Día: 5 marzo, 2019

 

Todos tenemos días buenos, regulares y malos. Hoy ha sido uno de esos días que me he levantado “a medias”. Por nada en particular pero las vibraciones no eran positivas, el vaso estaba medio vacío. Enciendo el ordenador y mis temores encuentran apoyo. Un par de mails que noticias que no esperaba. Como soy de los que no saben “bajar los brazos” trato de buscar soluciones rápidamente, pero lo único que consigo es que un día que empezaba regular, empeore.
Respirar, pensar y desconectar. Me estaba bloqueando, he mirado por la ventana, el día era bueno y he pensado que la mejor solución estaba en la bici.
Tengo que pensar que soy un gran afortunado, mi horario es anarca, servicio 24, pero me puedo “escapar”.
Una hora después estaba rodando. No era día de “entrenos”, solo valía la desconexión, recargar fuerzas y ánimos.
He acabado en un lugar en el que no paraba hacía tiempo. Viví muchos años muy cerca de él, a menos de 1 km, y muchas veces lo visitaba. Cuando hacia footing, ya camino de casa, era mi parada final para estirar un poco antes de regresar; en mi época surfera, ahí he visto un montón de amaneceres y atardeceres viendo como estaba el golpe de mar, el viento, las líneas. Incluso alguna que otra juerga la he acabado ahí sentado mirando el mar antes de ir a dormir. Buenos recuerdos, parte de mi historia…
Unos cuantos minutos han sido suficientes. Un montón de historias y años han pasado rápidamente por mi memoria.
He vuelto a coger la bici y regreso a casa.
Los trabajos, problemas tareas, no habían cambiado pero mi mentalidad al abordarlas si.
Dudo que vaya a ser un día bueno, pero se que estoy más fuerte para llevarlo de la mejor manera posible.
Las válvulas de escape y los sitios de recreo existen. La vida no la van a cambiar pero nuestra actitud ante lo que puede llegar seguro que si.

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Para leer este artículo os recomiendo, si me lo permitís, que os relajéis y os pongáis como música de fondo la dulce y suave sintonía de esta hermosa canción del recordado Antonio Vega: “El sitio de mi recreo”.

Yo lo estoy haciendo en este momento, mientras escribo estas líneas, escuchando los primeros acordes de su guitarra y su desnuda voz, siempre buscando la inspiración para intentar trasladarnos, todos juntos, a esos lugares secretos que todos escondemos y que solemos visitar muy a menudo, como el propio Antonio nos evoca al cantar al sitio de su recreo.

 

La idea de sumergirme en esta melodía, escrutando entre nuestros sueños para dejar volar la imaginación a la hora de planificar este artículo, fue de Jon, quien me comentó que le encanta esta poética composición porque es un reflejo fiel de lo que muchos deseamos cuando enfilamos los manillares de nuestras bicis a la búsqueda de esos lugares donde nos encontramos a gusto en cuerpo y mente.

Esos sitios a los que siempre nos gusta volver, que nos tienen atrapados, que suelen ser especiales, casi mágicos, porque en ellos podemos disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor, o bien porque es capaz de provocar en nosotros sensaciones y sentimientos, que solo podemos encontrar en estos lugares como la tranquilidad, la alegría, la esperanza, o bien porque nos dejamos simplemente invadir por la melancolía que nos trae recuerdos imborrables a nuestra memoria.

Son, en definitiva, esos rincones que nos dan la paz interior, lugares con alma que guardamos y retenemos en nuestra mente, y que casi con los ojos cerrados somos capaces de verlos, mientras podemos notar la ligera brisa que sentimos cuando pedaleamos hacia ellos atraídos como un imán, como los infinitos campos que divisa Antonio cuando visita el sitio de su recreo.

“Donde nos llevó la imaginación

Donde con los ojos cerrados

Se divisan infinitos campos”

Para los que no son tan bucólicos y prefieren ser más prácticos, porque su deseo es entrenar, ponerse en forma, competir… también ellos tienen sus lugares para recrearse y experimentar sensaciones.

Yo los tuve en su momento, porque ahora soy más de ese nutrido grupo que cuando sale en bicicleta solo intenta buscarse a sí mismo, porque a mi edad, aunque aún puedo sentirme como un crío pedaleando, las piernas y el corazón ya no son los mismos, y esto hace que me lo tome con más calma en estos sitios de mi recreo, que me invitan a parar y contemplar “solo para mis ojos” montañas y sierras, llanos y campos, ríos y rieras, atravesando carreteras con encanto.

“Silencio, brisa y cordura

Dan aliento a mi locura

Hay nieve, hay fuego, hay deseos

Allí donde me recreo”

Para el segundo grupo, el más combativo, son esos lugares a los que también vuelven una y otra vez, porque son terrenos que han diseñado a su medida, más o menos duros e intensos, para mejorar la escalada, por ejemplo, y exprimirse a tope. Sitios para el recreo en los que lo dan todo, marcados por sensaciones, por pasos de tiempo, por estados de forma, que no se cansan de repetir y en los que pueden hayan estado centenares de veces.

Estos lugares nunca son escogidos al azar, ya que cuando viajamos con nuestras bicis la visión de algunos parajes deja grabada en nuestras retinas imágenes que nos han dejado huella por un motivo u otro.

El sitio de nuestro recreo no hace falta que sea lejos; al contrario, los solemos tener muy cerca de casa, son acogedores y no permiten que pasemos de largo por ellos, ya que precisamente lo que buscamos es tomarnos el tiempo que nos haga falta, detenerlo y disfrutar para que nuestra alma forme parte indisoluble de ese lugar tan íntimo para nosotros.

“De sol, espiga y deseo

Son sus manos en mi pelo

De nieve, huracán y abismos

El sitio de mi recreo”

Recuerdo que, siempre después de ascender un gran puerto con mi bici, les decía a mis amigos que me dejaran cinco minutos allí arriba, solo, sentado al borde del abismo, en actitud contemplativa, elevando mi mirada en la inmensidad de aquellas cumbres, sin nadie que me molestase, solo las montañas y yo, viéndolo todo, pero sin reparar en nada en concreto: era mi pequeño recreo, donde podía coger fuerzas para seguir adelante. Era mi minuto de gloria, por haber llegado hasta allí, tan arriba, mi tiempo de meditación y recogimiento ante tanta belleza.

“Donde se creó la primera luz

Germinó la semilla del cielo azul

Volveré a ese lugar donde nací”

Para estas páginas, como se puede contemplar por las preciosas fotos, hemos elegido el Parque Natural de Urbasa, como el sitio de nuestro recreo, toda una referencia del cicloturismo en Navarra, donde la hermosura de la naturaleza adquiere su estado más puro y donde el que se acerca hasta aquí encuentra la paz interior entre una tupida masa forestal de hayas, pinos, tejos y enebros.

En este lugar, uno puede disfrutar de esos cinco minutos de reencuentro consigo mismo sentado al borde del impresionante Balcón de Pilatos, después de haber ascendido hasta aquí de manera suave y constante, pedaleando por un trazado espectacular. Un puerto de cine.

No pudo ser más acertada la decisión de Jon de elegir esta canción paisajística para homenajear esos sitios que tanto nos gustan y que en boca de su propio autor, Antonio Vega: “estos rincones responden a un momento de inspiración en el que encuentras una secuencia que te lleva por un camino y más que un lugar es un estado de consenso contigo mismo, un lugar no conflictivo”.

Y vosotros, ¿cuál es el sitio de vuestro recreo?

Por Jordi Escrihuela

Fotos: Andoni Epelde

 

 

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