Día: 18 enero, 2019

 

Hoy igual me meto en «arenas movedizas» pero creo que lo que voy a contar lo vemos muchos de nosotros.
Llevo un montón de años trabajando en el mundo del ciclismo y nunca he sido de meter ruido. Esto no significa que no haya hecho cosas, ni participado en muchas iniciativas, pero lo que más me ha gustado es ser uno más, enfatizando el valor de los logros en equipo y si hay que dar un protagonismo dárselo a quien realmente lo merece.
Por eso, a veces me da rabia, por llamarlo de alguna manera, ver la facilidad con la que la gente se cuelga medallas. Ojo que con este texto no me refiero a ningún hecho en concreto, es simplemente una reflexión con la que pensaba haber hecho una Editorial en Ziklo pero que finalmente decidí dejarla de lado.
Uno de los campos más abonados para todo lo que estoy comentando, son nuestras queridísimas cumbres. Es triste ver como se presentan rutas y puertos y vemos como el que lo hace va poco menos que de descubridor. Llevo más de 20 años en esto, he recorrido infinidad de carreteras, me he perdido en un montón de ocasiones buscando rutas, he rodado por sitios increíbles, pero no me considero el descubridor de NADA..
Si, en algunas ocasiones hemos sido los que han dado a conocer algo, pero hablar de descubrir, si no es gracias a alguna carretera nueva que se hace, es otra cosa y creo que no queda casi nada. Siempre vamos a encontrar a alguien que ha estado en ese sitio antes que nosotros y que probablemente lo habrá ascendido en más de una ocasión. Para mi y para Ziklo, pelear por estas medallas es una batalla sin sentido, cuando lo que verdaderamente vale es tener la oportunidad de conocer estos sitios y agradecer al que te ayuda a conocerlos.
El 99% de los sitios que conocemos es gracias a as recomendaciones o sugerencias de gente que habían estado allí antes que nosotros. Eso es lo que vale, tener amigos, saber preguntar, escuchar y luego agradecer. Los conocimientos no vienen de serie, hay que ir creándolos
“Dime de que presumes y te diré de que careces”, ufff hablando de rutas y puertos me viene el nombre de más de un organizador de vueltas a la cabeza. Pero hasta aquí hablo porque prefiero seguir pisando tierra firme y siendo amigo de todos.
Foto A. Epelde. En Suiza, siguiendo la recomendación de un pastor y en vez de acabar la subida en el Col de Pillon llegando hasta el embalse de Retaud
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