Autor: adminziklo

A mi edad aún años me sigo sintiendo como un crío cuando salgo en bicicleta. De acuerdo que el “chasis” está ahí y los kilómetros recorridos en la vida también. Todo pesa. Los años pesan. El cansancio pesa. El pasado pesa. El peso pesa. Físicamente los años no se pueden ocultar aunque parece que estamos de acuerdo en que ataviados con maillot, culotte, casco y gafas podamos parecer algo más jóvenes que vestidos de calle. Sin embargo también, cuando uno ya empieza a tener una edad tiene sus dudas en lucir maillot porque quizás no es ni lo más estético ni lo más parecido a lo que podríamos llamar ciclista. Pero ahí andamos, y cuando nos subimos a la bici, a pesar de que cada vez cuesta más levantar el culo y moverse para ponerse el culotte (lo más duro del ciclismo, según un buen amigo), nos podemos volver a sentir jóvenes, recuperar sensaciones perdidas en el tiempo, porque por dentro somos nosotros mismos, los que hace 25, 30 o más años ya nos movíamos por estas carreteras, pletóricos de juventud y fuerza, devorando los kilómetros siempre buscando el más lejos, el más rápido y el más alto . Esos momentos los podemos sentir con plenitud…todavía, aunque quizás ya no subamos ese puerto a 18 km/h y ahora lo tengamos que hacer a 12 km/h pero aunque físicamente ya no respondamos igual, de alma aún nos seguimos sintiendo jóvenes, ese espíritu que pilota nuestro cuerpo, más o menos pesado, más diésel y menos gasolina, con mucha menos chispa pero mucho más regular, degustando más los kilómetros sin devorarlos, pero encima de la bici uno se siente vivo, joven, con ganas, aunque luego las piernas y el corazón te digan que te lo tomes con más calma y te inviten a parar y oler las flores.

Jordi Escrihuela.

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Es suficiente mirar hacia el interior para comprobar que la bici es capaz de moldear nuestra personalidad. Como en todo, con sus cosas buenas y con otras no tanto, pero estoy convencido de que nuestra manera de comportarnos en la bici y en la vida guardan mucha relación y de que cada uno tiene influencia en el otro.

Cada uno tenemos un conjunto de valores y muchos de ellos se han desarrollado gracias a la bici. A mí, me ha dado espíritu de lucha, tesón, no bajar los brazos, saber que para conseguir las cosas hay que esforzarse y que siempre hay un camino, aunque sea difícil verlo. Cada día supone un avance y en nuestra lucha diaria hay que aprender a darse respiros y disfrutar de lo conseguido.

También me ha enseñado que nada es para siempre, que todo evoluciona y no podemos acomodarnos. La vida, como nosotros, pasa, pero cada fase nos brinda un espacio para disfrutar. Los grandes logros pueden llegar a ser pura utopía, incluso dudo que sean necesarios, siempre que sepamos valorar las pequeñas cosas. Soñar despiertos puede ser una buena terapia, siempre que no sea una amenaza y queramos hacerlo real.

Habría muchos detalles más que hacen que considere a la bici como una escuela de vida cargada de ilusión. A nosotros nos corresponde tratar de aprender con ella, porque creo firmemente que nos puede ayudar a ser mejores personas.

Foto: A. Epelde/Ziklo

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No se me ocurre mejor inicio que este para comenzar a publicar artículos en la nueva sección de la web de ZIKLO. Como con los artículos que escribimos en la revista, Jon nos da una libertad total para proponer temas y también en el modo de enfocarlos. Por eso, espero poder escribir sobre muchos y diversos temas, contribuyendo con mi pequeño granito de arena a mantener la actividad de esta nueva sección.

Quiero que mi primer artículo hable de cómo nos conocimos. Como personas que no nos conocíamos de nada y que además vivíamos en diferentes ciudades, dimos a parar unos con otros, movidos y empujados por una misma ilusión. Hoy en día, Javi, Jon, Juanto, Josemi y Ángel, somos una parte del equipo de ZIKLO, que prepara con mucha ilusión cada número. Esas reuniones en las que vamos desmenuzando y proponiendo contenidos, suelen ser una gozada, y si vienen precedidas de una vuelta previa en bicicleta, la agenda ya es completa.

Pero como todo en la vida, esto tuvo un origen, y cada uno tendrá el suyo. Yo voy a contaros el mío.

Inmersos en uno de nuestros viajes alpinos, hoy nos enfrentamos a un puerto muy especial y que siendo desconocido tiene una historia detrás. ¿Cuánta? No lo sé con exactitud, pero más incluso que los 20 años que cantaba Gardel.

La cuestión se puede resumir tal que así:
Conocí a Ángel sin conocerlo, conocía el Halltal, sin saber siquiera que existía.

¿Cómo es eso? No podría decir el año con exactitud, pero estamos hablando probablemente de 1992 o 1993. Por aquel entonces hacía mis pinitos con mi BTT (no tenía bicicleta de carretera), junto a mis amigos del colegio. Eran mis inicios dando pedales. Rutas de 30-40 km a lo sumo, y con parada para merendar. El lugar de encuentro: el portal de la casa de Néstor. Era casi una de las últimas casas de Donostia, o el comienzo de la ciudad si venías en sentido contrario. Desde ahí la “gasolinera del infierno”, como la conocíamos, porque hace mucho que no oigo a nadie nombrarla así. En ella dieron la vuelta en el prólogo del Tour del 92. Salían de Donostia, iban hasta allí, y en lugar de continuar dirección Añorga y Lasarte, giraban sobre sus pasos para regresar al núcleo urbano. En aquel entonces el barrio de Igara eran cuatro casas, algún caserío, el inmenso edificio del Diario Vasco y poco más. Ved esa foto en 1992 y vedla ahora en 2018. ¡Cómo ha cambiado todo! Nosotros solíamos enfilar el solitario, en aquel tiempo, camino de Igara, repleto de empresas hoy en día, para ir en busca de los caseríos y de alguna subida corta pero dura. Llegábamos hasta el cruce donde hoy la Clásica San Sebastián gira a la derecha para subir su muro final: Bordako Tontorra o Murgil Bidea. Pero nosotros en el cruce tomábamos a la izquierda y a continuación una rampa muy dura del 15% que por espacio de 300 m nos daba la bienvenida. Luego la subida continuaba y con descansos llegábamos a las villas de la parte alta de Usurbil. El record en aquel tiempo lo tenía en 7 minutos hasta la villa, donde nos reagrupábamos. Posteriormente llegué con el paso de los años a dejarlo en 5 minutos, ya con bici de carretera. Hoy en día no sé en cuánto subiría. Voy muy poco y no eh vuelto a tomarme tiempos. De ahí un pequeño sube y baja y otra pronunciada bajada en dirección Usurbil. Por detrás, por la zona de Zubieta, llegábamos a Lasarte. El recorrido no tenía ni 15 km, pero siempre íbamos a la plaza del pueblo y comprábamos una Coca Cola, una palmera de chocolate; lo que más nos apeteciera. Nos las tomábamos en mitad de la plaza, con las bicicletas apoyadas en un banco vacío y conversando sobre fútbol o ciclismo. Casi siempre esto último. Planes de futuro, cuándo íbamos a conocer el Tourmalet. Ese era el objetivo. Lo veíamos lejísimos y hasta dudábamos de si íbamos a ser capaces de doblegarlo. Regresábamos sobre nuestros pasos, haciendo el recorrido a la inversa. Si el tiempo lo permitía, chapuzón en la piscina comunitaria de mi casa, y así pasábamos las tardes de verano.

En aquel tiempo empecé a comprar con asiduidad la única revista del mercado que se centraba en ciclismo. CAF (Ciclismo a Fondo); posteriormente salió alguna más. Había que esperar un mes para la siguiente, y con poca o nula información adicional que no fueran las noticias de la prensa escrita, leía y volvía a leer los artículos más interesantes. En uno de esos números, sería a final de temporada, y teniendo menos noticias para completar la revista, desde CAF abrieron una sección del “buzón del cicloturista”.

Había un artículo de un cicloturista que les hablaba de las bondades de esa nueva sección y les proponía crear una de “puertos duros” Citaba entre ellos el Mortirolo (ya lo conocíamos del Giro y por el perfil de Mario Ruiz), y otro que fue la primera vez que lo vi escrito, el Zoncolan.

El artículo iba acompañado de una foto de un ciclista subiendo una rampa junto a un cartel de señal de peligro: rampa del 32%. Sí, no me lo invento, 32%.

Ja, ja, ja, ja. Yo en aquel entonces debatiendo conmigo mismo si sería capaz de subir los más de 13 km seguidos entre el 8-10% del Tourmalet por la Mongie sin echar pie a tierra. El Mortirolo me parecía una locura con esos números y sus rampas al 18%. ¡Y de pronto ver un 32%! Yo eso ni me imaginaba que existiera. Es que ni podía imaginármelo. Supuse que el de la foto era la persona que escribía el mensaje: un tal Ángel Morales García. ¡Menudo campeón! -pensé, si bien no le presté más vueltas al nombre. Lo que más se me quedó grabado de aquellas cortas líneas fue el nombre del Monte Zoncolan.

Pasan los años. Compro bicicleta de carretera y empiezo a subir tanto mi nivel como los retos que me marco. Así, Tourmalet 94, Larrau 96, Arthaburu (de casualidad en el 96), Alpes 97 y por fin Mortirolo, Marmolada y Tres Cimas de Lavaredo en el 98. Los tres puertos que había dicho Díaz de Otazu (corredor de la ONCE en el Giro 92), que eran los más duros que había subido en la carrera transalpina.

Satisfecho regreso a casa en aquel verano del 98. Pero una vieja amenaza asoma: el Angliru. El puerto no era nuevo -nos lo había presentado Mario en el 96-, pero no le había prestado más atención: había otras prioridades. En 1999, y tras su inclusión en la Vuelta a España de ese año, se empieza a hablar con fuerza de él. Ahora sí le presto la debida atención. Asturias no es Italia, y bastan 4 horas de coche -quizás en aquel junio del 99 alguna más- para presentarnos en la Vega de Riosa aprovechando un puente a finales de mes.

Tenía el perfil de Mario de 1996, este es el de APM, que es casi idéntico. Sabía el reto al que me enfrentaba, y estaba seguro que no me había enfrentado a nada parecido antes. El desarrollo era el que tenía por aquel entonces un 39×30 y con el que me había enfrentado al Mortirolo, Marmolada o Tres cimas de Lavaredo. Ninguno de ellos me había llevado al límite. Pero algo en mi fuero interno me decía que este puerto iba a ser de cuidado, y que no me fiara lo más mínimo.

El encuentro es emocionante y tras superar el puerto sin echar pie a tierra, pero haciendo eses en la zona más complicada del mismo, mi veredicto personal es: tablas. He subido, pero el puerto y yo, sabemos cómo he subido. Lo dejamos ahí.

Pablo y servidor en Riosa la Vega, a punto de intentar subir el Angliru (junio 1999)

 

Cima del Angliru (junio 1999) – ni cartel, ni letreros, ni nada, aún virgen

Ahora sí, descanso tranquilo, al menos en cuanto a grandes retos. Las carreras nos muestran nuevas ascensiones, como el descubrimiento de la Fauniera en el Giro del 99. De este modo en el 2000 y 2001 realizo una serie de viajes que no hacen sino completar un poco mi historial de puertos. Los famosos “prioridad 1” como Galibier, Madeleine o Alpe de Huez…, ya están subidos. Ahora vamos a los famosos “prioridad 2”: la Plagne, Izoard, la Bonette…, en Francia. En Italia el Giau, el Agnello, La Fauniera, el Sampeyre…

Sin duda grandes puertos, pero ninguno de la dificultad del Angliru que había conocido recientemente. Mi curriculum a la hora de subir puertos fue engordando, y también mis conocimientos. Mirado ahora con perspectiva, pensaba que sabía algo. Pero la pregunta es simple, dependiendo algo de con quién te estés comparando. No muy lejos de mi casa, en La Pobla de Lillet ya había una persona que me llevaba traineras de ventaja. Si estuviéramos haciendo una crontrarreloj tipo la del Tour del 92, Ángel ya estaría volviendo a Donosti y a mí aún me quedaría mucho para llegar al punto donde se daba la vuelta y se regresaba. Pero nuestro encuentro aún tuvo que esperar algún tiempo.

Al volver de ese viaje dolomítico en el verano del 2001 con los amigos que había conocido en el trabajo, me encontré en octubre con el mail de uno de ellos. Tras recordar algunas de nuestras subidas, entre ellas el Mortirolo, las Tres Cimas, la Marmolada y algunas más (yo repetí unas cuantas), finalizaba su correo con una frase textual y un enlace de internet.

La frase decía textualmente: “Me da que sólo hemos subido tachuelas”.

Txerra, Peio, Ausan y yo en las Tres Cimas de Lavaredo (agosto 2001)

El link te abría inmediatamente una página, la que durante los siguientes años iba a ser mi página referencia, al menos a nivel europeo. Algunos ya lo habréis adivinado, me estoy refiriendo a la Web de Claudio Montefusco, al que también tendré el placer de conocer años más tarde.

Lo primero que llamó mi atención de dicha web fue la fotografía de la portada. Un momento, no es esa foto… claro que es: no resultaba difícil no recordarla. La señal de la foto era definitiva. ¿Dónde había visto antes una foto con una señal de peligro por pendientes del 32%? En ningún sitio, nada, nada siquiera parecido a eso. Mi mente me llevó inmediatamente a aquel texto de aquella CAF. Y supuse que el gestor de la web, era también el protagonista de la foto. No hice la asociación entre quien envió la carta y el que había construido esta página que aportaba cosas tan novedosas e interesantes.

La antigua Web de Claudio no era la mejor página sobre ciclismo ni mucho menos. El diseño era el de una página de hace 17 años, es decir, no había diseño. No tenía perfiles propios, como mucho te enlazaba a páginas como Salite (otra página referencia en aquella época), para mostrarte algunos perfiles. Tampoco tenía un foro ni era una página interactiva donde la información fluyera con asiduidad. Había algunos artículos escritos, como por ejemplo la experiencia contada en primera persona por Andrew Hampsten en referencia a la etapa de Bormio de 1988. Otros artículos más o menos interesantes, y la verdad, poco más.

¿Poco? Bueno, no exactamente. Algo llamó en aquel entonces poderosamente mi atención. ¿El qué? La lista. ¿Qué lista? Una lista que se centraba en 5 países: España-Francia-Italia-Austria-Suiza.

La lista catalogaba los puertos por países y los dotaba de un coeficiente, los marcaba por orden de dificultad. Además, te daba la distancia, el desnivel, el desnivel medio y el % máximo de las rampas. ¿Eran ciertos esos números? ¿De dónde y cómo los había obtenido? Ni idea.

Al estar enumerados tipo lista y por coeficiente, no era necesario ser ningún espabilado para saber que el primer puerto de cada país era el más duro del mismo, o al menos así estaba considerado.

Al entrar en España uno comprueba que el puerto que ocupaba la primera posición era el Angliru, con un coeficiente de 558. No lo discuto. Había subido el Angliru en 1999 y era el puerto que más al límite me había llevado, no tenía dudas. En la lista española había puertos de los que jamás había oído hablar: Roque de los Muchachos o Pozo de las Nieves, por ejemplo, eran dos de ellos. Ambos superaban los 400 puntos de coeficiente, y junto con el Gamoniteiro (del que también había oído hablar), eran los únicos puertos españoles por encima de ese nivel 400, por definirlo de alguna manera.

Pinchabas en Francia y la cosa estaba aún más controlada. No había ningún puerto por encima del nivel 400. El Mont Ventoux con un coeficiente de 379 era el primero, seguido de Larrau con 363. Entre el resto de puertos, había muchos conocidos y alguna novedad. Pero con coeficientes “normales”: ninguno llamaba poderosamente la atención.

Pasamos entonces a Italia. Uno esperaba ver el Mortirolo el primero. Todo el mundo coincidía en que era el puerto más duro de Europa, quizás a esas alturas solo superado por el Angliru. De pronto los ojos se me abren como platos. En primera posición figura el Monte Zoncolan. Habían pasado 10 años desde que lo había visto escrito, pero el nombre no se me había olvidado. La asociación fue inmediata. Pero cuando lo vi hace ya casi una década, no tuve más información que la de su nombre. En la lista lo que más llamó mi atención fue el coeficiente. 665, que doblaba al Tourmalet, y daba más de 100 puntos respecto al gigante asturiano. Y todo ello en tan solo 10,2 km de ascensión. Me quedo anonadado. Le siguen otros dos puertos con coeficientes por encima de 600: Passo Telegrafo-Punta Veleno (tenía dos nombres el puerto) y Prato Maslino. Primera vez que veo nombrados dichos puertos. El Mortirolo está en el cuarto puesto. Otros puertos también llaman mi atención. En la lista italiana hay 13 puertos por encima de 400 puntos de coeficiente.

En aquel tiempo Austria y Suiza los consideraba muy lejos de mis objetivos. Apenas reparé en ambas listas, repletas de puertos completamente desconocidos para mí. En aquel tiempo aquello que no se subía en las grandes vueltas se me escapaba completamente. De todos modos, sí me quedé con algunos datos. La lista austriaca era muy breve: 19 puertos en total. Pero de ellos había 11 por encima de 400 de coeficiente, 4 por encima de 500 y 1 por encima de 600. Aquí si me fijé en las rampas máximas, y llamaba la atención el 32% que marcaba el puerto situado en 4ª posición, el Halltal con 503. ¿Será este el de la foto? Ni idea; no le di más vueltas. Ni siquiera hice la asociación entre la foto de la señal del 32% con ese puerto. Por último, en Suiza sólo había un puerto con más de 400 de coeficiente, así que tampoco entré en más detalles en el país helvético.

En aquel momento en concreto yo lo que hacía era buscar mis límites. Por tanto, lo que más me interesaba en un puerto era su dureza. La belleza era secundaria. De la lista completa, el puerto con más coeficiente era el Zoncolan, así que ahí empezó mi segunda obsesión: subir el Kaiser. Si el Angliru me había llevado al límite, ¿sería ahora capaz de subir un puerto a priori aún más duro?

Durante ese intervalo de tiempo, voy familiarizándome más con internet. De ese modo y de pura casualidad, un día tropiezo con un perfil muy bien hecho de Bianditz. Bianditz es un puerto muy cercano a casa y que he subido en incontables ocasiones. No es que sea especialmente duro, sí bien es un puerto que tiene algo poco común para estar cerca de casa: la longitud. Los puertos guipuzcoanos no acostumbran a ser largos y rara vez se superan los 8 km. Toparte con un puerto de 12 km de longitud es algo atípico y por tanto un puerto bueno para entrenar en subida ininterrumpida durante largo periodo de tiempo. Indagando en la red, sin buscadores como los que hay hoy en día, y sin tomar un rumbo fijo, aparezco de casualidad en una nueva página:

“Altimetrías de Puertos de Montaña – APM”.

Juanto Uribarri y Ander Guaza son sus creadores. Descubro con asombro dos cosas: la primera es que los perfiles que tienen son muy parecidos a los de Mario Ruíz; y la segunda, que estos dos tienen que ser de por aquí cerca, pues, aunque su web habla de cantidad de puertos de la geografía hispana, es en Euskadi, y fundamentalmente en Vizcaya y Guipúzcoa, donde más puertos tienen dibujados. Son ascensiones que conozco muy bien, al menos las que tengo cerca de casa, y de pronto verlas dibujadas me genera una gran satisfacción. Del mismo modo, descubro muchas más, sobre en todo en Vizcaya. Escribo a los creadores sugiriéndoles la posibilidad de conocer subidas que no tienen dibujadas y que considero interesantes como son Aritxulegi y Arano. Recibo pronta respuesta de uno de ellos, de Juanto concretamente. Me dice que harán lo que puedan y que toman nota de mi propuesta.

Surgen de ese modo una serie de páginas referencia para mí. Las grandes páginas europeas se están creando, así que yo me centro en estas dos: APM y la Web de Claudio. Allá por 2003 en APM se crea un foro privado y una zona también para usuarios registrados. Son tiempos en los que el informático, Ander, se dedica en cuerpo y alma a la página. Cada semana uno aguardaba a llegar el lunes al trabajo y, mientras tomaba mi primer café de la máquina, abría APM porque Ander siempre colgaba una nueva altigrafía el domingo por la noche. A veces colgaba más durante la semana, pero la que no faltaba era la del lunes. A veces era un puerto lejano de la provincia de Cáceres o Málaga, pero otras veces eran puertos que me tocaban muy cerca, o incluso habituales en mis salidas con la bicicleta.

Eso y el nacimiento del foro de APM fue casi simultáneo. Al comienzo dicho foro era pequeño y muy cercano. Realmente gente muy interesada en las altimetrías. La participación de los creadores siempre era recibida con respeto. Así el webmaster (Ander) y el portusmaster (Juanto) participaban muy activamente en ellos, como los usuarios que cada vez éramos más y crecíamos como abejas en una colmena.

En ese periodo yo sigo con mi obsesión, y esa sólo tiene un nombre: Monte Zoncolan. Ya lo tengo localizado. Está muy lejos. Me da rabia, porque he estado relativamente cerca de él en dos ocasiones, pero en esta ocasión nada me va a detener. De este verano no pasa.

Estamos en primavera del 2003. Por aquel entonces he dado un pequeño salto de nivel en la bicicleta. Aún tengo mucho que aprender, sobre todo adquirir fondo. Soy capaz de hacer una subida buena a cualquier puerto. Pero no me pidas más. Me pongo debajo, sin desgaste previo, y a subir. No me pidas que encadene puertos seguidos; quizás si no son duros, algo puedo hacer. Pero dos, tres horas, es lo que me dura la energía; al menos al máximo nivel. A partir de ahí, problemas o bajada sensible del rendimiento.

Empecé a andar en bicicleta de carretera con algo ya de asiduidad a partir de 1998. Hasta entonces era un ciclista de verano. Mis amigos del colegio, aquellos con los que di mis primeras pedaladas allá por 1992 para ir a Lasarte y alguna excursión ocasional, no dan el paso que doy yo y van dejando la bicicleta a algo mucho más puntual y esporádico. Una pena, la verdad. Hubiera sido una ilusión para mí haber compartido grupetta los sábados y domingos por la mañana, sobre todo a día de hoy. Por el contrario, otro amigo de la cuadrilla, se une, y con él fui con quien realmente empecé a dar un salto de nivel y calidad en la bicicleta. Nos planteamos objetivos más ambiciosos que culminan con preparar una Quebrantahuesos. Participamos en varias desde 1998 con malos resultados para mí. A Iñaki le fue algo mejor, pero perdió las ganas y motivación en la QH del año 2002, la que cambió de recorrido a última hora a causa de un desprendimiento en el Portalet.

Cambiaron el recorrido y nos vendieron como que éste era más sencillo. No se sube el terrible Marie Blanque. ¡Bien! Tampoco se subirá el interminable Portalet. Pero en realidad era una encerrona que solo años más tarde, muchos años más tarde, me he atrevido a realizar, en compañía de Berritxu y Fernan. El recorrido que sacaron no podía regresar a Sabiñanigo por el Portalet al estar éste cortado. Así que en lugar de buscar una QH atípica por Aragón, quisieron mantener el espíritu de la QH original subiendo Somport. Lo que ocurre es que, si haces eso, la única manera de volver es por el valle del Roncal y para eso hay que dar un rodeo de mil pares de narices. En primer lugar, debes llegar al citado valle navarro y para eso te subían la Pierre St -Martin por el encadenado Bouézou-Labays-Soudet-Pierre St-Martin, bajas casi hasta Isaba, y por Zuriza y luego por otro puerto que tampoco es muy duro, llegas hasta Hecho. Allí la general hasta Puente la Reina, desde ahí a Jaca y luego la propina de Sabiñánigo. Mostramos el perfil de aquella QH.

El perfil de la etapa marca 221 km, pero realmente eran 240 km, por el rodeo que se hace por Sabiñanigo para pasar por el centro del pueblo, y porque el programa cronoescalada pierde algunos poco km en etapas tan largas. Lo dicho, esos 221, eran realmente 240 km.

¿Y esto es más suave que la QH tradicional? Ellos así lo vendieron, metiendo un gol por la escuadra a muchos incautos, entre ellos Iñaki y yo. Y ojo que yo ya conocía la subida a la Piedra por ahí -en bajada-, pero nos la vendieron tan bien, con descansos, y zonas para poder recuperar, que la QH hasta casi parecía un paseo de sábado por la mañana. Un paseo de 240 km, eso sí, pero un paseo. ¡Golazo!

No estábamos preparados ni para 240 km llanos. Nuestros entrenos rondaban la cifra de los 100, 120 km a lo sumo. Con puertos de aquí. ¿Duros? A veces, pero nunca largos. Algún día quizás nos acercábamos a los 150 km, pero eso era un par de días al año. La idea es que el Portalet en la QH tradicional se corona con más o menos esa distancia, y los 50 finales, pese a la Hoz, ese día los haces; mejor o peor, pero los haces. Pero de pronto y a 15 días vista, nos cambian todo y nos meten de lleno en una marcha de 240 km. ¡Aquí algo no cuadra!

La organización trató de vendernos una QH atípica, y emocionante. Razón no le faltaba. ¿Atípica? Por supuesto. ¿Emocionante? No hay duda de que también lo fue. Sinceramente, y visto a día de hoy que conozco muy bien toda la zona y la entidad de una marcha así, es un recorrido muy atractivo, si solventas el tema a partir de Hecho. Realmente, la organización sabía de la dureza del recorrido, eran muy conscientes de ello. Llegados a Hecho no quisieron añadir nada de dureza, tiraron por el recorrido más simple y asequible, la nacional, aunque sea un coñazo. Desde Hecho son 24 km hasta Puente la Reina, de ahí otros 19 a Jaca, y por último otros 18 km a Sabiñánigo. En total son 61 km que no aportan nada o casi nada a la prueba. ¿Alternativa? Claro que la hay. Una vez en Hecho, llevas a la gente a Jaca por carreteras secundarias, ascendiendo un puerto de segunda al paso por Jasa. Además del puerto, la zona es un completo subir y bajar, un completo rompe piernas. El recorrido es infinitamente más atractivo, pero mucho más duro también. Supongo que lo considerarían, pero decidieron con buen criterio ir por el camino fácil; pese a ello, la escabechina fue de las que aún se recuerdan. La QH así diseñada cuenta con un gran inconveniente, y es que tiene que empezar y acabar en Sabiñánigo. Si vienes por el Portalet tiene su lógica, pero si haces este recorrido inflas los kilómetros sin que tenga otro sentido que no sea acabar donde empieza la prueba, y eso necesariamente debe ser en Sabiñánigo.

Pero además de la distancia, porque el desnivel global con este recorrido era parecido, la organización se topó con un problema inesperado: el calor. Corrijo: el terrible calor que hizo aquel día. No fue del nivel de la famosa QH del 98 (el día que debutamos) -la del calor, la de los 50° en Laruns, en las faldas del Portalet. Pero fue una edición muy calurosa. La organización se vio desbordada, una vez más, por la falta de líquido, y andar hoy en día por el encadenado de Labays, por la zona de Zuriza, significa que fuentes o bares, pocos o ninguno. En resumen, drama en la prueba. La gente no podía más en el llano. Las largas rectas entre Puente la Reina y Jaca, parecían más una peregrinación que una marcha ciclista, a más de 40?°: veías a la gente caminando.

¿A dónde vas?
Quiero terminar.
Supongo, pero tienes casi 35 km. ¿Cómo los pretendes hacer, andando?

Fue un caos, y nosotros dos, con una preparación no acorde para esa distancia y en esas condiciones, fuimos carne de cañón. Si el día se hubiese torcido (en cuanto a la meteorología me refiero) con el recorrido habitual, quizás también lo hubiéramos sido, pero al menos hubiéramos tenido alguna oportunidad. Con todos esos condicionantes -calor, falta de líquido y una preparación un poco corta que nos podía dar gasolina para unos 30-40 km más-, el resultado fue el lógico y esperado.

Pero la reacción nuestra fue muy distinta. Habíamos renunciado a muchas cosas Iñaki y yo. De hecho, renunciábamos a cenas, o nos retirábamos antes de la fiesta para poder andar algo al día siguiente. ¿Sacrificios? Muchos, y más conforme se acercaba la fecha señalada. ¿Merecían la pena para obtener este resultado?

Es evidente que no. Pero yo me piqué mucho conmigo mismo. Algo no estaba haciendo bien. O me planteaba objetivos muy ambiciosos o no hacía lo necesario para abordarlos con garantías. Me tocó el orgullo. Me dije que algún día sería capaz no ya de hacer la QH antigua, sino esta variante que se habían sacado de la manga. Dejé la bicicleta ese verano; necesitaba un descanso, más que físico, mental, y la retomé en septiembre con ganas.

Iñaki dejó la bicicleta y no volvió. Ha vuelto hoy en día a hacer cosas, pero con la BTT que siempre le ha gustado. Hace salidas de un par de horas y disfruta de otra manera. Pero de meterse en distancias de fondo o preparar rutas importantes o puertos de entidad, nada de nada. Ahí se quedó. Ahí se quedaron nuestras salidas conjuntas por la geografía vasca.

Algo me ayudó también a tomar esa decisión de seguir, pero tratando de mejorar y corregir errores. Ese verano del 2002 descubro que en mis vacaciones necesito actividades. Vamos un grupo de amigos a casa de la tía de uno de ellos en una preciosa urbanización en Zahara de los Atunes (Cádiz). El plan es tan sencillo como simple.

Nos levantamos a diario sobre las 11 y vamos a desayunar al chiringuito de al lado. De ahí a la playa: estar tumbados, un chapuzón, otra vez a las toallas; de regreso otro chapuzón en la piscina de la urbanización, preparar la comida en casa y comer en la terraza. Siesta.

Sobre las 6-7 de la tarde, actividades varias, que no pasan de baño en la piscina, cartas en la terraza, o tomar algún aperitivo. Para jugar a pádel o tenis hay que madrugar (no era el caso) o esperar que se fuera el calor, y encontrar otros dos o tres que se animaran al plan. No siempre se conseguía. En realidad, no se conseguía casi nunca.

Acto seguido, vestirnos y al pueblo a cenar. Cena, copas, chiringuitos con música, más copas, baile, y vuelta a casa. Que se daba bien la noche, genial; si no, a probar al día siguiente.

Y así un día, y otro, y otro… El día que cambias y haces algo distinto, te vas a Cádiz a pasar la jornada, y después de comer no sabes dónde meterte del sueño que tienes y del calor que hace. De modo que estás mirando el reloj suspirando por volver a tu cuarto y rezando para que no te acribillen los mosquitos.

Cinco días así, encantado. Quince, se me hicieron eternos.

De este modo, y tras mis nuevas averiguaciones, tengo muy claro que en el verano del 2003 yo marcho para Italia. ¿Con quién? Pues me temo que solo. Iñaki ya no anda en bicicleta, mis amigos del cole la dejaron hace años, y no conozco gente de confianza como para hacer un viaje de estas características con garantías. El grupo del trabajo con los que viajé en 2001 a Dolomitas son algo mayores que yo, y pese a que seguro que les podría apetecer, no disponen de los permisos necesarios como para repetir viaje.

¿Solo? – me preguntaba mi padre
Solo -era mi respuesta. Estaba decidido y cada vez más animado.

Este viaje iba a ser una auténtica prueba de fuego. En todos los sentidos. Desde un punto de vista personal y desde un punto de vista físico (objetivos nuevos y de gran envergadura).

Así fue como preparé este viaje con mimo. Aún no me preparé para hacer grandes etapas, pero mi nivel para subir en parado, en fresco un puerto, fuera éste el que fuera, era bastante aceptable. De ese modo incluyo en el viaje los puertos más importantes de la lista de Claudio. El Zoncolan, por supuesto: sobre él pivota todo el viaje. Pero de paso incluyo otros puertos. Algunos por el mero hecho de estar en la lista; otros, porque se han subido en alguna carrera y han llamado mi atención; y otros como el Hoctor Pass, porque Mario nos lo había mostrado en su día en un reportaje.

Acaba el viaje y el éxito es absoluto y rotundo. Estoy solo casi tres semanas fuera de casa. Entre la bicicleta, el coche, el diario que comienzo a escribir y que fue el primero de esta larga serie que aquí me tiene contando lo ocurrido en 2016, la verdad que aguanto el paso de los días bastante bien. Desde un punto de vista deportivo, el éxito también es rotundo y completo. Conseguí subir el Zoncolan, Punta Veleno, Bocca di Forca y otros puertos más. Pero a priori los tres de pendientes más duras eran esos y pude doblegarlos. Me exigieron, pero no me llevaron al límite de lo vivido en el Angliru en 1999. Pero eso tampoco significaba nada. Mi nivel en 1999 era uno, y ahora en 2003 otro. Además, ya había subido por segunda vez el Angliru, aprovechando el paso de la Vuelta a España en 2002, y el duelo ya lo saldé a mi favor.

¿Cuál era el más duro? Pues no lo sé. Punta Veleno y Zoncolan tenían rampas duras más prolongadas, pero el tope máximo era para el coloso del Aramo.

En esas me planto en septiembre de 2003 y sin un rumbo claro por donde seguir. Por un lado, tengo claro que algún día debo ser capaz de hacer esa extraña QH, pero aún sé que no tengo el fondo necesario. Eso requiere trabajo y dedicación. Y mis salidas aún no eran demasiado largas y tenía que aprender a conocerme bien.

Por otro lado, por fin conozco a Ander y Juanto. La cita es en Oiartzun y hacemos una salida conjunta. No vienen solos: vienen con el grupo de APM de aquel tiempo.

Como comenté con Juanto el año pasado, viendo aquel ya lejano 2003 y este 2017: el espíritu APM se mantiene. De los que yo conocí en aquel día hay muy pocos que siguen. Pero han llegado, o mejor dicho, hemos llegado otros nuevos que hemos tomado el relevo y APM sigue tan vivo como siempre. Ahí está la pasada cena en la que la mesa redonda rondaba las 35 personas. Josemi, Javi, Berritxu, yo mismo, hemos dado un impulso y continuidad al verdadero motor de todo, Juanto. Aunque gente de referencia y por distintos motivos se dejen ver muy poco a lo largo del año, a la cena anual raro es que falten los Tintxu, Ander, Álvaro, Lucas, Iñigo y alguno más que seguro que me dejo en el tintero.

Conocer ese grupo a finales de 2003, me permitió renovar mi impulso ciclista. Ya no estaba solo. Quizás sí lo estaba en la mayoría de mis entrenamientos, pero había gente con la que quedar y de ese modo, y entrando de lleno en el concurso de puertos que APM realiza, “Gero eta hurbilago”, tenía la oportunidad de salir y hacer rutas por las provincias cercanas y aumentar mis conocimientos y experiencias a la hora de subir puertos.

A través del foro de APM y antes de conocer incluso a sus miembros, conozco a Tana. Realmente su nombre es José Manuel López Quintana, pero él mismo se presenta como Tana. Sin canales como Youtube, pregunto en el foro un día si alguien tiene el vídeo de una etapa que no tengo grabada y que no pude ver por televisión al estar allí. La famosa etapa Jaca-Val Louron del Tour de 1991. Ando detrás de ella y hasta había pensado en escribir a TVE en más de una ocasión para que me hicieran una copia. Si lo hacían me iban a cobrar un dineral, pero estaba dispuesto a correr con los gastos.

El grupo de APM con Ander y Juanto agachados en la cima de Frain (octubre 2003)

Para mi sorpresa un forero de nombre moontana dice tener dicha cinta, y además vive en Donostia. No tardamos ni dos días en quedar un viernes en el Sport Café. Me entrega la cinta y a partir de entonces hacemos amistad y se vuelve otro participante habitual del foro de APM.

En el periodo que va del otoño de 2003 que es cuando conozco a los responsables de APM y Tana, hasta la primavera de 2005, no realizo ningún viaje importante. Llamo importante a hacer un viaje largo de distancia y de días. El verano de 2004 voy con Tana y Kulak a Andorra y pasamos unos días también por la zona de Aix-les-Thermes porque nos interesan mucho Plateau de Beille y Pailhères. Con APM realizo viajes cercanos y alguna salida al Pirineo y Asturias, además de participar en el concurso de puertos que me permite conocer muchos puertos de la geografía vasca y provincias limítrofes.

Donde sí llego mucho más lejos es en internet. Han surgido muchas páginas, nacionales y a nivel europeo. La más importante es la de Salite. Salite presenta perfiles de todas o casi todas las subidas. Lo que no sé es hasta qué punto son o no fiables, porque uno ve en ellos cosas muy raras. Además de Salite hay una página italiana que sigo con asiduidad y surgen otras páginas y nombres. Hay uno que me interesa sobre manera; llega a entrar ocasionalmente en el foro de APM; es un noruego: Roy Ellefsen. Roy está centrado en buscar las subidas más duras del mundo. Claro que habla del Angliru o del Zoncolan, o de Punta Veleno, las subidas más duras que yo he realizado hasta la fecha. Pero las sitúa en un nivel medio de dificultad.

¿Medio? – pienso yo

De pronto surgen nombres de los que no había oído hablar nunca. Subidas donde un 15% podríamos decir que son rampas de descanso, donde hay que recuperar. Ni siquiera las pendientes del 20-22% son señaladas como extremas. Empezamos a hablar de otro tipo de subidas, y sobre todo otro tipo de rampas. De pronto empiezan a hablar de pendientes del 30% o incluso más. Yo hasta la fecha creo que el tramo del Angliru es lo más duro que he subido en un puerto. Y en rampas en subidas puntuales, pues no tengo que irme muy lejos: quizás Pilotegi, al lado de casa, pueda ser la mayor pendiente que me han puesto enfrente hasta la fecha. Hablan de otras subidas, y los números la verdad que impresionan.

Me quedo con dos, que al estar relativamente a mano, al conocer la zona llaman mi atención: Edelweiss en Bolzano y, sobre todo, Malga Palazzo en Besenello (ambas en Italia). Ambas subidas empiezan a sonar con mucha fuerza en el mundillo, y en un foro como el nuestro que va de altimetrías de puertos de montaña, pues no pasan desapercibidas. ¿Será verdad lo que dicen los números? Es que los de Malga Palazzo hablan de una subida de 6 km al 20% de media. Eso es algo muy superior a cualquier cosa vista hasta la fecha. La subida al Edelweiss, dicen que es por una variante y que tendría también rampas muy exigentes. Está claro que nada es para siempre, y si tras mi incursión por Italia en 2003, había dado carpetazo a las subidas duras completando el más duro de la lista de la Web de Claudio, pero ya existía otra lista donde éste se veía claramente superado, y la Malga Palazzo (también conocido como Scanuppia), le había superado con creces.

Es en esa época cuando surgen también revistas relacionadas con el ciclismo que se alejan un poco de la competición. CAF y Bicisport se habían unido en una sola. Desde que yo empecé a interesarme por el mundo del pedal, la primera prestaba atención a la competición y la segunda sin dejar de mirar eso, buscaba también otro tipo de reportajes. Así Antonio Alix hacía recorridos con profesionales y nos enseñaba sus lugares de entrenamiento, y también se centraban en otros aspectos como el material, los cuales CAF no cubría. La fusión de las dos revistas para mí no fue buena. En teoría se iba a coger lo mejor de cada una para hacer una revista mucho más completa. Pero no lo hicieron bien. No siempre se acierta con una fusión de este tipo. Quisieron abarcar quizás demasiado, perdiendo lo que hacían bien por separado. Además, cambiaron algunos de los redactores habituales, entre ellos el colaborador al que con más ganas seguía, Mario Ruíz, que no sólo presentaba cada edición de las grandes vueltas por etapas, sino que cuando el espacio se lo permitía, presentaba subidas de las que jamás habíamos siquiera oído hablar.

En ese tiempo surgen revistas que buscan su cuota de mercado. Así CER (Ciclismo en Ruta) y otra revista llamada “Solo Bici” buscan entrar en el mercado de alguna manera. En ese 2005 sale también el primer número de una revista nueva, “Pedalier”, que es la que mejor atiende las demandas de un cicloturista como yo, con muchas ganas de seguir aprendiendo cosas.

Pedalier pasa a ser una revista indispensable: la compro siempre, cada número. CER la adquiero más esporádicamente, pero los primeros números me convencieron bastante y también me hice con muchos de ellos. Todos, matizaría. Luego ya fue decayendo y perdiendo gran parte de su esencia inicial, para pasar a ser más de media revista, mercado y material. En aquel tiempo, ya había dejado de comprar CAF y sólo lo hacía, y no siempre, en el previo o en el post del Giro o del Tour de Francia.

Por resumir. Llegados a ese punto, tenemos en ese momento una mesa con tres patas:

    • La primera pata era INTERNET. Nuevas páginas donde adquirir mucha información. Mejor o peor construidas, pero siempre había algo nuevo donde rascar.
    • Una segunda pata que podían ser las REVISTAS y la información que podían ofrecerte. El mercado se había abierto mucho y en aquel entonces había hasta cuatro o cinco revistas de ciclismo disponibles cada mes, eso sin contar las de BTT.
    • Una tercera pata que eran los FOROS de internet. Sin duda, el más valioso el de APM. Había y hay multitud de foros, pero para los que dábamos tanta importancia a los puertos, no había página que se le pudiera siquiera acercar. Además, el foro de APM empezó con gente que aportaba mucho. Era un foro donde se escribía para contar algo, y los debates absurdos o estériles se dejaban de lado. Era un foro nuevo, con sus ventajas e inconvenientes, pero estaba virgen, con todo el camino por hacer. Creció, llegó a crecer mucho, y quizás no supo cómo controlar su crecimiento. En 2004-2005 y también en años sucesivos, ese foro era sin duda la referencia de puertos de montaña de internet en castellano. Ninguna página nacional se le acercaba. No me dio por indagar en foros extranjeros.

Con esas tres patas iba bien, era mucho más de lo que tenía antaño, pero una mesa o una silla sin una pata se queda coja, y no puede cumplir su función. Faltaba pues la cuarta pata, y ésta, sin saberlo, estaba al caer.

    • La cuarta pata se llama MORGAR.

Fíjate si ha sido importante porque aquí estamos hoy en día, con más ganas que nunca. Si la salud nos respeta, aún con cuerda para rato y con muchas ganas y cosas por hacer.

La cuarta pata llegó de la mano de las otras tres. No podía ser de otra manera. Cuando la red permitió que la gente anónima con inquietudes similares saliera de su guarida, éstos, más tarde o más temprano, se tenían que juntar. Y así fue como Ángel y yo, con inquietudes muy parecidas, sin saber nada el uno del otro, pero persiguiendo objetivos comunes desde hacía mucho tiempo, nos conocimos.

Recuerdo muy bien el día. Recibí una llamada a mediodía de Kulak o de Tana: no podría asegurar quién de ellos fue, y me preguntó si había comprado la CER (Ciclismo en Ruta) de ese mes. Ante mi respuesta negativa, me dijo un escueto: ¡cómprala, te va a interesar!

No esperé ni a la tarde: antes de ir a comer me pasé por el quiosco y compré la revista. Aún recuerdo la portada: una foto en grande del rostro de Andreas Klöden vestido con el maillot de campeón de Alemania. ¿El contenido?

Tenía razón el que me llamó: no podía ser más de mi agrado. Un reportaje con fotografías y altimetrías (ya vistas en Salite) del puerto estrella y que figuraba como el puerto más duro del mundo conocido: la Malga Palazzo.

La información se completaba con dos puertos más: el italiano Edelweiss, que también había llamado mi atención; y un tercero, del cual no sabía nada, porque desconocía su existencia: el Nebelhorn (primera vez que veía ese nombre escrito).

Pero lo más importante de ese reportaje es que por primera vez hay dos personas que hablan de ese puerto en primera persona. Es decir, no hablan de lo duro que es este puerto, o aquel. Los autores del reportaje dicen que fueron en persona a subir esos puertos, a los que catalogan de una dificultad muy superior en comparación con los conocidos Zoncolan o Angliru. Más o menos vienen a decir que estos últimos se pueden subir con desarrollos normales (un 39×28-30), pero con ese desarrollo lo mejor es ni presentarse en los otros tres.

Acaban de lanzar un bombazo contra mi armada y le han dado en toda la línea de flotación. Ya tenía claro por aquel entonces sin que viniera nadie a decirme nada, que el límite de la dureza no acababa en el Zoncolan por Ovaro. Pero nadie hasta la fecha lo había dicho de una manera tan contundente y además contándolo en primera persona.

Subimos el Zoncolan, pero con ese desarrollo no hicimos ni 1 km en el Edelweiss –dicen, el cual por cierto catalogaban como el más flojo de los tres y el único, aun siendo muy duro, humano.

El reportaje cuenta la historia de dos aventureros. Sus similitudes conmigo son cada vez más evidentes. A estos dos no les frena que un puerto no quede a mano o esté muy lejos. Si hay voluntad y ganas, todo es posible.

Fuimos en verano a descubrirlos sin desarrollos adecuados y el fracaso fue total: ni 1 km en el más fácil de ellos. En la Malga Palazzo ya ni siquiera sacamos las bicicletas del coche, y tuvimos verdaderos problemas por nuestra osadía e imprudencia de entrar allí con el vehículo – contaban.

Supongo que eran tantas las ganas que tenían… que no se pudieron aguantar -esto lo pensé yo. Del tercero, el puerto alemán, no dijeron nada. Cuentan la historia de cómo llega a su conocimiento la existencia de los tres puertos disputando una marcha cicloturista en Italia. Y aprovechando la cercanía, se acercaron a por los italianos.

El reportaje continúa narrando la historia del regreso de nuestros aventureros. Preparados y con desarrollos super-especiales, relación mucho menor que 1 a 1 (26×32), regresan heridos en su orgullo al punto donde fueron derrotados. Exactamente igual que como hubiera hecho yo. Me empiezan a caer bien estos dos tipos. Da igual que sea Italia: si te han zurrado por no estar preparado, vuelves con mejores armas (desarrollos adecuados en este caso) y lo vuelves a intentar. ¡No he regresado yo a Austria a saldar cuentas en más de una ocasión por diversos motivos!

Finalizan contando su experiencia con estos tres colosos, ya preparados para la batalla. Estas son sus conclusiones:

    • Edelweiss era muy duro, pero superado su comienzo, ¡terrible!, puede ser y fue doblegado con algo de margen.
    • La Malga Palazzo daba miedo, pánico, pero pudo ser conquistada. Paciencia, entrenamiento y mucho valor.
    • Pero de pronto y contra todo pronóstico, comentan que no fueron capaces de superar el Nebelhorn. Las rampas del alemán los dejaron fulminados y no pudo ser completado en su totalidad montados sobre sus bicicletas, ni siquiera con desarrollos tan especiales como los que allí emplearon.

Imaginadme a mí leyendo el reportaje en mi habitación, a punto de echarme la siesta. No sé si llegué a dormir. Es que ya ni el puerto a priori nº1 de la lista, la Malga Palazzo, era el más duro de todos. El alemán acababa de desbancar al rey. Y no eran comentarios de foro: eran comentarios de gente que había ido en persona a subirlos y sabía perfectamente de lo que estaban hablando.

Ahora sí, me fijo en sus nombres: Ángel Morales García y Eudald Llagostera.

En ese momento no relacioné el nombre de Ángel Morales con aquel viejo reportaje de CAF del año 92 y la foto de esa rampa del 32%. Además, pensaba que el de la foto era Claudio Montefusco, cuya lista debía empezar a actualizarse, porque en ningún momento hablaba de estos tres puertos que era evidente que superaban con mucha claridad a cualquier otro de los mencionados en su página.

Al regresar al trabajo por la tarde, entro en APM. Era mi obligación informar en el foro del contenido de la revista, y un artículo que a buen seguro no iba a pasar desapercibido. Alguien se me había adelantado y el tema genérico abierto dedicado a CER ya contenía novedades y gente hablando de este artículo en cuestión.

Entré a dar mi opinión al respecto. No recuerdo si pregunté si alguien conocía a los autores. No lo creo, pero al responderme otro forero me comentó: puedes preguntarles tú mismo, porque uno de los autores del reportaje visita regularmente este foro. ¿¿¿Qué???

Os podéis imaginar lo que tardé en dirigirme a la persona que había escrito este artículo, que pasó a ser casi ley sobre mi mesilla de noche.

La respuesta inmediata. Un forero de nick (apodo) Morgar, se identificó como el autor del reportaje. Mis preguntas, directas y al grano, fueron respondidas de igual manera. Con respuestas muy concretas y precisas.

No lo sabía aún, pero había encontrado la horma de mi zapato. Yo pensaba que era uno de los pioneros en subir puertos extranjeros. Sin duda Mario Ruíz era uno de ellos, pero no había muchos más que pudieran hablar de puertos extranjeros con mucho conocimiento sobre el terreno. Quizás de alguna zona muy concreta sí, pero acababa de toparme con una persona al lado de la cual, yo era un simple aprendiz. A su lado no era nadie. No lo sabía, aún desconocía que estaba hablando con aquel chico de la foto, el de la CAF del 92. Aquellas líneas me marcaron mucho, aquella foto se me quedó grabada, pero ni por asomo pensaba que estaba conversando con el autor. ¿Quién en toda España conocía la existencia del Monte Zoncolan en 1991? Y de los que pudieran conocerlo, si había alguno, ¿cuántos lo habían subido?

No sabía con quién hablaba, lo supe mucho más tarde, pero de momento me bastaba. Tampoco tiré más de él para sacar información adicional. No hice la relación: si este sabe de estos puertos, qué no sabrá de otros. No se me ocurrió tirar por ahí. Le pregunté sobre estos puertos concretos y los fijé en mi mente para un viaje futuro. ¿Aún no sabía cuándo? Pero algún día yo también iba a conocerlos en persona.

El mismo foro permitió el contacto personal, primero a través del correo electrónico. De casualidad los dos íbamos a estar en Suiza en las mismas fechas. Él viajaba con su inseparable compañero Eudald, yo hacía lo propio con el gran Kulak. Diseñé un viaje por tierras suizas e italianas. De ese modo el Finestre, presentado en el Giro de ese mismo año (2005), el Nivolet o el refugio Barbara Lowrie eran puertos que estaban marcados con una X. Luego llegaba una incursión por tierras helvéticas. La belleza de ciertos puertos, que gracias a la red habían salido de su escondrijo y se habían dado a conocer, no me había pasado desapercibida. De ese modo el Furka, el Grimsel, el Susten, el Nufenen, son puertos programados en aquel viaje.

El encuentro tuvo lugar en Meiringen. ¡Y mira que por un momento tuve la impresión de que no se iba a producir! Kulak y un servidor estábamos alojados en Ullrichen, desde donde hicimos nuestras etapas previstas. Subíamos los puertos más conocidos, que en aquel tiempo eran desconocidos para la mayoría de gente, por el mero hecho de ser suizos. Estar allí ya era dar un paso más en nuestras experiencias y aprendizajes. Fiel a mi estilo y mi nivel de aquel entonces, las etapas no superaban los 100 km. Por tanto, por las tardes siempre teníamos margen para descansar o hasta hacer algo de turismo. Fuimos a cenar la víspera de nuestro encuentro y recuerdo haber estado llamando a Ángel al teléfono que me había dado unas cuatro o cinco veces a lo largo de la tarde. En todas ellas el mismo resultado: apagado.

Mientras nos sacaban la carne, le comenté a Kulak: “voy a mirar el mapa a ver si encuentro algo interesante, porque no consigo hablar con esta gente. O han tenido algún imprevisto, o directamente pasan de todo”. Esto último, la verdad me extrañaba mucho. Alguien que había sido tan atento por mail, respondiendo una y otra vez a mis preguntas, siempre de una manera casi inmediata, no daba el perfil del que ahora pasa de todo. Además, si habíamos hablado de quedar, sería porque a los dos nos cuadraba y nos apetecía. No voy a decir que fuera una cita a ciegas, pero casi. Estábamos ya en el postre y a punto de pagar, pues eran casi las 11 de la noche y eso en estos pueblos suizos del valle de Goms es tardísimo, cuando entró una llamada en el móvil que tenía encima de la mesa. Con la familia ya había hablado, por tanto, a estas horas o era algún despistado tipo Etxebe que no se acordaba que andaba por aquí y me llamaba para un tenis/mus o similar mañana, o, si no, no sé quién podía ser: ¿Diga?

Era Ángel. Acababan de llegar al hotel y había conectado el móvil y visto las llamadas. Más adelante también comprendí qué es un viaje tipo Morgar, y lo he aprendido muy bien. Son viajes que me encantan. La exigencia es muy alta: no hay un minuto libre hasta la llegada al hotel. Y esta llegada casi siempre también suele ser entrada la tarde. Procuramos no apurar, mucho menos fuera de casa, pero no será la primera vez que de camino al hotel haya estado yo preguntando a qué hora cierran la cocina y comentando que hasta las 11 no llegaremos, y probablemente no sea la última.

Quedamos al día siguiente en su hotel de Meiringen. A las 8 o 8.30: no puedo recordar con precisión. Lo que sí sé es que el cálculo no lo hicimos bien, y subir y sobre todo bajar el interminable Grimsel por ese lado, nos llevó más tiempo del previsto, y llegamos media hora tarde. ¡Vaya comienzo! –pensé.

Esperaron, tanto Eudald como él, y sonrientes llegó la presentación formal.

Parking de Meiringen (agosto 2005) – Morgar, Eudald, Rubén, Kulak

El día espléndido, como no podía ser de otra manera. ¿Los puertos a realizar? Desconocidos completamente para mí. En realidad, era uno solo, el Grosse Scheidegg, pero el azar también hizo que subiéramos el terrible Grindel, con rampas, sin saberlo, de hasta el 30%.

Cima del Grosse Scheidegg

Esa fue el principio de la historia. Otro día, en otro diario, habrá que contar la evolución de estos años, o coger los diarios ya escritos (2003-2005-2006-2007-2008-2009-2010-2011-2014-2015) y este del 2016 y hacer algo con ellos. Dadme tiempo, pero algo curioso se puede pensar al respecto. ¿Información? Muchísima y además de primera mano. Ahí queda otro proyecto para el futuro. Repito, si la salud respeta y si las circunstancias lo permiten, hay un largo camino aún por delante en un doble sentido:

    • Por una parte, dando pedales. Eso siempre, y por muchos años.
    • Por otro lado, un libro de altigrafías desconocidas y sorprendentes, una recopilación de diarios, de historias, un libro sobre los BIGS… No sé, por ideas y ganas, no va a ser. Lo dicho, al tiempo.

El Halltal también fue toda una aventura, pero eso, como decían en una viaja película del libro de la Selva, es otra historia.

Regreso más de 20 años después – Ángel, Berritxu, Rubén

Rubén Berasategui.

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Cada vez que salgo en bici, mi madre me recuerda lo tarde que empecé a montar. Tendría 10 años, fue una tarde de julio en Hondarribia. Ella, que estaba embarazada de mi hermana Cristina, se dejaba literalmente los riñones sujetando el sillín de la BH blanca. Me soltaba, daba yo dos pedaladas y me caía. Mamá estaba empeñada en que aprendiera a andar en bici de dos ruedas, yo no. La abuela Maite nos miraba desde el balcón. Mi madre se cansó, y yo le dije que iba a aprender a andar cuando a mí me diera la gana. A terco y cabezón no me gana nadie. Esa misma tarde, después de repetir mil veces lo de primero la pierna izquierda, impulsar y después la derecha, de decenas y decenas de golpes contra la pared porque no sabía frenar, conseguí andar por mí mismo. Después de aquella BH blanca, la que le subí el sillín hasta el cielo con el paso de los años, he tenido una Torrot BMX azul, una Razesa color plata fue mi primera bici de carretera. Luego vino una Contini, una Look, tres Pinarellos cuando empecé con las marchas -a dos les partí el cuadro- y ahora -en la madurez de la vida- monto una JEEM. La bici es una parte esencial de mi existencia, por afición y por profesión. Soy Luis Guinea, me dedico a contar cosas, soy profesor de futuros periodistas, y un cicloturista sufridor. Los que no tenemos del la genialidad estamos dotados de una fuente inagotable de constancia y una capacidad de sufrimiento de prueba de bombas. Pueden encontrarme en Diario de Navarra, donde escribo de ciclismo y de pelota, en la Facultad de Comunicación de la UN, en @luisgui2 o en www.luisgui.blogspot.com, allí cuento cómo pasa la vida. Seguro que aquí vamos a pasar buenos ratos. O, al menos, lo intentaremos.

Luis Guinea.

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Cuando hablamos de revistas, puertos, eventos, viajes organizados, lo nuestro es la carretera, pero esto no quita que a la hora de trabajar la imagen, toquemos “otros palos”. El BTT nos gusta, lo practicamos de vez en cuando, por eso estas sesiones de fotos tienen un valor especial para nosotros. Os acercamos dos pequeñas galerías.

FLYSCH DE ZUMAIA

Parece que últimamente todo el mundo quiere conocer el gran secreto del Flysch de Zumaia. Vistas, rutas guiadas, rodar películas o simplemente fotografiar al enorme tramo de costa que lo muestra. Este fue nuestro caso y fue una de las localizaciones elegidas para una sesión de fotos de SPIUK.

Aprovecharemos esta galería que os mostramos para recordar qué es un flysch. Son formaciones geológicas compuestas por capas alternando materias duras y blandas que se han ido sedimentando y acumulando sobre el fondo del mar, las cuales posteriormente, hace unos 20 millones de años, fueron levantadas por las fuerzas del interior de la tierra hasta dejar esas impresionantes paredes verticales.

PARQUE NATURAL DE URBASA y ANDIA

Buscar localizaciones es algo que nos apasiona. Estábamos ante otra sesión de fotos para SPIUK y su catálogo de invierno para el 2018. Buscábamos rocas, terreno agreste y decidimos ir hasta el alto de Lizarraga y apartir de ahí rodar por caminos y sendas junto al impersionante cresterío que da al valle de Lizarraga.

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Duro invierno… ¿Representa un impedimento para seguir disfrutando de nuestras salidas en bici? Posiblemente, dependiendo de lo rigurosa que sea la estación, o de las ganas que pongamos cada uno. Si queremos tomarnos un descanso o decidimos no arrugarnos ante los elementos, podemos salir ahí afuera -bien abrigados, que para eso disponemos de ropa con los mejores materiales- a disfrutar de una manera diferente del innegable cambio en el paisaje, haciendo de nuestras salidas cicloturistas algo realmente exótico: pedalear en condiciones diferentes, porque nuestra afición no ha de disminuir en invierno. Simplemente podemos cambiarla. Nosotros, desde estas líneas, os animamos a continuar con vuestras cabalgaduras en bici, como no podía ser de otra manera, pero buscando esos destinos que nos ofrezcan otro punto de mira, otra visión desigual de nuestras montañas cubiertas de nieve, que nos animará a experimentar y sentir de de semejante manera.

Será un buen momento para elevar nuestra mirada y dirigirla hacia los territorios de los esquiadores, que son los que en invierno dominan los puertos, tan aficionados como nosotros a la alta montaña, espacio blanco en invierno, y a los que debemos estar agradecidos porque han hecho posible que se hayan asfaltado pistas en dirección a las estaciones de esquí, carreteras que salen disparadas hacia el cielo.

Pero alguien puede preguntarse… ¿quién fue primero: el ciclista o el esquiador? La respuesta la tenemos en la historia del esquí en nuestro país, y ésta es antigua, ya que a finales del siglo XIX, este deporte de invierno ya era practicado en Navacerrada por noruegos que vivían en Madrid, si bien su expansión comenzó en la primera década del siglo XX hacia Pirineos y Sierra Nevada; porque no sólo era una incipiente modalidad deportiva, sino también un medio de desplazamiento de los habitantes de la alta montaña que les permitía romper su aislamiento en los meses invernales.

Por tanto, podemos comprobar que la nieve es pasado, presente y futuro, porque este oro blanco ha ayudado a prosperar muchos municipios deprimidos que, gracias a este turismo, han mejorado su nivel de vida, infraestructuras y comunicaciones.

Por Jordi Escrihuela
Fotos: Andoni Epelde
Localizaciones: Pierre Saint Martin, Chalets Irati, Soulor.

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Andorra 2017. Etapa con un pequeño traslado hasta Ax Les Thermes para hacer una etapa que nos encanta y en la que incluimos el Col de Marmare y Pailheres.

Salimos de Luzenac para iniciar la ascensión al Col de Marmare, un puerto poco conocido pero espectacular y que suele ser protagonista en algunas ediciones de la Marcha Ariegèoise. Una vez arriba encadenamos un sube y baja que nos llevará al sencillo puerto de Sept Frères. Largo descenso que nos lleva hasta Niort de Sault, Galinagues, Aunat, y a por el coloso de Pailhères.

En la salida, teníamos preparada una sorpresa para los participantes en el stage y contamos con un invitado de lujo: Maverick Viñales, uno de los grandes del mundial de moto GP y que es un auténtico apasionado del ciclismo.

Sencillo, un poco callado, pero tremendamente receptivo y agradable con todos. No conocía Pailhères y le encantó. Subía “como una moto” pero no os podéis imaginar como bajaba… Muchas gracias Maverick y mucha suerte en el mundial.

Fotos: Andoni Epelde.

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Montanejos y su entorno es uno de esos lugares que cumple con nota muy alta buena parte de nuestra filosofía cicloturista. Rutas de ensueño, puertos y montañas que sorprenden y unos pueblos de los que “enganchan”.

Mucho por descubrir y todo con el añadido de carreteras muy tranquilas y en su inmensa mayoría en un estado muy bueno. Además, tenemos el añadido de todo lo que puede ofrecernos al margen de la bicicleta. Su Balneario, un centro termal que data del año 1997 y que utiliza el agua minero-medicinal de la Fuente de los Baños. Se trata de un agua con una agradable temperatura constante durante todo el año (25 ºC). Hablando de Fuente de Baños, su nacimiento está a 1 km escaso del centro de Montanejos, y allí se han formado piscinas naturales que suponen una excelente zona de descanso.

Todo esto, pudimos comprobarlo en primera persona en una de las citas del SPIUK ZIKLO TOUR de este año. Un fin de semana intenso, de disfrutar, cargado de momentos especiales, como la carretera de Cedramán, la subida a Mas del Moro desde Argelita, continuando hasta Lucena del Cid, o la Sierra de Espadán, donde el entorno, sus carreteras y pueblos nos acercarán al valor de las cosas sencillas.

También tuvimos nuestro pequeño desafío con la subida a Mas de Costa. 4 km al 12,5% de media para ascender casi 500 metros de desnivel.

Una buena experiencia, que ya tenemos ganas de repetir.

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Para los que andamos en bici, un mismo lugar puede tener muchas lecturas diferentes. Cada momento es único y factores externos como el día que tengamos, la meteorología, o la compañía, pueden hacer que nuestra opinión incline la balanza en un sentido u otro.

De todas maneras, “prepararse el terreno” siempre ayuda y hay lugares que son visita casi obligada cuando nos acercamos a pedalear a alguna zona. Siempre que viajamos, tratamos de añadir algún nuevo rincón (la mente siempre abierta, nunca hay que perder la capacidad de poder conocer y sorprenderse), pero de la misma manera, siempre que viajamos con gente hay sitios que siempre incluimos en nuestros recorridos.

Este año empezamos nuestra temporada de stages en Benidorm. Buscábamos ese sol que tanto se ha hecho de rogar, y aunque los días no fueron perfectos en lo climatológico, tuvimos la suerte de poder cumplir todos nuestros planes.

Somos de compartir, sin secretos, y puestos a recomendar, tenemos 3 rincones “inevitables” cada vez que rodamos por las carreteras alicantinas. Probablemente, casi todos los que habéis estado por allí los conoceréis, pero a los que no, ya sabéis, tomar nota que seguro que os gustan.

VAL D’EBO

Hay muchas subidas muy bonitas por la zona (Tudons por cualquiera de sus vertientes, Confrides, Bernia…) pero hay una que tiene un encanto especial. La subida a Val d’Ebo desde Pego es una auténtica joya. Algo más de 8 km llevaderos, de trazado sinuoso y caprichoso, con el mar de telón de fondo. Buena para probarse o simplemente disfrutar de todo lo que nos rodea.

RATES + TOSSAL DEL DINERS

Rates será probablemente el puerto más ascendido y conocido de la zona, tanto por su irregular y larguísima subida de Tarbena como por la “test de los pros” de Parcent. Pero en la cima, empieza lo mejor. Vamos hasta el restaurante, atravesamos una pista de tierra de 200 metros y entramos en una carretera hormigonada que nos lleva hasta Tossal Del Diners (torre vigía de incendios). Casi 3 km, muy exigentes, a una media del 10% y con vistas increíbles. Territorio 100% cicloturista.

LA CRUZ (Benidorm)

Mar y urbe. Vistas contrapuestas. Está claro que no podíamos dejar fuera nuestra querida subida a “La Cruz”, probablemente uno de los sitios más fotogénicos de todo Benidorm, y que es el punto final perfecto para un día intenso de bici. Corta, no son más de 2 km, pero muy matona. Imprescindible y obligada.
Puestos a exigirse más, siempre estaría la opción de Serra Gelada y su rampita de casi el 34%, pero esto ya sería palabras muy mayores.

Por Jon Beunza.
Fotos: Andoni Epelde.

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No existe mejor manera de conocer el mundo que hacerlo desde el aire. Cuanto más alto se vuela, más se percibe, más se comprende. Pero para ello necesitamos volar, salir del suelo de nuestras rutinas vitales y arriesgarnos en el cielo, sobre el abismo.

¿Dónde podría experimentar la increíble sensación de elevarme del suelo y lanzarme al vacío en un vuelo como el de las águilas? Las Tres Cimas de Lavaredo me podían dar la respuesta que anhelaba. Habían pasado más de diez años desde mi primera aventura italiana y no había podido cumplir el sueño de admirar esas tres agujas incomparables en el corazón de las Dolomitas. La razón más verosímil: el miedo que algunos compañeros tenían a enfrentarse a la leyenda de un puerto mítico. Desde entonces no podía quitármelas de la cabeza. Era un reto pendiente, una apuesta que quería ganar: ¿sería capaz de ascender hasta el pie de la Cima Grande, la Piccola y la Oeste para poder optar sin temor entre mantenerme asido a la tierra de los puertos habituales en mis usuales salidas o, en cambio –esa era mi esperanza-, emprender vuelos más altos cada vez en busca de nuevo retos ciclistas?

Esas tres cumbres que se alzan desafiantes hacia el cielo, esas tres paredes verticales cercanas a los 700 m de altura, en medio de un hermoso y escarpado entorno donde se han escrito numerosas páginas de la historia del alpinismo y del ciclismo, constituyen uno de los paisajes de montaña más bellos que se puedan contemplar en el mundo. Cuando, sin echar “pie a tierra”, logré por fin alcanzar el cielo en el parking del Refugio Auronzo, ya sabía que nunca podré conformarme con menos, que deberé volar más y más alto cada vez para sentirme libre y feliz sobre mi bicicleta.

No fue fácil llegar hasta allí: nunca lo es nada que merezca la pena. Los 4 km finales, cercanos al 12%, se convirtieron en un auténtico desafío, como si la tierra no quisiera desprenderse de cada uno de los “locos de las cumbres” que luchamos por emprender vuelo. Ya en la cima, al ser de los últimos en coronar, sólo fueron diez los minutos que el grupo me permitió dominar la tierra desde ese incomparable mirador dolomítico. Y descubrí, como muchos otros antes de mi, que los tres picos de las postales no pueden contemplarse desde ese punto, si no te atreves a seguir caminando un buen rato para gozarlos, sobrecogido y embelesado, desde la vertiente opuesta. Triste decepción: la realidad no siempre es como la soñamos.

Con todo, esos diez minutos me bastaron para comprender algo mucho más importante: que “si quieres vivir como las águilas, no vivas entre gorriones”. Los gorriones son hermosos y también surcan el cielo volando bajo, pero yo deseo ser como esas águilas poderosas y bellas que, envueltas en el aire de los sueños, nos brindan una nueva perspectiva de la Madre Tierra… y de la vida. Y en las Tres Cimas de Lavaredo he aprendido con Paulo Coehlo que “la posibilidad de hacer realidad un sueño es lo que hace interesante nuestra vida”. El mío estaba cumplido.

Por Juanto Uribarri.
Fotos: Andoni Epelde.

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