuenta de que el Tour de Francia no puede tener formato de Tour del Porvenir.

Estos dos aspectos innegociables para el director de ASO en los últimos años son en mi opinión las dos únicas críticas que le hago a la prueba. Pero vamos ahora con los aspectos positivos y que los ha habido, y muchos, de cara al próximo Tour.

No va a haber semana tranquila. Si dividimos la prueba en tres bloques, separados entre sí por cada una de las jornadas de descanso, observamos que cada uno de ellos presenta etapas con mucho jugo. La mayor renovación del Tour ha sido huir de ese primer bloque que antaño presentaba una sucesión de largas etapas llanas de gran desgaste y tensión. Paulatinamente han ido añadiendo distintos formatos al otrora desarrollo clásico de la prueba que veía su final con la disputa de la primera y larga crono individual. La primera semana de carrera del Tour 2020 que va desde el inicio hasta la primera jornada de descanso presenta una dureza inusitada en la prueba y que calificaría hasta de histórica.

La salida en Niza condiciona el desarrollo del Tour, pero estoy convencido de que había opciones mucho más sencillas de las elegidas. La 1ª etapa ya presenta hasta 7 cotas puntuables, que pese a no ser decisivas no se parecen en nada a la clásica primera etapa en línea de la prueba y con una única cota de 4ª categoría que sirva para vestir el primer maillot de lunares. Pero es que al día siguiente y en la 2ª etapa ya presenta una auténtica jornada de montaña con dos señores puertos de 1ª categoría y un final más que complicado y exactamente igual al que se viene realizando con éxito en las últimas ediciones de la París-Niza. Es toda una declaración de intenciones de por dónde marca este año el rumbo Prudhomme.

Pero por si todo esto fuera poco, en la 4ª etapa hay un final complicado en Orcières-Merlette donde Ocaña destrozó a Merckx. La 6ª etapa entra en territorio desconocido en una zona que puede dar mucho juego. Los 34 km finales de la etapa del Monte Aigoual, zona extremadamente ventosa, pueden hacer perder el Tour a más de uno al sexto día. ¡No lo digo por decir! No habremos llegado aún a la primera jornada de descanso y los Pirineos harán acto de presencia con dos etapas muy bien tiradas. Una clásica no exenta de dureza, y otra con grandes novedades y un puerto que no es novedoso, pero subido por una vertiente inédita. El Tour hace años que se ha dado cuenta de que debe innovar en este aspecto y lo está haciendo con mucho acierto. ¡Será por alternativas en Francia con una geografía que da tantas opciones!

Para cuando el Tour afronte su primera jornada de descanso, habrá habido 5 etapas que solo ellas valen casi todo el Tour de Francia de este 2019. Por eso digo que la diferencia es extrema respecto al año anterior.

El segundo bloque tras dos etapas que darán oportunidad a los sprinters (también tienen derecho a dejarse ver), vendrá marcada por una etapa que va ser un bombazo. La etapa del Macizo Central y que finaliza en Puy Mary supone aprovechar al máximo una zona en la que hasta ahora se han metido pocas veces y la mayoría de ellas sin sacar provecho del terreno. No hay puertos largos, no son ascensiones extremas, pero es una etapa de las de no hacer prisioneros: una de las etapas más duras de este tour en un terreno muy bien elegido y que es un sube y baja continuo. Mucha atención a esta etapa, que puede ser más dura que una de alta montaña. La del Grand Colombier con otra exigencia tremenda dará colofón a este segundo bloque: tiene un diseño espectacular y por dominios en los que hasta hace poco el Tour se negaba a entrar.

Y por si todo esto fuera poco, la tercera y última semana de carrera será el remate final para que no haya dudas. El olvidado final de Villar de Lans de tiempos de Perico (ya ha llovido), el inédito final en el terrible puerto de Loze (el final más duro del Tour y de los más duros de toda su historia), la quebrada etapa de Roche-sur-Foron y con el terrible Plateau des Glières muy bien situado (otro puerto que repite en poco tiempo), más la comentada crono del penúltimo día, decidirán al ganador final de este Tour, que no cabe duda de que habrá tenido que sudar la gota gorda.

En resumidas cuentas, se trata de un Tour durísimo, de los más duros que recuerde. Prudhomme no ha especulado, y si hay un hombre mucho más fuerte que el resto, puede sacar 10 minutos al segundo como hizo Ullrich en 1997. Al director de ASO le ha dado igual: ha apostado por una vez por hacer una carrera dura, sin especular, sin tratar de que llegue bloqueada o con diferencias apretadas a costa de quitar dureza a la prueba. ¿Arriesgado? Puede ser: con un recorrido así el más fuerte arrasa; pero también es cierto que el ganador es el mejor y más completo. El año pasado terminé mi análisis diciendo que el Tour se iguala por abajo, y eso no es bueno, porque esa es la mentalidad de los mediocres. Este año debo decir todo lo contrario: no se ha especulado. El Tour pega un puñetazo encima de la mesa y reclama su trono, puesto en entredicho por ellos mismos con recorridos ridículos. Un Tour así no deja supervivientes y los corredores que se preparen para tres semanas de infarto desde el primer día de carrera. Es una Vuelta a España pero a lo grande, elevado al cubo, devolviendo a la carrera francesa su prestigio y aquel miedo escénico que sentían los corredores de los 80 que iban a correr a Francia. Este es un Tour de verdad, sin crono, pero sin tonterías ni especulaciones. Y no sabéis lo que me alegro de escribir esto.

Por Rubén Berasategui

 

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La pasada primavera tuvimos una reunión con la Oficina de Turismo de Terres de l’Ebre, en la provincia de Tarragona, en la que nos mostraron su interés en preparar un reportaje y organizar una sesión de fotos por la zona. Lo primero que nos llamó la atención fue su claridad de ideas y su conocimiento de lo que puede suponer el cicloturismo como alternativa turística. Si, os puede parecer algo obvio, pero os aseguramos que no lo es tanto y la perspectiva y claridad con la que nos hablaban del ciclismo me recordaba a experiencias vividas con responsables de temas turísticos de valles en Alpes o Dolomitas.

Siempre hemos pensado que la proyección ciclista de cualquier zona debe basarse en un conocimiento perfecto de lo que se puede llegar a ofrecer y en ser capaces de dotar al proyecto de “personalidad”. Hay que viajar, ver lo que hacen en otras zonas, tomar notas, pero siempre con afán de aprender para luego adaptar todo lo que vemos a nuestra casa. No hay que soñar con ser lo que nunca seremos; más bien hay que sacar chispas a lo que somos y explotar todos los puntos fuertes que podemos ofrecer.

De entrada, tengo que reconocer que Terres de l’Ebre lo conocía por el Mont Caro y que, cuando lo ascendimos, fuimos casi exclusivamente a ello, iniciando la ruta en Tortosa aprovechando que regresábamos de la zona de Alicante a casa. También habíamos hecho una escapada al Cardó y Llaberia pero llegando desde el norte, de la zona de Cambrils.

Aclarado esto, sabiendo lo que nos atrae conocer cosas nuevas y viendo la ilusión con la que nos transmitían bondades de su tierra, acercarnos a rodar en Terres de l’Ebre pasó a ser una prioridad para ZIKLO.

Teníamos la corazonada de que aquello nos iba a gustar y podemos asegurar que todas nuestras previsiones se vieron superadas y el potencial de toda la zona, sea cual sea tu nivel ciclista, es enorme. Fue un viaje en el que combinamos alta y media montaña con zonas totalmente llanas pero cargadas de encanto. El escenario de entrada se prestaba para dar juego y por eso buscamos momentos especiales de luz tanto al amanecer como al atardecer. Tocó madrugar y trasnochar para alegría del fotógrafo, pero también para la nuestra porque rodar en horarios atípicos por sitios cargados de encanto y con una luz muy especial, es una experiencia que engancha.

Tortosa y el hotel Hotel SB Corona, que está perfectamente acondicionado para recibir a ciclistas, fueron nuestro campamento base. Desde la Oficina de Turismo tenían claras las rutas y zonas que les interesaba comentar. Como os decía, tienen las ideas claras y en su página web puedes encontrar hasta 6 rutas diferentes, en las que se recorre toda la comarca. Hay rutas sencillas, otras francamente exigentes, y además siempre está la opción de “mezclar” para montarnos rutas un poco “a la carta”. Nosotros no vamos a hablaros de rutas concretas, pero si, de zonas y de sus mayores alicientes.

Fuimos al norte y llegamos hasta Flix para rodar junto al Ebro hasta la Pobla de Massaluca, Batea, Villalba des Arcs, Gandesa y por el precioso y sencillo alto de Bot, llegar hasta Prat de Compte. Desde allí, hasta la Fontcalda, enclave espectacular y casi perdido desde donde fuimos a Benifallet para regresar hacia Tortosa por la otra ribera del Ebro pasando por Tivenys y Bitem.

Fuimos a la costa para, desde l’Ametlla de Mar, iniciar una ruta que por Rasquera nos llevó al Cardó y su espectacular Monasterio y luego al precioso pueblo de Llaberia. Desde ahí regreso a l’Ametlla para finalizar al anochecer rodando por el Parque Natural del Delta del Ebro. ¡Sin palabras! Carreteras estrechas, incluso algunos tramos de tierra, pero en muy buen estado, entre arrozales y marismas para acabar en una zona de salinas al borde del mar. Nunca habría pensado que llanear podía tener tanto encanto.

También fuimos hacia el sur para, desde La Sénia, acercarnos a dos puertos cuya cima está en la vecina Castellón (Fredes y Bel), pero que son un complemento perfecto para preparar una etapa de alta montaña que podría tener su final en el espectacular Mont Caro, eso sí, llegando hasta las mismas antenas. Nosotros este día buscamos un plus y desde La Sénia subimos por el camino de Pallerols hasta su Ermita. Curiosamente esta subida es en territorio de Terres de L’Ebre pero 200 m antes de coronar entras en Castellón y la Ermita pertenece a esta provincia.

Mont Caro merece un apartado especial y no hay dudas de que estamos ante uno de los grandes colosos de nuestra geografía. Sus números no mienten: 23 km desde Tortosa, que desde los 11 m de altitud nos llevan hasta los 1436. Nada menos que 1427 m de desnivel acumulado, con una media del 6,31%, pero en la que los 14 últimos superan el 8% de media. La subida la podríamos diferenciar en dos partes, una primera que nos lleva hasta el Portell del Cargol, allí donde Valverde sentenció la Volta a Catalunya del 2017 imponiéndose a Froome y Contador después de un extraordinario trabajo de Marc Soler. Anteriormente, la Volta a Catalunya ya había llegado hasta ahí en dos ocasiones y ambas con victorias colombianas: año 1985 con triunfo de Alirio Chizabas y 1991 con victoria de Lucho Herrera. Desde el Portell del Cargol , nos esperan un par de kilómetros tranquilos hasta el cruce de El Mascar donde la carretera se estrecha y nos enfrentamos a los 4 exigentes kilómetros finales para alcanzar la cumbre en la que sus grandes antenas serán testigo de nuestra conquista, y el Mirador nos permitirá disfrutar de unas vistas al Delta del Ebro extraordinarias. Y hablando de Tortosa, ya en la ciudad, recomendamos subir hasta el Mirador del Parador, desde donde la vista de la ciudad y del Ebro a nuestros pies es espectacular.

Como os comentaba, durante nuestra estancia buscamos momentos especiales de luz. Esta vez, Antxon, el fotógrafo, salió ganando, y Gabriel y yo fuimos “obedientes”. Los principales beneficiados fuimos nosotros mismos y como os contaba, uno de esos momentos lo vivimos al rodar al atardecer, hasta que el sol se escondía definitivamente, por el Delta del Ebro; y el otro fue precisamente en Mont Caro, saliendo de Tortosa todavía de noche para ver amanecer y tener esos primeros rayos llegando al Portell del Cargol.

Cuanto más viajamos, más convencidos estamos de que nuestra geografía está repleta de zonas espectaculares. La clave es tener la mente abierta y ganas de dejarse tentar por cosas nuevas. En los tiempos que corren, la gran dificultad suele ser darse a conocer, pero esto se soluciona con voluntad y trabajo. Terres de l’Ebre supone garantías para el ciclista, buen tiempo y muchas alternativas de recorridos. Buena materia prima que junto a la voluntad y determinación de los que dirigen el turismo de la comarca, son argumentos más que suficientes para asegurar que estamos ante una “Tierra de bici”.

Por Jon Beunza

Fotos: Andoni Epelde

 

 

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CJM Sport- Alpcross se ha convertido en distribuidor en exclusiva de la marca de referencia en lubricantes: Squirt Cycling Products, sinónimo de calidad dentro de su categoría.

Lanzada por primera vez en EEUU en el año 2004, llegó de la mano de un grupo de amigos apasionados de la bicicleta de montaña, cuyo propósito fue crear el mejor lubricante de cera biodegradable. Esta marca es la preferida de muchos de los mejores corredores del mundo como por ejemplo Julien Absalon o el equipo nacional MMR Team, con David Valero al frente. Entre sus productos destaca su cera de larga duración, fabricada únicamente con materiales 100% biodegradable y sin disolventes, que mantendrán nuestra transmisión limpia, alargando su vida útil.
Además, también cabe destacar su liquido tubeless que proporciona propiedades de sellado superiores a su competencia.
Con esta incorporación, CJM Sport – Alpcross refuerza su compromiso compartido con dicha marca: mejorar el sector del ciclismo y hacer todo lo posible por protegerlo. Puedes encontrar los productos en su B2B.

www.cjmsport.com

www.alpcross.com

 

 

 

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En la editorial, de ZIKLO 27, hacemos una pequeña reflexión sobre el cicloturismo y el ciclismo profesional. En ella planteamos ese “nuevo” debate en el que se habla de que hay puertos cicloturistas y otros de competición.
En que por cicloturista se entiende un puerto de trazado espectacular, rodeado de montañas, con buenas vistas, estaremos todos de acuerdo. Esas mismas cosas la tiene ese puerto si es en competición pero aquí prevalecen otros valores como si es bueno o no para la batalla, para que se rompa el pelotón. Por muy bueno que sea un puerto o un recorrido, al final todo depende de los actores. Si a esto le añadimos la meteorología, la situación o estrategia de carrera, etc. el resultado puede ser imprevisible. Una etapa con el mejor de los diseños y los puertos más espectaculares, puede ser el mayor de los bodrios para el espectador.
Está claro que en un mismo puerto, buscamos cosas diferentes. Nosotros rodamos para divertirnos, ellos para ganar. Como cicloturista, nada sería igual si todos los días tuviese que hacer el mismo recorrido. Lo podría entender como una manera de sentirme en forma, pero no me llenaría lo mismo. Para un cicloturista el recorrido es casi todo y probablemente muchas de nuestras joyas, por mucho que nos gustaría, nunca las veamos en competición.
Que exista el debate es bueno, que se opine y que se aporte propuestas, siempre de manera constructiva, aunque haya que opinar negativamente de algo.
No todos tenemos por qué vivir las cosas de la misma manera, pero estamos convencidos de que a todos, profesionales y aficionados, nos une la bici y sentimos algo especial cada vez que pedaleamos.
Troumouse. Foto: A.Epelde/Ziklo
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CJM Sport-Alpcross siempre ha apostado por marcas y productos de referencia en el sector ciclista. Su última incorporación ha sido la prestigiosa marca alemana de cubiertas: CONTINENTAL. De esta forma, CJM Sport – Alpcross se convierte en nuevo distribuidor de Continental a nivel estatal. Una gran noticia para la distribuidora y para todo el sector del ciclismo.
Sus más de 100 años de experiencia en el desarrollo y producción de cubiertas para bicicletas han convertido a Continental en una empresa única en el sector. La marca alemana siempre se ha caracterizado por sus continuas innovaciones, como son el insuperable compuesto Black Chili y la última tecnología Vectran anti-pinchazos. Ambas son utilizadas en la práctica ciclista al más alto nivel.
En la gama de montaña tenemos que hablar de la renovadísima Mountain King, un clásico que se ha actualizado para ser el referente de cubiertas de trail. Con un nuevo dibujo y tacos más grandes para mejorar la tracción. El neumático es más redondeado en su forma, mejorando la capacidad de rodar. Continental nos sigue sorprendiendo con nuevos desarrollos e innovaciones.
Entre sus modelos de carretera, hay que destacar la nueva Gran Prix 5000 que sustituye a la popular y reconocida Gran Prix 4000 S II. La nueva Gran Prix cuenta con la nueva tecnología Active Comfort que absorbe las vibraciones, dando una sensación de mayor suavidad. Además, ofrece menos resistencia de rodadura, protección antipinchazo y es 10 gramos más ligera.
En los últimos años, desde Continental se ha apostado por potenciar su presencia en eventos ciclistas, prueba de ello es que ha sido el principal patrocinador en la pasada edición del Tour de Francia y en la Vuelta Ciclista a España.

www.cjmsport.com

www.alpcross.com

 

 

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¡Ya te puedes descargar la Guía de LA VUELTA 2019!

Después de la del Giro y la del Tour llega el turno de LA VUELTA. Viajes, puertos, fotos, unas pocas vacaciones pero no podíamos faltar a nuestra cita. Javi Fuertes nos ha preparado una completa Guía  para no perder detalle de todo lo que nos espera en la ronda hispana

Análisis, comentarios, perfiles, altigrafías, favoritos, dorsales…

Esperemos que podamos disfrutar de una gran VUELTA

 

 

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¡Ya te puedes descargar la Guía del TOUR 2019!

Primero fue el Giro y ahora toca el turno del TOUR. Javi Fuertes nos ha preparado una completa Guía  para no perder detalle de todo lo que nos espera en la gran ronda francesa.

Análisis, comentarios, perfiles, altigrafías, favoritos, dorsales…

 

 

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En pocos días estará disponible nuestra GUÍA DEL TOUR, esa que con tanto mimo prepara Javi Fuertes. El análisis general del recorrido y la editorial volverán a ser obra de Rubén Berasategui.

Hemos querido adelantaros la editorial ya que el TOUR, aunque siga siendo la más grande, la más buscada y la que más honores da, parece querer perder parte de su esencia. Llega la duda, correr con los tiempos o mantenerse fiel a lo que se es.

 

Editorial – Traición a la historia

La organización de un evento siempre conlleva muchas facetas que quien no se dedica a ello no llega siquiera a imaginar. No tengo intención de hablar de ello, simplemente quisiera recalcar que en el ciclismo el organizador además de todo esto tiene sobre sus hombros la facultad de decidir sobre el recorrido y diseño de la prueba en cuestión que organiza, cosa que no ocurre en otros muchos deportes, y por tanto además de velar por el buen resultado del evento, decide sobre su trazado de un modo decisivo.

Me explico de otro modo. Una maratón siempre va a ser una carrera a pie de 42 km y 195 metros. Se puede hacer un circuito más sencillo o más complicado, que sea plano o con desniveles, tiene su normativa para ser homologado por la IAAF, pero siempre van a ser 42 km y 195 metros y no hay nada que el organizador pueda hacer al respecto. Podrá ser más o menos dura, pero una maratón no va a tener nunca 30 o 50 kms. En ciclismo cada año el organizador tiene la facultad de decidir cómo va a ser la prueba que organiza. Hablando del Tour de Francia, ASO (empresa privada organizadora de eventos que en la actualidad organiza el Tour), decide cada año cómo va a ser su recorrido. Podemos tener un Tour de Francia con recorridos tan dispares como los de 1980, 1987, 1990 o 2015. El vencedor gana el Tour, tenga éste 3200 km o 5000 km, tengo cinco cronos o ninguna, tenga más o menos montaña, pero a la postre acaba ganando el Tour de Francia.

¿Dónde quiero ir a parar?

Pues enseguida lo vais a ver. Cuando hablamos de pruebas centenarias con una historia superior a los 100 años, no estamos hablando de pruebas cualesquiera. Es evidente que hay que evolucionar y adaptarse a los tiempos actuales. No tendría sentido el diseño de un Tour de los años veinte o de mitad de siglo pasado, pero siempre hay que tener presente. aunque sea de refilón, la historia de la prueba que organizas.

¿Modernidad, tiempos actuales?

Por supuesto, pero sin perder tu esencia, tu historia y el peso de la tradición.

¿Os imagináis una París-Roubaix sin pavés o con una quinta parte del mismo? ¿Os imagináis una Tour de Flandes sin los muros típicos de la zona? ¿Os imagináis una Milán-San Remo con un puerto de 1000 metros de desnivel en la zona cercana a la costa azul?

Es perfectamente posible todo esto que os estoy diciendo, y si el organizador decidiera de pronto que esos monumentos iban a cambiar drásticamente su recorrido y pasar a ser pruebas sin pavés, sin muros o con puertos de entidad, el vencedor final de la misma ganaría también una París-Roubaix, un Tour de Flandes o una Milán-San Remo.

Entonces, ¿por qué el Tour está traicionando su historia y su esencia? ¿A dónde nos lleva la deriva actual?

El Tour de Francia ha sido siempre una carrera con un peso muy importante de la contrarreloj, con maratonianas etapas de fondo y gran desgaste, y con una montaña que pese a no ser la más dura, se hacía terriblemente exigente por la acumulación de todo lo anterior y el tremendo desgaste que supone correr en Francia en las tardes del mes de julio.

Y renunciar a esto, es renunciar a tu historia y a lo que ha sido la prueba más importante del calendario ciclista mundial por participación y porque al final se hacía un recorrido que no dejaba la menor duda, el ganador del Tour era el mejor y más completo corredor del pelotón profesional. Y así ha venido siendo durante décadas y el sueño del amarillo en París perseguido por los mejores ciclistas del pelotón, que podían apenas coincidir entre ellos durante todo el año, pero donde no faltaban era en la cita anual en Francia en el mes de julio.

La deriva del Tour lleva años siendo peligrosa en este sentido y creando corredores muy particulares para la prueba francesa. Hoy en día hay que subir muy bien, eso sin duda. Antes tan bien, lo que ocurre es que antes, además de eso también tenías que hacer muchas otras cosas bien, que a día de hoy y por caprichos del organizador han quedado reducidos a un segundo plano.

Si algo ha caracterizado al Tour es que siempre ha sido una prueba de fondo, de desgaste. De acumulación de esfuerzos, de recuperación.

“La tercera semana del Tour separa el grano de la paja y hay que asimilarla y pasarla. Algunos lo consiguen, otros no: por eso jamás podrán ganar esta carrera”.

Esa frase no es mía, es de muchos de los corredores que han corrido el Tour y que saben mejor que nadie lo que significa.

Para concluir esta pequeña editorial y antes de ir a la introducción de la actual edición, me gustaría comentar dos falacias que no por mucho que se repitan van a acabar convirtiéndose en realidad.

La primera:

Como me dijo en su día el actual director de la Vuelta a España, Javier Guillén, en una entrevista que muy amablemente nos concedió: “Tu representas una corriente de seguidores que abogáis por etapas de otra época”

No puedo estar más en desacuerdo con esa frase. Yo no represento ninguna corriente. Es más, acepto gran parte de lo que es la Vuelta a España actual, sobre todo siendo consciente de en qué momento de la temporada se corre y de la historia que tiene detrás. Pero no puedo ser igual de benévolo con el Tour, del que espero que sea la Gran Prueba anual, la que realmente encumbre al mejor corredor del pelotón. Por lo tanto, el Tour tiene la obligación de tener un poco de todo. Etapas cortas, largas, de gran desgaste. Cronos de todo tipo y un recorrido duro y compensado. No pido imposibles, sólo que mire su historia y la respete, que sea fiel a lo que ha sido siempre y con variaciones razonables sin salirse de su menú. Si te ha funcionado bien con un menú clásico, ¿por qué de pronto te metes a experimentar con química en tu cocina?

La segunda en una doble vertiente:

44 segundos…, menos de 44 segundos es el tiempo que invirtió el doble campeón mundial, campeón olímpico y actual record man de los 400 metros lisos, el surafriacano Wayde Van Niekerk en ganar el mundial de Pekin en 2015. Fue tal el esfuerzo al que sometió a su cuerpo, que un super atleta de este nivel, el mejor de la historia en esta distancia, tuvo que abandonar el estadio en camilla porque no se tenía en pie del esfuerzo realizado. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que no hacen falta ni 45 segundos para someter a un gran atleta, un fuera de serie, a un esfuerzo doloroso y extremo. Cómo voy a decir yo que una etapa de 100 km y 3000 metros de desnivel no es dura, sobre todo si se va rápido desde salida. Claro que lo es, y muchísimo. El problema viene cuando el Tour presenta etapas cortadas por el mismo patrón, una tras otra y que parecen más el Tour del Porvenir que el Tour de Francia.

Por último y para los que dicen que el problema es que ahora se retransmiten etapas íntegras por televisión. ¿Resulta que ahora es la tele quien decide? ¿Qué hacemos con los Grand Slam de tenis? ¿Los pasamos al mejor de tres sets? O mejor, a un solo set para que así el momento cumbre llegue antes. ¿Y los monumentos del ciclismo que superan los 250 km, los reducimos a la mitad? Si alguien no quiere ver seis horas íntegras de retransmisión, que no las vea. Si a los comentaristas se les hace pesado, se me ocurren unos cuántos puestos de trabajo más duros y complicados que comentar una etapa maratoniana. ¿Tenemos que cambiar todo un Tour de Francia porque la tele quiere otro formato de carrera?

La discusión es mucho más compleja, pero que nadie añada a esto el argumento del dopaje. El doping no es para terminar las carreras, sino para ir más rápido y recuperar mejor. Nadie necesita acudir al doping para terminar una carrera de 100 metros lisos y sin embargo es una las pruebas más señaladas. No, el doping o el realizar etapas de 250 km que dicen (porque esa es otra), no pueden ser el motivo para olvidarnos de ellas.

Las dos mejores etapas que yo he presenciado en directo en mi vida han sido la de Val Louron en el 91 y Sestrieres en el 92. Ambas en el Tour, ambas por encima de los 230 km y ambas superaron las 7 horas largas de pedaleo.

No, el espectáculo no viene marcado ni por la distancia, ni por la duración de una etapa. Lo único que resulta cierto es que eliminar la dureza y desgaste de una gran vuelta iguala por abajo y eso en mi opinión es la mentalidad de los MEDIOCRES.

Por Rubén Berasategui

 

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