Día: 16 abril, 2018

Para los que andamos en bici, un mismo lugar puede tener muchas lecturas diferentes. Cada momento es único y factores externos como el día que tengamos, la meteorología, o la compañía, pueden hacer que nuestra opinión incline la balanza en un sentido u otro.

De todas maneras, “prepararse el terreno” siempre ayuda y hay lugares que son visita casi obligada cuando nos acercamos a pedalear a alguna zona. Siempre que viajamos, tratamos de añadir algún nuevo rincón (la mente siempre abierta, nunca hay que perder la capacidad de poder conocer y sorprenderse), pero de la misma manera, siempre que viajamos con gente hay sitios que siempre incluimos en nuestros recorridos.

Este año empezamos nuestra temporada de stages en Benidorm. Buscábamos ese sol que tanto se ha hecho de rogar, y aunque los días no fueron perfectos en lo climatológico, tuvimos la suerte de poder cumplir todos nuestros planes.

Somos de compartir, sin secretos, y puestos a recomendar, tenemos 3 rincones “inevitables” cada vez que rodamos por las carreteras alicantinas. Probablemente, casi todos los que habéis estado por allí los conoceréis, pero a los que no, ya sabéis, tomar nota que seguro que os gustan.

VAL D’EBO

Hay muchas subidas muy bonitas por la zona (Tudons por cualquiera de sus vertientes, Confrides, Bernia…) pero hay una que tiene un encanto especial. La subida a Val d’Ebo desde Pego es una auténtica joya. Algo más de 8 km llevaderos, de trazado sinuoso y caprichoso, con el mar de telón de fondo. Buena para probarse o simplemente disfrutar de todo lo que nos rodea.

RATES + TOSSAL DEL DINERS

Rates será probablemente el puerto más ascendido y conocido de la zona, tanto por su irregular y larguísima subida de Tarbena como por la “test de los pros” de Parcent. Pero en la cima, empieza lo mejor. Vamos hasta el restaurante, atravesamos una pista de tierra de 200 metros y entramos en una carretera hormigonada que nos lleva hasta Tossal Del Diners (torre vigía de incendios). Casi 3 km, muy exigentes, a una media del 10% y con vistas increíbles. Territorio 100% cicloturista.

LA CRUZ (Benidorm)

Mar y urbe. Vistas contrapuestas. Está claro que no podíamos dejar fuera nuestra querida subida a “La Cruz”, probablemente uno de los sitios más fotogénicos de todo Benidorm, y que es el punto final perfecto para un día intenso de bici. Corta, no son más de 2 km, pero muy matona. Imprescindible y obligada.
Puestos a exigirse más, siempre estaría la opción de Serra Gelada y su rampita de casi el 34%, pero esto ya sería palabras muy mayores.

Por Jon Beunza.
Fotos: Andoni Epelde.

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No existe mejor manera de conocer el mundo que hacerlo desde el aire. Cuanto más alto se vuela, más se percibe, más se comprende. Pero para ello necesitamos volar, salir del suelo de nuestras rutinas vitales y arriesgarnos en el cielo, sobre el abismo.

¿Dónde podría experimentar la increíble sensación de elevarme del suelo y lanzarme al vacío en un vuelo como el de las águilas? Las Tres Cimas de Lavaredo me podían dar la respuesta que anhelaba. Habían pasado más de diez años desde mi primera aventura italiana y no había podido cumplir el sueño de admirar esas tres agujas incomparables en el corazón de las Dolomitas. La razón más verosímil: el miedo que algunos compañeros tenían a enfrentarse a la leyenda de un puerto mítico. Desde entonces no podía quitármelas de la cabeza. Era un reto pendiente, una apuesta que quería ganar: ¿sería capaz de ascender hasta el pie de la Cima Grande, la Piccola y la Oeste para poder optar sin temor entre mantenerme asido a la tierra de los puertos habituales en mis usuales salidas o, en cambio –esa era mi esperanza-, emprender vuelos más altos cada vez en busca de nuevo retos ciclistas?

Esas tres cumbres que se alzan desafiantes hacia el cielo, esas tres paredes verticales cercanas a los 700 m de altura, en medio de un hermoso y escarpado entorno donde se han escrito numerosas páginas de la historia del alpinismo y del ciclismo, constituyen uno de los paisajes de montaña más bellos que se puedan contemplar en el mundo. Cuando, sin echar “pie a tierra”, logré por fin alcanzar el cielo en el parking del Refugio Auronzo, ya sabía que nunca podré conformarme con menos, que deberé volar más y más alto cada vez para sentirme libre y feliz sobre mi bicicleta.

No fue fácil llegar hasta allí: nunca lo es nada que merezca la pena. Los 4 km finales, cercanos al 12%, se convirtieron en un auténtico desafío, como si la tierra no quisiera desprenderse de cada uno de los “locos de las cumbres” que luchamos por emprender vuelo. Ya en la cima, al ser de los últimos en coronar, sólo fueron diez los minutos que el grupo me permitió dominar la tierra desde ese incomparable mirador dolomítico. Y descubrí, como muchos otros antes de mi, que los tres picos de las postales no pueden contemplarse desde ese punto, si no te atreves a seguir caminando un buen rato para gozarlos, sobrecogido y embelesado, desde la vertiente opuesta. Triste decepción: la realidad no siempre es como la soñamos.

Con todo, esos diez minutos me bastaron para comprender algo mucho más importante: que “si quieres vivir como las águilas, no vivas entre gorriones”. Los gorriones son hermosos y también surcan el cielo volando bajo, pero yo deseo ser como esas águilas poderosas y bellas que, envueltas en el aire de los sueños, nos brindan una nueva perspectiva de la Madre Tierra… y de la vida. Y en las Tres Cimas de Lavaredo he aprendido con Paulo Coehlo que “la posibilidad de hacer realidad un sueño es lo que hace interesante nuestra vida”. El mío estaba cumplido.

Por Juanto Uribarri.
Fotos: Andoni Epelde.

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Este puerto del oriente pirenaico se encuentra ubicado en la región de Midi-Pyrénées, en el departamento francés del Ariège. Lo podremos ascender desde Ax-Les-Thermes o desde Usson-les-Bains, aunque ésta última, es la que le ha dado toda su fama y por la que siempre lo ha ascendido el Tour.

No tiene la historia del Tourmalet ni la dureza de Larrau, aunque nos atrevemos a considerarlo entre nuestro Top 5 de los más bellos del Pirineo. Os hablamos de la vertiente de Usson-les-Bains desde donde se inicia una ascensión de más de 15 km al 8% de media, lo que nos da idea de su enorme exigencia. Sólo con mirar la altigrafía ya sabemos que deberemos sufrir de lo lindo para conseguir alcanzar la cima a 2001 m de altitud (otro de los pocos que lo logran). Si alguien prefiere entretenerse contando herraduras sabrá que, a medida que se acerque a la treintena, se le irá acabando la tortura. Aunque mejor será que pongamos toda nuestra atención en el panorama espléndido que se nos brinda y así, sin darnos cuenta, habremos coronado con éxito y embriagados de placer –sí, no exageramos- un puerto que quedará para siempre en nuestro recuerdo.

Un puerto totalmente recomendable, casi perfecto, de los de disfrutar (y sufrir…) cada pedalada. Hasta Mijanes, la tranquilidad será la protagonista, no viviremos nada especial, pero a partir de ahí, todo cambia, aunque la exigencia de las rampas se verá obligada a compartir protagonismo con todo lo que nos rodea. Una vez en la cima, llegará el momento de poner adjetivos: épico, grandioso, espectacular, bello… lo que es seguro es que todos serán en esa línea.

Fotos: Andoni Epelde.
Altigrafía: APM.

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En una nueva Vuelta a España obsesionada con encontrar nuevas cumbres y pequeños pedazos de infierno en altura en los que finalizar las etapas, Cantabria tiene mucho que decir. Un ejemplo es la ascensión, COLLAO ESPINA-LOS MACHUCOS, un puerto que surge tras dejar atrás Arredondo y girar a la izquierda camino de Bustablado. O si se prefiere, nada más descender Alisas a mano derecha. Responde al nombre de Los Machucos con rampas que superan el 25%, y que se presentó como gran descubrimiento para la Vuelta 2017.

En la 17ª etapa que partía de Villadiego los ciclistas se acercaron a estas tierras pasiegas para ascender al puerto de Lunada por la vertiente burgalesa, y enfrentarse finalmente al encadenado Alisas y Los Machucos, más correctamente llamado Collao Espina (el punto más alto de la ascensión), aunque los profesionales solo lo subieron hasta el Monumento a la Vaca Pasiega.

“Nunca es tarde si la dicha es buena”, dice el refrán y en este caso se confirma de manera evidente. Con él se quiere indicar que hace pocos años los habitantes de los valles del Asón y del Miera se pusieron en contacto motorizado por esta ruta ya asfaltada: hasta entonces no se libraban de una kilometrada si querían rendir visita a sus vecinos. Por aquí no se acercaban más que grupos de montañeros en busca del buzón del Porracolina (1.414 m) y algún espeleólogo con ganas de admirar las maravillas subterráneas de este macizo kárstico. Con todo, es muy posible que las cosas no cambien en demasía: el pavor que el nombre del Collao Espina provoca en los aficionados al pedal ha ido en aumento de día en día.

La ascensión la iniciamos en un puentecillo junto a las primeras casas del pequeño pueblo de Bustablado, cuya fisonomía seguro que veremos modificarse a ritmo acelerado en los próximos años. Una fuente nos brinda el mejor momento si queremos detener voluntariamente el pedaleo: luego igual nos veremos obligados a repetir la operación de soltar las calas para echar pie a tierra. De inmediato, una primera rampa al 17% nos avisa que la cosa va en serio. Vemos abajo a nuestra izquierda el barranco por donde discurre el río que lleva el nombre de la localidad y al que enseguida, por mejor asfalto, descenderemos para afrontar el primer muro del puerto. Con máximas por encima del 25%, ese kilómetro que se inicia en un nuevo puentecillo supera el 14% de pendiente media. Luego ligero descenso en el que no nos da tiempo a recuperar el aliento, porque se nos ha helado el alma ante la terrorífica visión de una recta de más de 300 m en la que no bajaremos del 20%.

El siguiente tramo kilométrico discurre entre verdes e idílicas praderas alternando tramos empinados con otros en bajada. Tras atravesar sobre hormigón un paso de agua, afrontaremos una nueva zona de especial dificultad, con un par de rampas al 18% para, tras un breve descanso de apenas 200 m, adentrarnos en un magnífico hayedo en el que seis espectaculares herraduras nos volverán a poner a cada uno en el lugar que nos corresponde. Son nuevamente 2 km al 12% y máximas del 18% los que se empeñan en hacernos desistir en nuestro intento, hasta que una borda a la izquierda nos da un respiro en forma de corto descenso, antes de coronar un primer alto en curva derecha, otra vez tras fuerte rampa. El tramo siguiente todavía encierra rampas de consideración hasta llegar junto a la vaca pasiega que nos recibe con una socarrona sonrisa. Pero nosotros no podemos dejar sin alcanzar el punto más alto para sentarnos en la hierba a contemplar a lo lejos el mar Cantábrico y la infinidad de montes, colinas y núcleos de población que pueblan la Montaña cántabra.

Por Juanto Uribarri.
Altigrafías: Ander Guaza/Juanto Uribarri/Javi Fuertes/APM.
Fotos: Andoni Epelde.

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Siempre te imaginas todos tus destinos y objetivos con sol, calorcete, de corto… pero no siempre cae la moneda de cara.

Esto me lleva a pensar en algunos de los momentos duros sobre la bicicleta. No retrocedo mucho, me voy al verano del 2017.

Marcarte un objetivo, prepararte, soñar con él, nos “pone” un poco a todos. Ves que se acerca la fecha, tienes todo preparado, pero empiezas a pensar en esos pequeños factores que no dependen de tí. Sí, como os habréis imaginado hablo de la climatología, algo que puede hacer sentirnos los hombres más afortunados del mundo o los más frustrados.

Pero, esa frustración jamás puede cargarse la sensatez, y por muy grande que sea, nunca nos puede llevar a asumir riesgos innecesarios. .

A todos nos gusta contar historias “con final feliz”, pero sabemos que no siempre es así. De las “derrotas” también se aprende, se coge experiencia y vivir en carne propia ciertas sensaciones, aporta sensatez y madurez.

Bueno que me enrollo, vuelvo a mi momento “negro”. Ocurrió en el stage de Alpes del verano del 2017, etapa 2. Estábamos en Cluses, las previsiones no fallaron y el día amanecía en Cluses totalmente lluvioso y tormentoso. Además, la etapa prevista tenía tela, ya que había que llegar hasta Aimé, pasando por La Colombière, Aravis, Saisies, Col de Pré y Cormet de Roseland… ¡casi nada!

Viendo que no hacía mucho frío, que la lluvia era a chaparrones y que estábamos en el segundo día y las ganas y fuerzas estaban casi intactas, tiramos para adelante. Salimos de Cluses y empezamos a ascender La Colombière. El tema va bien, no llueve, pero a mitad de puerto la cosa empieza a cambiar. Caen los primeros chaparrones, aparecen fuertes rachas de viento y el tema se complica. Seguimos subiendo, el bosque desaparece y quedamos más expuestos a viento y lluvia. Objetivo coronar ya que en la cima donde nos esperan los vehículos para coger ropa y descender hasta Le Grand Bornand donde nos reagruparemos.

Llegamos a la cima. No para de llover, el descenso está peligroso y el espíritu positivo empieza a perder enteros con fuerza. Caras largas, de frío, de resignación… En Grand Bornand tocaba gabinete de crisis. Decidimos finalizar la etapa y trasladar a la gente a Aime. Quedaban muchos días por delante, las previsiones eran de clara mejoría y arriesgar era peligroso.

Todos lo aceptan, era lo más sensato. El tiempo nos había ganado esta partida.

Qué tu frustración nunca te lleve a correr riesgos. Hay veces que toca armarse de paciencia, porque al final, siempre vuelve a salir el sol.

Por Jon Beunza.
Fotos: Andoni Epelde.

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